
Nací en 1976 en un rincón de Chamberí donde había una maternidad. La última vez que pasé por allí vi que el edificio ahora era una residencia para personas mayores, lo cual permite aventurar un ilusionante cierre del circulo dentro de no tantos años.
Desde que nací he hecho algunas cosas y las que no he hecho no son por falta de tiempo a estas alturas. Prueba de ello son mis estudios. Empecé a estudiar Derecho a los 18 años y lo dejé a los 21 porque no me gustaba. Lo retomé apasionadamente bastantes años después y me gradué en Derecho casi treinta años después de haberme matriculado por primera vez: no lo he investigado pero debo de ser el español que más tiempo se ha tomado para terminar una carrera. Ya que estaba, hice el máster de abogacía y en 2024 me colegié en el Colegio de la Abogacía de Madrid.
Entre medias me licencié en Filosofía en la Universidad Autónoma y después en Ciencias Políticas en la Universidad Complutense y estuve trabajando como gestor administrativo.
Cuando era veinteañero participé en un grupo de teatro universitario (Tinto Teatro, porque las musas no son ajenas a Dionisos) y también hice algunos cortometrajes.
El primero, “No te soporta ni Dios” contaba una historia basada en hechos reales: un tipo era insoportablemente pesado (esta era la parte que se inspiraba en algún conocido) hasta que (a partir de aquí empezaba la ficción) sus amigos decidían quitárselo de en medio y mandarle al cielo, pero Dios al comprobar la turra que le deba el recién llegado lo mandaba de vuelta al reino de los vivos para no tener que soportarlo. Lo rodé en súper8 y la empresa que lo debía revelar debió de pensar que era terriblemente malo, así que me dijeron benevolentemente que se había perdido la imagen. El segundo, “GEGE” también incluía una serie de asesinatos ficticios, pues el título eran las siglas de “Grupo de Exterminio de Gente Estúpida”, algo que hace bastante prescindible una sinopsis. Este vio la luz pero soy incapaz de encontrarlo, seguramente por culpa de la dictadura woke y la agenda 2030 que prohíben que se publiquen cosas que antes se podían hacer en libertad.
Sí se pueden ver “Atado y bien atado”, en el que derribábamos la estatua ecuestre de Franco que había en Nuevos Ministerios, anticipándonos a Zapatero.
Y también “Matusalén” un monólogo que pronuncia Matusalén en los últimos momentos de su vida, justo después de que falleciera su hijo sin que Dios le hubiera ahorrado llegar vivo a Matusalén este trance.
Como se puede ver, Dios fue un personaje de dos de los cuatro cortos, pero era un personaje que, como Rebeca, estaba presente pero sin presencia.
Aquellos años también empecé mi militancia política. Fui insumiso (podéis llamarme “delincuente” sin faltar a la verdad), participé en el movimiento vecinal que consiguió que el golf ilegal de Chamberí acabase siendo un parque que ha disfrutado mi hijo… Enfermizamente politizado desde la adolescencia, milité muchos años en Izquierda Unida, después me ilusioné con Podemos y finalmente formo parte orgullosa de Más Madrid.
De estos más de 30 años de militancia, en los últimos he sido, además, diputado en la Asamblea de Madrid. Como Más Madrid es un partido raro en el que hay más filósofos que juristas, he acabado siendo portavoz en la Comisión de Presidencia, Justicia y Administración Local.
Hace muchos años me di cuenta de que escribir las ideas que me rondaban la cabeza me ayudaba casi como terapia, me permitía ordenarlas e incluso a alguna gente le gustaba leerlas. De ahí surge este blog, que incluso tuvo algún premio.
También surge de ahí el libro que escribí, La alternativa republicana, que editó Catarata. E incluso un futuro libro que ya tiene título (“La derecha idiota”) pero al que le falta aún el texto; un poco como aquel “Puedo empezar”, de Fonollosa, inseparable de Albert Pla y Eugenio.
Últimamente también intento exponerlas en vídeos que cuelgo en tiktok, en youtube y donde se tercie.
Pertenezco con orgullo a la izquierda cuqui, verde clarito, progre, woke, globalista, buenista y urbanita.
Pues eso. Vale.
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