Blog de Hugo Martínez Abarca

Categoría: Política Internacional (Página 3 de 18)

Las lágrimas por Nelson Mandela

Causa un poco de bochorno y bastante indignación ver la reivindicación universal de la figura de Nelson Mandela. Mandela fue un luchador por la libertad, por la emancipación, un luchador contra la opresión. Con todas las consecuencias. No fue un pacifista dogmático, fue un luchador. Y para la justa lucha de los oprimidos a veces el uso de las armas  se volvía recomendable e incluso imprescindible dado el nivel de represión del régimen del apartheid. Cuando así lo consideró colectivamente el Congreso Nacional Africano el propio Mandela se puso al frente de un comando armado. Hasta hace cuatro días Nelson Mandela era oficialmente un terrorista para la ONU y para EEUU. Todo ello no supone ni un pero en la trayectoria de Nelson Mandela, todo lo contrario: merece todo el reconocimiento porque lo dio todo por la libertad, puso en juego su vida (buena parte de la cual sacrificó en la cárcel) y, sobre todo, supo ser un enemigo de los opresores: es lo que hace que un activista político merezca admiración. Mandela la merece precisamente porque los poderosos le odiaron, porque resistió a los opresores del pueblo negro de Sudáfrica y a sus cómplices de todo el mundo.

Que ahora esos mismos cómplices, sus herederos y quienes siempre son unos pelotas del poder por criminal que éste sea se hagan los conmocionados, los inspirados por el legado de Mandela… explica mucho de la estafa intelectual que pretenden endosarnos, explica cómo intentan hacer de los derechos humanos una bandera blanca, compartida por todos, cuando se ha convertido en un instrumento revolucionario contra el que luchan ferozmente la jauría de plañideros que se apresuraron ayer a lamentar la muerte de un hombre que fue en Sudáfrica lo que son ahora sus enemigos locales.

Mandela es reconocido por su lucha, por su resistencia feroz contra la opresión, por la represión padecida por negarse a que una persona sometiera a otra y por no hacerlo de manera retórica sino con el arrojo necesario para jugarse la vida y con la inteligencia para conseguir un deterioro de los opresores suficiente como para alcanzar importantes logros. No todos. Un último favor a la humanidad de Mandela habría sido dejar explicado qué impidió al CNA desarrollar algo parecido al socialismo que defendían cuando llegaron al gobierno, qué hicieron estos poderes que hoy le lloran para que el logro de la libertad formal (que no es poca cosa) no viniera acompañado de las profundas reformas sociales a las que Mandela y el CNA aspiraban y cuyo olvido hace que en Sudáfrica siga habiendo discriminaciones terribles. Quizás esas plañideras del poder lo que aplaudan sea precisamente lo que Mandela no consiguió para Sudáfrica, en ningún caso sus logros y muchísimo menos su lucha.

Recuerdo una conversación con un compañero cuando estaba en cartelera la película Invictus. Hablábamos de los sentimientos encontrados por una aparente paradoja: nuestra admiración por la figura de Nelson Mandela y la contradicción entre su apuesta por la reconciliación con en Sudáfrica mientras en España éramos tan críticos con la Transición consensuada con los franquistas. La conclusión fue bastante sencilla: una cosa es una reconciliación que parte del cambio total, esto es, que los oprimidos gobiernen e inviten a su mesa a quienes renuncian a seguir siendo opresores y otra una reconciliación que pretende limitar el cambio a lo inevitable, esto es, que los opresores y sus herederos sigan gobernando e impongan renuncias a los oprimidos y luchadores contra la opresión para sentarse a la mesa casi intacta del poder. Sí hay dos puntos en común: uno, que sería un disparate que quienes no hemos padecido una represión de esa intensidad (y extensión) demos lecciones de lo que tenían que haber hecho quienes sufrieron persecución, tortura, cárcel y muerte; otra, que ni en Sudáfrica ni en España se acabó con la opresión menos obscena pero quizás más profunda. Pero la principal diferencia es que en Sudáfrica tomaron las riendas los oprimidos; en España los opresores.

De Mandela nos quedan muchas lecciones y aprendizajes: sobre todo la de la dignidad en la lucha, la resistencia a la opresión, la tajante oposición a la opresión de una persona por otra.

mandela

Sabina y Serrat en Guinea Ecuatorial

No creo que haya nadie dispuesto a defender que la selección española de fútbol juegue el partido que va a jugar contra Guinea Ecuatorial estos días. Todo el mundo entiende que es un favor político que se le hace a un dictador corrupto (y que ha amparado a algunos de nuestros grandes corruptos; en Guinea Ecuatorial han andado haciendo negocios inmobiliarios Tamayo y el Pocero) que aprovechará la asistencia de la campeona del mundo de fútbol para simular no ya una normalidad sino un cierto protagonismo internacional. Y la Federación Española de Fútbol tenía una fecha libre y una cuenta corriente así que todos contentos. Tampoco es nada nuevo: del Mundial de la Argentina de Videla al próximo Mundial fresquito en Catar el fútbol ha sido un instrumento para alcanzar una legitimidad política imposible y la corrupción lo ha facilitado.

Es una indecencia facilitar la normalización del régimen de Obiang.

Si estamos de acuerdo en eso, estaremos de acuerdo en que sería al menos igual de indecente facilitar la normalización del régimen de Israel, que viola sistemáticamente todos los derechos humanos de un pueblo, practica el apartheid contra los ciudadanos israelís árabes, construye ilegalmente en territorio ocupado, bombardea impunemente cuando lo considera oportuno, fabrica muros segregadores ilegales, ataca militarmente barcos con ayuda humanitaria, convierte Gaza en un campo de concentración… Por odioso que sea el régimen de Obiang no puede parecerlo menos el de Israel.

Lo único que hace mejor a Israel que a Obiang es que es tan de los nuestros que siendo un país asiático sus cantantes compiten en Eurovisión y sus equipos deportivos juegan competiciones europeas; y su armamento es nuestro mientras nuestra política exterior es suya. La selección de Guinea Ecuatorial no juega la Eurocopa de fútbol ni de baloncesto, pero ello no sería más aberrante que que la juegue Israel. Es tan de los nuestros Israel que todavía hay quien sin sonrojo dice que es la unica democracia de Oriente Próximo demostrando una idea peculiar de la democracia.

Por eso cuando Serrat y Sabina anunciaron que iban a cantar en Israel hubo una campaña importante de defensores de derechos humanos pidiendo a los dos cantantes que anularan un concierto que sólo acompañaba al intento occidental de normalizar un régimen genocida, de incorporarlo al ámbito de los nuestros. Por supuesto Serrat y Sabina no actuarían en Guinea Ecuatorial (ni Obiang lo intentaría, no es ese el tipo de normalización que intenta), pero uno quiere pensar que tampoco en la Argentina de Videla ni el Chile de Pinochet ni en la Sudáfrica del apartheid, tan debilitada por el boicot internacional. Además la selección de fútbol siempre ha pretendido carecer de sesgo político (relativamente, porque es profundamente político negarse a jugar contra la selección de Gibraltar pese a que haya sido admitida en la UEFA) pero Serrat y Sabina durante mucho tiempo se han situado en una izquierda menguante de la que han sido referentes: su actuación en Israel era mucho más demoledora en términos políticos, normalizaba mucho más el crimen, que el partido de la selección en Guinea Ecuatorial. Finalmente actuaron sin hacer ni una alusión a los crímenes perpetrados por el gobierno israelí, ni a la paz, ni ninguna blandenguería. Silencio total. Como harán Iniesta y Villa, ni más ni menos.

No vale escandalizarse por ayudar a normalizar el régimen guineano mientras miramos para otro lado cuando el régimen que convalidamos es uno genocida pero que llevamos décadas normalizando. ¿O el problema de la selección en Guinea Ecuatorial es sólo que todavía no hemos lavado suficiente la cara a Obiang? ¿O que Serrat y Sabina son más listos y progrsistas que Villar? ¿No debería ser eso un agravante?

No nos escandalicemos. Al fin y al cabo Serrat y Sabina también tenían una fecha libre y una cuenta corriente.

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Aprovecho para recomendar una visita a la web por el boicot, la desinversión y las sanciones a Israel.

Espiar enemigos o al menos disimular mejor

“Se garantiza el secreto de las comunicaciones y, en especial, de las postales, telegráficas y telefónicas, salvo resolución judicial”

(Constitución Española, artículo 18.3)

“El que, para descubrir los secretos o vulnerar la intimidad de otro, sin su consentimiento, se apodere de sus papeles, cartas, mensajes de correo electrónico o cualesquiera otros documentos o efectos personales o intercepte sus telecomunicaciones o utilice artificios técnicos de escucha, transmisión, grabación o reproducción del sonido o de la imagen, o de cualquier otra señal de comunicación, será castigado con las penas de prisión de uno a cuatro años y multa de doce a veinticuatro meses”

(Código Penal, artículo 197.1)

Estados Unidos ha espiado a sus aliados, que es el eufemismo que se usa ahora para denominar a los gobiernos títeres. Parece que en España el objeto principal del espionaje era, como en la mayoría de los gobiernos europeos, de carácter empresarial: es decir, el gobierno estadounidense espiaba lo que nuestros gobiernos hacían con las grandes empresas españolas y se supone que con ello daban información privilegiada a las empresas estadounidenses para que fueran más competitivas. Un ejemplo de la indisoluble unidad entre gobiernos y grandes empresas aquí y allí: nada nuevo, es el capitalismo con o sin disfraz democrático.

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¿Algo habría que hacer?

Muchos meses después vuelve a haber noticias sobre Libia. Los crímenes cotidianos, la descomposición popular y las carencias de los libios no son noticia: Libia dejó de ser noticia el día en que las bombas occidentales derrocaron a Gadafi e impusieron un nuevo gobierno. Pero hoy amanecemos conociendo que un grupo armado ha secuestrado al primer ministro libio y esto ya es difícil de ocultar.

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Mayor Oreja en la Casa Blanca

La escena es patética. El equipo de Obama despliega una ronda de entrevistas por las cadenas de televisión dado que están decididos a bombardear Siria y la población estadounidense se opone mayoritariamente mientras no encuentran más aliados que el belicoso Hollande. A Kerry le toca una gira europea. En estas campañas de propaganda siempre hay que decir que el que está en guerra es el otro, así que Kerry interpreta el papel de siempre: si Al Assad quisiera se pararía todo, bastaría con que entregara su arsenal de armas químicas, «pero no lo va a hacer» dice evidenciando que van a bombardear pero que la culpa es del gobierno sirio. Inmediatamente Rusia toma nota y dice que le parece una buena solución; la ONU se suma a la propuesta. Y el gobierno sirio no ha respondido aún pero la posición rusa hace pensar que el «pero no lo va a hacer» de Kerry era demasiado precipitado.

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Siria sin el retrovisor

Nos sabemos de memoria el tipo de propaganda que está habiendo ahora mismo sobre Siria. Es la que precede a los bombardeos y al posterior silencio para que no nos enteremos muy bien del tipo de libertad que hemos vuelto a exportar. Salvo que intereses internos de los países de la OTAN lo frenen, la maquinaria bélica parece en marcha.

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El Régimen y el activista por los derechos humanos

Imaginemos que en un país malo (qué sé yo: Cuba, Irán, Rusia, China…) un oficial del ejército destapara las pruebas de violaciones masivas de derechos humanos sistemáticas y organizadas por todo el mundo gracias a la red diplomática del país. No inventos del oficial, no, vídeos de matanzas de civiles, relatos de embajadores contando cómo se conchababan con autoridades locales para garantizar la impunidad de estadounidenses que habían asesinado a periodistas de otro país, intrigas con opositores a gobiernos democráticos para que cayeran… Supongamos que este oficial es condenado por su país, por un tribunal militar de ese país tan malo, a 35 años de cárcel por haber desvelado las pruebas de esa trama criminal.

El titular estaría servido: «El Régimen [cubano/venezolano/iraní/ruso/chino] condena a 35 años de cárcel al activista por los derechos humanos Bradley Manning por denunciar crímenes de Estado«. Sin embargo la referencia a la condena a 35 años por parte del régimen estadounidense pasó básicamente desapercibida entre las denuncias de los posibles nuevos crímenes del gobierno sirio, del pseudoconflicto de gibraltar y de la Supercopa española de fútbol. En ningún caso se da a la noticia el trato de represión dictatorial sino que se notifica asépticamente la condena sin más valoración, como si condenaran a un carterista a devolver las monedas robadas.

Recordemos rápidamente las consecuencias del caso Wikileaks: Bradley Manning ha sido condenado en Estados Unidos a 35 años. Como a Julian Assange no lo tenían en EEUU y no iban a conseguir una extradición por haber publicado sus crímenes, se elabora una imputación por delitos sexuales con la complicidad de los gobiernos suecos y británicos. Assange recibe el asilo de Ecuador en cuya pequeña embajada londinense permanece encerrado desde hace catorce meses. Entre medias vimos desplegar el poder mundial de Estados Unidos para, por ejemplo, evitar que donáramos dinero a Wikileaks para que siguiera revelando pruebas de crímenes con la complicidad de Visa, Mastercard, Paypal… Nadie ha ilegalizado Wikileaks pero la «libre circulación de capitales» terminaba allí donde queríamos donar veinte o treinta euros a la organización que estaba arrojando luz sobre delitos del poder político mundial.

Mientras se tejía esta red totalitaria para silenciar a quienes denunciaran crímenes sólo el eje del mal latinoamericano apostó por el derecho a la información. Mientras Ecuador daba asilo a Assange, el gobierno boliviano de Evo Morales no sólo no prohibía la difusión de los cables que afectaran a Bolivia sino que los colgó todos en la web de la vicepresidencia del gobierno, donde siguen pudiendo consultarse.

Además de las revelaciones que hizo Wikileaks, las consecuencias orquestadas por Estados Unidos, sus gobiernos títeres y las empresas financieras del mundo han evidenciado que uno de los lugares del mundo donde se reprime con más dureza a los disidentes y que ha tejido una red muy parecida a eso que llaman «totalitarismo» es el régimen estadounidense. Y de los más liberales en cuanto a derechos políticos, los gobiernos «malos» de América Latina.

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Los españoles siempre tendremos que agradecerle a Manning que destapara la complicidad activa del gobierno de Zapatero y de la fiscalía de Conde Pumpido (hoy magistrado del Supremo) para garantizar la impunidad de los asesinos de José Couso. Manning está en la cárcel. Zapatero y Conde Pumpido no.

¡Gibraltar, español!

Si a muchos españoles Gibraltar les agita las vísceras (¿realmente a tantos?), debo de reconocer que a mí no tanto. Si de puros sentimientos se trata, a mí me gusta tener un cachito de «Inglaterra» en Andalucía: de pequeño, siembre que viajábamos al sur hacíamos una excursión a Gibraltar y tenía la gracia de «viajar al extranjero», cruzar el aeropuerto en el autobús de entrada y ver cabinas y comercios ingleses con sus precios en libras esterlinas mientras te atendían en un castellano andaluz muy enternecedor; desgraciadamente nunca vi los famosos monos, que ya hubiera sido la leche. Ya digo, si apartamos los criterios racionales, me encantaría que prolificaran «gibraltares» de distintos países y culturas por toda la península, especialmente ahora que tengo un crío al que pronto le harán ilusión ese tipo de cosas.

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Hasta en el fútbol

En los 80 los clubes de fútbol acumularon grandes deudas. Eran asociaciones supuestamente sin ánimo de lucro cuyos propietarios eran sus socios y que elegían cada cuatro años al presidente del club que los socios consideraran oportuno, pudiendo por tanto echar al que lo estuviera haciendo mal. De acuerdo con la filosofía neoliberal eso era un desastre pues al haber una propiedad muy diluida a nadie le importaba el despilfarro: del mismo modo que lo público siempre se gestiona mal, lo relativamente común era un foco de deuda. La prueba era que efectivamente estaban muy endeudados.

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La euroguinda de Olli Rehn

Que el FMI es una organización canalla que ha ido sembrando el mundo de hambre y pobreza en beneficio de los poderosos del planeta no es una novedad, es básicamente un lugar común sostenido por una inagotable lista de ejemplos. Por eso cuando el FMI propone que nos empobrezcamos un 10% como receta brillante para crear empleo nadie se ahorró un insulto. Ayer la Unión Europea, a través de su comisario económico, Olli Rehn, hizo suya la receta: la gente de a pie no veremos que el emperador está vestido porque somos imbéciles, pero «los actores que lo rechacen frontalmente [el empobrecimiento en un 10% de los trabajadores españoles por decreto] cargarían sobre sus hombros con una enorme responsabilidad nacional por los costes sociales y humanos«. Lo dijo en su blog para que parezca más moderno y personal, pero si el comisario económico de la UE da una receta económica para un país (intervenido) de la UE podemos reaccionar con fuerza o entregarnos, pero no mirar para otro lado.

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