Blog de Hugo Martínez Abarca

Categoría: Política Internacional (Página 2 de 18)

El amigo saudí

No sabemos casi nada de Arabia Saudí. Muy de vez en cuando se filtra un vídeo de una persona recibiendo latigazos en plena calle o nos enteramos de pasada de que algún periodista está condenado a muerte sin tener muy claro si lo han matado ya o no. Arabia Saudí no tiene nada que envidiar a Corea del Norte en opacidad, la diferencia está en que de Arabia Saudí no nos enteramos siquiera de lo opaca que es. Pero lo poco que sabemos permite entender que no hay en el mundo un Estado más criminal y sanguinario, más antidemocrático, desigual y machista que Arabia Saudí sin que aparezca en nuestros informativos hasta que cometen uno de sus crímenes habituales en una embajada suya en Estambul: hay que tener una inmensa sensación de impunidad internacional para permitirse descuartizar vivo a un opositor en una embajada en el extranjero.

Sin embargo Arabia Saudí no está entre nuestras preocupaciones informativas. Si saliéramos a la calle a preguntar el nombre de alguna dictadura probablemente mucha gente diría Venezuela y muy poca o ninguna se acordaría de Arabia Saudí salvo, quizás, estos días por el impacto del asesinato de Kashoggi. No tuvo ninguna repercusión la ocupación de Barheim para reprimir a la población civil que se estaba manifestando por sus libertades como apenas se recuerda (salvo cuando a una ministra se le escapa que hay un conflicto moral con la venta de armas) que llevan tiempo bombardeando a la población yemení. Cuando ha sido conveniente hemos tenido alguna noticia sobre la discriminación contra las mujeres y los homosexuales en Afganistán, en Irán… en Arabia Saudí esa discriminación suele ser noticia sólo para comunicar algún timidísimo avance (¡han permitido a las mujeres conducir!). Hay disidentes famosos de varios de los países cuyos gobiernos no nos gustan. ¿Alguien sabe el nombre de algún opositor a la dictadura saudí? ¿Por qué no son habituales de nuestros medios? ¿Por qué ninguno tiene un blog ni tuitea en varios idiomas como otras famosas opositoras? ¿Por qué el gobierno autonómico madrileño puso una pancarta con la foto de un opositor venezolano detenido y ni se le ocurre hacer lo mismo con un periodista saudí descuartizado vivo? Más bien al revés: quienes se pasean por la costa malagueña no son los disidentes saudíes, son sus asesinos. Ante otras dictaduras ha habido discursos feroces que han pedido bombardear el país o incluso finalmente lo han hecho. ¿Por qué ninguno de quienes suelen solucionar las cosas a bombazos piensa siquiera en sanciones diplomáticas ni económicas contra Arabia Saudí?

Es obvio que el papel geopolítico de Arabia Saudí hace que «sea nuestro hijo de puta«. Además, es existe un legítimo conflicto moral cuya resolución no es simple cuando algunos de los acuerdos comerciales con Arabia Saudí generan empleo (el trabajo también es un derecho fundamental y no está nuestra industria especialmente vigorosa) aún sabiendo que ese acuerdo comercial supone la entrega de armas que servirán a la dictadura para sus crímenes.

Pero también estaría bien poder investigar los intereses espurios que puedan estar condicionando nuestra política exterior y económica. Cuando Jesús Cacho contó cómo Juan Carlos I cobraba comisiones por cada barril de petróleo importado de Arabia Saudí, explicaba que el gobierno tuvo que renunciar desde los años 70 a comprar petróleo más barato porque se anteponía el negocio corrupto de nuestro monarca a los intereses de todos los españoles en plena crisis del petróleo. Cuando Corinna Zu-Sayn Wittgenstein cuenta que Juan Carlos I se llevaba comisiones por la construcción del AVE en Arabia Saudí está contando que nuestra relación con la dictadura sigue condicionada por los negocios corruptos del monarca y de los mismos constructores que rellenaron los sobres del PP. Cuando nada más ser coronado Felipe VI se va de viaje con grandes empresarios a Arabia Saudí para que sigan haciendo allí negocio (sin que ello genere empleo relevante en España) da una pista de que la cosa no ha cambiado tanto.

No se puede ser ingenuo. Un país no puede romper relaciones internacionales con todos los Estados que incumplen los derechos humanos. Pero con Arabia Saudí hay algo más: hay un grado de hipocresía monumental que llega a ser complicidad con una dictadura a la que ningún país supera en criminalidad.

Las curvas peligrosas del verano

Ayer publicó Pedro Vallín en La Vanguardia un estupendo artículo («Gramática parda para la galaxia Podemos«) analizando apasionadamente pero con rigor en vez de vísceras las dos polémicas que han centrado los debates de este verano en el espacio heredero del 15M; son polémicas, por cierto, cuya forma muestran cierta ansiedad colectiva que recuerdan demasiado al desasosiego por el vacío político previo al 15M. La primera polémica la generó el libro de Daniel Bernabé, «La Trampa de la diversidad» fundamentalmente sobre qué identidad o identidades son útiles para la emancipación. La segunda la han generado los artículos de Manolo Monereo, Julio Anguita y Héctor Illueca sobre el gobierno italiano, sus políticas económicas y su relación con la Unión Europea.

No he leído el libro de Bernabé, por lo que no sería sensato que opinara sobre la polémica. Sin embargo por lo que he leído (y creo que esto es importante para matizar el artículo de Vallín de ayer) entiendo que su centro es el debate sobre la identidad (que es el tema de la política) lamentando que la multiplicación de identidades desdibuje a la identidad de clase, que sería una identidad objetiva, la de verdad. Creo que, a diferencia de lo que empapa el artículo de Vallín ese no es el tema que mueve a Monereo, Anguita e Illueca, que no se centran en la identidad de clase sino en la popular en búsqueda, precisamente, del principio democrático. Y que el problema no es en este caso el tipo de identidad sino su escala (la europea o la nacional).

Esa brecha diría que tiene más que ver con otros de los elementos que señala Vallín: la oposición política entre el principio liberal y la política neoliberal. España es de los pocos países de Europa en los que la derecha incluso cuando se endurece (como en estos meses) es profundamente neoliberal; y además el principio liberal (la defensa de los derechos humanos colectivos e individuales) está nítidamente ubicado en lo que imaginamos como la izquierda. De ahí la dificultad con la que miramos a Marine Le Pen o el llamado Decreto de la Dignidad, que proponen cosas que en España no tendrían quien las defendiera. Y probablemente también tenga que ver con que la oposición a las políticas antisociales de la Unión Europea nunca haya ido de la mano de una oposición a la Unión Europea, contemplada (razonablemente o no, es irrelevante) como garante del principio político liberal.

Las propuestas de Monereo, Anguita e Illueca no habrían generado tanto ruido hace pocos años. El porqué lo generan ahora seguramente tiene que ver con que la emergencia de esa extrema derecha moderna, inteligente y compleja hoy claramente es un riesgo real en Europa y fuera de ella, mucho más que un sorprendente espacio político en parte exótico y hasta parcialmente atractivo.

Europa, más que la democracia, es la línea de fractura: de ahí que en realidad el centro de discusión sea la afirmación de  Monereo, Anguita e Illueca que no comentan la cuestión de la inmigración porque en ella no se diferencia el gobierno italiano de la Unión Europea: en la vulneración de derechos no se diferenciaría Bruselas de Roma.

Probablemente sea un error mirar a Europa con el mismo ojo que hace cuatro o cinco años. Por la fortaleza de los bloques de extrema derecha y por la sensación de debilidad de los espacios emancipadores.

Que la emancipación sólo puede ir de la mano de la democracia (y la democracia sólo es posible con soberanía popular, sea de ámbito geográfico mayor o menor) y del pleno cumplimiento de todos los derechos humanos para todas las personas debe estar fuera de la discusión y diría que lo está. Lo que tocaría debatir con cierta profundidad y cabeza es si en 2018 podemos reivindicar un soberanismo frente a Europa o si no sería mucho más eficaz la aspiración a frentes democráticos más europeístas que Europa. Porque el fascismo nunca fue imbécil; y casi nunca se mostró abiertamente antisocial sino más bien al contrario. Si lo que emerge en varios países de Europa (y EEUU) es fascismo o no es un debate bizantino; no lo es, en cambio, que es lo contrario al cambio emancipador al que aspiramos.

Si no vienen por miles y no hay foto no es nuestro drama.

En los últimos meses la gran fosa común del Mediterráneo ha aumentado su rendimiento criminal. Hemos tenido noticias de naufragios con cientos de muertes rodeadas de hundimientos que no generaban el número de muertes suficiente como para merecer un breve informativo. Hemos tenido a nuestro ministro de Interior defendiendo a subordinados suyos que disparaban (mataban) a personas mientras nadaban para huir del hambre. Hemos leído cifras sobre los cientos, miles, cientos de miles de personas que huyen de la guerra… Sabíamos, porque lo leímos y lo escuchamos, que moría gente, también niños.

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Ni TINA, ni ZP: Tsipras no es un traidor, es un derrotado

Desde la crisis de los 70 la economía neoliberal se ha impuesto a base de «No hay alternativa» (There is no alternative, TINA). Las recetas de shock se pretendían hacer tragar no como fruto de una imposición sino como la única decisión racional posible. TINA significa que el productor de la película no escoge a la actriz que le dice la mafia porque le pongan una cabeza de caballo sino porque, aunque aparentemente no es la mejor actriz, en realidad es la única actriz capaz de hacer ese papel, que le guste al público y, finalmente, que la película obtenga una recaudación suficiente como para poder seguir produciendo películas. La cabeza de caballo no es que no haya tenido nada que ver: es que nunca existió. TINA fue la consigna que permitió a un pensador mediocre vender que habíamos llegado a El Fin de la Historia y lograr con ello un éxito editorial.

TINA, There is no alternative, no hay alternativa: fue la forma con la que nos saquearon el país a nosotros y a todos los demás. Cuando el PSOE de Felipe González empezó a privatizar, desregular, hacer reformas laborales antisociales… era porque era la única lógica real, cualquier alternativa era ruinosa. Fue la consigna empleada por los gobiernos de Aznar, Rato y Rajoy para terminar las privatizaciones y liberalizar el suelo para fabricar esa burbuja que nos ha matado que no sólo era la única posibilidad sino que fue incluso un milagro («Yo soy el milagro«, dijo el tipo).

Zapatero, en mayo de 2010, nos explicó que no había alternativa. Que no se podía vivir por encima de nuestras posibilidades, que a él le dolía mucho pero que no era una imposición de nadie sino el principio de realidad el que le dictaba lo que había que hacer. No podemos gastar más de lo que ingresamos, ninguna familia lo haría; hay que dar confianza a los mercados… no hay alternativa. No vino derrotado: vino a convencernos de esa verdad revelada en los 70.

Tsipras no ha vuelto de Bruselas defendiendo que la actriz contratada es la mejor, qué digo la mejor, la única posible. Ha vuelto explicando que le pusieron una cabeza de caballo en la cama. Y que tuvo que escoger a esa mierda de actriz, pero que es una mierda de actriz, que había otras mucho mejores para ese papel, para esa película y para la taquilla. No es TINA, sí había alternativa sólo que nos han ganado, nos han puesto una pistola en la cabeza. Nadie habrá escuchado a Tsipras decir que las recetas que le han impuesto son beneficiosas para el pueblo griego.

Puede que Tsipras haya sido un mal negociador; tampoco está claro que hubiera muchas otras formas de negociar con todos los posibles aliados internacionales con unas crisis económicas internas muy importantes y recién aparecidas: Grecia estaba radicalmente sola en el mundo y eso no es culpa de Tsipras, que bastante consiguió inquietando a Obama con su visita a Putin. Creo que eso que parecía reforzar su posición negociadora (ir con un acuerdo con la oposición) finalmente ha debilitado su posición porque no podía usar la baza de que igual Syriza se le rebelaba: daba igual dado que ND y PASOK apoyarían lo que fuera.

Puede ser que se equivocara claudicando. Quizás si se hubiera negado a firmar el Gobierno griego no tendría para pagar pensiones ni sueldos públicos pero puede que eso se pudiera reestructurar de urgencia (pensiones y salarios ajustados a sus niveles inferiores unos meses con la legitimidad del referéndum, qué sé yo). Seguro que Tsipras no ha dado con la solución ideal a una situación radicalmente compleja. Entre dos tragedias eligió una. Quizás se equivocó al escoger esa. Quizás había forma de evitar la disyuntiva. Ni lo sé ni nadie ha explicado qué forma, más allá de cuatro consignazos de manual mal estudiado.

Me reconozco inmerso en un mar de dudas, con más tristeza que certezas sobre Grecia, Tsipras y Syriza. Seguro que tanto cuñao que lo habría arreglado dando dos hostias a la Merkel sabe mejor cómo salir de una situación infernal como ésta. Confieso que yo no sé qué habría hecho y posiblemente tras la decisión que fuera hubiera dimitido para huir cuanto antes de ahí, pero habría sido eso: una huida, no ningún favor al pueblo griego ni a las opciones europeas de cambio sino por pura cobardía: seguro que por eso no valgo para presidente de un país que intenta salvar a su país de los ataques de ingentes mafiosos. Por que la situación no exige quedar bien, ni ser muy digno ni… se trata de una guerra en la que en vez de tanques usan las finanzas porque es su arma más demoledora. Y entre mis dudas está la de si mi bando, el de los pueblos, el del pueblo griego, sería más fuerte si Tsipras dimitiera: tiendo a pensar que no, por muy digna y razonable que fuera tal dimisión.

Grecia no tiene importancia para nadie más que para los griegos. La Unión Europea podía permitirse incluso que Grecia dijera que no iba a pagar ni un euro de su deuda. La deuda griega es una puta mierda en Europa y su economía apenas un 2% del PIB europeo. Lo que la euromafia no podía permitirse es el ejemplo de que se produzca una reestructuración de la deuda por interés del deudor, no también del acreedor (que de esas ha habido muchas, ¿verdad, Alemania?). Zapatero en 2010 sí podía haber amenazado a Europa. España puede quebrar la economía bancaria mundial (no ya la europea) en una negociación sobre su deuda. La deuda española, como la italiana, sí pueden amenazar a quien le ponga una cabeza de caballo en la cama. Por eso paró la espiral de prima de riesgo cuando los países amenazados ya no eran Grecia, Portugal e Irlanda sino España e Italia. Sin embargo, lejos de plantar cara como ha hecho Tsipras hasta caer derrotado, los gobiernos españoles (el del PSOE primero y el del PP después) nos quisieron convencer de que efectivamente no había alternativa, de que no es que nadie impusiera nada (la carta a Zapatero del BCE la conocimos con sus memorias con ánimo de lucro y aún así negaba que fuera un dictado), que la reforma de la constitución era democrática, que el rescate a la banca era muy ventajoso para los españoles…

No sé si somos conscientes del tamaño del golpe que recibimos las opciones de cambio europeas (singularmente las españolas) con la derrota griega. O somos capaces de responder muy pronto o será una derrota de nuestro paradigma: las derrotas internacionales a veces no llegan como tales a la población menos informada, pero llegan con mucha radicalidad, tenemos experiencia de ello. Esto es una crisis y no la de los tuits. Firmes, fraternales, leales y comprensivos. Y a la ofensiva. O estamos muertos.

Tsipras no es un traidor, es un derrotado. Es, en concreto, un compañero derrotado.

Tsipras y el héroe trágico

No toda historia terrible es una tragedia. La tragedia exige un destino, un héroe trágico que conoce su destino, la rebeldía del héroe contra ese destino y, en principio, su fracaso. El héroe trágico conoce su destino y decide rebelarse contra él, nunca se resigna. Edipo, Antígona… son las historias de una rebelión contra los hados, contra los designios de los dioses, como exigiendo una autonomía, una libertad incompatible con la obediencia a dioses ni destinos injustos.

Hoy el destino no lo diseñan los dioses del Olimpo ni lo interpretan profetisas ciegas. Los hados son económicos, el “no hay alternativa” en el que el mundo lleva encerrado unos cuarenta años. La economía es una ciencia (esto es: es tan predecible como el parricidio de Edipo) y el poder real es invencible. No hay otro camino: Alexis, tu destino como gobernante es recortar más los derechos de tu pueblo, a ver si te enteras.

Nos dijeron que no confundiéramos los referendos con mayor democracia, que eso es plebiscitario (lo cual es malo por alguna razón), que la mejor democracia es la representativa. Ocurre que en Grecia hay un gobierno representativo: ganó las elecciones hace apenas medio año prometiendo plantar cara. Da igual cómo se quiera defender la democracia: si se pide democracia directa o si se pide democracia representativa la decisión de Alexis Tsipras es inequívocamente la legítima. Le votaron para esto y, por si acaso, pide a los griegos que lo ratifiquen. En un lado del conflicto está, innegablemente, la democracia, esto es: la libertad.

Lo que la euromafia le dice a Tsipras es que el destino que dictan los dioses no se desobedece. Que da igual lo altos que sean sus objetivos o la voluntad de libertad del pueblo griego: tiene que elegir entre haber matado a su padre, haberse casado con su madre y resignarse o haber matado a su padre, haberse casado con su madre y arrancarse los ojos.

Lo que nos jugamos en Grecia todos, especialmente los pueblos del Sur de Europa sometidos mediante la deuda, es la democracia, si los pueblos tienen derecho a conducirse o si estamos sometidos a unos dioses que trazan para nosotros destinos crueles y sanguinarios pero a los que más nos vale someternos.

Hace cinco años ensayaron con Grecia el primer rescate. Como veían que no se caían fueron a llamar a otro rescate. Expandieron por el Sur de Europa lo ensayado en Grecia. Hoy tampoco les importa Grecia. Es su juguete trágico. Lo que necesitan es convencer a todo el mundo, en especial a aquellos grandes países que tengan elecciones pronto, de que la rebeldía es aún peor que la sumisión a un destino que es inexorable. Lo que nos jugamos, todos, es que los destinos de los pueblos los hagan los pueblos, no quienes viven de su sufrimiento.

Tiresias le decía a Edipo: «No quieras saber». Como no podría cambiar su destino, mejor no conocerlo, entregarse a él sin sufrir por ello. Los ilustrados nos decían Sapere aude, atrévete a saber: como eres libre, conoce para que sea tu razón la que escriba tu historia. En Grecia nos jugamos volver a una Europa trágica o recuperar la libertad, la autodeterminación de la Europa de la Ilustración.

El antigobierno español contra Tsipras

El gobierno español está escenificando con insólita virulencia su oposición al gobierno griego de Tsipras. La cumbre de la mezquindad mentirosa la ha puesto Margallo (el jefe de la diplomacia, nada menos) diciendo que si no hubiéramos prestado a Grecia 26.000 millones habrían subido un 38% las pensiones de los españoles. Algo que además de canalla es falso: ni se han prestado 26.000 millones (20.000 millones son avales que no han supuesto depositar ni un euro español) ni en caso de tener 26.000 millones de más el gobierno español los usaría en pensiones sino en infraestructuras que cobrarían los constructores que a cambio dan sobres en Génova o a rescatar bancos, radiales y lo que haga falta. Por cierto, ¿alguien cree que a los bancos rescatados les vamos a pedir que devuelvan un euro? ¿acaso si lo devolvieran ese dinero valdría menos que los inventados 26.000 millones griegos?

Pero más allá de la mentira, el gobierno español (como el irlandés y el portugués) está actuando contra los intereses de España. Si Grecia consigue reestructurar su deuda se dará el primer paso para que los países cuya deuda nos ahoga podamos también reestructurar la nuestra y respirar. En esa situación sí que podríamos adecentar las pensiones y recuperar una cierta dignidad social. Para España es crucial transformar la crisis de deuda del Sur de Europa y hacerla viable. Por tanto nos va la vida en que Grecia se imponga y ojalá tuviéramos un gobierno que luchara igual por nosotros que lo hace el de Tsipras por su pueblo.

Ocurre que la agresividad del gobierno español contra el de Grecia no se hace en defensa de los intereses de España sino en defensa de los intereses de la oligarquía española: si a Grecia le sale bien, España podría tomar ejemplo y en noviembre votar gobiernos de cambio que dejen de estar sumisos a la troika, a los bancos alemanes y al poder financiero y constructor español. Eso supondría el final del gobierno del PP en primer lugar y sobre todo de los gobiernos que ponen a los pueblos de España al servicio de los poderosos.

A los españoles nos interesa, de qué manera, que Grecia gane esta batalla. Y el gobierno español está peleando en provecho propio y de sus jefes reales contra los intereses de su pueblo.

¿Dónde están los de «dónde está la Comunidad Internacional»?

Cada vez que ha habido un bombardeo de EEUU, la OTAN o quien se haya encargado sobre un país la secuencia ha comenzado con una serie de preguntas tramposas de la tertuliada internacional. «¿Dónde está la Comunidad Internacional?» «¿Cómo es posible que no se haga nada para impedir esta matanza?» «¿Cuál es tu alternativa? ¿cruzarte de brazos?» son las letanías que se han escuchado antes de bombardear Libia, las que se escuchaban cuando se barajaba el bombardeo sobre Siria (ya nadie habla de Al Asad, acaso porque la serpiente incubada en Siria asuste ahora aún más); también lo escuchamos hace un poco más cuando parecía que había que bombardear Irán o Corea del Norte y un poco más recientemente en Ucrania pese a que ahí el enemigo era suficientemente poderoso como para convertir las bombas habituales en sanciones económicas grotescas a altos cargos rusos. Quien se opusiera a que la OTAN/EEUU/UE usase su fuerza para imponer regímenes títeres donde todavía no los hubiera o hubieran salido rana era cómplice de Gadafi, Al Asad, Ahmadineyad, los distintos Kim Jons y Putin del mismo modo que quien no ría las gracias a Esperanza Aguirre es cómplice de la ETA.

Pero hete aquí que Israel vuelve a bombardear Palestina. Gaza de nuevo: el último dato es de ayer a las 23h, 90 muertos (más de 20 de ellos niños), y 550 heridos. Las bombas han seguido asesinando esta noche.

Y no se oye nada. Las informaciones de los grandes medios han puesto más el foco en los cohetes recibidos por Israel (sin daños personales, afortunadamente) y en el mejor de los casos se hace una narración como si se tratara de un fenómeno meteorológico. Los palestinos mueren. No hay asesinatos, ocupación, violación de la legalidad internacional y de los derechos humanos. Es una zona muy conflictiva, ya se sabe. Ojalá ambas partes se sienten a hablar.

Los partidos políticos de orden miran para otro lado. Menos UPyD que se pone al lado de los criminales sin disimular.

Ya no aparece ese «algo habrá que hacer para parar este horror». Ni rastro de esas preguntas aparentemente ingenuas.

Nadie, ni quienes más sentimos como propia la causa palestina, ni quienes más sufren con cada crimen del Estado de Israel pedimos bombas sobre Israel que acaben con el gobierno israelí e impongan un gobierno no ya títere sino que respete la legalidad internacional y los derechos humanos. Nadie acusa de cruzarse de brazos a quienes renuncien a extender los crímenes denunciados para que Israel padezca lo mismo que su gobierno hace: el bombardeo criminal por potencias militares muy superiores. Acaso pediríamos que Israel deje de tener el ejército más subvencionado por EEUU (cuyo presidente es Nobel de la Paz) o que la UE rompa su tratado con Israel por el que éste es socio preferente: ese tratado prevé su ruptura si una de las dos partes viola derechos internacionales, fíjate tú qué risa. Sólo pediríamos que el Estado criminal deje de ser nuestro aliado y que el pueblo oprimido pase a tener nuestra complicidad.

Aqullas preguntas no eran ingenuas. Era pura propaganda de guerra servil al poder. Aquellas preguntas, aquella alarma tertuliana es perfectamente coherente con esta asepsia, esta falsa equidistancia, esta comprensión con el criminal. Ambas son el alimento del pesebre. Ambas son cómplices de las bombas por las que los poderosos imponen su control en todo el mundo. También en la prensa.

Las SICAVs en paraísos fiscales de sus euroseñorías

Hace dos años y medio escribí un apunte titulado «El plan de pensiones de sus señorías» a raíz del plan de pensiones privado (en el BBVA) al que el Congreso de los Diputados contribuía como parte del salario de los diputados. Entonces también fueron diputados de Izquierda Unida quienes dieron un paso que nadie esperaba en ningún otro grupo: Alberto Garzón y Cayo Lara primero y todo el grupo inmediatamente después renunciaron a él; poco después, supongo que con cierto rubor, el Congreso canceló el plan para todos los diputados.

Decía en aquel apunte que uno de los problemas de ese plan es que incentivaba a los legisladores en una determinada dirección: sus situación personal mejoraría no si mejoraban las pensiones públicas sino si mejoraba el IBEX, si la fiscalidad de los planes de pensiones privados era favorable… Es decir, generaba unos intereses en los diputados que podían tener menos peso que sus principios pero, oye, mejor que sus intereses estén del lado de la mayoría popular y no del IBEX y el BBVA. Eso que algunos llaman antipolíticapopulismo a veces no es más que intentar que no se coopte a los representantes del pueblo.

En el caso del plan de pensiones que destapó la inmensa periodista Alicia Gutiérrez en Infolibre muchos eurodiputados tenían un plan de pensiones al que contribuyó el Parlamento Europeo en una SICAV en Luxemburgo, paraíso fiscal central de la UE. De nuevo IU ha sido la única en responder. No ya en responder a la altura, que también, sino en responder. En poco más de 24 horas  de gran convulsión interna el compañero Willy Meyer pidió que se le sacara de ese fondo y presentó su dimisión como eurodiputado y como miembro de la ejecutiva de IU. Algo que todo el que conozca a IU un poquito sabe que es poco menos (o algo más) que un terremoto y que dice mucho de la generosidad del paso dado por el compañero Willy Meyer. En el resto, nada. Ni Elena Valenciano, ni Arias Cañete ni Rosa Díez han dicho esta boca es mía. Ni tampoco Montoro, ministro de Hacienda del Reino de España que también participa en ese plan de pensiones en una SICAV en un paraíso fiscal tributando (por llamarlo de alguna forma) al 0.01%.

Se juntan aquí dos asuntos.

De nuevo el de los incentivos. Evidentemente con un plan como el explicado un eurodiputado no tendría demasiado interés en castigar las SICAVs, luchar contra los paraísos fiscales dentro y fuera de la Unión… Eso es evidente. Por ello, que salgan beneficiarios del plan diciendo que todo es legal es un disparate: ¡claro que es legal! ¡como que quienes tenían que legislar en contra estaban beneficiándose!

Pero en este caso asalta un segundo problema gravísimo. El que podríamos llamar de «ejemplaridad» o más bien de imperativo categórico. Es decir, ¿qué pasaría si todos hiciésemos lo mismo? Si todos los ciudadanos normales nos juntásemos y pusiéramos lo poco que podamos y nos lo llevásemos a una SICAV en Luxemburgo a tributar a un 0.01%. Evidentemente el país caería pese a que la mayoría de los ciudadanos tenemos poquísima capacidad de ahorro. Pero si toda la que tuviésemos la evadiéramos del fisco español (cumpliendo la ley o no, a efectos fiscales da lo mismo) el país se hundiría. Que eso lo hagan los Botín y los Borbón saltándose la ley es normal: están en el otro lado, son a los que tenemos que combatir y para eso sirve la democracia, para que los más nos impongamos a los menos por poderosos que sean éstos. Que eso lo hagan los supuestos representantes populares hace que se sitúen en la orilla de los que saquean el país, es decir, de los enemigos del pueblo.

El PP ha salido diciendo que todos sabían que el plan de pensiones era una SICAV en un paraíso fiscal. Lo que diga el PP tiene en el terreno de la verdad un recorrido más bien escaso. Pero supongo que al menos compromete al PP. Pues bien, según el PP Montoro sabía que el plan de pensiones al que estaba contribuyendo era una SICAV en un paraíso fiscal. Esto es, un instrumento para el saqueo de las haciendas públicas de los países con fiscalidades más o menos decentes. Es decir, para el saqueo de la hacienda de la que él es ministro, por ejemplo.

Hemos asumido tales niveles de sinvergonzonería que nadie pedirá la dimisión de Montoro. Y tras él del resto de eurodiputados que ahora tengan caargos en el PP, PSOE o UPyD. Porque conscientemente o no (los del PP conscientemente según dice el PP de todos los eurodiputados) participaron en un instrumento para el empobrecimiento de nuestro país. Menos banderitas rojigualdas y más patriotismo como el que ha demostrado IU alarmándose y zanjando toda responsabilidad exigible.

Nadie refuta a Merkel


Esta debe de estar siendo la primera campaña electoral en la que expresamente dirigentes del PP y del PSOE además de pedir el voto a su partido piden que aquellos que no vayan a votarles den su voto al otro, que no se metan en líos. Ha habido múltiples expresiones despectivas, ataques directos, etc… que han demostrado una verdadera preocupación por la quiebra del bipartidismo que puedan certificar estas elecciones. El propio Rajoy explicó que en el fondo son lo mismo. No se trata sólo de la pérdida de poder cuantitativo. Todas las informaciones sobre las presiones para una gran coalición (PP-PSOE) o sobre acuerdos de Estado cuentan que el problemón que ve la gente de Rubalcaba es que el descontento con su entrega oficial generaría un chorro de votos a IU. Cuanto más fuerte sea el bipartidismo más libres tienen las manos para abrazarse.

Cuando se ha hablado de una futura Gran Coalición en España inmediatamente han salido Rubalcaba y Valenciano a desmentirlo («¡No mientras yo sea Secretario General!», dice Rubalcaba como si alguien pensara en él a largo plazo). Y es obvio que, si pueden, no nos brindarán esa escena. Como explicaba Isaac Rosa el bipartidismo funciona porque no son exactamente iguales, porque dejan flecos (estéticos muchas veces pero alguna vez incluso sustantivos) de diferencias que les permitan escenificar el Gran Enfrentamiento. La Gran Coalición tumbaría la escenificación de tantos años y obligaría a replantearla. Sólo lo harán si no les queda otro remedio pues lo ideal es lo que han hecho hasta ahora: gobernar como si de hecho existiera esa Gran Coalición en casi todos los aspectos fundamentales económicos e institucionales, desde el artículo 135 de la Constitución a la heroica defensa de la monarquía, pero haciendo como que no se pueden ni ver. No sólo sucede así en España pero cuando ha hecho falta no ha habido un sólo país donde no se hayan dado la mano: de Grecia a Alemania pasando por Italia.

En Europa no hace falta disimular. Nos dicen que es importantísima Europa, que todo cambiará si votamos a conservadores (PP) o socialdemócratas (PSOE) durante quince días, pero durante los cinco siguientes años ocultan todas las noticias que vienen de Europa, no nos vayamos a enterar de que el «Bruselas nos obliga» significa siempre «PP y PSOE nos hemos puesto de acuerdo en Bruselas en esto«.

Angela Merkel dijo ayer lo evidente: que como siempre los conservadores y los socialdemócratas se pondrán de acuerdo, repartirán cargos y formarán un gobierno conjunto de la Unión Europea una vez superado el paripé electoral de estos días: «Lograremos también ponernos de acuerdo para la composición de la nueva Comisión Europea» superando «diferencias personales«, dijo Merkel.

A diferencia de con Felipe González, nadie ha salido a desmentir a Merkel. No sería creíble. La mayoría de los votantes desconoce qué es la Comisión Europea y por tanto el impacto del anuncio es mínimo. Además quienes sí que lo saben son conscientes de que el anuncio de Merkel es una obviedad: siempre fue así y continuará siéndolo mientras se lo permitamos. Mientras en los países hay que escenificar democracia y pluralismo (y por tanto diferencias insalvables entre partidos teatralmente antagónicos) la UE se construye como lo irrechazable, el bien absoluto cuyas decisiones neoliberales no son tomadas por nadie sino que suceden porque son racionales, objetivas… el ideal tecnocrático tiene que escenificarse con unidad del mismo modo que un laboratorio científico ideal no se divide ideológicamente.

Nadie refuta a Merkel porque lo que dice Merkel es el tipo de escena que se corresponde con el modelo de UE que tenemos, el que han fabricado de la mano los grandes partidos que comparten lo esencial y ponen los países al servicio del poder económico. La Gran Coalición europea refuerza esta UE tecnócrata (antidemocrática). Refutan a Felipe González porque el tipo de escena que se corresponde con nuestros países exige dos antagonistas. Los partidos que se abrazan en la UE son los mismos que se enfrentan en cada país. Como se decía en los 80, en Europa se desnudan por exigencias del guion. Lo único que cambia son las exigencias del guion.

Hacen bien PP y PSOE en pedir que votemos a los dos actores de siempre: imagínate que el domingo le da a los europeos por votar actores que se nieguen a aprenderse ese guion. Qué lío.

 

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