Blog de Hugo Martínez Abarca

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De quién es la política aprobada en la IX Asamblea de IU (IUlogía y tostón)

Se está difundiendo la idea según la cual la política de la IX Asamblea se aprobó una política que venía de un bloque (el conformado por la N-II e IU Abierta) frente al de Otra IU es posible y que por tanto debería ser alguien del primer bloque quien frene la candidatura de Cayo Lara, ajeno según esta visión a la política aprobada en la IX Asamblea. Quizá sea caricaturesco el resumen, pero es lo que hay detrás de algunas argumentaciones que buscan ver quién ganó la Asamblea en la política (el resultado de las candidaturas es público y fácilmente interpretable). Es un debate estéril porque no se trata de quién partía de una idea más parecida a lo que se aprobó, sino de quién acata lo que se aprobó. Uno tiende a pensar que todos y todas lo acatamos, salvo por el hecho de que la misma tarde del domingo se vulneró el acuerdo estatutario de que de la reunión del Consejo Político Federal a 90 se eligiera a un coordinador o coordinadora general. Pero en general, los documentos salientes son válidos para cualquiera en IU salvo para quienes defienden la monarquía parlamentaria y/o el capitalismo (que de todo hay en Izquierda Unida). O para quienes ven innecesaria la refundación de Izquierda Unida.

El debate político fue razonablemente apacible. Como se puede ver en el acta de la IX Asamblea en esa parte se llegó a un amplio consenso que hizo que prácticamente sólo hubiera que votar si se adoptaba el documento 2 con las enmiendas aceptadas por los ponentes de tal documento. Era, por tanto, una posición política amplísimamente acordada en las comisiones, aunque llamó la atención la desigual composición de las mismas, que no ha sido utilizada por nadie para deslegitimar su resultado (afortunadamente). Las votaciones sobre el documento político que se produjeron porque había discrepancias fueron sólo dos: ambas sobre el balance de las gestiones anteriores de las direcciones de Izquierda Unida. En el primer caso se votó si se eliminaba el balance de la gestión de los últimos años en Izquierda Unida, tal y como querían los grupos más afines a la dirección saliente: se produjo un empate a 288 votos, por lo que el texto se mantuvo con una fuerte crítica a estos últimos años. En el segundo caso se votó si se ampliaba el balance a un periodo más extenso, enmienda que fue ampliamente rechazada.

Sólo cabe señalar que, efectivamente, algunas personas hubiéramos preferido que no se incorporara la llamada enmienda Baleares, una enmienda de adición que fue apoyada por una importante mayoría de la comisión C. A pesar de que fue evidente que, acaso por azar, la distribución de los delegados en las comisiones C (refundación) y D (estatutos) era notablemente distinta a las que discutían sobre política española e internacional, el ponente acordó con Eberhard Grosske (impulsor de la enmienda) su aceptación y por lo tanto su inclusión tal cual había sido presentada y defendida en el documento de la IX Asamblea sin necesidad de votación. Tal enmienda no contradice el contenido sustancial del documento y tiendo a creer que su inclusión pretendía más una victoria simbólica que política y así lo mostraron la decisión del ponente de asumirla y el enfado de Grosske porque al asumirla no se votaba en el Pleno.

Por ello, tiendo a pensar que en el documento político no hubo vencedores ni vencidos, sino que se llegó a amplios puntos de encuentro imprescindibles y que definen un giro a la izquierda y a un cierto radicalismo democrático: un giro cuya necesidad ya se percibía en los documentos de IU-Abierta y de Otra IU es posible. Sólo quien quiera percibir como victoria o como derrota que el documento 2 fuera la base de la discusión tiene motivos para sentirse como ganador o como perdedor. Como no estamos en un juego de suma cero no creo que sea muy problemático asumir que tan amplio acuerdo es una victoria de Izquierda Unida.

También en lo político se produjo un amplísimo acuerdo en torno a la Declaración de Rivas sobre la actual crisis del capitalismo y sobre una resolución sobre la refundación (ambas con escasas disidencias; en el segundo caso una de ellas fue la mía, que me abstuve).

Caso aparte fue el de los estatutos. Las enmiendas deben ser divididas en dos bloques para entender las votaciones. Dado el sorprendente proceso que nos llevó a la IX Asamblea Federal, había dos estatutos alternativos. Unos habían sido aprobados por la Comisión Unitaria con acuerdo de las tres grandes familias en las que IU llegaba dividida a la Asamblea. Poco después el compañero del País Valenciá Ricardo Sixto redactó unos estatutos alternativos con varias diferencias que, en general, hacían de éstos una apuesta por el radicalismo democrático evidente. Tales estatutos fueron discutidos, corregidos y finalmente adoptados por ‘Otra IU es posible‘ como estatutos alternativos que se presentaron en el Consejo Político Federal de julio que optó porque todo pasara en pie de igualdad. Así, un primer bloque de enmiendas eran aquellos puntos de divergencia entre ambos estatutos. Un segundo bloque era el de enmiendas que habían surgido en distintas asambleas locales. En estos casos es imposible adjudicar las votaciones a derrotas o victorias de tal o cual bloque. Pero a la vista del origen de los votos en ese primer bloque de enmiendas, cabe constatar que muchísima gente de ‘Otra IU es posible‘ prefería las aportaciones de los estatutos acordados en la comisión unitaria. Ya expresé en su día que, en mi opinión, habían sido derrotados en esas votaciones los más radicales (en el sentido más sano de la palabra) frente a los más conservadores. Pero ambos bloques eran relativamente transversales. Una enmienda previa, cuyo origen era la Nacional II salió derrotada: la de que no se discutieran en la Asamblea los estatutos y que fueran enviados a una Conferencia Programática. En este punto una holgada mayoría, seguramente con orígenes en todas las sensibilidades, decidió que la Asamblea era el sitio en el que el soberano se diese sus normas.

Del primer bloque de enmiendas forman parte las relativas a la definición de IU, el encaje de los partidos en la misma, la eliminación de los delegados natos, la periodicidad anual de las reuniones de la Asamblea Federal, la de la composición de las delegaciones en función del principio de ‘un afiliado=un voto’ frente a la ponderación por voto recibido en las elecciones y la de la elección de un coordinador general o de una coordinación colegiada y colectiva. En todos esos puntos había divergencias dentro de ‘Otra IU es posible‘, lo que generó la sana pluralidad de votos (es decir, era difícil percibir brazos de madera). De las contribuciones concretas de asambleas locales y regionales vinieron el resto de enmiendas (que en el acta aparecen con los números 3, 8, 10, 11, 12,  13 y 14). Entre ellas la famosa enmienda sobre si la Internacional debía ser el himno de Izquierda Unida, que fue votada en contra por mucha gente, incluidos militantes del PCE como el propio Cayo Lara: asumía tal himno como algo que no tenía por qué ser el de todos y todas y que por tanto pidió que se le permitiera, a título personal, tocarla en la famosa cajita al final de su emotiva intervención (por cierto, la musiquita sin letra, tal como sonó, es la misma que se toca al final de los congresos del PSOE, por ejemplo).

El resultado de todas esas votaciones es diverso, por lo que parece evidente que no se votó en bloque con brazos de madera, sino que dentro de cada bloque y, muy especialmente el mayoritario, hubo diferentes posiciones sobre cada enmienda. A mí no me costó verme varias veces votando lo contrario que Gloria Marcos (que participaba en la misma propuesta que yo y estaba sentada a mi lado), pues votábamos no como bloque, sino en función de nuestras ideas concretas sobre cada una de las enmiendas sometidas a votación. En mi caso, gané pocas votaciones. Pero asumo el resultado como fruto de un proceso democrático del que formé parte y por tanto los documentos y estatutos son mis documentos y mis estatutos.

Incluso algunas de las medidas derrotadas son aplicables pues eran un límite que, al ser derrotadas, simplemente no son exigibles. Un ejemplo evidente es el del límite salarial para nuestros cargos de 1500 euros que defendió Jordi Escuer. Tal límite no se aprobó, pero Cayo Lara, por ejemplo, ya ha dicho que él no necesita más para vivir y que ese será su sueldo si es elegido coordinador. Aunque siempre hay quien quiere ver provocaciones, ello es perfectamente coherente con lo votado: lo incoherente sería exigir a otros y otras que se apliquen el mismo límite.

Creo que con estas aclaraciones en las que he intentado ser lo más objetivo posible se evitan malos entendidos. En Rivas-Vaciamadrid se aprobaron unas cuantas cosas y se rechazaron algunas otras. Muchas de las que se aprobaron reflejaron el consenso casi unánime en Izquierda Unida. Otras reflejaron mayorías concretas en torno a tal o cual punto que vinculan a todas las personas demócratas independientemente de lo que votáramos o hubiéramos votado. Por tanto es una notable manipulación hacer creer que la Asamblea produjo un espectacular vuelco en el documento 2 que haría el resultado imposible de gestionar por sus promotores, tal y como algunos quieren hacer creer desde trincheras antiquísimas. El resultado es un documento y unos estatutos no sólo asumibles por todos y todas, sino asumidos. Criticables, por supuesto, desde múltiples posiciones, pero vinculantes. Quien no pueda asumirlos no es que no pueda dirigir a Izquierda Unida, es que no debería seguir militando en la misma.

Refundarse o morir

Si alguien en Izquierda Unida hubiera llevado a la oficina de patentes la palabra ‘refundación‘ a estas alturas seguiríamos teniendo bastantes problemas, pero no el financiero. Los poderosos del mundo se acogen al mismo término para identificar el proceso que abren este fin de semana en Washington: va a refundar el capitalismo. En Rivas-Vaciamadrid este fin de semana comienza el proceso de refundación de la izquierda alternativa federal, Izquierda Unida.

Salvo sorpresa, en Washington no saldrán a leche limpia, sino manteniendo el compadreo lógico entre poderosos que quieren mantener el chiringuito bien sólido. No se ha escuchado una sola propuesta que haga pensar que cuando dicen refundar el capitalismo se refieran a nada distinto de parchear el capitalismo para hacer más firme la posición de los poderosos: se han dado cuenta, parece, de que el gigante de pies de barro no se sostiene y se disponen a poner más barro en los pies para aguantar otra temporada.

En 1993, cuando Felipe González se dio cuenta de que la sociedad española estaba hasta el gorro dijo que había comprendido el mensaje  y anunció el cambio del cambio, que consistía en que tuviéramos confianza en él y los suyos, que ahora sí que iba a imponer la honestidad, la ética y la política de izquierdas. Unos meses después se estaba manifestando en la cárcel de Guadalajara y el gobierno seguía su proceso de descomposición. Tras perder las elecciones de 1996 anunció que dejaba la secretaría general del PSOE e intentó colocar su parche: Almunia. No hubo cambio en el PSOE, todo era igual, pero con caras distintas. El cambio del cambio es en lo que están en Washington: tenemos que confiar en Bush, en la tercera vía británica… para que hagan un mundo mejor. Tampoco confiamos en McCain, Hillary Clinton ni Sarkozy y muchos desconfiamos también de Obama: cambiar de cara concreta no implica defender un proyecto alternativo.

En Izquierda Unida estamos tan cerca del abismo como para renunciar a parches y emprender un cambio real. Un cambio que no sea sólo un cambio de caras (imprescindible) sino una organización nueva con el mismo u otro nombre (personalmente abogo por el mismo, pero es lo de menos). Es el proceso que se debe abrir mañana y que durará un año. No valen parches. No vale el quítate tú para ponerme yo. No vale que unos ganemos o perdamos la asamblea. La tiene que ganar un proyecto de transformación radical de IU para que ésta sea un instrumento útil de transformación radical de la sociedad.

Quienes leéis habitualmente este blog (y cuando hablo de IU sois, sorprendentemente, mucha gente) sabéis que considero prioritaria la consecución de una organización radicalmente democrática. Hay ya instrumentos en varios papeles para conseguir esa democratización: honestamente creo que entre ellos el documento de los cien y la enmienda de Aprovechemos la oportunidad aportan concreción al camino democratizador y por ello los defenderé. Parece evidente también que si queremos dejar de definirnos en función del PSOE (ya sea como subalternos, ya como su enemigo de izquierdas) tenemos que tener un proyecto propio. La crisis, la falsa refundación del capitalismo, nos deja en bandeja la denuncia del capitalismo a la que no podemos renunciar. Asimismo, si queremos transformar la sociedad en clave democrática, tenemos la suerte de disponer de un reclamo seductor que utilizar para llamar a la gente de izquierda a converger con un movimiento político ilusionante: la III República, que es la forma que tenemos de llamar a una democracia radical, superadora del capitalismo. ¡Si tenemos hasta el marketing hecho con una bandera tricolor que está pidiendo a gritos ser agitada!

¿Supone esto renunciar a los proyectos concretos? Ni hablar: la III República debe ser el árbol del que cuelguen las ramas. Un proyecto general de democracia radical y socialista es el que nos permite pensar cómo debe ser un municipio volcado en sus trabajadores, en sus servicios públicos, en la participación ciudadana vinculante. Un modelo alternativo al capitalismo es el que nos permite defender el medioambiente de forma creíble. No estamos hablando de las nubes, sino de la necesidad de otro mundo posible en el que nos tenemos que creer para poderlo crear.

Si nosotros y nosotras sí nos refundamos conseguiremos que otro mundo sea posible; y que el mundo de Washington deje de ser posible.

Estado de la cuestión iulógica (más o menos)

Todo son rumores, reuniones y conspiraciones a menos de dos días para el akelarre de IU. Y, lógicamente, mucha gente está molesta por no enterarse y otra despistada por fiarse de las filtraciones a los periódicos. Así que, desde la limitada información que pueda tener (y desde una óptica condicionada por mi posición que aquí todo el mundo conoce), os cuento:

Parece que ayer se llegó a un acuerdo para que durante la Asamblea el documento base del debate político sea el documento de los cien (el también llamado ‘anticapitalista y republicano’). Ese documento es obviamente enmendable, así que parece que en ello nos centraremos. No sé cómo se articulará ni adónde se mandarán las enmiendas a los otros dos documentos hechas por las asambleas de base; ni cómo se les explicará que, al haberse centrado en esos documentos, han perdido su capacidad de aportar. Tampoco sé qué pasará con los documentos alternativos que vienen de Murcia y Baleares, por ejemplo. Sin embargo, aunque muy tardío, el acuerdo (de ser firme, que no lo sé) es una buena noticia porque permite el debate y el acuerdo en lo político.

Asimismo habría acuerdo para que haya una coordinación colegiada y colectiva conformada por siete u ocho personas. Como soy entusiasta de esa propuesta, no puedo decir nada en contra de ese acuerdo. Salvo, de nuevo, que no sea un acuerdo firme, que tampoco lo sé.

En lo que no habría acuerdo es en lo secundario: en quiénes pondrán cara a la refundación de IU. Son conocidos los nombres de Cayo Lara, Inés Sabanés y Joan Josep Nuet. Hoy introduce Público los nombres de Willy Meyer y Rosa Aguilar: no creo que sea creíble que ninguno de los dos esté en primera línea, ni serían muestra de renovación e ilusión. Lógicamente IU Abierta no parece muy conforme con regalarle el triunfo a uno ‘de los suyos‘  (nada menos que el responsable de organización), que al conocer el desastre da la estampida y hace como que la cosa no va con él. Además, la N-II no está bien vista en las bases más politizadas (no digo las más sectarias) de IU Abierta y Otra IU es posible, así que dar el paso para una alianza bilateral puede ser caro para cualquiera. De hecho el aparente acuerdo entre N-II y IU Abierta dicen que generó tensión dentro de IU Abierta.

Dentro de un acuerdo general en política y en la hoja de ruta para la refundación, no parecería dramática la existencia de cuatro o cinco listas para que los órganos estuvieran compuestos en función de los apoyos reales, siempre y cuando la gestión de esos órganos no se moviera en la dinámica gobierno-oposición. Dado el acuerdo en la adopción de una corrdinación colegiada y colectiva, esa dinámica se hace prácticamente inviable.

Además, no parece difícil que las minorías vascas y andaluza (y quienes se les puedan sumar) obtengan casi un 10%, lo que abriría los matices de una composición de IU muy plural en la que las supuestas bisagras no necesariamente serían tales. Tampoco hay por qué pensar que los repartos adjudicados por los quinielistas (45%-30%-15/20%) se correspondan con la realidad: en casi todas las asambleas regionales ha habido sorpresas y los porcentajes previstos han sido diferentes de los reales.

También ha habido movimientos en Otra IU es posible que han facilitado la convocatoria de una reunión de todas sus delegadas y delegados el viernes por la tarde en Madrid. Ello culminaría todo el proceso participativo y colectivo de tantos meses en este grupo. Esa reunión la pluralidad que conforma Otra IU es posible permitirá discutir la estrategia de cara a la asamblea, las decisiones políticas e incluso la lista a los delegados y delegadas de a pie. En mi opinión, de parte, esa reunión es una garantía de que el grupo estará en manos de quienes más apuestan por la refundación de IU, por los menos inmovilistas.

Supongo que hay muchos detalles por debajo, pero creo que éstos son algunos de los datos más relevantes que me han llegado. Y evidentemente es bueno que circule la máxima información para que ésta no quede sólo entre quienes tienen más números de teléfono en la agenda de su móvil.

Seguramente así no son las cosas, pero así se las hemos contado. Pueden tener información durante 24 horas al día en el Foro IU y en I Love IU, ambos mucho más fiables y plurales que los medios de masas que tengan por cabecera.

La elección de Cayo Lara

Hace unos meses, en el afamado Foro IU, una persona cercana a IU abierta definía a Cayo Lara como «una persona no muy definida y respetada por todo el mundo«. Hoy Pedro Mellado escribe sobre Cayo Lara que «fue el único que se negaba a que se mandaran tres documentos a los militantes, peleó hasta donde llegan sus fuerzas para conseguir un documento unitario. Apuesta por mantener un partido cohesionado, es un político conciliador, y sabrá conducir la refundación hacia el debate dialéctico que necesita la organización. A su vez esta concienciado de que el partido debe abrirse y empaparse con los colectivos sociales que día a día están en la calle, saber integrarlos en un proyecto más ambicioso con el fin de llevar la voz de los ciudadanos ante las instituciones responsables. Ha sido el gran valedor de Manuel Fuentes, alcalde de Seseña, al que ha dado desde el primer momento todo su apoyo ante la ofensiva de “el Pocero”, que pretendía meter en prisión a los que desmotaron la corrupta trama del “Residencial Francisco Hernando”, las columnas de hormigón que se ven en el secarral paralelo a la A-4.»

Ayer el Comité Federal del PCE eligió a Cayo Lara como su apuesta por encabezar la lista de Otra IU es posible en la IX Asamblea. La elección parece correcta y, seguramente, asumible por toda Izquierda Unida. Además,  el PCE mantiene su apuesta por una dirección colegiada, algo de lo que soy entusiasta al menos para el año o año y medio que dure el proceso de refundación de Izquierda Unida hasta la X Asamblea. Asimismo se apuesta por evitar pasteleos de nombres en forma de candidatura única para que la unidad se haga en base a la política que se defina en la IX Asamblea. Con todo ello estoy plenamente de acuerdo.Y me alegro de que sea falso que la idea de una dirección colegiada se haya desechado tal y como ayer aseguraba Público.

Y sin embargo hay sombras absurdas que se deberían haber evitado. La propuesta del PCE es generosa, puesto que renuncia a ofrecer un perfil frentista en su primer puesto en favor de un hombre aceptable por toda IU. Pero la forma en la que se ha hecho la propuesta es un error: «El Comité Federal del PCE reunido esta mañana, sábado 8 de noviembre, ha aprobado la lista que el Partido Comunista de España presentará en la IX Asamblea Federal de IU para el Consejo Político Federal de IU«, se dice. Que yo sepa el PCE no tenía previsto presentar una lista, sino que el PCE apuesta por y se integra en Otra IU es posible, entre cuyas riquezas está el PCE, pero también gente con otras o ninguna filiaciones internas. Si nos proponen esos cinco nombres de cabeza yo plantearía problemas a alguno de ellos que no es exactamente lo que se llama renovación. También lo tomaría como punto de partida para hablar del resto de la candidatura, puesto que en la cabeza está una pluralidad del PCE, y en la candidatura debe haber una pluralidad de Izquierda Unida, algo que sin duda incluye al PCE, pero que ayer fue obviado según parece.También criticaría que se anuncie que un tercio de la candidatura es renovada cuando el documento de los cien apuesta por un Consejo Político Federal renovado en un 50%. Eso debe ser corregido inexcusablemente.

Hemos estado muy de acuerdo en el discurso, en el documento. La relectura del artículo ‘Ante la asamblea federal de la renovación‘ debe ser atenta para no incurrir en errores  que desilusionen a quienes apuestan por otra IU. Queda una larga semana en la que deberemos aplicar el final de aquel artículo: «Ahora no tenemos derecho a tirar todo este trabajo por la borda, porque otra IU no sólo es posible: es imprescindible.»

Dicho lo cual, Cayo Lara puede personificar una IU plural, honesta, izquierdista y democrática. Y lo hará si cuenta con la ayuda de todos y todas. De propios y ajenos.

Unirse o no debatir: la fase madrileña de la IX Asamblea (IUlogía)

Se ha celebrado este fin de semana la fase madrileña de la IX Asamblea Federal de IU. Es una de las federaciones controladas por la llamada Nacional-II. Un control menor del que todos y todas esperábamos. Más allá del resultado de la elección de listas, parece que ésta era el único interés del debate asambleario: nos hemos pasado una tarde y una mañana debatiendo sobre si había que debatir.

De cara a la Asamblea Federal hay dos documentos políticos y medio: el de Otra IU es posible, el de IU Abierta y el de IU tiene futuro. Hace varios días supimos que se había presentado una resolución blanca, con un contenido asumible por todos y todas dada su escasez. Se presentaba como ‘resolución unitaria‘ avalada por IU abierta y la Nacional II: todo el que no estuviera dispuesto a votarla renunciando a los documentos que sí hacen un análisis político y una propuesta concreta para IU y para la sociedad está crispando, está contra la unidad. La unidad. Esa fue la palabra de la Asamblea. Para salvaguardar la unidad renunciamos a debatir los documentos políticos y las enmiendas planteadas por las asambleas de base. Para salvaguardar la unidad se decidió no discutir los estatutos, ni las enmiendas a los mismos y se aprobó que todo estaba bien y que todo iba a la Asamblea Federal. Y para salvaguardar la unidad se nos echaron varias broncas a quienes estábamos por debatir.

En Izquierda Unida hay multitud de vicios adquiridos. Uno de ellos es que hace tiempo que muchos compañeros se olvidaron de la posibilidad de debatir sobre asuntos políticos y sobre asuntos organizativos sin acabar insultándose, sin acabar incluso pegándose. Quienes proponemos una  renovación profunda lo hacemos entre otras cosas porque pensamos que se puede mantener una organización plural si quienes no saben deliberar sin sacudirse dejan paso a gentes que no antepongan sus recelos personales a tomar una parte del otro, a través del debate, de la confrontación leal de ideas o de la votación democrática llegado el caso. Lo que se ha impuesto por una sorprendente mayoría conjunta madrileña de casi dos tercios es que la mejor manera de que no nos peguemos es que no discutamos: la pluralidad sólo es sostenible si la escondemos bajo la alfombra.

De tanto escuchar que Otra IU es posible es el PCE, o gente controlada por el PCE, mucha gente se lo ha creído. En algunos casos se hace esa identificación por pereza intelectual. En muchos por una extraña mala fe. Sólo desde la mala fe se pueden manejar las siglas del PCE como estigma entre las gentes de izquierdas: yo no milito en el PCE, pero desde luego no es una organización, una historia y una militancia que me plantee rechazo. Por eso no he rechazado que el coordinador Gaspar Llamazares fuera militante del PCE, o que quien controla la federación en la que milito sea militante del PCE. ¿Se puede ser alérgico al PCE en Izquierda Unida? Yo no podría.

Es normal que mucha gente no sepa cómo se ha fraguado el documento de Otra IU es posible. Los dirigentes de las distintas corrientes sí lo saben, en cambio. Detrás del documento hay un amplísimo proceso de debate y aportaciones entre gente muy diversa: peceros de distintos grupos (o de ninguno), trotskistas,… e incluso gente rara como yo mismo. Si mi experiencia vale de algo, en la elaboración del documento se me ha escuchado mucho más de lo esperable y la percepción que tengo es que tal escucha se debe precisamente a la diversidad que se ha querido primar. He presenciado duros debates políticos de calado ideológico resueltos finalmente sin que nadie imponga del todo lo que piensa. Es la forma en la que se fragua la unidad desde la pluralidad: con el debate, la transacción, la cesión… obteniendo un documento con un contenido sólido y concreto, no anulando el debate para no discutir.

Es necesaria la unidad, pero no la unidad blanca e impoluta, sino la unidad fraguada en el debate, en que todos nos dejemos un poquito de lo que pensamos para aceptar bastante de lo que piensan otros, e incluso en la aceptación de que una discrepancia se tenga que resolver votando. El problema está en quienes no sepan debatir entre compañeros sin tirarnos piedras a la cabeza: es lo que uno debe de pensar si plantea que la unidad está en no debatir, en no confrontar. El problema está en quienes dan por hecho que es inevitable que toda diferencia sea insalvable y aboque a la ruptura.

Seguro que en el documento de Otra IU es posible hay muchas cosas discutibles. En cambio, una de las críticas que se le hace, la de ser el documento de un grupo férreo y unos cuantos brazos de madera es FALSA. Se ha hecho un documento con participación amplia y llamando a esa participación a quienes éramos mindundis desconocidos que no arrastrábamos con nosotros a ninguna familia con sus delegados. No es una suma de números, sino de ideas. De ideas discutibles, pero de ideas: así se mantiene la pluralidad, así se fragua la unidad.

La pluralidad de Izquierda Unida y, sobre todo, la pluralidad de la izquierda alternativa es mucho más amplia que la que ha sido recogida en el documento. Consigamos la unidad: expongamos las diferencias, debatamos, pasemos las horas que haga falta en las asambleas regionales, en la federal, en el proceso de refundación que se abra… hasta que, respetándonos los unos a los otros, lleguemos a puntos de acuerdo o de desacuerdo y resolvamos éstos democráticamente. Para eso defendemos algunos que el primer paso para la unidad es darnos un cauce democrático en el que resolver pacíficamente las diferencias. Si IU es plural es porque hay, afortunadamente, diferencias.

Para una Izquierda Unida apolítica, conmigo que no cuente nadie.

Izquierda Unida y sus hegemonías (IUlogía)

Uno de los espacios que más defiendo de los que han surgido en Izquierda Unida es EnConstrucción. En ese espacio hemos reiterado varias veces que tenemos voluntad de que el método democrático y participativo y la defensa de la democracia radical que hacemos debe calar poco a poco: no lo conseguiremos ‘imponer’ mediante votaciones, presentación de listas, etc… Un compañero al que han descubierto como representante de ‘la vieja IU‘ y crispador (sorprendiendo a quienes no conocemos su  asombrosa doble vida) suele utilizar el concepto gramsciano de hegemonía: uno tiene hegemonía si las ideas que propone van calando en la sociedad y pasan a formar parte del paradigma intelectual colectivo. El instrumento para conseguir este tipo de hegemonía es la seducción con el ejemplo, no la acumulación de delegados. De ese concepto se alimenta la práctica de EnConstrucción: de la propuesta y la práctica de la democracia y el respeto al otro y a la otra como camino hacia su hegemonía en Izquierda Unida.

Si la asamblea federal que Izquierda Unida afronta  en Noviembre sale bien, de ella saldrán muy poquitos vencidos. Sería impensable una Izquierda Unida gobernada en conjunto por un 51% de la organización. Ya se ha demostrado la ingobernabilidad de tal ‘victoria’. La hegemonía a golpe de mayoría sólo sirve como camino hacia la derrota colectiva.

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Zarandajas

Desde las posiciones de poder siempre se ha luchado con fiereza contra la discrepancia ideológica. Para ello se ridiculizaba todo debate de proyectos políticos, pues si no se debate sobre política siempre queda en pie la forma de hacer política vigente, la del poder (permitidme la obviedad). Hemos asistido a Fukuyamas del mundo reclamando la unidad porque habíamos llegado al fin de las ideologías, al fin de la Historia y, por cierto, al fin de los ciclos económicos, como la evidencia demuestra. Incluso dentro de la supuesta izquierda se nos ridiculiza a quienes planteamos enmiendas a la totalidad (aunque a veces sea simplemente enmiendas de devolución) al régimen político y económico vigente: al capitalismo. Es lógico que, por ejemplo, las distintas direcciones del PSOE hayan hecho lo posible por minusvalorar todo posible debate de fondo: pues si a su izquierda nadie se opone al modelo existente esa izquierda deja de ser útil.

Tengo bastante claro que si mi discrepancia del PSOE se basara únicamente en la necesidad de más (y/o mejores) colegios y hospitales públicos, lo normal sería afiliarme al PSOE y constituirme en una especie de ala izquierda del mismo. Es lógico que quienes hacen llamamientos a ‘la unidad‘ sin mirar debajo de la alfombra reniegen como de la peste del debate político. Las continuas llamadas en torno a la ‘unidad de la izquierda‘, la ‘causa común‘, etc… pretendían situar el debate en sólo matices numéricos: ‘nosotros planteamos que se hagan 150.000 escuelas infantiles y tenemos posibilidad de gobernar; ellos plantean que se hagan 200.000, pero como mucho serán un grupito pequeño de moscas genitales: venid con papá oso, todos juntos, a hacer escuelas infantiles y dejaos de zarandajas‘. Sólo desde la consideración de que debatir el modelo en el que vivimos son zarandajas se puede llamar ‘voto útil’ a la abdicación de las ideas propias para atarse a tal o cual proyecto concreto sin mayores contemplaciones: siempre en nombre de la ‘unidad de la izquierda‘.

Incluso el PP se basa en esa supuesta renuncia a la ideología (que siempre es un apoyo al sistema existente) para apoyar su modelo: ‘Los madrileños no se preocupan de si la gestión es pública o privada, sino de tener un hospital gratuito cerca de casa‘, nos dicen sistemáticamente la lideresa y sus mariachis.

Sin embargo hoy ya no es posible mirar al mundo real y eludir las zarandajas políticas. Si lo fue para algunos mientras el capitalismo sólo provocaba millones de muertos de hambre, desplazados, explotación…, hoy  ya no lo es, pues no estamos hablando de cuatro negros, sino de los banqueros. Hasta la derecha llama a ‘refundar el capitalismo‘ (Sarkozy dixit), mientras por aquí hay quien pasa por la derecha a Sarkozy pretendiendo que una fuerza política de la izquierda alternativa no se posicione claramente al respecto: ¡vamos a ser los únicos del mundo que no se enteren de lo que le está pasando al capitalismo!.

La izquierda alternativa, izquierda crítica, tiene la suerte de llevar mucho tiempo diciendo que el capitalismo era un régimen inhumano, insostenible y criminal. Tiene, por tanto la suerte de poder decir que teníamos razón. Ello se plasma en cositas muy concretas: es la crisis del capitalismo la que paraliza en Madrid la construcción de escuelas infantiles. ¿Por qué soltamos pasta para sanear bancos, pero se congela el gasto público porque no hay dinero? Por estas zarandajas: es una consecuencia muy concretita que afecta a nuestra vida de la sumisión de una política no democratizada al poder económico. Los muertos en el estrecho, el hambre en África, el cambio climático y los cientos de muertes en accidentes laborales son consecuencias también directas, pero obviamente menos importantes, más etéreas, según parece.

Quienes planteamos una crítica radical al capitalismo tenemos una suerte inmensa: un simple vistazo al mundo nos da la razón. Nuestra crítica al capitalismo presenta una alternativa: la democracia. Sólo el pueblo gobernado tiene legitimidad para gobernar. Pero tiene legitimidad para gobernar todos los asuntos colectivos: desde una jefatura del Estado a la economía y los medios de comunicación. La economía al servicio de la ciudadanía no es una zarandaja, sino la única alternativa democrática. Y no todo anticapitalismo es democrático: por eso la crítica que hace la izquierda al capitalismo lleva desde que uno tiene memoria reivindicando el radicalismo democrático como forma de gestionar legítimamente los asuntos públicos. En España tenemos la suerte de que podemos poner un nombre a ese radicalismo democrático: se llama Tercera República y sólo quien no haya ido a una manifestación de la izquierda en los últimos diez años no es consciente del incremento en los apoyos que vive el proyecto republicano. Y sólo quien no haya querido leer y escuchar ignora en qué consiste la reivindicación por la Tercera República.

Sólo desde la alternativa tiene sentido que existamos como alternativa (insisto en ser redundante, pero a veces hay que explicar lo obvio). De los proyectos generales deben emanar propuestas y consecuencias concretas. Pero si no tenemos un proyecto político diferenciado no tiene ningún sentido que mantengamos un proyecto autónomo: sería más cómodo para todos reivindicar la unidad a lo bestia, a la casa común. La democracia como forma de organizarse ya es un proyecto político quimérico para algunos: efectivamente, reivindicar la renuncia a determinados proyectos para la sociedad tiene como correlato interno en una organización política la renuncia a la democracia y transparencia para someternos sólo a los cálculos electorales inmediatos (que tanto éxito han supuesto, por cierto).

Se le puede llamar ‘unidad‘, pero sin política sólo estamos hablando de entregarse al poder.

Desde abajo o por arriba; con o sin política (IUlogía*)

Por primera vez en bastantes meses (¿años?) se intuyen movimientos hacia diversos modelos de síntesis en Izquierda Unida. Es la primera vez desde hace también un tiempo que hay un cierto optimismo en que pueda haber cambio y que éste no signifique la ruptura (algo que en verano parecía realmente una amenaza y que aún hoy hay quien desea). No es un optimismo sólo de parte. Hoy mismo aparece el artículo de Juan Peña en Tercera Información que también muestra la voluntad de encontrar salidas sintéticas. Esa posibilidad de superar el enfrentamiento mediante la síntesis se ofrece con dos modelos  antitéticos (hasta para la síntesis hay corrientes, aunque esta vez transversales), sobre todo porque uno responde a las dinámicas que ha tenido IU hasta ahora y otro pretende romper radicalmente con las mismas. En determinados foros surge una vía intermedia que podríamos llamar ‘pacto de los honrados‘.

De la guerra entre cúpulas a la paz entre cúpulas no va demasiado camino. Ambas se desarrollan en un mismo escenario: grupos cerrados que no es que sean impermeables al razonamiento y las ideas del otro, sino que no juegan en absoluto en el campo de las ideas y el razonamiento. Son discusiones por posiciones, por cargos, por encontrar cuotas adecuadas para cada grupo de ‘los de siempre’. Posiblemente acuerdos de este tipo incorporen una cuota de renovación de personas, pero inevitablemente las prácticas serán las mismas de siempre. Cuando era coordinador general, Julio Anguita solía diferenciar entre alternancia y alternativa. Esta práctica puede calmar la situación de IU (algo sin duda imprescindible), puede incluso generar una alternancia, mostrando caras nuevas (algo también necesario) pero estará lejos de generar una alternativa y mucho menos de llevar a cabo la refundación que todos decimos defender. Es, en el mejor de los casos, una sustitución de nombres sin discutir de cómo cambiaremos Izquierda Unida, un acuerdo que no habla de política (tanta política hay en nuestra oferta programática como en la concepción de la democracia que reflejemos en nuestra autoorganización) pero pacifica.

La propuesta intermedia, lo que he llamado ‘pacto de los honrados’ surge de la reclamación a los del bando de enfrente de cada uno de que rompa con sus filas: ‘Contigo sí me puedo entender y con gente como tú, pero con los cabecillas de tu mierda de facción ni de coña‘. Todos y todas nos consideramos muy honrados: unos somos los honrados de Otra IU es posible, otros los honrados de IU Abierta, otros los honrados de su casa… Lo malo es que no he encontrado quien diga: ‘es verdad: mira, éstos son los honrados, no como nosotros’. Todos se consideran ‘los honrados’: ¿qué menos podemos decir de nosotros mismos?. La salida no es tanto que ‘los honrados’ rompan con los no honrados de su ‘facción’, sino que rompan con las prácticas menos decentes de la misma. Es decir, que se rompa no a través de propuestas de nombres ‘puros’ (algo que será necesario, pero no es lo sustancial: ¿qué más da gente nueva si hacen lo de siempre?) sino proponiendo y practicando lo que se defiende. Queda mes y medio frenético hasta la asamblea, pero como la contribución de ‘los honrados’ sea proponerse ellos para apartar a los otros, vamos listos. Y esa es la imagen que quedaría con desgajamientos de última hora. No creo que haga falta que surja la ‘Vía Honrada’, sino que consigamos generar cauces de entendimiento, de generar alternativas viables y concretas a lo que las caspas sólo saben atascar.

En ese sentido funcionaría la alternativa que cada vez emerge con más fuerza desde diversos lugares. Hace un par de semanas comenté aquí las iniciativas de EnConstrucción y la aparición del documento ‘Por la tangente‘ llamando a una síntesis política basada en las prácticas a adoptar y en los instrumentos que efectivamente sirvan para que IU salga adelante. Después han salido otros intentos parecidos, como el documento refundido propuesto por la asamblea de Molina de Segura presentado después con acierto en la página IU somos todos. Casi todas las señales que emanan las asambleas de bases demandan este tipo de caminos hacia la refundación y la supervivencia de IU. Es el convencimiento de que la democracia participativa que todos decimos defender debe ser puesta en práctica precisamente cuando más crítica es la situación.

A la IX Asamblea no vamos a llegar tras un proceso de debate político participativo y democrático. Podemos esperar, sin embargo, que en ella se dé un impulso para que desde las bases surja la X Asamblea con los métodos que se están demandando desde diversos ámbitos. Ello se conseguirá con el ejemplo de las prácticas democráticas (y de que no demos ni un sólo codazo por un cargo) y tratando de generar la evidencia de que es ése el deseo mayoritario impulsado desde abajo: una refundación democrática y pacífica centrada en lo político. Si no, que sean otros quienes se peleen por firmar el acta de defunción de Izquierda Unida.

 * Entiendo que los apuntes sobre la situación interna de IU son un peñazo para muchos, aunque sorprendentemente suelen tener algunas visitas más de las acostumbradas y bastantes más comentarios. Como entiendo que los primeros estarán hartos y los segundos (más morbosos) tendrán avidez por la salsa rosa de IU, he pensado en avisar desde ahora en el título cada vez que un apunte sea sobre la ciencia que estudia el peculiar comportamiento de los seres que habitamos IU: así, algunos lectores suscritos se ahorrarán la molestia de leerlo y otros retrasarán el desayuno para saciar su sed de sangre.

Trabajos hacia la síntesis en Izquierda Unida

Ayer viernes se celebró una reunión preparatoria del próximo encuentro de En Construcción, que se fijó para el próximo 11 de octubre, sábado. En Construcción es algo difícil de explicar, pero viene a ser un grupo de trabajo de personas de la izquierda madrileña que tratamos de elaborar democrática, participativa y colectivamente con voluntad de incidir realmente en la sociedad y en la izquierda alternativa organizada políticamente (que en nuestro caso es Izquierda Unida): ya conté en qué consiste En Construcción en otros apuntes (1, 2 y 3, por ejemplo).

En Construcción tiene varias ventajas como fuente de elaboración política. Ni se trata de una corriente que busque ningún tipo de cuota o representación, ni presentará una lista ni una batería de enmiendas. Además, nos hemos comprometido con un método de elaboración colectiva en el que todas las voces tienen el mismo peso sin que nos reconozcamos entre nosotros como representantes de nada, sino como compañeros y compañeras con algo que decirnos. Consideramos que así debería trabajarse en IU y la mejor forma de que eso suceda es desde el ejemplo y los resultados concretos avalados por ese método democrático.

Uno de los acuerdos a los que llegamos ayer fue nuestra voluntad de apostar por una IX Asamblea Federal distinta a la que se está planteando. No se concretó nada porque no era el ámbito: lo será el encuentro del 11 de octubre, al que llamaremos a toda la gente que quiera participar (militantes o no de IU). Pero sí acordamos qué se va a proponer para ese encuentro. Propondremos la elaboración entre quienes estemos allí de un pequeñísimo documento que contenga tres elementos:

– Qué críticas hacemos al modo en que nos estamos conduciendo hacia la IX Asamblea;

-Qué elementos concretos creemos que pueden servir permitir un acuerdo aceptado por todas y todos sobre el método en el que se debe conseguir la refundación de la izquierda alternativa; y

-Qué resultados sustantivos nos gustaría que produzca la IX Asamblea.

¿Lo de siempre? Pensamos que no será lo de siempre por algunas razones. En primer lugar por el método participativo que utilizamos y que no es el que emana de arriba. En segundo lugar, porque tal método implica por sí mismo un instrumento democratizador al construir las instrucciones desde abajo para que sean recibidas por quien quiera recogerlas. Y en tercer lugar porque nos proponemos que los tres puntos no sean rellenos con palabrería abstracta, sino con puntos concretos y medibles que permitan pasar factura. Por poner un ejemplo: no es lo mismo apostar ‘por la renovación‘ que exigir que se renueve tal porcentaje de tales órganos en tal plazo. Algo parecido a lo segundo es lo que pretendemos obtener en ese encuentro.

La idea es conseguir un papelito muy corto, muy concreto y con la carga de legitimidad de la elaboración colectiva desde abajo.

El resultado no sería una enmienda. Trataremos de difundirlo para que empape a la militancia de abajo hacia arriba; llegado el caso podríamos incluso repartirlo fotocopiado a la entrada de la IX Asamblea. La voluntad permanente de En Construcción no es generar poder interno, sino generar usos distintos mediante la propuesta y el ejemplo; y pretendemos ponerlo en práctica, de momento, con esta elaboración. Todo ello, por supuesto, si en el encuentro del 11 de octubre la gente que venga lo ve bien.

Una hora antes de la reunión de ayer, que se celebraba a las 19h, algunos de los participantes recibimos un correo electrónico cuya autoría no viene al caso proponiendo también un esfuerzo de síntesis (la reunión se celebró sin que a ninguno de los receptores nos hubiera dado tiempo a leerlo). La propuesta se plasma en un documento político breve elaborado sobre las líneas maestras que pueden servir de síntesis de los documentos ya existentes. En el blog creado para la ocasión (nombrado llamativamente ‘por la tangente’) se explica su contenido e intención, aunque en estos párrafos del correo con el que se envió el documento se explica perfectamente:

Lo que os envío es una propuesta para encauzar un poco la cosa. Sé que es de un enorme voluntarismo, quizás os parezca una chorrada u os haga gracia; hay confianza, me lo podéis decir. Pero no me resigno a que vayamos a una Asamblea que o bien sea de imposición de una mayoría sobre otra o de pacto por arriba para más de lo mismo. Hay que ser capaces de levantar la vista más allá de nuestras miserias y tener un poco de responsabilidad. ¿Qué menos que conseguir un pronunciamiento común tras el hostión que nos hemos pegado y el que se ha llevado nuestra base social?

Hay elementos que compartimos y lo he tratado de plasmar en un documento. Un documento que no nos gustará del todo a nadie, pero que espero que no disguste demasiado tampoco a nadie. Un documento de mínimos, de 8 folios. Respetando los epígrafes aprobados por el Consejo Político Federal. Que pueda ser asumible por todos, pero que tampoco se quede en vaguedades: diseña una hoja de ruta que hemos imaginado igual gente de procedencia muy
diversa.

La idea es que difundamos al máximo este papel. No contra los otros, pero sí para canalizar a toda esa gente que no está a gusto tomando partido por ninguno. Y desde luego no para buscar operaciones de fontanería ni listas conjuntas, sino para que cada cual tenga una herramienta para tirar de su lado hacia un consenso con contenido (y no hacia Terceras Vías que buscan tenernos a todos bien agarrados). Sé que hay asambleas de distinto signo que a pesar de que puedan apoyar después a tal o cual sector, no se sienten a gusto obligadas a elegir trinchera. La mía, por ejemplo. Necesitamos que, en vez de que surjan 27 documentos diferentes de cabreo salga algo con capacidad de construir en positivo y canalizar todo eso.

La iniciativa es, por su puesto, loable. Y abre la posibilidad de encuentros entre diferentes que permitan salir de esta reforzados y unidos.

Sería una magnífica idea que los compañeros y compañeras que apuestan por esa síntesis pudieran participar en ese encuentro que se celebrará el 11 de octubre en Madrid (es sábado y será por la tarde). Cuando se convoque con lugar y hora lo difundiremos al máximo porque no es poco lo que nos jugamos.

Una asamblea preasamblearia

Si no me equivoco, la de IU-Chamberí fue de las primeras asambleas que se han celebrado para discutir los documentos y elegir delegados de cara a la IX Asamblea Federal de Izquierda Unida. Se celebró ayer.

Para poner en situación, en la asamblea de Chamberí hay una amplia mayoría de sectores críticos y con personas que se han destacado por su participación en asambleas de militantes y encuentros que han facilitado la elaboración del documento de Otra IU es posible. Hay también dos militantes del POR (partido trotsquista integrado en la corriente REDES, que ha llegado a un acuerdo con la AP-2), aunque con una cierta capacidad de conseguir que en las votaciones aparezcan militantes debajo de las piedras, garantizándoles la posibilidad de obtener cargos o, en este caso, delegados. Además hay un militante claramente integrado en la mayoría regional madrileña, es decir, a Ángel Pérez. También hay una compañera que participa y comparte el espacio de IU Abierta. Y un número indeterminado de gente que no se ha posicionado en torno a una de los tres documentos en liza.

La Asamblea comenzó con la defensa de cada uno de los documentos por parte de dos personas ajenas a la asamblea (aunque conocidos por todos nosotros), más este compañero afín a Pérez que defendió el manifiesto firmado por cinco hombres que se presenta como documento. Posteriormente se abrió un turno de palabra en el que intervinimos bastantes personas. Lo que defendimos todos no difería demasiado en lo sustantivo, salvo que algunos tratamos de hacer ver la incoherencia de que algunas personas defendieran determinadas cosas (antagónicas en algún caso con lo dicho hace pocos meses). En mi caso me centré en que el papel lo aguanta todo salvo que el papel contemple plazos claramente fijados, cifras mínimas de renovación, y sea lo suficientemente concreto como para que se pueda pasar factura a quienes salgan en las nuevas direcciones: eso sólo sucede en el documento de Otra IU es Posible. Y también planteé que entre posiciones que vienen ahora de IU Abierta y lo que se está proponiendo desde Otra IU es Posible hay mimbres para el consenso que se deberían explorar; eso será tema para otro día. En este sentido, las conclusiones en las que hubo acuerdo general (si hubo quien disentía, no lo manifestó) fue que llamábamos a la gente que lo tiene en su mano a un esfuerzo por llegar a un documento a partir de los dos realmente existentes. Entendemos varios y (obviamente) nadie lo negó que, con los matices que se quiera, las posiciones escritas no son tan distantes y que si desde ambos lados se hace un esfuerzo por la unidad y por la sincera y amplia renovación de prácticas y también de personas, es posible conseguir que de la IX Asamblea salga el embrion de una nueva Izquierda Unida en la que quepa muchísima gente. Con esa propuesta no tenía sentido presentar enmiendas a los documentos, al margen de que la forma en que se enmiendan tres documentos políticos y dos de estatutos se presenta como una entelequia.

Pasamos, pues, a la elección de los seis delegados que nos corresponden. Durante los últimos días habíamos llegado algunos compañeros a pensar una lista que reflejara la pluralidad real de la asamblea (más allá de militantes desconocidos que sólo aparecen para votar: teníamos un empeño claro por diferenciar la pluralidad real de la pluralidad legal). En esa lista sería mayoritaria, como lo es en la asamblea, la posición de los críticos con las direcciones federal y regional y optábamos por que la minoría de la asamblea fuera representada por la compañera integrada en IU Abierta. Se planteó por parte del POR y de su compañero coyuntural en esta asamblea (por participar ambos en la AP-2), la necesidad de que ellos tuvieran presencia en la lista para evitar que presentaran una lista alternativa. Muchos estábamos dispuestos a ceder el trabajo de la asamblea (los cargos pequeñitos pero que suponen un trabajo real) a una nueva mayoría si ésta se manifestaba en la asamblea: no tiene sentido ser mayoritarios a la hora de votar, pero que el trabajo, la iniciativa y hasta la limpieza de la sede corra a cargo de aquellos a quienes la asamblea no siente como representativos.

Con la voluntad de mantener el buen clima que suele presidir nuestra asamblea, se hizo un esfuerzo unitario. Por parte de los críticos me tocó a mí llevar la negociación, pese a que soy pésimo en esas lides. Creo que de nuevo volví a mostrar que lo soy. Efectivamente se llegó a un acuerdo que incluía a la persona afín a la mayoría madrileña y colocaba al POR en la primera suplencia. Por medirlo en términos de apoyo a los documentos, la lista era un 4-1-1 (más el suplente afín a la AP-2). Era en teoría un acuerdo aceptado por todos y con el que yo creía haber sido mucho más generoso que lo debido, pensando que debía una explicación a los compañeros validísimos que quedaban fuera de la lista por no participar de familias y a quienes probablemente no fueran a compartir el acuerdo al que había llegado desde posiciones que yo podía compartir. Pero por otra parte, me alegraba de poder ofrecer una lista unitaria que mostrase que Izquierda Unida puede cambiar sin romperse. Nunca supimos qué hubiera hecho la compañera de IU Abierta en caso de haber dos listas.

Llegó la votación y sorprendentemente el miembro del POR que iba a ir de suplente (según el acuerdo del que él había participado) se fue y no votó. Sus compañeros se abstuvieron. Es decir, los compañeros del POR me dejaron con el culo al aire saltándose un pacto difícil sin aportar mayores explicaciones. Por ahí aprendo una valiosa lección cargada de futuro. Hubo también abstenciones argumentadas y profundamente leales basadas en una crítica que comparto absolutamente: fue una lista que se cerró en la horrorosa clave de familia. Yo mismo llegué a un acuerdo basado en prácticas que detesto y que no paro de decir que aborrezco. Por tanto no puedo ser más autocrítico con el resultado de mi trabajo, que ha resultado incoherente, aunque espero que sirva para aprender qué hay que cambiar en IU y cómo debo cambiar yo mismo. El año que viene se renueva el Consejo Político y desde luego la práctica y los criterios de su renovación tienen que ser otros.

Una asamblea de base es una asamblea más. Creo que en la nuestra hubo aciertos y errores. Los aciertos son la defensa de la unidad pese a los constatables desacuerdos, la salida hacia delante sin generar demasiadas heridas pero sin ocultar las diferencias y haber evitado una ruptura (ciertamente posible a lo largo de la tarde de ayer) de la Asamblea. Los errores son ambos míos. El primero una cierta ingenuidad (quiero pensar que fruto de la inexperiencia) al aceptar ceder sin obtener a cambio siquiera el respaldo político (mediante el voto) o personal (hubo quien, tras llegar a ese acuerdo conmigo me explicó lo sectario y cerrado que soy pese a que voy de santón) de quienes se suponía que aceptaban el acuerdo. El segundo la incapacidad de generar acuerdos de listas que superen las dinámicas familiares que nos tienen donde estamos.

Lo único que cabe pensar es que de esos errores y aciertos tomaremos nota en Chamberí para el futuro y que otros compañeros y compañeras que no han celebrado sus asambleas podrán también servirse de ellos para potenciar los aciertos y ahorrarse mis errores.