Blog de Hugo Martínez Abarca

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La III República es un chollo

La visita de Cayo Lara de ayer al Jefe del Estado supuso el primer éxito comunicativo de Izquierda Unida en bastantes años. Se limitó Cayo Lara a, junto con una serie de propuestas para salir de la crisis económica por la izquierda, plantearle a Juan Carlos de Borbón el modelo político que defiende Izquierda Unida, que pasa por la proclamación de la III República.

Algo tan normal como que una fuerza política de izquierdas no acepte dioses, reyes ni tribunos fue portada ayer en todos los medios de comunicación de masas y alcanzó la portada de menéame (uno de los portales de noticias más visitados en español y cuya portada se decide por los votos de los usuarios).  En casi todos los diarios era una de las noticias más comentadas y no es la primera vez que sucede algo así: ya el pasado 14 de abril el vídeo de Izquierda Unida con buena parte de su dirección felicitando la onomástica republicana fue uno de los vídeos más vistos de youtube.

En las encuestas, un 22% de los españoles se delcaran partidarios de la República. En un país donde resulta asfixiante la propaganda casi unánime que hace creer que monarquía y democracia son sinónimos ese 22% resulta prometedor. A diferencia de otras monarquías como las escandinavas o la británica, en España la República remueve emociones entre las izquierdas por nuestras memorias familiares y populares, por lo que puede resultar el factor de movilización política del que carecemos (y que tan sencilla es para los nacionalistas, los tradicionalistas,…). Los republicanos y las republicanas tenemos además en España la suerte de tener una simbología inequívoca: sólo los majaderos dicen eso de que EEUU y Francia ya son repúblicas y eso no es más de izquierdas; la bandera tricolor, el himno de Riego,…  apelan claramente a la izquierda más honesta, más luchadora, más demócrata y más sacrificada. En España cuando alguien se declara republicano no tiene necesidad de aclarar «y de izquierdas«.

Los factores que mueven a la movilización (y en última instancia al voto) van mucho más allá de lo exclusivamente racional. Por eso los nacionalismos y los fundamentalismos religiosos tienen tal capacidad de movilización. En la izquierda española tenemos la suerte de gozar de un asidero que apela a lo emocional pero que, además, es reconocible como una reivindicación de un cambio de modelo político, económico y social hacia la justicia y la razón. Nuestra suerte es mayor por el hecho de que nadie más está reivindicando la III República como el nombre del cambio radical que queremos.

La III República es un chollo sobre el que deberían pivotar las propuestas que haga la izquierda: poniendo la III República en el centro de esas propuestas, no sólo estaremos llamando la atención sobre las mismas, sino que simbólicamente estaremos mostrando que no son propuestas aisladas, sino que están incluidas en un paquete que supone una seria transformación de nuestra realidad política.

NOTA Como muestra un botón: ayer se le erizaban los pelillos a Javi, el hijo rojo y a viul

Esperanza Aguirre es pro-china

Esperanza Aguirre, la lideresa del Equipo E, está en campaña para un akelarre que ha montado este fin de semana en contra de la revolución cubana. Es la obsesión de la ultraderecha. Y cuando uno está obsesionado llega a decir muchas tonterías. Hace unos días decía la lideresa (quizás más preocupada por las posibles cámaras que la espiaran que por las palabras que emitiera) que no puede comprender que haya políticos que viajen en Cuba avalando así la dictadura más horrorosa que ha deparado la historia de la humanidad y de las demás civilizaciones que haya por el Universo que el buen dios creó en algo menos de una semana.

Esperanza Aguirre no es precisamente parca en viajes. En la página oficial de la Comunidad de Madrid S.L. hay, por ejemplo una detalladísima crónica del viaje de Esperanza Aguirre por ese paraíso de las libertades que es China. Allí se puede ver en portada una foto de la visita de Esperanza a la empresa Cojinetes de Fricción S.A. en Shangai, que sin duda se instaló allí por el magnífico conocimiento de los cojinetes (una de las pasiones de Esperanza Aguirre) que tienen los nobles habitantes de Shangai y no por los sueldos miserables y las impúdicas condiciones de trabajo que supone fabricar los cojinetes en China: allí sí que no habrá una huelga. Que en China se produzcan masivas violaciones de derechos humanos, incluido un número desconocido de ejecuciones de ciudadanos que supera incluso a Estados Unidos no preocupó a Esperanza Aguirre. En China los amigos de Esperanza Aguirre (y cuando digo «amigos de Esperanza Aguirre» me refiero a las personas susceptibles de ser espiadas por la lideresa o sus sabuesos) pueden hacer negocios, así que los derechos humanos de los chinos desaparecen del imaginario de nuestra espía en jefe. Suponemos que el viaje a China no se pagó en efectivo, como cualquier viaje a Sudáfrica, sino que lo pagamos entre todos los madrileños.

Cuando formaba parte del Gobierno, en España veraneaba todos los años y se daba fabulosos abrazos con todo dios el rey Fahd, corrupto mayor del mundo, y gobernante de una dictadura tal que no censura algunas películas, sino que tiene prohibido el cine en su conjunto. Pero tiene petróleo para dar y sobornar: los derechos humanos de los saudís nos dan exactamente igual, como es liberal. No se conoce una crítica aguirrista a la familia saudí, fiel garante de los derechos humanos de su leal pueblo.

Uno se puede creer a Esperanza Aguirre cuando habla de su swing golfista o de su peinado. Cuando habla de derechos humanos tiene la misma credibilidad que cuando denuncia la corrupción de algún concejal: ¿ella, que no se llevó el dosier de las 69 páginas a China?

De Cuba, la lideresa sólo quiere sacar tajada. Sólo quiere convertir la isla en una China caribeña que sirva de estercolero laboral de sus socios. Su discurso es sólo un patético envoltorio de su voluntad indisimulada de saqueo.

El carro, los bueyes, el yugo

Con el desparpajo y la dicción que le caracterizan, Juan Carlos de Borbón puso voz en un vídeo emitido el 24 de diciembre a un discurso escrito por diversas manos. En él nos pidió que nos pusiéramos los súbditos (y puede que las súbditas) a «tirar del carro» de la economía. No dijo «tirad del carro como la Reina y yo«, porque estos discursos no se caracterizan por su sentido del humor.

Me empezaba ya a colocar el yugo sobre los hombros cuando me di cuenta del serio aviso que suponían las palabras del líder de audencia de las nochebuenas televisivas. Recordé que él no era el primero en pedir a alguien que tirara del carro. Esa frase se convirtió en un reiteradísimo latiguillo cuando alguien le pidió a Raúl González que tirara del carro de la selección española de fútbol. Pocos meses después la selección española de fútbol se deshizo de Raúl y el carro empezó a ir divinamente.

Sospecho que algo así es lo que pide Juan Carlos de Borbón. Que nos pongamos a tirar del carro (trabajar más horas a menor salario, recibir ¡menos! prestaciones sociales, apostar por el diálogo social y no por la defensa de derechos, renunciar a la estabilidad laboral…) de la economía. Una vez puesta la economía en marcha, ésta vuelve a mandar al guano a los bueyes: tras la subida de la cuesta, se llega a la bajada y por ella los bueyes no hacen más que frenar la velocidad que es capaz de coger el carro. Y hasta la siguiente cuesta arriba. O sea, como Raúl: tira del carro y luego la prima por la Eurocopa se la llevan otros (en la foto vemos a Luis explicándole a Juan Carlos la idea: «que tiren del carro ellos y luego te pillas a su costa una como la que llevo yo ahora mismo«).

Tras recordar a Luis Aragonés (fuente intelectual siempre inspiradora) decidí quitarme el yugo de encima. No, del carro tienen que tirar quienes se hicieron de oro, tienen que tirar las personas a quienes estamos inyectando miles de millones de euros, quienes se subieron a un carro tirado por gente que no podía comprar pisos objeto de la especulación, que no llegaba a ganar mil euros al mes, que si conseguía trabajar era a través de una ETT permitiendo que con su trabajo otros pasaran del carro al Ferrari. Del carro que  tiren los buenos amigos de Juan Carlos de Borbón que queden en libertad.

¿A sueldo de Moscú?

Sin ánimo de ofender y como crítica constructiva: hay a quien se les va la fuerza por la boca. Que sí, que dan mucha clase de ruso, y reconocen que su rencor antiespañol lo genera el oro moscovita, sí. Pero a la hora de la verdad, cuando Moscú se juega los cuartos, escriben una mísera entrada defendiendo que los rusos son humanos, como las negras, los alemanes, los rojos y los homosexuales de ambos géneros y que no hay que asustarse: y encima lo hacen cuando era Gasprom la presunta compradora y no ahora, que sabemos que es Lukoil. ¡Si eso es defender a la madre Rusia, que venga Igor Akinfeev y lo vea!

No, amigos, nuestro Jefe de Estado sí que sabe lo que es defender a Rusia. Seis veces, seis, llamó Juan Carlos de Borbón a José Luis Rodrígez Zapatero el pasado jueves para que no hiciera caso a Miguel Sebastián y facilitara la compra de la españolísima Repsol por parte de la bárbara Lukoil. Seis llamadas, seis, hizo Juan Carlos a José Luis en una fecha tan emotiva para él como es el 20 de Noviembre, lo que generó la conmoción de nuestro presidente, tan sensible, que ha salido insistentemente a decir que él nunca se pronuncia sobre la compra de una empresa española por extranjero que sea el comprador.

Se equivoca quien piense que estas llamadas reflejan otra corruptela más de nuestro monarca. La Casa Real confirma esas llamadas, sí, pero quiere dejar claro que no lo hace con animus forrandi, sino por el bien de España (que son sus empresas):

Se trata de aprovechar la aportación diplomática de Su Majestad en la preparación de un clima propicio para la expansión de nuestras empresas. Todos los Gobiernos lo han utilizado en este sentido. El Rey abre relaciones como especialísimo embajador de España que es, y luego son las empresas las que hacen su trabajo.

Eso dijeron a El Confidencial desde la Zarzuela cuando este medio publicó que el inquilino de tal palacio había fomentado la operación. A vosotros y vosotras, como a mí, os llamará la atención que se diga que la intervención de Juan Carlos genera ‘un clima propicio para la expansión de nuestras empresas‘: porque aquí parece que la única empresa que se expande es Lukoil. ¿Quién es esa primera persona del plural que hay tras ese ‘nuestras‘? ¿Se refieren a las empresas españolas o a las de la real casa? El resto del párrafo tampoco tiene desperdicio, frase a frase.

Con todo, lo más hilarante no es que el Jefe del Estado defienda sorprendentes intereses empresariales, sino que crea (o sepa) que sus llamadas puedan generar un cambio de posición en el Gobierno. Si él tuviera intereses privados, políticos o cinegéticos en la operación, ¿qué le llevaría a pensar que su posición podría y debería influir en el presidente del gobierno?

La monarquía parlamentaria española tiene razones que la razón no entiende. Pero que va intuyendo.

«Sois todos tan mezquinos como yo»

«Para los republicanos, nadie tiene derechos de cuna. Ahora bien, cuando esos republicanos son ricos, o tienen un negocio, o una casa, ¡bien que dejan las propiedades en herencia a sus hijos! Coherencia, pues«

Σοφία Μαργαρίτα Βικτωρία Φρειδερίκη Γλίξμπουργκ, alias Sofía de Grecia

 Con dos frases ridiculiza ‘Sofía de Grecia‘ las aspiraciones políticas republicanas. Una se basa en la patética mención al cons-ti-tu-cio-na-lis-mo. Como la Constitución dice que en España hay monarquía toca aguantarse: «No hay que ser republicano ni monárquico, sino cons-ti-tu-cio-na-lis-ta. Hasta el sindicalista o el comunista más acérrimo, si está con la Constitución, tiene que estar con la Monarquía, que es lo que ahí pone.» La chorrada es mayúscula, pero tampoco hay por qué argumentar en contra porque ya lo hace ella solita hablando de la posibilidad de una España federal: «Si esa Constitución se hiciera en el Parlamento y el pueblo español la aprobara y, sobre todo, si sirviese para unir, no para disgregar… Si sirviese para que todos se sintieran a gusto ‘en su casa común’ bien reconocidos y formando parte de España, pero de una sola España, no de quince o diecisiete trocitos de España… Quizá, tal vez… podría ser una solución«. O sea, que ella admite que la constitución puede cambiarse o sustituirse pot otra, por lo que no se trata de ser cons-ti-tu-cio-na-lis-ta, sino de que ella tiene el-cu-lo-pe-ga-do-al-tro-no.

En cambio la otra frase, con la que encabezo este apunte tiene más sentido porque revela la calidad moral de la excelente profesional que tenemos por consorte del Jefe del Estado. La tipa viene a decir que sí, que tiene un morro que se lo pisa, pero que habría que vernos a los demás en su puesto. ‘Si tú, republicanita de mierda, cuando heredas un piso no renuncias a él, ¿crees que yo no me voy a aferrar con uñas y dientes a este chollo?‘.

El razonamiento de la reina, además de ser una confesión de mezquindad bastante transparente, es falso. En primer lugar porque hay republicanas con un buen patrimonio y que son firmes defensoras de elevar los tipos fiscales a las rentas altas y son absolutamente contrarias al fin del impuesto de sucesiones. Si  Σοφία no se lo cree, yo le puedo presentar a alguna persona cercana. Y en segundo lugar porque es perfectamente legítimo considerar que la propiedad debe ser hereditaria pero los cargos políticos no. Es lo que sucede en nuestra sociedad salvo en la jefatura del Estado: tampoco se hereda la presidencia de las diputaciones provinciales (salvo en Castellón) sin que nos parezca incoherente con el hecho de que sí se hereden las motos.

Una de las ventajas de la transparencia de esta católica de 70 años es que el razonamiento de Sofía de Grecia potencia el análisis que muchos hacemos del papel de Juan Carlos y el resto de dirigentes franquistas durante la transición. Sabemos cómo razona esta familia: igual que el republicano mezquino que se aferra a su herencia, ellos tratan de no soltar nada de lo que reciben. Sin embargo, el relato hagiográfico de la transición nos habla de cómo el rey, pudiendo tener un poder absoluto, nos llevó a una democracia en la que se quedó con un papel menor que el heredado. Pero según aprendemos de Σοφί, ni esos republicanos ceden un ápice de lo que heredan si pueden. No pensará Σοφία que su marido es más tonto que esos republicanos: sabe que él también conservó todo el poder que pudo. Hizo un cálculo, aprendió de su abuelo y de su cuñado y organizó el juego del modo en que menos podía perder. Y le salió muy bien hasta que su mujer se puso a hablar.

Ojalá Sofía saque otro libro de confesiones cuando cumpla 71 años. El título lo aporto yo: ‘A enemigo que huye…‘

Orgullo

Si Sofía, alias Sofía de Grecia (aka Σοφία Μαργαρίτα Βικτωρία Φρειδερίκη Γλίξμπουργκ), se hubiera entrevistado con Pilar Urbano en los años 60 se hubiera mostrado tajante sobre las marchas en defensa de los derechos civiles de los negros en Estados Unidos. «Puedo comprender, aceptar y respetar que haya personas con otra raza, pero ¿que se sientan orgullosos por ser negros?» habría dicho «Si todos los que no somos negros saliéramos en manifestación… colapsaríamos el tráfico«.

Es el eterno discurso de quienes quieren mantener la dominación de un colectivo sobre otro: sean los blancos sobre los negros, los hombres sobre las mujeres, los heterosexuales sobre los homosexuales, la patronal sobre los trabajadores, incluso los católicos sobre los ateos… Toda identidad colectiva, se dice, es mala: tanto la opresora como la oprimida, así que cada uno a su casa y a pensar en otra cosa. Pensar en otra cosa es la mejor forma de que todo siga igual. Por eso el machismo utiliza frases como que ‘tan malo es ser feminista como ser machista‘, dando por hecho que la defensa de los derechos de la mujer no busca la igualdad, sino una supremacía femenina tan injusta como la actual supremacía del macho: ‘yo no soy machista ni feminista’ explica Σοφία a su amiga del Opus. Mejor dejar las cosas como están, que caer en otra injusticia, claro. Es evidente la falsedad de ese discurso, que se esconde bajo frases que quedan muy respetuosas y muy igualitarias, pero que es simplemente una defensa del mantenimiento del statu quo. ‘Una cosa es el laicismo positivo y otra el anticlericalismo radical’ se dice desde el mismo modo de razonamiento: en cambio ese laicismo positivo y el confesionalismo estatal de facto sí que son lo mismo.

El orgullo blanco, el orgullo masculino, el orgullo heterosexual, el orgullo católico… no necesitan reivindicación en la calle. Son todos colectivos que ya imponen formal o informalmente su dominación e incluso su legislación. Cuanto menos desfiles de orgullo dominador se hagan ver, mejor, porque levantarán menos iras entre los colectivos discriminados. ‘Dejémoslo estar‘ es siempre la frase del poder, la frase contra la que debe reaccionar quien se oponga al poder. Una de las estrategias más útiles para emanciparse, para sacudirse la dominación, es la generación de identidades colectivas de las que sentirse orgullosas y orgullosos y por las que luchar colectivamente. Son identidades colectivas útiles para la emancipación y peligrosísimas para la dominación. Y por eso ridiculizadas por gente tan profesional del poder como la reina consorte.

La posición de la reina es muy comprensible. Una institución tan absurda e irracional como  es la monarquía sólo puede basarse en la ausencia de toma de conciencia de quienes están abajo. Necesariamente tendrá que ridiculizar todo orgullo de los que son discriminados, para que no se cuestione a los que están arriba.

Desde luego, no cuestiona el día del orgullo militar con la excusa de que si todos los que estamos desarmados saliéramos a la calle colapsaríamos el tráfico. Porque el poder está orgulloso de su posición, ¿a qué negarlo? Pero sólo exhibe el poder cuando la exhibición es la forma de perpetuarlo.

Nos habían dicho que la reina es inteligente. Pero Forrest Gump nos enseñó que quien dice tonterías es tonto.

De naturaleza corrupta

Más allá de la precariedad del criterio de Gande-Marlaska, resulta interesante la afirmación atribuida al alcalde de Puerto Real según la cual «el rey es de naturaleza corrupta«. Confieso que le he dado unas cuantas vueltas a la frase, a pesar de que no puedo estar seguro de que el orador la usara (no he escuchado grabación alguna del acto por el que es citado a declarar; sólo transcripciones periodísticas). No se trata de examinar al acusado, sino de la propia frase.

Ayer mencionaba un detalle importante: la frase no dice que ‘Juan Carlos de Borbón es de naturaleza corrupta‘, sino ‘el rey es de naturaleza corrupta‘. Si la frase fuera la primera, sería una obviedad el error: el corrupto no nace, sino que se hace. Si Juan Carlos de Borbón fuera un corrupto, lo sería por un montón de motivos educacionales bien obvios: vivió rodeado de privilegios, sabiendo que nada de lo que hiciera en provecho propio sería nunca castigado, de la mano desde muy pequeño de un sanguinario dictador que utilizó el Estado como instrumento para amontonar una importante fortuna familiar y con el dogma monárquico según el cual el Estado y su familia eran la misma cosa (dogma alentado por los pelotas de la corte durante los últimos 33 años). Si Juan Carlos de Borbón hubiera sido dado en adopción en secreto a una familia normal al nacer, que nada supiera del origen del crío, no hubiera tenido ese entorno ni heredado vicios dinásticos. La corrupción no va en los genes.

¿Y en el cargo? Si la frase de José Antonio Barroso hubiera sido ‘La monarquía es de naturaleza corrupta‘ no hubiera sido posible discutirla. La monarquía tiene como esencia la absoluta confusión entre lo público y lo privado (hasta el punto de que existan las ‘bodas de Estado’). El hecho mismo de que Juan Carlos de Borbón no tenga que responder de la distribución que hace del presupuesto de la Casa Real es una consecuencia (evitable) de la consideración de que el Estado, el soberano, sigue siendo el monarca: ¿ante quién va a responder, si los responsables políticos responden ante el ente soberano? El rey es irresponsable, no responde, porque no hay diferencia entre lo público (el Estado) y lo privado (su majestuosa persona). Los colegios de los niños, el trabajo de las hijas y el/los yerno/s, las excursiones de caza (de animales o personas) del abuelo,… son obviamente pagadas por el erario público; y del colegio de los niños a la comisión por barril de petróleo importado hay un paso. Esa naturaleza de la monarquía no es una decisión personal del monarca, sino que es un efecto de la inexistente frontera entre los intereses públicos y la vida privada en una monarquía.

El rey, en tanto que rey, es de naturaleza corrupta porque su cargo lleva en su naturaleza la confusión entre lo público y lo privado. La persona de Juan Carlos de Borbón no es de naturaleza corrupta ni tampoco (esto es una obviedad) de naturaleza pura e inmaculada, sino que ha tenido la buena o mala fortuna de situarse en un lugar de la historia de naturaleza corrupta. El problema no es que sea hijo y nieto de corruptos o no lo sea. Si Franco hubiera designado a otro niño para pasear a su lado hasta heredar el poder, ese niño hubiera tenido un entorno muy parecido con efectos muy similares.

Todo esto no es una contribución a la defensa jurídica de José Antonio Barroso: nadie va a juzgar el delito, sino la osadía de decir de Borbón lo que se podría decir (y se han dicho cosas más graves) sin problemas de González, Aznar, Zapatero, Carod Rovira, Anguita o Arzalluz. Era sólo una digresión sobre la naturaleza de la persona, del cargo y de uno de tantos atavismos esenciales de la monarquía: que la persona y el cargo son la misma cosa. Del mismo modo que con la viñeta de El Jueves no se juzgaba si los príncipes tienen alguna actividad laboral más allá de la procreación, a José Antonio Barroso no le juzgarán más que por haber hecho objeto de su discurso al intocable monarca, a cuya persona se someten todos los demás principios.

Marlaska, el imparcial

«Es por ello, de la máxima importancia no desmotivar a los miembros del público, por miedo a sanciones penales o de otro tipo, de expresar sus opiniones sobre cuestiones de interés público» (sic)

Esto decía en un auto el juez Fernando Grande-Marlaska cuando algunos ciudadanos presentamos una denuncia contra Pío Moa (el hombrecillo que cuenta mentiras piadosas a las hijas de genocidas) por decir que quienes defienden la ley de la Memoria Histórica se identifican con criminales, que Lluis Companys y las trece rosas no eran inocentes y que por tanto su ajusticiamiento no fue un crimen y que Franco no liquidó a los rojos sino que los escarmentó.

Repetid conmigo:

«Es por ello, de la máxima importancia no desmotivar a los miembros del público, por miedo a sanciones penales o de otro tipo, de expresar sus opiniones sobre cuestiones de interés público» (sí, de nuevo: sic, ¿quién le ha enseñado la lengua común a Marlaska?)

Grande-Marlaska citó al alcalde de Puerto Real por decir que el rey (ojo, no Juan Carlos de Borbón, sino el rey, el cargo público) es de naturaleza corrupta.

Amigo Fernando. Debo reconocer que te estaba esperando. Porque o no hay que desmotivar o sí hay que desmotivar. ¿Es de más interés público lo que denunció el alcalde de Puerto Real o las injurias de Pío Moa? ¿No debería ser, al menos, de la máxima importancia no desmotivar a todo un alcalde elegido democráticamente por temor a que le acusen de injurias al rey?

Suelo decir que el uso del insulto es una torpeza porque esconde el contenido real de lo que se dice. Si el alcalde de Puerto Real no hubiera utilizado adjetivos gruesos, estaría fuera de discusión qué delitos deben ser investigados tras las declaraciones de este hombre. Quitemos algunas palabras demasiado elevadas y veremos que no es la acusación más grave de corrupción que ha recibido Juan Carlos de Borbón, pero que no está mal:

«En el año 1982, el rey solicitó a través de la Casa Real, una ayuda para abortar el proceso de expropiación de Rumasa. Solicitó seis millones de dólares de la época, de los que le fueron entregados tres para abortar el proceso. (…) yo sé quien le dio el dinero y cómo se lo dio. Y si los medios fueran capaces de reproducir esto, yo me someto a la exigencia jurídica del sistema para demostrarlo o no«

Digo que estaba esperando a Grande-Marlaska, porque su tradición no es precisamente la de evitar las persecuciones de opiniones críticas con el poder. Y sabía que en pocos meses mostraría claramente que no está en su universo moral la idea de que sea de la máxima importancia evitar que se tenga miedo a expresar opiniones sobre asuntos de interés público (permitidme que lo exprese a mi modo y no con la sorprendente prosa de Marlaska).

Marlaska detuvo la denuncia contra Moa porque se hizo contra uno de los suyos; e impulsa ésta porque se dirige contra uno de los malos o porque es en defensa de los poderosos, del bueno entre los buenos. Aplica la ley ad hominem, el derecho del enemigo; Marlaska no juzga delitos, juzga personas. Sólo así se entiende que, en función de quién sea el acusado sea de máximo interés poder injuriar a los muertos o sea de máximo interés abstenerse de censurar al máximo poder político.

Grandioso Javier Ortiz por partida doble

La política franco-colombiana [Ingrid Betancourt] sostuvo por activa y por pasiva que es firme partidaria de dialogar con los terroristas para favorecer una salida negociada a su actividad violenta. No lo dijo sólo con respecto al caso concreto de Colombia, sino en general. Es más: terminado su discurso, aclaró, de manera explícita y por si cabían dudas, que su criterio abarca también a España, a Euskadi y a ETA.Quizá la parte más estrambótica del acto europarlamentario vino cuando los miembros del foro de Estrasburgo subrayaron sus  palabras con una cerrada y unánime ovación, porque entre los entusiastas aplaudidores había unos cuantos españoles que desde hace años han dedicado buena parte de sus energías políticas a poner a caldo a cuantos proponen lo que Ingrid Betancourt acababa de defender.

En su columna de hoy en Público.

 Rajoy, como tantos otros políticos, patinó ayer con la vieja cáscara de plátano del micrófono que está conectado cuando se supone que está apagado. (…) Se le han echado encima los militares, la derecha en pleno y, sobre todo, el PSOE, que ha declarado muy solemne, por boca de mi doblemente paisana Leire Pajín (es donostiarra pero ejerce de alicantina), que eso demuestra que el presidente del PP no se toma en serio “las cuestiones de Estado”. (…)

Le explicaré a Leire Pajín lo que es realmente no tomarse en serio las cuestiones de Estado.

Retrocedamos en el tiempo. Estamos en 1992. Fallece el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. El presidente del Gobierno, Felipe González, decide que sea Javier Solana quien lo sustituya en el cargo. Pero el nombramiento tarda días y más días en hacerse efectivo. ¿Por qué? Porque el decreto correspondiente tiene que ser rubricado por el rey de España, que no lo firma porque está en paradero desconocido. Missing. Algunos de sus más allegados dicen, consternados, que parece que se encuentra en algún hotel de los Alpes en compañía de una dama.

En uno de sus apuntes de hoy.

Cocaína, baba y monarquía

Han descubierto en la prensa que hay gente con cierta información que asegura que el limpio aire de los consejos de administración no es lo único que ha entrado en la nariz de Jaime de Marichalar. No sé por qué eso es escandaloso: nos afectaría tanto que Marichalar inhalase cocaína como los supuestos implantes de Letizia. En ambos casos hacen algo que sólo les afecta a ellos salvo por el detalle de que lo pagamos todos y este dato afecta no sólo a la nariz y las tetas, sino al cuerpo entero de cada miembro de la familia. De señalar algún escándalo, sería más criticable la sumisión del poder económico a la Casa Real (¿y viceversa?), que coloca y expulsa a sus miembros de consejos de administración regalando una fuerte inyección de liquidez en la real casa.

Desde hace ya bastantes años cualquiera podía tener información veraz sobre el supuesto consumo de Jaime de Marichalar y su relación con el marichalazo. A pocos contactos que uno tenga en Madrid, habrá escuchado varios testimonios de tal consumo razonablemente creíbles y de fuentes bastante más fiables que otras leyendas urbanas. Que lo que cuentan estas personas supuestamente bien informadas sea verdad o no da bastante igual aquí, pues insisto en que las fosas nasales de Marichalar sólo me preocupan por su coste público. Pero lo que sí es importante es que había posibilidad de obtener tal información con cierta veracidad desde hace mucho tiempo. Y ningún medio de comunicación lo contó siquiera veladamente.

Marichalar es ahora un personaje expulsado de la Casa Real. No le compadezcamos, pues no va a acabar durmiendo bajo un puente con Fernando Martín. Simplemente dejará de tener algunos de los privilegios de los que ha gozado, manteniendo otros que garanticen sus silencios.

Lo que sí es repugnante es el doble juego que han tenido muchos medios de comunicación con Marichalar. Si de verdad les escandaliza el consumo de cocaína, ¿por qué no han comentado tal escándalo antes, cuando este señor era Uno de los nuestros? ¿Comienza ahora la caza del aristócrata cocainómano, o se detendrá la cosa en Marichalar? La monarquía española se apoya fundamentalmente en un colchón de baba recargado continuamente por la prensa casi al completo. Si todas las instituciones del Estado se hubieran congelado el sueldo salvo Zapatero o Aguirre, los medios del bando rival se hubieran llevado las manos a la cabeza. Ahora es la Casa Real la que vuelve a aumentar el gasto en parásitos del próximo presupuesto mientras se congela o reduce todo gasto realmente útil y sólo Público señala la paradoja.

Cuando toque, cuando alguien dé la señal, los medios se pondrán al servicio de la causa monárquica para ensalzar la figura humana, solidaria y trabajadora de Felipe de Borbón. Los que hoy se dicen juancarlistas dirán entonces que no son monárquicos sino felipistas.

No hay muro de cocaína que contenga una riada de baba.