Una de las ideas más repetidas en los debates de Podemos en la Comunidad de Madrid que se ha convertido en mantra es la de que una riqueza de esta organización política es la pluralidad de puntos de vista, que permite debates fraternales y fructíferos. Incluso si alguien pensase lo contrario, sería difícil que sostuviese públicamente algo del tipo “es una desgracia que se nos hayan colado estos impresentables, así que como ganemos se van a enterar”.

Más allá de deseos o pensamientos privados, la diversidad y la pluralidad en Podemos Comunidad de Madrid es un hecho incontestable y va a seguir siéndolo el día después de la Asamblea Ciudadana de Madrid, el próximo 10 de noviembre. Uno puede estar convencido de la necesidad de integrar la diversidad política por pura ética personal o por algún otro motivo privado, pero incluso, aunque no fuera su deseo, cuando el pluralismo es la norma, la cooperación entre diversos compañeros pasa a ser una necesidad, si no se quiere jugar con la supervivencia misma de la organización.

¿El pluralismo es siempre positivo en una organización política? Pues depende. Es positivo, si hay una serie de objetivos y una lógica política compartidos. No sería positivo, por ejemplo, que formaran parte de su pluralidad cómplices del Partido Popular o consejeros delegados del IBEX 35. Ahora bien, si la pluralidad de Podemos la componen diversos puntos de vista que comparten aliados – las clases subalternas o la mayoría social del país -, adversarios – las élites políticas y económicas – y objetivos estratégicos – un proceso de cambio político que profundice la democracia, extendiendo derechos -, esa pluralidad enriquece. Lo parece pero no es una obviedad. Uno de los logros del Partido Popular en la Comunidad de Madrid fue cambiar a sus adversarios, generando complicidades con su proyecto de destrucción de Madrid. Casos como el de Cajamadrid-Bankia, Púnica o el Tamayazo son una evidencia de cómo el PP consiguió generar una pluralidad en su presunta oposición letal para ésta.

En Podemos esto no ocurre. Entre otras cosas, una formación joven, con una composición sociológica rica y alejada de las élites y sin financiación de la banca tiene ciertas vacunas contra ese peligro. Esa fortaleza se ha visto respondida con una fabricación reiterada de casos – que permiten elevar anécdotas concretas a veces falsas y otras simplemente de menor relevancia mediática de la que se les concede – para tratar de instalar que “todos son iguales”, todos iguales a quienes han saqueado el país para colocarlo en manos de unas élites políticas y económicas más cercanas a la mafia que a la democracia.

Por eso, las insinuaciones, según las cuales hay “un” Podemos que preocupa a los poderosos, a Cebrián, a Cifuentes, al IBEX o al malo de Batman, son tan peligrosas. Es decir, según el principio de tercio excluso, Cebrián y Cifuentes apostarían por el “otro” Podemos.

Ya sea una desafortunada campaña bienintencionada o un uso torticero de un “caso” asimismo desafortunado, ello introduce un imaginario cuya instalación en Podemos sería demoledora. No solo es un insulto grosero a algunos compañeros, sino un ataque a todo Podemos. Según este razonamiento y siguiendo con lo anterior, la pluralidad es un lastre porque encierra a quienes Cifuentes y Cebrián apoyarían. Y esto tiene consecuencias para el día después del proceso.

Una de las razones para ponernos de acuerdo gente tan diversa como la que estamos en Adelante Podemos con la gente (la candidatura que encabeza Rita Maestre) fue la necesidad de acabar con un tipo de enfrentamiento interno pasado para construir con esa pluralidad que existe en Podemos Comunidad de Madrid. Ya digo que da igual que uno entienda que hay que trabajar con esa pluralidad por convicción ética o por pura operatividad. Creemos que hay que construir una organización que cuente su pluralidad y esa era la lógica por la que defendimos un sistema proporcional (votado por la inmensa mayoría de los inscritos) cuya no aplicación no impedirá construir equipos plurales si somos mayoría en el Consejo Ciudadano que se está votando estos días.

Pero si pensáramos que hay una parte de Podemos que interesa a Cifuentes y a Cebrián (esto es: al PP de la Púnica y a los empresarios que más han contribuido por arruinar el país y deteriorar la democracia en beneficio de una ínfima minoría en estos últimos años) en absoluto apostaríamos por compartir con ellos el timón de Podemos: queremos un Podemos plural porque estamos convencidos de que las diversas posiciones debaten legítimamente desde lo mismo: desde la voluntad de liberar el país, a nuestro pueblo, del secuestro al que lo somete una minoría.

Las insinuaciones según las cuales una parte de Podemos Comunidad de Madrid (por cierto, la parte cuyas tesis políticas y organizativas fueron mayoritarias entre los inscritos de Podemos, lo cual hace aún más delicadas esas insinuaciones) vendría bien a los intereses de los enemigos de Podemos no sólo son un insulto a quienes no somos ni un ápice más cercanos a Cifuentes, a Cebrián, al PSOE… que los miembros de otras candidaturas sino que revela una predisposición a, en caso de obtener la secretaría general y la mayoría del consejo, considerar a las otras partes como agentes de los enemigos de Podemos: lo coherente, en caso de creerse lo que se está diciendo, sería intentar arrinconar a esos elementos funcionales a los enemigos de Podemos y construir un Podemos Comunidad de Madrid hostil a todo el que no estuviera alineado incondicionalmente en unas posiciones monolíticas.

Afortunadamente es falso que en Podemos haya nadie funcional a la oligarquía económica, política y mediática de este país. Es una evidencia. Lo que sí es cierto es que hay quien juega a insinuar que no es así. Creo que no va a colar, que nadie nos ubica en esas complicidades. Pero el juego es peligroso no sólo por intentar que la elección de la gente se base en una mentira sino porque arroja una imagen de Podemos que, en caso de instalarse, sería letal para Podemos.

Sigamos siendo diversos, plurales, con diferencias incluso importantes. Pero tengamos claro que estamos en lo mismo, que somos compañeros. Y no juguemos con fuego.