El caso Montoro es de una gravedad extrema. No tanto por la pasta que ganaran corruptamente, sino porque es la primera vez en democracia que no se chanchullea con contratos, subvenciones… sino con LEYES.

Eso lo coloca como un ataque (por pasta) a los pilares de la democracia.

España podía tener una política energética moderna, limpia y eficaz o rancia, sucia y ruinosa no en función de la ideología del que había ganado las elecciones, sino en función de la empresa que hubiera pagado al ministro del PP.

España dejaba que las empresas del juego arruinasen familias, porque se estaban forrando dos familias del PP (el ministro actual y el ex ministro que estaba en Codere).

Los presupuestos generales (la ley más importante de nuestra democracia) los tenían antes las empresas que pagaban que los diputados que tenían que debatirlos y aprobarlos…

La gravedad del ataque a la democracia sólo está por detrás de los GAL (obviamente) y juega en la liga de la Kitchen y acaso de Juan Carlos.

Otro aspecto es el de la fiscalía: que la fiscalía sancionara a la fiscal por investigar el tema… es otro caso en sí mismo.

Quiere decir que en la fiscalía había gente dedicada a proteger y tapar a altos delincuentes.

Eso ya pasó, por cierto, con Ignacio González. Eso también debe ser investigado

Y otro caso distinto y también tremendamente grave y mafioso es el uso de Hacienda para proteger delitos del PP, perseguir a enemigos políticos del gobierno del PP (incluidos enemigos internos) o chantajear a periodistas para dictarles informaciones y opiniones.

En el caso de Esperanza Aguirre, ella estaba contra Montoro porque Aguirre era más de Rato.

En el PP no hay honrados contra corruptos, sino bandas corruptas que a veces tienen intereses contrapuestos.

Son los Tataglia y los Corleone: cada cinco o seis años, guerra entre familias; pero en general hay paz porque van a lo mismo.

Todo es mafia. Esta vez sin exagerar. Y sin manifestaciones ni gritos de Feijóo, Ayuso y Almeida, por supuesto.