Blog de Hugo Martínez Abarca

Etiqueta: Más Madrid

Ea, ea, ea. ¡La izquierda se flagela!

El Partido Popular programó el año 2026 como una sucesión de «dominguitos» que iban a llenar el año de elecciones autonómicas en las que el PP tendría un éxito arrollador, el PSOE se hundiría y las fuerzas de izquierda desaparecerían. Llevamos dos de esos dominguitos, Extremadura (a finales de 2025) y Aragón. Y de sus tres objetivos Feijóo sólo ha conseguido uno: efectivamente el PSOE está cayendo con constancia. Pero el PP está teniendo también caídas sostenidas, que encuentran el consuelo en que el auge de los ultras les permite conservar gobiernos a cambio de escorarlos hacia el fascismo. Y las fuerzas de izquierda han obtenido en ambos casos subidas considerables, aunque no alcanzan a compensar la caída del PSOE y quedan empañados por un resultado global que acentúan en Extremadura y Aragón el giro fascitrumpista de los gobiernos autonómicos de derechas.

En la izquierda tiene cierto prestigio el flagelo. La izquierda siempre está fatal, porque suponer que no está fatal sería no ser autocríticos, ser complacientes. Y la izquierda tiene que ser autocrítica, aunque llamemos «autocrítica» a asumir acríticamente lo que la derecha dice sobre la izquierda.

Pero la autocrítica no es eso: la autocrítica parte de analizar con realismo lo que realmente está pasando para, a partir del mundo real, corregir deficiencias y errores y potenciar aciertos y fortalezas.

Es un hecho que la izquierda no está a punto de tomar el Palacio de Invierno. Ha pasado unos años de difícil indefinición pero sería un error no contemplar algunos hechos difícilmente cuestionables de los que partimos.

En julio de 2023 hubo unas elecciones generales que nadie esperaba y a las que se llegó sin una alianza electoral definida en la izquierda. A toda velocidad se constituyó una candidatura unitaria que fue «Sumar», cuya mera existencia no todos en la izquierda apoyaban (había quienes asumían que Feijóo y Abascal iban a gobernar y en ese escenario derrotista podía ser más confortable retirarse a las trincheras de cada uno): yo mismo no estaba de acuerdo con la inclusión de Podemos, porque sabía (y acertaba) que priorizarían el interés de su conglomerado político-empresarial y no pensaba que aportasen electoralmente más de lo que restaban, algo en lo que, visto el resultado electoral, no estuve tan seguro. Las elecciones generales supusieron varios éxitos: la audaz respuesta de Pedro Sánchez al resultado de las elecciones de mayo, el combate retórico en los medios de la derecha… pero también la alianza de los partidos de las izquierdas de toda España que fue Sumar en 2023 es la historia de un éxito que nadie esperaba. España ha sido una isla progresista que ha resistido hasta ahora al tsunami trumpista (del que empieza a haber los primeros síntomas de retroceso).

El Sumar de 2023 fue, pues, un éxito para el país de dificilísima gestión para quienes componían aquel Sumar. Podemos ejerció enseguida su papel de escorpión y las costuras entre las distintas organizaciones que conformaron a la carrera aquella candidatura han sido difíciles de gestionar. Pero España se ha beneficiado de cinco ministerios (Trabajo; Sanidad; Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030; Cultura; y Juventud e Infancia) a los que se ha sacado un triple partido extraordinario: primero adoptando políticas sustantivas que hacen que los españoles vivan mejor; segundo frenando las tropelías de todo tipo cometidas por los gobiernos autonómicos de las derechas trumpistas (Ayuso se ha encontrado en el Ministerio de Sanidad de Mónica García por primera vez una piedra en el zapato a su ofensiva contra la sanidad pública; Bustinduy ha usado su ministerio para poner coto a los carroñeros inmobiliarios…); y tercero tirando del gobierno progresista hacia las políticas de izquierdas a las que el PSOE siempre se resiste (con más éxito en materia internacional -colocando a España en la vanguardia mundial de defensa de Palestina y de resistencia contra Trump- o en materia de migración y con menos éxito pero evidente esfuerzo en materia de vivienda, por ejemplo).

En las recientes elecciones de Extremadura, Irene de Miguel tuvo la fuerza suficiente como para que el núcleo dirigente de Podemos no pudiera impedirle una alianza de las izquierdas que recogiera el fruto del trabajo bien hecho en el territorio, en defensa de políticas progresistas frente a la alianza trumpista. Pasó de cuatro diputados a siete. Hubo quien, desde su interesado sectarismo, intentó hacer una lectura basada en las marcas: era la resurrección de la marca «Podemos» y los electores se habían fijado muchísimo en que en la papeleta no ponía «Sumar» y esa era la clave del éxito.

Las elecciones aragonesas desmintieron semejante simpleza: Podemos decidió arrinconarse como la oposición «de izqueirdas» a todas las izquierdas y obtuvo una foto precisa de ese rincón: el 0’9% del electorado (la unidad de la izquierda a veces no se hace en la papeleta, pero sí en la urna). La candidatura de Izquierda Unida-Sumar mantuvo su representación parlamentaria y fue la Chunta Aragonesista la que duplicó su representación obteniendo el premio al buen trabajo en el territorio, la defensa de los derechos de los aragoneses y representó la fuerza progresista que sube para plantar cara a la alianza trumpista.

La izquierda, en todo el mundo, está en una notable crisis: pero donde se está cuajando esa crisis es en la socialdemocracia clásica, mientras las izquierdas están recuperando un crecimiento demasiado lento y todavía insuficiente, pero que no merece la flagelación que tanto nos gusta.

Es normal que el PSOE trate de instalar un discurso según el cual el problema para mantener el gobierno progresista está a su izquierda y que eso pasa por candidaturas unitarias que incluyan a la izquierda independentista y también a Podemos. Por una parte, ese discurso sitúa el problema de la izquierda como algo ajeno al PSOE, la crisis la tienen los otros, curiosamente aquellos que suben en las elecciones y que están remontando en las encuestas. Por otra, el tipo de unidad que promueve el PSOE no es la que más beneficia al espacio progresista, es la que más beneficia al PSOE: a nadie se le escapa que una candidatura que incluyera las fuerzas independentistas y el histrionismo del núcleo dirigente de Podemos- Canal Red podría recoger unos restos menguantes pero sobre todo arrojaría de vuelta miles de votantes de izquierdas a los brazos del PSOE.

La izquierda tiene deberes que hacer, sin ninguna duda. El acto que se anuncia este sábado con los partidos que están en el gobierno progresista es un primer paso público de un trabajo de fraternidad, reflexión conjunta, respeto mutuo… que se lleva trabajando meses. Se están haciendo las cosas bien por primera vez en mucho tiempo.

Lo que no nos podemos permitir es ruido, sobre todo porque es un ruido que no se corresponde con la situación actual del mundo ni de nuestro espacio. El mundo merece altura de miras para detener una ola a la que no es exagerado calificar de fascista. Y nuestro espacio está creciendo con un nivel de armonía y una cabeza que no tienen nada que ver con los psicodramas de un pasado lejano en el tiempo y en el espacio. Para evitar ese ruido molesto es importante que no esquivemos debates, pero que esos debates no conduzcan a la melancolía: es obvio con quién se puede construir una alianza electoral fructífera y con quién es impensable; es obvio con quién habrá una alianza parlamentaria en defensa de un gobierno progresista al día siguiente de las elecciones; es obvio quién ha decidido estar arrinconado contra todos y recogiendo los reducidos frutos electorales de su estrategia. Simular que es posible y deseable lo que todos sabemos que no va a suceder sólo sirve para aburrir y decepcionar.

El acto del sábado es la primera buena noticia que la izquierda va a proporcionar al país progresista y democrático que queremos defender. No va a ser la última. Porque estamos haciendo las cosas bien, porque estamos haciendo las cosas con cabeza y con calma. Y porque es imprescindible que esta semilla germine y crezca mucho.

Es obvia la expectación que ha despertado la izquierda. Es un síntoma de que había más gente con ganas de que hiciéramos bien las cosas de la que nos merecemos. Y lo que no se merecen es que les arrojemos caras tristes.

Sonriamos, porque vamos a ganar.

Nuestras dos únicas alternativas

Escribía ayer sobre las tres únicas opciones que tiene Ignacio Aguado en la Comunidad de Madrid: o gobernar con Vox o sentarse a hablar con el PSOE y Más Madrid o llevarnos a los madrileños a nuevas elecciones como si eso solucionara algo. Después se reunieron Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón y propusieron a Ciudadanos sentarse a hablar para una posible investidura del candidato más votado y que suma más apoyos (salvo que PP y Ciudadanos ya sumen los votos de Vox como propios).

Quizás también cabría plantear, como con Ciudadanos, cuáles son las alternativas de las fuerzas progresistas. 

El 26 de mayo los madrileños repartieron las cartas de la partida. Con esas hay que jugar. A muchos nos gustaría poder hacer todo lo posible por un gobierno de transformación para la Comunidad de Madrid. Pero es que todo lo posible es nada. Hay 64 diputados para un gobierno progresista (no ya transformador) y 56 de derechas y 12 de extrema derecha (por resumir, aunque es evidente que entre los 56 de derechas alguno de extrema derecha también hay, como el ínclito David Pérez). 

Las sumas posibles para conformar gobierno son las siguientes (no hay otra, aunque a cada una de estas sumas se pueden sumar más partidos, obviamente):

-PP+Ciudadanos+Vox (todos votando sí)

-Psoe+Ciudadanos+MM (podría abstenerse uno de los tres que no fuera el PSOE)

-PSOE+PP+Ciudadanos (podría abstenerse uno de los tres que no fuera el PSOE)

Unidas Podemos no da ni quita la mayoría a ninguna de las combinaciones posibles. Y en todas las combinaciones es necesario el voto favorable o abstención de Ciudadanos. Así que sólo Ciudadanos puede mandarnos a otras elecciones más en otoño y por tanto sólo a Ciudadanos cabría responsabilizar del fracaso de tener que ir a unas nuevas elecciones claramente evitables.

Todo lo que no sean esas tres combinaciones o una nueva convocatoria electoral no es que sea iluso, simplemente es imposible: como cantaban Mártires del Compás, las matemáticas no aman, pero tampoco fallan. Y no hace falta ser leninista para saber que en política se actúa sobre la realidad existente, no sobre la que nos gustaría que sucediese: es lo que diferencia la política de la vida contemplativa religiosa. Esas son las combinaciones por mucho que nadie se empeñe en que hará lo posible por construir otras.

Así pues podemos pensar qué objetivo tiene un partido progresista. Puede aspirar a echar cuentas electorales y crecer en las próximas elecciones. En ese caso estoy bastante convencido de que Más Madrid no saldría perjudicado de unas nuevas elecciones, aunque uno nunca sabe en qué se va a transformar la justa indignación ciudadana ante unos partidos incapaces. Pero si un partido se diferencia de una empresa que sólo busca balances contables es en que debería buscar mejorar la vida de la gente a la que representa. 

¿Cuál de las opciones realmente existentes es mejor para la vida de los madrileños y (sobre todo) de las madrileñas? 

Parece innegable que un gobierno acordado y condicionado por Vox sólo puede acarrear más sufrimiento, discriminaciones y recortes de derechos y libertades salvo para miembros de manadas y agresores de mujeres, homosexuales, bisexuales, trans, negros, moros… ¿Hay alguien progresista (o simplemente demócrata) que no prefiera que Vox sea lo más irrelevante posible?

Una opción sin Vox (probablemente la más difícil de todas) sería el PSOE con el PP y Ciudadanos. No parece una gran idea salvo para los corruptos amamantados por el PP durante 25 años de degradación institucional. Más allá de que se antoja imposible que el PP colaborase en su desalojo del tinglado (le interesa mucho más arriesgarse a elecciones que permitir que otros puedan abrir cajones) no creo que haya ningún progresista madrileño que crea que esa suma pueda suponer algo de limpieza institucional ni que fuera la mejor de las posibles. Pero igual alguien prefiere que el PP siga en el gobierno autonómico madrileño.

Por tanto queda la opción de intentar un gobierno en el que como mínimo Más Madrid, PSOE y Ciudadanos estemos de acuerdo. Esto presenta dos grandes dificultades. La primera es la resistencia de Ciudadanos, que sigue simulando que su acuerdo con el PP (56 diputados, uno menos que PSOE más Más Madrid) tiene alguna viabilidad sin más socios. O Ciudadanos ha decidido condenar a los madrileños a elecciones o tendrán que ser flexibles hacia algún lado: hacia el lado progresista o hacia la extrema derecha. La otra dificultad obvia es que un gobierno así no sería un gobierno que lograra los avances sociales, económicos y posiblemente medioambientales (si Ciudadanos mantiene la irresponsable posición que tiene en la ciudad de Madrid) que necesita Madrid. Sería un gobierno de higiene democrática, de regeneración de una Comunidad de Madrid torturada por la corrupción estructural y de defensa de la democracia y las libertades amenazadas por la extrema derecha. Pero de las opciones realmente existentes ¿hay algún progresista, algún demócrata, que no crea que es la que mejor vendría a los madrileños?

España está colapsada por la falta de ideas, de riesgos, de cintura ante las situaciones novedosas. La propuesta de hace semanas de Íñigo Errejón concretada ayer de acuerdo con Gabilondo es arriesgada, difícil y posiblemente menos rentable para Errejón y para Más Madrid que otras más conservadoras. Pero para los madrileños no parece dudoso que sea la mejor opción entre las posibles.

Hay dos opciones: intentar, por difícil que sea, el mejor gobierno posible para los madrileños, o resignarnos a que la extrema derecha aplique el programa que recitó el jueves Rocío Monasterio. No tengo dudas.

Las tres alternativas de Ignacio Aguado

Ayer fue especialmente contundente Ignacio Aguado tras las exigencias de Rocío Monasterio para una investidura de derechas. «Ciudadanos no va a llegar a ningún tipo de acuerdo con aquellos partidos que quieran hacer retroceder a la Comunidad de Madrid. No gobernaremos con partidos que frivolicen con la violencia machista, que estigmaticen a los inmigrantes, que ataquen al colectivo LGTB y a los derechos y libertades que con tanto tiempo y sacrificio se han ido conquistando en la Comunidad de Madrid. No habrá un Gobierno bajo esas condiciones. Mis principios y los de mi partido están por encima de un Gobierno. Queremos llegar a un acuerdo con aquellos partidos que quieran progresar.«

Es una buena noticia: esta declaración de Ignacio Aguado saca a Ciudadanos de su ambigüedad (seamos amables) en la Comunidad de Madrid tras haber pactado con Vox el reparto de la Mesa de la Asamblea y el Ayuntamiento de Madrid: Ciudadanos sabe perfectamente de la gravedad que tiene la Comunidad de Madrid en su crisis interna. Esa declaración (y el tono contundente que empleó) es irreversible. Con esa declaración es imposible que Ciudadanos sume sus votos a PP y Vox para gobernar la Comunidad de Madrid salvo que Aguado admita que el discurso de ayer le persiga machaconamente señalándolo como un mentiroso el resto de la legislatura. Fue, además, una comparecencia sin preguntas por lo que parece que dijo exactamente lo que quería decir sin improvisar ni una coma, sin arriesgarse a que una pregunta le pillase con la guardia baja y le llevara a salirse de un guion claro y contundente. Una buena noticia, insisto, para los demócratas de Madrid (y de España).

Tras esas declaraciones, Ignacio Aguado sólo tiene tres posibilidades echando números.

1- Quedar como un auténtico mentiroso, violando lo que él ha definido como «mis principios y los de mi partido» y acabar sumando los votos al PP de Madrid y Vox para un gobierno de continuidad a 25 años de saqueo con el lastre añadido de los acuerdos (escenificados de tal o cual forma, públicos u ocultos) con Vox. Es difícil explicar mejor que lo hizo ayer Aguado qué significaría para Madrid, para Ciudadanos y para él que eso sucediera.

2- Explorar la posibilidad de una alternativa de gobierno. Ángel Gabilondo fue el candidato más votado el 26 de mayo con cierta distancia. Nadie puede acusar a Gabilondo de extremista, histriónico, etc. Tampoco es probable que nadie que no sea muy fanático pueda tachar a Íñigo Errejón de peligroso radical que no defienda cada derecho y conquista democrática alcanzada. Entre Isabel Díaz Ayuso, David Pérez y Rocío Monasterio por un lado y Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón por otro (que son las dos posibilidades que suman escaños suficientes para que Ciudadanos decante una mayoría) creo que poca gente duda dónde está el extremismo, dónde la demagogia populista, donde el peligro para las instituciones y para las libertades e incluso dónde el nacionalismo más reaccionario. Evidentemente un acuerdo de gobierno de este tipo no podría ser lo ambicioso que nos gustaría a quienes no logramos una mayoría progresista el 26 de mayo pero permitiría preservar derechos y libertades, regenerar unas instituciones podridas por 25 años de aguirrismo y preservar la democracia frente al fanatismo y el odio. No es poca cosa si se piensa en el bienestar de la ciudadanía más que en los cálculos electorales del partido propio (probablemente a Más Madrid no le iría nada mal en unas nuevas elecciones) pero incluso pensando en esos cálculos, no creo que Ciudadanos pagara precio alguno por una opción que cada vez es más obvia.

-La tercera posibilidad es la repetición de elecciones. No hay más posibilidades de sumar una mayoría que con Ciudadanos habiendo mentido y atándose a PP y Vox o con Ciudadanos buscando ese acuerdo de regeneración y defensa de las libertades con Ángel Gabilondo e Íñigo Errejón. O se da una de esas sumas o el 11 de septiembre se disuelve la Asamblea de Madrid y vamos a elecciones nuevas. No parece verosímil que esas elecciones dieran un resultado que beneficiara a Ciudadanos no ya por su posible caída sino por cómo quedaría, de nuevo, ante la necesidad de una investidura. Salvo un improbable vuelco electoral, las posibilidades son las que había el 26 de mayo (quizás alterando el equilibrio interno de cada bloque): o un reparto muy parecido al actual en el que Ciudadanos se encontraría de nuevo ante las mismas opciones ante las que hoy no habría sido capaz de decidir; o ante una mayoría progresista que permitiera un gobierno más ambicioso en políticas fiscales, medioambientales y económicas del que podríamos configurar hoy y en el que Ciudadanos e Ignacio Aguado serían completamente irrelevantes.

En su mano está. Ignacio Aguado puede rescatar a la Comunidad de Madrid de años de parálisis, reacción, corrupción y desmantelamiento de derechos y conducirla hacia la normalidad democrática (que no es poco avance) o pegarse un tiro en el pie de los madrileños.

De cinturones sanitarios y búsquedas de acuerdos difíciles

Uno llega a acuerdos con quien no piensa como uno. Es algo que hacemos continuamente: la vida en sociedad exige acuerdos, expresos o no, porque pensamos cosas distintas a todos los demás e incluso a lo que pensaba uno mismo hace un rato. Afortunadamente.

Es evidente que necesitamos acuerdos. La pluralidad política es una bendición que hay que mimar, el fin de las mayorías absolutas y de la España sin matices del bipartidismo es una oportunidad democrática. Pero si no lo fuera, daría igual: es un hecho, el acuerdo entre distintos es una necesidad inevitable. Todo el mundo sabe que en Cataluña no va a haber solución que no sea fruto del acuerdo entre gente que pensamos cosas radicalmente distintas: no sólo sobre las fronteras, también sobre economía, libertades… Otra cosa es que haya quien no quiera que haya solución.

Encontrar soluciones compartidas es dificilísimo cuando venimos de sobre escenificar las diferencias, pero es indispensable.

En el conjunto de España pasa exactamente lo mismo: no vamos a poder desbloquear las instituciones sin abrirnos a dialogar y a negociar con otros de quienes nos separa un abismo, pero un abismo legítimo. Y esa negociación (si quiere desbloquear el país y sus partes) tiene que pasar por huir de la satanización de quien no sea Satán. Sólo debería haber dos líneas rojas: no se puede abrir la puerta de las instituciones a quienes no respetan los derechos humanos y los principios básicos de la democracia (incluidos los principios de libertad, de igualdad, la no discriminación por género, raza, orientación sexual…) ni a quienes quieren las instituciones para robar. Quienes odian y quienes roban, sí, son Satán. Entre el resto hay discrepancias, en ocasiones enormes, pero llegar a acuerdos entre gente muy distante puede ser criticable o no según el acuerdo concreto (que debe ser público, perdón por la obviedad); puede ser criticable si el contenido es malo para la ciudadanía, pero intentando que no lo sea es legítimo… y conviene entender que en muchos sitios es imprescindible.

Es más que razonable intentar alcanzar gobiernos entre los partidos cuyos proyectos son similares. Descartados los partidos que quieren recortar derechos y libertades y los que está acreditado que son instrumentos de corrupción tiene todo el sentido que se busquen mayorías entre partidos con proyectos políticos más o menos cercanos. Si hay una mayoría de partidos de derecha democrática en un lugar es lógico que formen gobierno, si la hay progresista deben intentar llegar a acuerdos, donde haya conflictos territoriales es razonable que se prime el entendimiento entre quienes tienen un mismo proyecto nacional como una de las variables para formar gobierno.

Pero en España va a pasar mucho tiempo sin que haya mayorías de este tenor. No va a haber mayorías absolutas de partidos de derecha democrática durante un tiempo; la izquierda defensora de la unidad de España está lejos de poder gobernar sin el apoyo de otros.

Recordemos lo que pasaba en Euskadi y Navarra cuando ETA mataba. Se firmó un Pacto de Ajuria Enea (cuyo texto hoy resultaría escandaloso para tantos) que hacía que, mientras no se consiguiera que dejara de haber asesinatos, los partidos facilitaran gobiernos de sus adversarios si así conseguían evitar que tuvieran poder institucional quienes compadreaban con los crímenes.

Pese a los golpes de pecho de quienes exigen aislamientos, no hay nada más valiente que cruzar fronteras. La izquierda defensora de la unidad de España tiene que atreverse a hablar y llegar a acuerdos con las izquierdas independentistas vascas y catalanas porque no pasa nada, porque son acuerdos legítimos, porque tienen proyectos de país profundamente distintos pero legítimos mientras no quieran recortar derechos y libertades ni discriminar a nadie. Pero también hay que intentar hablar y si se puede acordar donde sea necesario con derechas democráticas no corruptas. Como tiene que haber una derecha democrática no corrupta que entienda que no se puede gobernar con quienes compadrean con la violencia machista (negando incluso su existencia), quienes quieren recortar derechos a quienes no son hombres, blancos, heterosexuales y católicos y con quienes usan las instituciones para robar, para destrozar las instituciones; y que la única alternativa a eso es llegar a acuerdos con otros partidos democráticos por muchas diferencias políticas que haya, por poco ambiciosos que puedan ser esos acuerdos.

Basta echar una ojeada a los pactos municipales, a los post pactos, al atasco de tantas comunidades autónomas, la imposibilidad de formar mayoría en España, la entrada del odio en gobiernos municipales y autonómicos… para tener claro que hay que optar. Los acuerdos entre partidos muy distintos necesariamente serán poco ambiciosos: si Ciudadanos llega a acuerdos con fuerzas progresistas tendrá que renunciar a bajar impuestos a las grandes fortunas; si las fuerzas progresistas logran un acuerdo con Ciudadanos en algún lugar saben que los avances sociales serán mucho menores que lo serían si gobernaran sin Ciudadanos (algo imposible tras los resultados electorales donde esos acuerdos fueran posibles). Si en Navarra se quiere alcanzar un gobierno progresista decente, es obvio que se tienen que entender fuerzas que tienen proyectos nacionales muy distintos y que por tanto ninguna logrará grandes avances en ese frente. Pedro Sánchez no debería asustarse de hablar con ERC sobre la investidura de España: precisamente una de las razones por las que ganó las elecciones fue que los españoles dieron la espalda a quienes criminalizan los puentes.

Hubo quien criticó a Más Madrid por tener la osadía de ofrecer un diálogo al PSOE y Ciudadanos para explorar posibilidades para Madrid que no pasaran por gobernar con Vox. Transcurridos apenas unos días de la investidura municipal, visto el circo, comprobados los primeros pasos… ¿alguien duda de que esa posibilidad era mejor para Madrid, para los demócratas, para los derechos de los madrileños y el funcionamiento de la ciudad que lo que ha sucedido?

En la mayoría de los sitios hay que optar. Las alternativas en muchísimos sitios son acuerdos legítimos entre adversarios con muchísimas discrepancias o bien colapso institucional o entrada de fuerzas no democráticas que van a usar las instituciones para el odio y la discriminación: la retirada de las pancartas contra la violencia machista en Madrid es sólo un primer aviso.

Puede que haya quienes prefieran la entrada del fanatismo antidemocrático en nuestros gobiernos; quizás haya quien opte por el colapso sine die como si repitiendo una y otra vez elecciones los votantes por fin fueran a dar los resultados con los que los electos se sienten cómodos. Pero así, a primera vista, no parece la mejor de las opciones.

Más Madrid… para empezar

Un vistazo rápido e irrelevante a los resultados de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid nos dice que la candidatura de Manuela Carmena sacó básicamente los mismos votos que en 2015 (503.990 frente a 519.721) siendo primera fuerza en la ciudad y en 15 distritos; pero que el Ayuntamiento de Madrid puede acabar en manos de la derecha y la extrema derecha sobre todo porque la abstención que hubo en la derecha madrileña en mayo de 2015 no se ha producido ahora. En estos cuatro años hemos conseguido mantener pero no ampliar la transversalidad política que se consiguió en 2015 y tampoco hemos conseguido movilizar en los barrios populares. Por supuesto hay problemas compartidos en toda España con el resto de ayuntamientos del cambio que no han conseguido revalidar (sólo Cádiz, Zamora y Valencia se mantienen) pese a que el foco de Madrid y Barcelona deslumbre; pero a los madrileños, obviamente, nos toca pensar en nuestros fallos.

En la Comunidad de Madrid Más Madrid obtiene 20 escaños por más de 470.000 votos con una candidatura recién creada, sin partido organizado. Quien quisiera calcular el impacto en lo que hemos llamado el espacio del cambio político puede buscar encuestas que dieran en los últimos años 27 diputados a Unidos Podemos en Madrid: hace justo un año Podemos convocó unas primarias con listas de 25 diputados, expresión del tope que consideraba básciamente inalcanzable: ayer Más Madrid obtuvo 20 diputados, Podemos 5 e Izquierda Unida 2.

Decía que esto sería un vistazo “irrelevante” porque una de las razones para estar orgullosos de Más Madrid es la tristeza por la victoria de la alianza de Colón sin consolarse por los datos “partidistas”. Madrid, las familias madrileñas, sufrirán con los gobiernos de PP, Cs y Vox incluso aunque no hagan ni la mitad de insensateces que han anunciado en campaña electoral. Un bloque del odio, la corrupción y los recortes sociales augura retrocesos que sufrirán los más débiles por clase, edad, género, nacimiento u orientación sexual.

El principal dato para el día después que tenemos en Más Madrid son los mimbres tejidos durante esta campaña. Muchísima de la gente que se ha acercado a Más Madrid no había participado en otro partido político nunca. Como ejemplo: prácticamente la mitad de los apoderados no lo había sido nunca antes. El apoyo desde los balcones, haciendo llamadas, como apoderados… unido a los 19 concejales de la capital, los futuros vocales de distrito, los concejales de otros municipios y los 20 diputados autonómicos dan a entender que no podemos permitirnos desaprovechar estas condiciones y que toca organizarse bien.

Es imperativo huir de la cultura política que contempla la vida política como una partida de póker que se resuelve con trampas y muertes, una cultura que no es la que traen tantas personas ilusionadas y que no trae nada bueno a la política ni a la vida. Y que genera la destrucción en muy pocos años de las organizaciones que la adoptan, como estamos viendo: la democracia sin fraternidad acaba siendo una tiranía suicida. Que se queden esa copia cutre de la dialéctica amigo-enemigo quienes sean felices con sus tuits infames y sus declaraciones cínicas y tramposas. Si así son felices, que lo sean, pero que no esperen que nadie entre a provocación alguna.

En términos cuantitativos Madrid ha sido un oasis en el desplome en toda España del espacio político progresista ajeno al PSOE. Cuando nos enfriemos un poco podremos ver que Más Madrid ha cubierto y ensanchado un espacio abandonado política y moralmente. Podremos ver también que en toda Europa los partidos verdes han sido la gran respuesta democrática a la irrupción ultra y que el ecologismo está siendo junto al feminismo la gran respuesta emancipadora que tenemos los demócratas españoles hoy.

Tenemos tiempo: la avalancha electoral nos permite despejar el horizonte durante unos años, lo cual nos permite dedicar las próximas semanas a pensar en común, a leer, escribir, a hablar con gente de toda España que entienda la necesidad de mimar un espacio casi más moral que político que ha sido torturado pero por personajes que ya son mucho más irrelevantes que irresponsables. Tenemos tiempo para hablar, pensar y construir.

Decía ayer mi buen amigo Jorge Caplan que tenemos que sustituir el sentimiento de orfandad política por una fértil paternidad/maternidad política. Tenemos tiempo y no podemos esperar. A ello.

Las primarias de Más Madrid

Desde esta mañana ya se puede votar en las primarias de Más Madrid para elegir sus candidaturas municipal y autonómica. Se puede votar en http://participa.masmadrid.org

No debe de ser muy fácil encontrar a gente ajena a la militancia política dispuesta a participar en una candidatura electoral. La irrupción de una extrema derecha agresiva y la prolifereción de noticias falsas contra los demócratas genera muchas resistencias. El desencanto en el que están sumidos, por distintas razones, casi todos los partidos tampoco hace muy ilusionante dar ese salto a quien tiene ya una situación vital y profesional tranquila.

Por eso las candidaturas que presentaron Íñigo Errejón y Manuela Carmena para las primarias de Más Madrid son un gran síntoma de la ilusión que han logrado despertar. Al propio caso de Manuela Carmena, que no tiene ninguna necesidad personal de meterse en este berenjenal, se añaden activistas vecinales de toda la vida, científicos, médicos, ecologistas, sindicalistas…

Junto a ellos, mucha otra gente que llevamos muchos o pocos años (hay gente muy joven) defendiendo Madrid, intentando que sea más moderna, justa, democrática, libre… frente al odio, la mentira y la corrupción.

Hace poco más de cuatro años no imaginaba que fuera a ser diputado autonómico. Llevaba veinte años de militancia política como tantísima otra gente ayudando en lo que pudiera ser útil a mis ideas. Hace poco más de un mes tenía claro que en mayo terminaban estos cuatro años y que volvía a esa militancia política a la que somos adictos un puñado de friquis: en buena parte, desde el año pasado ya estaba militando y empujando con todas mis fuerzas una candidatura que observaba desde fuera.

Y resulta que los vaivenes políticos de un país que sigue en crisis me han traído de nuevo a unas primarias y que sea lo que la gente quiera.

Vamos a necesitar muchísima gente participando para que la ciudad de Madrid siga avanzando, para que la Comunidad abandone la cultura del tamayazo y para que desde Madrid seamos capaces de contribuir a las ideas en las que llevo militando toda la vida. Ese empuje empieza hoy votando, participando en el programa, ayudando en la campaña y después en la pelea cotidiana que necesita tanta ayuda.

Así que ya estás votando las listas de Íñigo y Manuela: hoy en http://participa.masmadrid.org, y dentro de dos meses en las urnas.

Dadme un prejuicio y moveré el mundo

«Dadme un prejuicio y moveré el mundo.» La frase la pone García Marquez en la pluma del juez instructor de su Crónica de una muerte anunciada.

Me ha venido a la cabeza al leer el titular de la última diatriba de Juan Carlos Monedero contra Íñigo Errejón en forma de entrevista:»Errejón quiere un Gobierno en Madrid con PSOE y Ciudadanos. Que lo asuma y lo diga«, dice Juan Carlos Monedero. Nada ha dicho Íñigo Errejón sobre ese deseo. No lo ha dicho (como reconoce Monedero), así que la frase no obedece más que a un nuevo invento en una ofensiva que no por reiterada deja de ser irresponsable. En este caso, lo es especialmente (aunque no dañe a Más Madrid) porque lo que hace es beneficiar a Ciudadanos.

Íñigo Errejón nolo ha dicho probablemente porque es tan consciente como todos los madrileños (acaso menos Monedero) de que en ningún caso Ciudadanos tiene otra apuesta para Madrid que repetir el pacto de la vergüenza andaluz con Vox y el PP. Lo explicó Begoña Villacís y lo ha dejado aún más claro hoy mismo Ignacio Aguado: «Voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que Errejón no sea presidente de la Comunidad de Madrid«.

Monedero tiene pleno derecho a hacer daño a las opciones políticas del cambio dado que no es dirigente ni cargo público de ningún partido y por tanto sólo se representa a sí mismo.

En todo caso, parece evidente que Juan Carlos Monedero no está excesivamente atento a la política madrileña. También porque evidencia que no es consciente de lo que Podemos ha hecho esta misma legislatura, hace menos de un año, en la Comunidad de Madrid.

Cuando se destapó el fraude universitario de Cristina Cifuentes, Ciudadanos hacía lo imposible por mantenerla en el poder. Y Ángel Gabilondo presentó una moción de censura que necesitaba, para prosperar, que Podemos y Ciudadanos la apoyasen. Y, obviamente, Podemos de la Comunidad de Madrid (cuyo secretario general era Ramón Espinar, a quien Monedero había defendido con el agresivo entusiasmo que ha cultivado en los últimos años; y cuya portavoz parlamentaria era la anticapitalista Lorena Ruiz-Huerta) anunció que Podemos apoyaría la moción de censura sin condiciones con la voluntad de que Ciudadanos apoyase el mismo gobierno (condición indispensable para que prosperase la moción de censura).

Lo que denuncia Monedero que haría Errejón, es lo mismo que ha hecho Podemos en la Comunidad de Madrid con (lógico) apoyo de Monedero.

Y se hizo, por cierto, con toda la razón del mundo, porque Madrid vive desde hace un cuarto de siglo en manos de la mafia. Un cuarto de siglo robándonos el agua, los hospitales, los colegios, las carreteras. Robando incluso las elecciones cuando las perdieron en 2003 y cuando las financiaron ilegalmente en todas las campañas posteriores. Ojalá hubiera sido posible acordar con Ciudadanos y el PSOE un gobierno insuficiente pero decente. Lo que plantea Monedero no puede ser una denuncia salvo para gente de Vox, del PP y de la dirección de Ciudadanos.

Desgraciadamente sabemos que Ciudadanos intentará un gobierno de la corrupción y del odio. Lo han hecho en la Comunidad esta legislatura (con dos investiduras y mil escándalos que obligarían Ciudadanos a expulsar al PP de Madrid de la Puerta del Sol); y no dieron el Ayuntamiento a Esperanza Aguirre gracias a que los madrileños dejaron al PP y Cs en minoría y optaron por Manuela Carmena.

Y sabemos también que Ciudadanos intentará que sus votantes centristas o liberales sigan engañados pensando que puede ser que, igual que se giraron hacia la extrema derecha en Andalucía, cabe como hipótesis que Ciudadanos en Madrid no intente un gobierno con Vox y PP. Eso no va a pasar, pero Ciudadanos necesita que un porcentaje alto de sus votantes (el 30% de los cuales defiende un cordón sanitario contra Vox) lo crea posible. Para desalojar a la mafia y el odio de la Puerta del Sol hace falta que Más Madrid y PSOE dejen en minoría al PP, Ciudadanos y Vox, esa es la alternativa real.

Por eso la nueva diatriva de Monedero vuelve a faltar a la verdad, pero lo grave de este caso es que, intentando consolidar una falsa imagen contra Más Madrid, lo único que hace es defender a Ciudadanos.

En marcha

Con el morbo que caracteriza todo lo que rodea los debates internos, ayer se esperaba el Consejo Ciudadano de Podemos como si fuera la boda roja de Juego de Tronos. Cámaras de todas las televisiones esperaban a ver sacar cadáveres descuartizados, promesas eternas de venganza y mil escenas trágicas más fruto del odio personal que de la propuesta política. Es una expectativa que se ha alimentado con mensajes viscerales y zafios muy concretos pero que finalmente no se dio.

Es evidente que ha habido bastante gente que estos días ha antepuesto el análisis político audaz a la conversión de la política en ese feudalismo cortesano y cínico que confunde la lealtad con mentir diciendo que el emperador va vestido con el traje más bello que se ha visto nunca. En el cuento de El traje nuevo del emperador, el más leal y valiente es el niño que denuncia la impostura, no los aduladores que permiten al emperador pasear desnudo y arruinarse estafado por los supuestos sastres. Tiene pinta de que, tanto en los días previos como ayer mismo, la razón política ha ganado fuerza frente a las espectaculares bodas rojas.

Estos días no nos hemos encontrado con lo mejor de la política. Causa bochorno que haya quienes apoyaban a Manuela Carmena hace un mes y ahora la coloquen al servicio del Mal y del Capital por la simple razón de no que no parecen haber conseguido que tal o cual persona vaya en su lista electoral. Es política muy pequeña (y ciertamente mezquina) apoyar operaciones municipales o atacarlas en función de si tu amigo va o no en la siguiente lista electoral. Y, desde luego, choca frontalmente con los impostados aspavientos contra los personalismos.

Esta mañana eldiario.es publica la primera encuesta tras el acuerdo entre Manuela e Íñigo suponiendo que Más Madrid presenta una candidatura, Podemos otra e IU-Madrid otra. Hace sólo dos semanas, justo antes del acuerdo, Telemadrid hacía otra encuesta. En estas dos semanas tan hostiles y pese a la confrontación ensimismada, ya hay una subida del espacio del cambio y un notable acercamiento de la posibilidad de un gobierno progresista en Madrid que detenga a la corrupción y el odio. Lejos del melodrama de estos días, desde el acuerdo entre Manuela e Íñigo estamos más cerca. Y es evidente que podemos(debemos) mejorar esas posibilidades.

Ayer no hubo boda roja. Tampoco hubo fumata blanca: por lo que dice hoy la prensa se debió de apostar por ir andando camino propio aplazando la decisión del encuentro con diferentes; eso, supongo, debemos hacer todos: ponernos a caminar hacia delante ya mismo, dejando de mirar al lado y mucho menos para dar codazos. El día de ayer debe ser el punto de inflexión para acabar con las telenovelas dramáticas y volver a la política.

Es hora de ponernos en marcha,  claramente dirigidos a cambiar por fin la Comunidad de Madrid y a seguir mejorando la ciudad de Madrid: una de las consecuencias claras de la encuesta de eldiario.es es que lo que tenga que suceder entre las distintas posiciones actuales es mucho menos importante que lo que tenemos ahí fuera. Tenemos que encontrarnos fundamentalmente con la ciudadanía que no puede entrar en la Paz porque está colapsada, que llega tarde al trabajo porque Metro no funciona, que tiene que llevar a sus hijos a colegios cuyas obras se retrasan un año más. Ni un drama interno más, que bastantes hay ahí fuera.

En marcha, sin perder un minuto.

Hacer lo que hay que hacer

Mariano Rajoy hizo de la obviedad un arte. Su “no es cosa menor o dicho de otra forma: es cosa mayor”, su inolvidable “un vaso es un vaso y un plato es un plato” formarán para siempre parte de nuestra formación intelectual como expresiones tardías de la teoría de la verdad de Tarski (esa que nos explica que la frase “la nieve es blanca” es verdad si la nieve es blanca).

A veces las aparentes obviedades no son tales: sucede con Tarski pero también con Mariano Rajoy. Cuando Rajoy dijo que en política “hay que hacer lo que hay que hacer” no dijo ninguna obviedad, porque es rarísimo que en política se haga lo que hay que hacer. En política somos hijos de mil presiones, algunas sin duda ilegítimas, otras perfectamente normales como el qué dirán, los sentimientos personales, la presión de compañeros y amigos, o muchas veces la mera inercia que pesa como una losa.

Cuando en 2014 nació Podemos muchos sabíamos que eso era lo que había que hacer. No había poca gente que venía debatiendo desde hace tiempo cómo refundar el espacio político que encarnaba el 15M. Pero lo hicieron unos pocos que pronto se convirtieron en muchos. Fundaron Podemos. Rompieron todas las inercias de la izquierda de la que ellos mismos venían, se enfrentaron a críticas e insultos, eran títeres de los medios de comunicación que los aupaban porque eran inofensivos, un invento del IBEX, lo hacían por pillar un escaño, en realidad eran de derechas. Se dijeron muchas barbaridades. Y todas eran falsas. Y además el ruido que generaban en los espacios militantes era proporcional al sopor que generaban en la infinita mayoría de la ciudadanía.

Hicieron lo que había que hacer y eso en política a veces es heroico. Entonces, sin duda, lo fue.

El miércoles pasado cualquier analista o dirigente de Podemos que hubiera debatido sobre qué hay que hacer en la Comunidad de Madrid para evitar que siga gobernando el partido orgánico de la Púnica, la Lezo, el Tamayazo con los fanáticos amamantados en los chiringuitos de Esperanza Aguirre hubiera dado una receta evidente: hacer un tándem entre Manuela Carmena e Íñigo Errejón y proponer para la Comunidad de Madrid un espacio de encuentro entre muchos, como en la Comunidad de Madrid; y, de paso, si se podía facilitar la vida a los votantes (muchísimos de los cuales llegan a los colegios electorales confusos, como sabemos quienes hemos sido interventores o apoderados) explicitando ese tándem con un mismo nombre de candidatura, mucho mejor. De hecho, cuando se anunció el jueves todo fueron sorpresas y aplausos, pero no hubo críticas relevantes hasta el comunicado de última hora de la tarde. Porque no había mucho que reprochar fuera de las lógicas de aparato interno de partido político.

Eso era lo que había que hacer. Pero en política hacer lo que hay que hacer no siempre es fácil porque siempre hay enormes resistencias (unas legítimas y honestas; otras no tanto) a girar el timón cuando es necesario. Y ahora era más que necesario. Cualquier analista es consciente del camino hacia el que nos hubiera conducido la comodidad de la inercia.

Ayer Íñigo Errejón tuvo mucho tiempo para explicar su propuesta, la que hace a la ciudadanía madrileña de la mano de Manuela Carmena. Estuvo cerca de dos horas respondiendo a preguntas (algunas muy incómodas, por supuesto) en La Sexta. Estoy convencido de que supuso un punto de inflexión porque resultó demasiado obvio que esto era lo que había que hacer y que frente al politiqueo está la Política, que quien en vez de pensar en la lógica de un aparato partidista preocupado por el poder interno piense en cómo evitar entregar Madrid al tripartito de la corrupción, el odio y el saqueo tiene razones sobradas para sentarse a sumar y dejar de fabricar artificialmente un incendio, otro más. Estos días ha habido quien ha exhibido obscenamente su desinterés por el éxito político del Madrid democrático y honesto y con esa exhibición también responden a por qué un acuerdo objetivamente positivo tuvo que gestionarse con tanta discreción.

Manuela Carmena e Íñigo Errejón han sido, de nuevo, valientes y generosos con la ciudadanía de Madrid haciendo lo que había que hacer. Hay varios indicadores alejados del ruido politiquero que nos prueban que desde el jueves Más Madrid se ha convertido en la esperanza de muchos madrileños menos interesados en los vodeviles palaciegos que en echar a quienes han robado de sus hospitales, de los colegios de sus hijos, de su recibo del agua… y poner la Comunidad de Madrid a funcionar de una vez.

Pasados los días de la sorpresa la situación se tendrá que aclarar rápidamente. Es importante sumar, juntarnos, hablar de política, de cómo desalojar a la mafia de la Comunidad y seguir modernizando la ciudad de Madrid y tantas otras ciudades y pueblos. Y, sobre todo, urge dejar de hacer un ruido tan antiguo cargado de adjetivos triviales y rancios que dicen mucho de quien los usa y muy poco de sus destinatarios. El enemigo es quien quiere robarnos los servicios públicos, los derechos sociales, las libertades civiles. Y contra ellos vamos.