Blog de Hugo Martínez Abarca

Categoría: Política Madrileña (Página 2 de 11)

Nuestras dos únicas alternativas

Escribía ayer sobre las tres únicas opciones que tiene Ignacio Aguado en la Comunidad de Madrid: o gobernar con Vox o sentarse a hablar con el PSOE y Más Madrid o llevarnos a los madrileños a nuevas elecciones como si eso solucionara algo. Después se reunieron Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón y propusieron a Ciudadanos sentarse a hablar para una posible investidura del candidato más votado y que suma más apoyos (salvo que PP y Ciudadanos ya sumen los votos de Vox como propios).

Quizás también cabría plantear, como con Ciudadanos, cuáles son las alternativas de las fuerzas progresistas. 

El 26 de mayo los madrileños repartieron las cartas de la partida. Con esas hay que jugar. A muchos nos gustaría poder hacer todo lo posible por un gobierno de transformación para la Comunidad de Madrid. Pero es que todo lo posible es nada. Hay 64 diputados para un gobierno progresista (no ya transformador) y 56 de derechas y 12 de extrema derecha (por resumir, aunque es evidente que entre los 56 de derechas alguno de extrema derecha también hay, como el ínclito David Pérez). 

Las sumas posibles para conformar gobierno son las siguientes (no hay otra, aunque a cada una de estas sumas se pueden sumar más partidos, obviamente):

-PP+Ciudadanos+Vox (todos votando sí)

-Psoe+Ciudadanos+MM (podría abstenerse uno de los tres que no fuera el PSOE)

-PSOE+PP+Ciudadanos (podría abstenerse uno de los tres que no fuera el PSOE)

Unidas Podemos no da ni quita la mayoría a ninguna de las combinaciones posibles. Y en todas las combinaciones es necesario el voto favorable o abstención de Ciudadanos. Así que sólo Ciudadanos puede mandarnos a otras elecciones más en otoño y por tanto sólo a Ciudadanos cabría responsabilizar del fracaso de tener que ir a unas nuevas elecciones claramente evitables.

Todo lo que no sean esas tres combinaciones o una nueva convocatoria electoral no es que sea iluso, simplemente es imposible: como cantaban Mártires del Compás, las matemáticas no aman, pero tampoco fallan. Y no hace falta ser leninista para saber que en política se actúa sobre la realidad existente, no sobre la que nos gustaría que sucediese: es lo que diferencia la política de la vida contemplativa religiosa. Esas son las combinaciones por mucho que nadie se empeñe en que hará lo posible por construir otras.

Así pues podemos pensar qué objetivo tiene un partido progresista. Puede aspirar a echar cuentas electorales y crecer en las próximas elecciones. En ese caso estoy bastante convencido de que Más Madrid no saldría perjudicado de unas nuevas elecciones, aunque uno nunca sabe en qué se va a transformar la justa indignación ciudadana ante unos partidos incapaces. Pero si un partido se diferencia de una empresa que sólo busca balances contables es en que debería buscar mejorar la vida de la gente a la que representa. 

¿Cuál de las opciones realmente existentes es mejor para la vida de los madrileños y (sobre todo) de las madrileñas? 

Parece innegable que un gobierno acordado y condicionado por Vox sólo puede acarrear más sufrimiento, discriminaciones y recortes de derechos y libertades salvo para miembros de manadas y agresores de mujeres, homosexuales, bisexuales, trans, negros, moros… ¿Hay alguien progresista (o simplemente demócrata) que no prefiera que Vox sea lo más irrelevante posible?

Una opción sin Vox (probablemente la más difícil de todas) sería el PSOE con el PP y Ciudadanos. No parece una gran idea salvo para los corruptos amamantados por el PP durante 25 años de degradación institucional. Más allá de que se antoja imposible que el PP colaborase en su desalojo del tinglado (le interesa mucho más arriesgarse a elecciones que permitir que otros puedan abrir cajones) no creo que haya ningún progresista madrileño que crea que esa suma pueda suponer algo de limpieza institucional ni que fuera la mejor de las posibles. Pero igual alguien prefiere que el PP siga en el gobierno autonómico madrileño.

Por tanto queda la opción de intentar un gobierno en el que como mínimo Más Madrid, PSOE y Ciudadanos estemos de acuerdo. Esto presenta dos grandes dificultades. La primera es la resistencia de Ciudadanos, que sigue simulando que su acuerdo con el PP (56 diputados, uno menos que PSOE más Más Madrid) tiene alguna viabilidad sin más socios. O Ciudadanos ha decidido condenar a los madrileños a elecciones o tendrán que ser flexibles hacia algún lado: hacia el lado progresista o hacia la extrema derecha. La otra dificultad obvia es que un gobierno así no sería un gobierno que lograra los avances sociales, económicos y posiblemente medioambientales (si Ciudadanos mantiene la irresponsable posición que tiene en la ciudad de Madrid) que necesita Madrid. Sería un gobierno de higiene democrática, de regeneración de una Comunidad de Madrid torturada por la corrupción estructural y de defensa de la democracia y las libertades amenazadas por la extrema derecha. Pero de las opciones realmente existentes ¿hay algún progresista, algún demócrata, que no crea que es la que mejor vendría a los madrileños?

España está colapsada por la falta de ideas, de riesgos, de cintura ante las situaciones novedosas. La propuesta de hace semanas de Íñigo Errejón concretada ayer de acuerdo con Gabilondo es arriesgada, difícil y posiblemente menos rentable para Errejón y para Más Madrid que otras más conservadoras. Pero para los madrileños no parece dudoso que sea la mejor opción entre las posibles.

Hay dos opciones: intentar, por difícil que sea, el mejor gobierno posible para los madrileños, o resignarnos a que la extrema derecha aplique el programa que recitó el jueves Rocío Monasterio. No tengo dudas.

Las tres alternativas de Ignacio Aguado

Ayer fue especialmente contundente Ignacio Aguado tras las exigencias de Rocío Monasterio para una investidura de derechas. «Ciudadanos no va a llegar a ningún tipo de acuerdo con aquellos partidos que quieran hacer retroceder a la Comunidad de Madrid. No gobernaremos con partidos que frivolicen con la violencia machista, que estigmaticen a los inmigrantes, que ataquen al colectivo LGTB y a los derechos y libertades que con tanto tiempo y sacrificio se han ido conquistando en la Comunidad de Madrid. No habrá un Gobierno bajo esas condiciones. Mis principios y los de mi partido están por encima de un Gobierno. Queremos llegar a un acuerdo con aquellos partidos que quieran progresar.«

Es una buena noticia: esta declaración de Ignacio Aguado saca a Ciudadanos de su ambigüedad (seamos amables) en la Comunidad de Madrid tras haber pactado con Vox el reparto de la Mesa de la Asamblea y el Ayuntamiento de Madrid: Ciudadanos sabe perfectamente de la gravedad que tiene la Comunidad de Madrid en su crisis interna. Esa declaración (y el tono contundente que empleó) es irreversible. Con esa declaración es imposible que Ciudadanos sume sus votos a PP y Vox para gobernar la Comunidad de Madrid salvo que Aguado admita que el discurso de ayer le persiga machaconamente señalándolo como un mentiroso el resto de la legislatura. Fue, además, una comparecencia sin preguntas por lo que parece que dijo exactamente lo que quería decir sin improvisar ni una coma, sin arriesgarse a que una pregunta le pillase con la guardia baja y le llevara a salirse de un guion claro y contundente. Una buena noticia, insisto, para los demócratas de Madrid (y de España).

Tras esas declaraciones, Ignacio Aguado sólo tiene tres posibilidades echando números.

1- Quedar como un auténtico mentiroso, violando lo que él ha definido como «mis principios y los de mi partido» y acabar sumando los votos al PP de Madrid y Vox para un gobierno de continuidad a 25 años de saqueo con el lastre añadido de los acuerdos (escenificados de tal o cual forma, públicos u ocultos) con Vox. Es difícil explicar mejor que lo hizo ayer Aguado qué significaría para Madrid, para Ciudadanos y para él que eso sucediera.

2- Explorar la posibilidad de una alternativa de gobierno. Ángel Gabilondo fue el candidato más votado el 26 de mayo con cierta distancia. Nadie puede acusar a Gabilondo de extremista, histriónico, etc. Tampoco es probable que nadie que no sea muy fanático pueda tachar a Íñigo Errejón de peligroso radical que no defienda cada derecho y conquista democrática alcanzada. Entre Isabel Díaz Ayuso, David Pérez y Rocío Monasterio por un lado y Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón por otro (que son las dos posibilidades que suman escaños suficientes para que Ciudadanos decante una mayoría) creo que poca gente duda dónde está el extremismo, dónde la demagogia populista, donde el peligro para las instituciones y para las libertades e incluso dónde el nacionalismo más reaccionario. Evidentemente un acuerdo de gobierno de este tipo no podría ser lo ambicioso que nos gustaría a quienes no logramos una mayoría progresista el 26 de mayo pero permitiría preservar derechos y libertades, regenerar unas instituciones podridas por 25 años de aguirrismo y preservar la democracia frente al fanatismo y el odio. No es poca cosa si se piensa en el bienestar de la ciudadanía más que en los cálculos electorales del partido propio (probablemente a Más Madrid no le iría nada mal en unas nuevas elecciones) pero incluso pensando en esos cálculos, no creo que Ciudadanos pagara precio alguno por una opción que cada vez es más obvia.

-La tercera posibilidad es la repetición de elecciones. No hay más posibilidades de sumar una mayoría que con Ciudadanos habiendo mentido y atándose a PP y Vox o con Ciudadanos buscando ese acuerdo de regeneración y defensa de las libertades con Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón. O se da una de esas sumas o el 11 de septiembre se disuelve la Asamblea de Madrid y vamos a elecciones nuevas. No parece verosímil que esas elecciones dieran un resultado que beneficiara a Ciudadanos no ya por su posible caída sino por cómo quedaría, de nuevo, ante la necesidad de una investidura. Salvo un improbable vuelco electoral, las posibilidades son las que había el 26 de mayo (quizás alterando el equilibrio interno de cada bloque): o un reparto muy parecido al actual en el que Ciudadanos se encontraría de nuevo ante las mismas opciones ante las que hoy no habría sido capaz de decidir; o ante una mayoría progresista que permitiera un gobierno más ambicioso en políticas fiscales, medioambientales y económicas del que podríamos configurar hoy y en el que Ciudadanos e Ignacio Aguado serían completamente irrelevantes.

En su mano está. Ignacio Aguado puede rescatar a la Comunidad de Madrid de años de parálisis, reacción, corrupción y desmantelamiento de derechos y conducirla hacia la normalidad democrática (que no es poco avance) o pegarse un tiro en el pie de los madrileños.

De la «nueva política» al chalaneo más obsceno

No hace tanto la política española estaba empapada de lo que se llamó la nueva política, una suerte de cultura política ascética en la que se presumía de la renuncia a todo cargo, de la fugacidad de los pocos cargos que fueran imprescindibles, los sueldos moderados y a un simulacro exagerado de voto casi de pobreza. Tenía todo el sentido: veníamos de años de podredumbre en los que la corrupción había cooptado a muchos cargos políticos y sindicales y para ello se había servido de sobres, regalos, invitaciones y privilegios inaccesibles al común de los mortales. Los cargos políticos vivían en unas alturas desde las que se veía muy lejos al pueblo al que tenían que representar y servir.

De los consejos de administración de Cajamadrid a la universalización del coche oficial (el Ayuntamiento de Madrid llegó a poner un coche con su conductor para cada uno de sus concejales de gobierno y oposición) pasando por el palco del Bernabéu, los cargos públicos tenían difícil no sentirse una élite separada por un infranquable foso de la ciudadanía común. Había más complicidad muchas veces entre los miembros de esa élite (aunque aparentemente fueran adversarios) que con los representados. Eso fomentaba unas políticas en las que el interés general se convertía en una anécdota secundaria y una sensación de impunidad que ayudó a naturalizar una corrupción absolutamente extendida (desde el regalo de áticos hasta el regalo de títulos universitarios).

Las exigencias de la nueva política tenían todo el sentido como anticuerpos frente a una degradación absoluta de la política española.

No hace demasiado de esto. Apenas unos meses. Y sin embargo lo que estamos viendo desde el 28A y el 26M ha supuesto un giro radical que marea incluso al observador menos atento. No hay una sola exigencia o negociación de gobierno municipal, autonómico o nacional en la que el foco no esté en el reparto de cargos. No se conoce una línea roja programática, una conquista irrenunciable. Sólo sabemos que unos quieren entrar en consejos de gobierno, que otros quieren que los unos no entren aunque se hagan sus políticas, que Ciudadanos quiere trincar buenos sillones con los votos de Vox haciendo contorsionismos para devolvérselos y que al PP le da igual cómo se arregle lo de los sillones de los otros mientras se le garantice el suyo.

Uno recuerda casi con nostalgia cómo las negociaciones de Pujol y Arzalluz con Felipe González y Aznar nos parecían irritantes pasteleos sin escrúpulos porque la investidura dependía abiertamente de la entrega de competencias y presupuesto a sus Comunidades Autónomas. Hoy esto parecería un ejercicio de transparencia y altruismo enternecedor.

¿Alguien conoce alguna diferencia política insalvable para formar gobierno en España que no sea quién será ministro y quién no o si en vez de compartir ministerios se comparten direcciones generales? ¿Tiene alguna queja Vox de los primeros diez días de sectarismo, prohibiciones y censuras del Ayuntamiento de Madrid o sólo le preocupa qué concejalías, consejerías y chiringuitos va a trincar? ¿Sabemos qué le parece a Ciudadanos que los gobiernos de los que forma parte adopten las políticas de Vox o lo único que le preocupa es que no salgan en la foto compartiendo los sillones que con tanta renuncia política han logrado apañarse?

El culmen de la degradación fue el documento exhibido ayer por Vox. Primero por su carácter secreto, algo absolutamente intolerable y que debería ser ilegal. Y en segundo lugar por su obsceno contenido con sólo tres puntos: el primero, los sillones del PP; el segundo, los sillones de Vox; el tercero, la opacidad del acuerdo. Hasta los futbolistas que fichan por un equipo nuevo que les ofrece más dinero tratan de disimular diciendo que éste era su equipo desde niño o que buscaban nuevos retos.

No nos hemos curado todavía de tantos años de saqueo e indecencia como para dejar de tomar la medicación tan abruptamente. Disimulen un poco, que abriendo tanto la puerta va a pasar mucho frío.

Ciudadanos. Próxima estación: Madrid

«¿Cómo vamos a superar la dinámica de confrontación de rojos y azules que vinimos a combatir si nos convertimos en azules? ¿Cómo vamos a ser creíbles en nuestro compromiso con la regeneración si vamos a apoyar a gobiernos que llevan mas de 20 años en el poder? ¿Cómo vamos a construir un proyecto liberal en España si no somos capaces de enfrentarnos a la  extrema derecha que esta en las antípodas de todo lo que pensamos?«

Ayer Ciudadanos demostró una cosa positiva para ellos: que, contra las apariencias, en su interior hay vida política, debate e incluso enfado. Es una buena noticia para ellos: es mejor que haya una tensión entre quienes apuestan por el suicidio (convertirse en una mera corriente subalterna del peor PP) y quienes parecen creer aún en ese supuesto centro liberal que Ciudadanos decía ser. La alternativa sería la aquiescencia acrítica en el camino hacia la inmolación ordenada por el líder de una secta milenarista.

Visceralmente uno podría desea la (probable) victoria de Albert Rivera que conduzca a Ciudadanos a la irrelevancia cuando no a la expresa absorción por parte del PP. Sin embargo, ocurre que en su rendición al PP Ciudadanos puede causar mucho sufrimiento y deterioro democrático.

El próximo hito al que se enfrenta Ciudadanos es la investidura en Madrid. En los próximos días el presidente de la Asamblea de Madrid debe consultar a los portavoces y proponer una candidatura a la presidencia de la Comunidad.

La apuesta inicial de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid reúne todos los síntomas que señalaba Toni Roldán: un bloque de (muy) azules tras más de 20 años de gobiernos del PP y de la mano imprescindible de la extrema derecha. Pero además en la Comunidad de Madrid se añaden tres factores que hacen aún más sangrante la entrega de Ciudadanos:

-No es sólo que el PP lleve gobernando más de 20 años; es que estas dos décadas y media han estado regadas de podredumbre corrupta (Gurtel, Púnica, Lezo, máster, Fundescam…) y golpes a la democracia (tamayazo, financiación ilegal) en una decadencia institucional que el propio Ciudadanos ha señalado durante la legislatura pasada;

-No es sólo que necesiten a Vox para gobernar; es que Vox tiene paralizado el diálogo para formar gobierno en Madrid por su exigencia de cargos, chiringuitos y sueldos. Vox en Madrid tiene su cantera más parásita: donde Abascal se forró con sueldazos sin trabajo en dos chiringuitos;

-En la Comunidad de Madrid, además, existe la posibilidad de entenderse con Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón con los que se podría formar una alternativa que suma una clara mayoría absoluta. ¿Creen Ignacio Aguado y Albert Rivera que encontrarán a alguien que considere que entre Isabel Díaz Ayuso, David Pérez y Rocío Monasterio o Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón, la sensatez y la moderación están en el lado del PP-Madrid y Vox? Se añade que Ángel Gabilondo fue el candidato más votado tras el desplome electoral del PP, al que sus votantes han castigado más que Ciudadanos por la corrupción y la pésima gestión.

Si Ciudadanos quiere simular que conserva un ápice de ese supuesto centrismo moderado, sensato y liberal, si pretende parecer algo así como una fuerza europea, moderna y del siglo XXI… en Madrid tiene su última oportunidad. Es probable que prefieran renunciar a ella y consolidarse como una triste muleta de la corrupción y el odio. La ciudadanía madrileña lo pagaría con cuatro años más de colapso institucional y decadencia de nuestros servicios públicos. Sería, sin duda, el último servicio (porque no habría más) de Ciudadanos a un PP corrupto y fanatizado enterrado por los españoles y resucitado por Albert Rivera.

De cinturones sanitarios y búsquedas de acuerdos difíciles

Uno llega a acuerdos con quien no piensa como uno. Es algo que hacemos continuamente: la vida en sociedad exige acuerdos, expresos o no, porque pensamos cosas distintas a todos los demás e incluso a lo que pensaba uno mismo hace un rato. Afortunadamente.

Es evidente que necesitamos acuerdos. La pluralidad política es una bendición que hay que mimar, el fin de las mayorías absolutas y de la España sin matices del bipartidismo es una oportunidad democrática. Pero si no lo fuera, daría igual: es un hecho, el acuerdo entre distintos es una necesidad inevitable. Todo el mundo sabe que en Cataluña no va a haber solución que no sea fruto del acuerdo entre gente que pensamos cosas radicalmente distintas: no sólo sobre las fronteras, también sobre economía, libertades… Otra cosa es que haya quien no quiera que haya solución.

Encontrar soluciones compartidas es dificilísimo cuando venimos de sobre escenificar las diferencias, pero es indispensable.

En el conjunto de España pasa exactamente lo mismo: no vamos a poder desbloquear las instituciones sin abrirnos a dialogar y a negociar con otros de quienes nos separa un abismo, pero un abismo legítimo. Y esa negociación (si quiere desbloquear el país y sus partes) tiene que pasar por huir de la satanización de quien no sea Satán. Sólo debería haber dos líneas rojas: no se puede abrir la puerta de las instituciones a quienes no respetan los derechos humanos y los principios básicos de la democracia (incluidos los principios de libertad, de igualdad, la no discriminación por género, raza, orientación sexual…) ni a quienes quieren las instituciones para robar. Quienes odian y quienes roban, sí, son Satán. Entre el resto hay discrepancias, en ocasiones enormes, pero llegar a acuerdos entre gente muy distante puede ser criticable o no según el acuerdo concreto (que debe ser público, perdón por la obviedad); puede ser criticable si el contenido es malo para la ciudadanía, pero intentando que no lo sea es legítimo… y conviene entender que en muchos sitios es imprescindible.

Es más que razonable intentar alcanzar gobiernos entre los partidos cuyos proyectos son similares. Descartados los partidos que quieren recortar derechos y libertades y los que está acreditado que son instrumentos de corrupción tiene todo el sentido que se busquen mayorías entre partidos con proyectos políticos más o menos cercanos. Si hay una mayoría de partidos de derecha democrática en un lugar es lógico que formen gobierno, si la hay progresista deben intentar llegar a acuerdos, donde haya conflictos territoriales es razonable que se prime el entendimiento entre quienes tienen un mismo proyecto nacional como una de las variables para formar gobierno.

Pero en España va a pasar mucho tiempo sin que haya mayorías de este tenor. No va a haber mayorías absolutas de partidos de derecha democrática durante un tiempo; la izquierda defensora de la unidad de España está lejos de poder gobernar sin el apoyo de otros.

Recordemos lo que pasaba en Euskadi y Navarra cuando ETA mataba. Se firmó un Pacto de Ajuria Enea (cuyo texto hoy resultaría escandaloso para tantos) que hacía que, mientras no se consiguiera que dejara de haber asesinatos, los partidos facilitaran gobiernos de sus adversarios si así conseguían evitar que tuvieran poder institucional quienes compadreaban con los crímenes.

Pese a los golpes de pecho de quienes exigen aislamientos, no hay nada más valiente que cruzar fronteras. La izquierda defensora de la unidad de España tiene que atreverse a hablar y llegar a acuerdos con las izquierdas independentistas vascas y catalanas porque no pasa nada, porque son acuerdos legítimos, porque tienen proyectos de país profundamente distintos pero legítimos mientras no quieran recortar derechos y libertades ni discriminar a nadie. Pero también hay que intentar hablar y si se puede acordar donde sea necesario con derechas democráticas no corruptas. Como tiene que haber una derecha democrática no corrupta que entienda que no se puede gobernar con quienes compadrean con la violencia machista (negando incluso su existencia), quienes quieren recortar derechos a quienes no son hombres, blancos, heterosexuales y católicos y con quienes usan las instituciones para robar, para destrozar las instituciones; y que la única alternativa a eso es llegar a acuerdos con otros partidos democráticos por muchas diferencias políticas que haya, por poco ambiciosos que puedan ser esos acuerdos.

Basta echar una ojeada a los pactos municipales, a los post pactos, al atasco de tantas comunidades autónomas, la imposibilidad de formar mayoría en España, la entrada del odio en gobiernos municipales y autonómicos… para tener claro que hay que optar. Los acuerdos entre partidos muy distintos necesariamente serán poco ambiciosos: si Ciudadanos llega a acuerdos con fuerzas progresistas tendrá que renunciar a bajar impuestos a las grandes fortunas; si las fuerzas progresistas logran un acuerdo con Ciudadanos en algún lugar saben que los avances sociales serán mucho menores que lo serían si gobernaran sin Ciudadanos (algo imposible tras los resultados electorales donde esos acuerdos fueran posibles). Si en Navarra se quiere alcanzar un gobierno progresista decente, es obvio que se tienen que entender fuerzas que tienen proyectos nacionales muy distintos y que por tanto ninguna logrará grandes avances en ese frente. Pedro Sánchez no debería asustarse de hablar con ERC sobre la investidura de España: precisamente una de las razones por las que ganó las elecciones fue que los españoles dieron la espalda a quienes criminalizan los puentes.

Hubo quien criticó a Más Madrid por tener la osadía de ofrecer un diálogo al PSOE y Ciudadanos para explorar posibilidades para Madrid que no pasaran por gobernar con Vox. Transcurridos apenas unos días de la investidura municipal, visto el circo, comprobados los primeros pasos… ¿alguien duda de que esa posibilidad era mejor para Madrid, para los demócratas, para los derechos de los madrileños y el funcionamiento de la ciudad que lo que ha sucedido?

En la mayoría de los sitios hay que optar. Las alternativas en muchísimos sitios son acuerdos legítimos entre adversarios con muchísimas discrepancias o bien colapso institucional o entrada de fuerzas no democráticas que van a usar las instituciones para el odio y la discriminación: la retirada de las pancartas contra la violencia machista en Madrid es sólo un primer aviso.

Puede que haya quienes prefieran la entrada del fanatismo antidemocrático en nuestros gobiernos; quizás haya quien opte por el colapso sine die como si repitiendo una y otra vez elecciones los votantes por fin fueran a dar los resultados con los que los electos se sienten cómodos. Pero así, a primera vista, no parece la mejor de las opciones.

No es un ayuntamiento Frankenstein: es un ayuntamiento machista

Ayer fuimos conscientes de cuál ha sido la primera medida del Ayuntamiento de Madrid del PP, Ciudadanos y Vox. Han retirado de muchas Juntas de Distrito las pancartas contra la violencia machista con lemas tan partidistas como «Vivas nos queremos» o «Ni una menos«.

La acción es muy grave: el Ayuntamiento de Madrid está lanzando el mensaje de que la preocupación por la violencia machista (más de mil mujeres asesinadas en una década y media) es una cuestión ideológica, de partido. Que no es una prioridad absoluta de toda la sociedad independientemente del partido político; y que lo más urgente que tenía el Ayuntamiento era hacer saber que es así, que eso ya no es una prioridad. El mensaje del Ayuntamiento es letal, es intolerable. Y tiene consecuencias reales en la renaturalización de la violencia machista.

En España se ha ilegalizado a partidos políticos por su indiferencia activa con asesinatos al considerar que esa indiferencia activa era complicidad. ¿Alguien imagina qué diríamos a día de hoy si en algún Ayuntamiento vasco llegara la izquierda abertzale y lo primero que hiciera fuera retirar carteles de rechazo a los crímenes terroristas? ¿Qué estarían haciendo ya los jueces y fiscales? Afortunadamente eso ya no pasa: ya no nadie que relativice la gravedad de esos crímenes que felizmente se terminaron. Desgraciadamente no ocurre lo mismo con los crímenes machistas.

En el Ayuntamiento de Madrid gobiernan PP y Ciudadanos con el apoyo de Vox (hasta que en unos días les den los ansiados carguetes y gobiernen los tres de la mano). Ciudadanos, además, se ha cogido la responsabilidad de igualdad. Sin embargo ayer atacó a quienes informaban sobre la retirada de las pancartas diciendo que ellos no tenían nada que ver, que eso era en las juntas del PP. A quien no criticaron, por cierto, fue al PP por retirar las pancartas: de nuevo no les importaba lo que está pasando sino cómo queda la foto de lo que pasa. No les parece grave que el Ayuntamiento renuncie a rechazar los crímenes, les parece grave salir feos en la foto.

Madrid no tiene dos ayuntamientos, uno del PP y otro de Ciudadanos. Madrid tiene un Ayuntamiento que gobiernan juntos PP y Ciudadanos. Ni en breve tendrá tres ayuntamientos sino uno con PP, Ciudadanos y Vox. Ciudadanos es muy escrupuloso a la hora de señalar complicidades: la excusa para no sentarse a hablar con Ángel Gabilondo en Madrid es que es del mismo partido que Pedro Sánchez al que en España votó una vez ERC y ERC en Cataluña ha participado en el intento independentista. ¿Puede un partido que usa tales argumentos decir que ellos no tienen nada que ver con lo que hace el gobierno municipal del que ellos mismos son parte?

Van a ser cuatro años muy duros. Pero a Ciudadanos le convendría dejar de tomar a la gente por imbécil. El Ayuntamiento de Madrid ha optado como prioridad por arrancar la lucha contra la violencia machista. Podía haber otro Ayuntamiento, nadie obligó a Ciudadanos a ser los responsables de igualdad del Ayuntamiento de Madrid. Nadie obligó a Ciudadanos a gobernar con la mugre, la corrupción y el odio. Nadie le obligó ni nadie lo olvidará.

Un pacto secreto

«¿No sería el momento de hacer público el documento pactado? No lo vamos a hacer por consideración a Almeida.» La respuesta de Ortega Smith en una entrevista en La Razón de esta mañana es la guinda de una actuación política bochornosa y profundamente antidemocrática.

No se recuerda en una democracia que dos partidos alcancen un acuerdo de gobierno y que sea secreto: que los ciudadanos no puedan saber a qué acuerdos han llegado quienes van a gobernar sus instituciones, que los partidos de la oposición no puedan controlar el contenido y el cumplimiento de los compromisos a los que hayan llegado los partidos de gobierno… es algo absolutamente ilegítimo en una democracia. Puedes (debes) tener negociaciones en privado, pero una vez firmado y sobre todo ejecutado (ya se han votado las investiduras fruto de ese acuerdo) no cabe guardar en secreto los acuerdos de gobierno. Y sin embargo PP y Vox no hacen el menor esfuerzo en, al menos, disimular el bochorno, presumen de ese pacto secreto y hasta se amenazan con difundirlo sin que sus pesebres mediáticos les alerten sobre la vergüenza que supone.

La escena teatral de los acuerdos y desacuerdos municipales y autonómicos es tan patética que a veces el ridículo eclipsa la agresión democrática. En este caso, el papelón de Ciudadanos haciendo como que desconoce ese pacto secreto entre Vox y PP que condiciona los gobiernos en los que Ciudadanos es protagonista mueve casi a una mezcla de risa y pena aún mayor que la indignación que debería generar la opacidad de los compromisos que se han alcanzado para nuestras instituciones a nuestras espaldas. En el colmo de la indignidad Ciudadanos no hace ni el simulacro de exigir a sus socios que le enseñen qué han pactado sobre los gobiernos en los que ellos están.

No se recuerda en política (democrática) que dos partidos convoquen a la prensa para que difundan cómo firman un papel… y escondan ese papel para que no lo conozca nadie. ¿Qué contendrán esos pactos para que PP, Vox y Ciudadanos piensen que lo mejor es que no sepa nadie qué tienen firmado hacer con nuestras ciudades? Los partidos políticos suelen presumir de sus intenciones de gobierno porque al menos antes de empezar suelen ser buenas para sus votantes; es después, con los fracasos, las prácticas y las mentiras cuando algunos tienen que maquillar lo que realmente han hecho. Que antes de empezar a gobernar ya nos estén ocultando lo que tienen pensado no sólo es democráticamente ilegítimo, es que además permite hacernos una idea de la agresión que tienen prevista contra los madrileños.

En los tiras y aflojas para repartirse cargos y presupuesto público, es probable que estos días PP y Vox vayan filtrando en los medios de que disponen los contenidos de ese acuerdo que les interesen para debilitar la posición del otro. Eso, espero, llevará a que tarde o temprano conozcamos el documento que han firmado sobre nuestras instituciones. Pero ya habrán dejado clara su categoría democrática: ese pacto secreto que llevó la semana pasada al reparto de ciudades entre las derechas y los ultras empieza con toda una exhibición de lo que es intolerable en democracia.

Más Madrid… para empezar

Un vistazo rápido e irrelevante a los resultados de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid nos dice que la candidatura de Manuela Carmena sacó básicamente los mismos votos que en 2015 (503.990 frente a 519.721) siendo primera fuerza en la ciudad y en 15 distritos; pero que el Ayuntamiento de Madrid puede acabar en manos de la derecha y la extrema derecha sobre todo porque la abstención que hubo en la derecha madrileña en mayo de 2015 no se ha producido ahora. En estos cuatro años hemos conseguido mantener pero no ampliar la transversalidad política que se consiguió en 2015 y tampoco hemos conseguido movilizar en los barrios populares. Por supuesto hay problemas compartidos en toda España con el resto de ayuntamientos del cambio que no han conseguido revalidar (sólo Cádiz, Zamora y Valencia se mantienen) pese a que el foco de Madrid y Barcelona deslumbre; pero a los madrileños, obviamente, nos toca pensar en nuestros fallos.

En la Comunidad de Madrid Más Madrid obtiene 20 escaños por más de 470.000 votos con una candidatura recién creada, sin partido organizado. Quien quisiera calcular el impacto en lo que hemos llamado el espacio del cambio político puede buscar encuestas que dieran en los últimos años 27 diputados a Unidos Podemos en Madrid: hace justo un año Podemos convocó unas primarias con listas de 25 diputados, expresión del tope que consideraba básciamente inalcanzable: ayer Más Madrid obtuvo 20 diputados, Podemos 5 e Izquierda Unida 2.

Decía que esto sería un vistazo “irrelevante” porque una de las razones para estar orgullosos de Más Madrid es la tristeza por la victoria de la alianza de Colón sin consolarse por los datos “partidistas”. Madrid, las familias madrileñas, sufrirán con los gobiernos de PP, Cs y Vox incluso aunque no hagan ni la mitad de insensateces que han anunciado en campaña electoral. Un bloque del odio, la corrupción y los recortes sociales augura retrocesos que sufrirán los más débiles por clase, edad, género, nacimiento u orientación sexual.

El principal dato para el día después que tenemos en Más Madrid son los mimbres tejidos durante esta campaña. Muchísima de la gente que se ha acercado a Más Madrid no había participado en otro partido político nunca. Como ejemplo: prácticamente la mitad de los apoderados no lo había sido nunca antes. El apoyo desde los balcones, haciendo llamadas, como apoderados… unido a los 19 concejales de la capital, los futuros vocales de distrito, los concejales de otros municipios y los 20 diputados autonómicos dan a entender que no podemos permitirnos desaprovechar estas condiciones y que toca organizarse bien.

Es imperativo huir de la cultura política que contempla la vida política como una partida de póker que se resuelve con trampas y muertes, una cultura que no es la que traen tantas personas ilusionadas y que no trae nada bueno a la política ni a la vida. Y que genera la destrucción en muy pocos años de las organizaciones que la adoptan, como estamos viendo: la democracia sin fraternidad acaba siendo una tiranía suicida. Que se queden esa copia cutre de la dialéctica amigo-enemigo quienes sean felices con sus tuits infames y sus declaraciones cínicas y tramposas. Si así son felices, que lo sean, pero que no esperen que nadie entre a provocación alguna.

En términos cuantitativos Madrid ha sido un oasis en el desplome en toda España del espacio político progresista ajeno al PSOE. Cuando nos enfriemos un poco podremos ver que Más Madrid ha cubierto y ensanchado un espacio abandonado política y moralmente. Podremos ver también que en toda Europa los partidos verdes han sido la gran respuesta democrática a la irrupción ultra y que el ecologismo está siendo junto al feminismo la gran respuesta emancipadora que tenemos los demócratas españoles hoy.

Tenemos tiempo: la avalancha electoral nos permite despejar el horizonte durante unos años, lo cual nos permite dedicar las próximas semanas a pensar en común, a leer, escribir, a hablar con gente de toda España que entienda la necesidad de mimar un espacio casi más moral que político que ha sido torturado pero por personajes que ya son mucho más irrelevantes que irresponsables. Tenemos tiempo para hablar, pensar y construir.

Decía ayer mi buen amigo Jorge Caplan que tenemos que sustituir el sentimiento de orfandad política por una fértil paternidad/maternidad política. Tenemos tiempo y no podemos esperar. A ello.

¡Lex Luthor, candidato!

Este fin de semana PP, Vox, PSOE y Ciudadanos han ido anunciando algunos detalles de las que serán sus listas a las generales de 2019. Las claves comunes han sido la laminación de la pluralidad interna (donde la hubiere) y, en el caso de PP, Vox y Ciudadanos, algunos fichajes que dicen mucho del partido.

Puedes seguir leyendo en La Mirada Común.

Las primarias de Más Madrid

Desde esta mañana ya se puede votar en las primarias de Más Madrid para elegir sus candidaturas municipal y autonómica. Se puede votar en http://participa.masmadrid.org

No debe de ser muy fácil encontrar a gente ajena a la militancia política dispuesta a participar en una candidatura electoral. La irrupción de una extrema derecha agresiva y la prolifereción de noticias falsas contra los demócratas genera muchas resistencias. El desencanto en el que están sumidos, por distintas razones, casi todos los partidos tampoco hace muy ilusionante dar ese salto a quien tiene ya una situación vital y profesional tranquila.

Por eso las candidaturas que presentaron Íñigo Errejón y Manuela Carmena para las primarias de Más Madrid son un gran síntoma de la ilusión que han logrado despertar. Al propio caso de Manuela Carmena, que no tiene ninguna necesidad personal de meterse en este berenjenal, se añaden activistas vecinales de toda la vida, científicos, médicos, ecologistas, sindicalistas…

Junto a ellos, mucha otra gente que llevamos muchos o pocos años (hay gente muy joven) defendiendo Madrid, intentando que sea más moderna, justa, democrática, libre… frente al odio, la mentira y la corrupción.

Hace poco más de cuatro años no imaginaba que fuera a ser diputado autonómico. Llevaba veinte años de militancia política como tantísima otra gente ayudando en lo que pudiera ser útil a mis ideas. Hace poco más de un mes tenía claro que en mayo terminaban estos cuatro años y que volvía a esa militancia política a la que somos adictos un puñado de friquis: en buena parte, desde el año pasado ya estaba militando y empujando con todas mis fuerzas una candidatura que observaba desde fuera.

Y resulta que los vaivenes políticos de un país que sigue en crisis me han traído de nuevo a unas primarias y que sea lo que la gente quiera.

Vamos a necesitar muchísima gente participando para que la ciudad de Madrid siga avanzando, para que la Comunidad abandone la cultura del tamayazo y para que desde Madrid seamos capaces de contribuir a las ideas en las que llevo militando toda la vida. Ese empuje empieza hoy votando, participando en el programa, ayudando en la campaña y después en la pelea cotidiana que necesita tanta ayuda.

Así que ya estás votando las listas de Íñigo y Manuela: hoy en http://participa.masmadrid.org, y dentro de dos meses en las urnas.

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