“El fútbol es una chorrada para pasarlo bien.”
Aunque soy de natural pacífico (o cobarde, qué más da), se me ocurren decenas de razones por las que, en alguna ocasión, insultar a alguien, mostrarse profundamente crispado e incluso tratar de expandir esa crispación y señalar enemigos que merecen ser combatidos por tierra, mar y/o aire. Ninguna de esas razones es un partido de fútbol, ni un arbitraje. El fútbol se ha puesto demasiado caro y las cosas están demasiado jodidas como para ir al fútbol a otra cosa que pasar un rato lo mejor posible, ver gente haciendo con una pelota cosas imprevisibles para conseguir algo tan bobo como meterla en una portería más veces que el rival… para pasarlo bien un ratito sin más, sin importancia, sin dramas ni estridencias.
Ese tipo de acercamiento al fútbol lo aprendí de la mano de Valdano, cuando formaba con Ángel Cappa un tándem que dignificaba al fútbol y que ganaba la Liga al Barça de Cruyff mientras en las ruedas de prensa se hablaba del último artículo de Vázquez Montalbán porque los periodistas no habían leído el que había publicado Cappa en Mundo Obrero. Era la cristalización del modelo alegre e inteligente (valga la redundancia) que ha dominado el fútbol español desde mediados de los 80, con la Quinta del Buitre, Zidane, Xavi, Guti, Laudrup, Ronaldo, Romario,…Si el Barça de Cruyff jugaba de maravilla con Guardiola al mando, el Madrid fichaba a Valdano y ponía en el centro del campo a Redondo y Laudrup para intentar hacer un juego aún más majestuoso y efectivo: la revancha al 5-0 del 93 en el Camp Nou no fue un 1-1 roñoso y ramplón, sino otro 5-0 en el 94. Sin desmerecer los títulos de Cruyff ni generar crispación alguna: demostrando que no había ninguna razón metafísica que impidiera que en Chamartín se hiciera un fútbol tan divertido y eficaz como el que había implantado Cruyff en Barcelona.
Clemente y su patapúm-parriba-la-hostia quedaron arrinconados en una caverna. Oír una rueda de prensa de Clemente insultando a periodistas y jugadores eran tan obsoletos, tan al margen de la realidad, que sólo causaban hilaridad. Las ruedas de prensa de Clemente y Van Gaal eran pasto de guiñoles televisivos, porque gente que se tomaba el fútbol con tantísima agresividad no merecía más que ser tomada a cuchufleta.
No me extraña que Esperanza Aguirre sea “de Mourinho a muerte”. Si Mourinho estuviera destruyendo la Sanidad Pública no dudaría en llamar asesino múltiple, doctor muerte y nazi a un médico bueno con tal de desviar la atención, sin encontrar que hubiera consecuencias desmesuradas que no justificaran su parapeto. A él también le seguirían esos medios de comunicación reptantes y mezquinos que no dudan en incendiar lo que sea menester con tal de fijar la atención en un chivo expiatorio de sus propios pecados.
Mourinho es el rey de la comunicación en la era de las tertulias ultras en la TDT. Es un genio inventándose mierda y haciendo con ella una coraza que le protege. Y le protege porque, como con los disparates ultras, hay quien está dispuesto a comprar mierda. Igual que los Miguel Ángel Rodríguez y los Carlos Dávila, los Mayor Oreja y los Aznar no dudan en encender hogueras señalando nazis y etarras por doquier para tapar los escándalos y las incopetencias propios, Mourinho no duda en convertir un espectáculo hecho para la diversión en un motivo para la guerra, para el insulto, para la bronca. Si al menos la gente que se alimenta de su discurso canalizara su ira contra una sucursal bancaria o de una ETT, tendríamos garantizado que el constructor-presidente se acordaría de aquel señorío madridista y daría al repartidor de mierda el mismo destino que a sus educados antecesores.
Se preguntaba ayer Mourinho por qué, por qué sus equipos siempre acaban con expulsados. No sabía si era por culpa de Unicef o del villarato (otra irresponsabilidad fabricada para vender diarios a cambio de ira). Los aficionados del Madrid sabemos por qué. Llevamos mucho tiempo explicando que es lógico que a un equipo le piten más penalties a favor que a otros si se pasa el partido cerca del área intentando hacer jugadas indescifrables para las defensas. Del mismo modo es lógico que acumule expulsiones quien base su fútbol en la agresividad, en romper el juego del rival, en la destrucción y en ese 0-0 que el Madrid iba a lograr así durara el partido tres horas: de eso presumió ayer Mourinho (sus más complejas declaraciones sobre fútbol desde que llegó a Madrid), un supuesto ganador que aspira a empatar.
A mí me gusta que entradas como la que hizo ayer Pepe se sancionen con expulsión siempre. Expulsaría también a cada jugador que simula lo que sea (tirarse buscando un penalty o exagerar un daño intentando una expulsión injusta) modificar el resultado con trampas y no con juego. Pero incluso aunque fuera una expulsión injusta, aunque fuera un disparate como la copa de un pino, ante una jugada de un partido de fútbol no cabe más que refunfuñar un poco, confiar en que el año que viene se vea mejor fútbol y en que fruto de éste llegue algo más que una copa y muchos segundos puestos dado que, como dijo Mourinho para menospreciar a su antecesor (que no perdió 5-0 con el Barça, llevaba más puntos en Liga y no generó ni un incendio), el segundo es el primero de los perdedores.
A mí el fútbol me distrae, me entretiene. Hay muchos motivos para estar cabreado y no los desperdicio, así que no me voy a apuntar a uno más que no lo merece. Mi equipo puede perder y de hecho pierde con Mourinho como con algunos de sus antecesores. Puestos a hacer lo mismo, podría, al menos, no ser socialmente tan nocivo.
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NOTA: Para terminar por fin con los fallos que ha habido en estos últimos meses, Tercera Información y sus blogs a las 10 am han cambiado de servidor, desde el que presumiblemente todo será estabilidad y buen rollo. Los comentarios que se hayan hecho en este rato se han perdido en el anticiberespacio, que es un sitio muy chungo, así que no va a haber quien los recupere.
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