Blog de Hugo Martínez Abarca

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Al centro en coche

Genera hoy cierta sonrisa recordar que, a falta de argumentos sustantivos, los críticos con Madrid Central explicaron que había sido una medida improvisada. Daba igual que fuera el resultado de un proceso de dos años, de conversaciones, audiencias, alegaciones, reformas… Hoy, menos de un mes después de la elección de Almeida y su escolta, Begoña Villacís con los votos de Vox, el Ayuntamiento de Madrid vuelve a principios de siglo.

La chapuza que ponen en marcha PP, Ciudadanos y Vox es tal que desde hoy podemos ir en coche sin restricción alguna por la calle Huertas, por Embajadores, por la calle Mayor… Es decir, Almeida no sólo desmonta las medidas anti contaminación de Manuela Carmena sino incluso las de Ana Botella y Alberto Ruiz-Gallardón. La razón es comprensible: o bien se hacía una chapuza grosera como la barra libre al coche que comienza hoy o se tardaba bastantes meses en una nueva ordenanza elaborada según procedimiento, con alegaciones, debate, votación en pleno… Vamos, con los procedimientos de un ayuntamiento democrático.

¿Por qué Almeida y Villacís no se podían permitir eso? Porque habría sido imposible. Apenas unos meses de Madrid Central ya han convertido en absolutamente normal la lógica de que al centro de Madrid no se va en coche. De hecho la reducción del tráfico se ha expandido a toda la ciudad porque el efecto de la medida de Manuela Carmena es más pedagógico y cultural que normativo. ¿Se imagina alguien que hoy se quisiera quitar la norma que prohibe fumar en bares y restaurantes? Pues una chaladura parecida habría sido quitar Madrid Central tras un par de años de plena normalidad y mejora de la ciudad: han sido sólo unos meses y la movilización del sábado demuestra que los madrileños entendemos mucho mejor las medidas anti contaminación que la improvisación revanchista y sectaria de Almeida y Villacís. De hecho supongo que Almeida y Villacís cuentan con que, además de que en julio y agosto el tráfico es mucho menor, los madrileños estamos muy por delante de esta pareja y hemos incorporado ya a nuestra cultura de movilidad un mayor uso del transporte público pese al maltrato que sufre.

La aberración es tal que creo que la mejor movilización posible sería simular que nos tomamos en serio los disparates de PP, Ciudadanos y Vox. ¿Y si, en ejercicio de La Libertad (que es como nuestra derecha llama a la irracionalidad y a la ley de la selva), miles y miles de madrileños cogiéramos el coche un día concreto a las 19h y recorriéramos al tiempo la calle Mayor, la Gran Vía… o cualquiera de las calles que ahora se someterán al disparate aprobado?

Por supuesto que una movilización así no sería una alegre defensa de la «libertad» sino una constatación del colapso al que lleva la barbaridad que hoy comienza en Madrid. Pero igual lo mejor es, efectivamente, explicárselo con hechos.

Más Madrid… para empezar

Un vistazo rápido e irrelevante a los resultados de Más Madrid en el Ayuntamiento de Madrid nos dice que la candidatura de Manuela Carmena sacó básicamente los mismos votos que en 2015 (503.990 frente a 519.721) siendo primera fuerza en la ciudad y en 15 distritos; pero que el Ayuntamiento de Madrid puede acabar en manos de la derecha y la extrema derecha sobre todo porque la abstención que hubo en la derecha madrileña en mayo de 2015 no se ha producido ahora. En estos cuatro años hemos conseguido mantener pero no ampliar la transversalidad política que se consiguió en 2015 y tampoco hemos conseguido movilizar en los barrios populares. Por supuesto hay problemas compartidos en toda España con el resto de ayuntamientos del cambio que no han conseguido revalidar (sólo Cádiz, Zamora y Valencia se mantienen) pese a que el foco de Madrid y Barcelona deslumbre; pero a los madrileños, obviamente, nos toca pensar en nuestros fallos.

En la Comunidad de Madrid Más Madrid obtiene 20 escaños por más de 470.000 votos con una candidatura recién creada, sin partido organizado. Quien quisiera calcular el impacto en lo que hemos llamado el espacio del cambio político puede buscar encuestas que dieran en los últimos años 27 diputados a Unidos Podemos en Madrid: hace justo un año Podemos convocó unas primarias con listas de 25 diputados, expresión del tope que consideraba básciamente inalcanzable: ayer Más Madrid obtuvo 20 diputados, Podemos 5 e Izquierda Unida 2.

Decía que esto sería un vistazo “irrelevante” porque una de las razones para estar orgullosos de Más Madrid es la tristeza por la victoria de la alianza de Colón sin consolarse por los datos “partidistas”. Madrid, las familias madrileñas, sufrirán con los gobiernos de PP, Cs y Vox incluso aunque no hagan ni la mitad de insensateces que han anunciado en campaña electoral. Un bloque del odio, la corrupción y los recortes sociales augura retrocesos que sufrirán los más débiles por clase, edad, género, nacimiento u orientación sexual.

El principal dato para el día después que tenemos en Más Madrid son los mimbres tejidos durante esta campaña. Muchísima de la gente que se ha acercado a Más Madrid no había participado en otro partido político nunca. Como ejemplo: prácticamente la mitad de los apoderados no lo había sido nunca antes. El apoyo desde los balcones, haciendo llamadas, como apoderados… unido a los 19 concejales de la capital, los futuros vocales de distrito, los concejales de otros municipios y los 20 diputados autonómicos dan a entender que no podemos permitirnos desaprovechar estas condiciones y que toca organizarse bien.

Es imperativo huir de la cultura política que contempla la vida política como una partida de póker que se resuelve con trampas y muertes, una cultura que no es la que traen tantas personas ilusionadas y que no trae nada bueno a la política ni a la vida. Y que genera la destrucción en muy pocos años de las organizaciones que la adoptan, como estamos viendo: la democracia sin fraternidad acaba siendo una tiranía suicida. Que se queden esa copia cutre de la dialéctica amigo-enemigo quienes sean felices con sus tuits infames y sus declaraciones cínicas y tramposas. Si así son felices, que lo sean, pero que no esperen que nadie entre a provocación alguna.

En términos cuantitativos Madrid ha sido un oasis en el desplome en toda España del espacio político progresista ajeno al PSOE. Cuando nos enfriemos un poco podremos ver que Más Madrid ha cubierto y ensanchado un espacio abandonado política y moralmente. Podremos ver también que en toda Europa los partidos verdes han sido la gran respuesta democrática a la irrupción ultra y que el ecologismo está siendo junto al feminismo la gran respuesta emancipadora que tenemos los demócratas españoles hoy.

Tenemos tiempo: la avalancha electoral nos permite despejar el horizonte durante unos años, lo cual nos permite dedicar las próximas semanas a pensar en común, a leer, escribir, a hablar con gente de toda España que entienda la necesidad de mimar un espacio casi más moral que político que ha sido torturado pero por personajes que ya son mucho más irrelevantes que irresponsables. Tenemos tiempo para hablar, pensar y construir.

Decía ayer mi buen amigo Jorge Caplan que tenemos que sustituir el sentimiento de orfandad política por una fértil paternidad/maternidad política. Tenemos tiempo y no podemos esperar. A ello.

En marcha

Con el morbo que caracteriza todo lo que rodea los debates internos, ayer se esperaba el Consejo Ciudadano de Podemos como si fuera la boda roja de Juego de Tronos. Cámaras de todas las televisiones esperaban a ver sacar cadáveres descuartizados, promesas eternas de venganza y mil escenas trágicas más fruto del odio personal que de la propuesta política. Es una expectativa que se ha alimentado con mensajes viscerales y zafios muy concretos pero que finalmente no se dio.

Es evidente que ha habido bastante gente que estos días ha antepuesto el análisis político audaz a la conversión de la política en ese feudalismo cortesano y cínico que confunde la lealtad con mentir diciendo que el emperador va vestido con el traje más bello que se ha visto nunca. En el cuento de El traje nuevo del emperador, el más leal y valiente es el niño que denuncia la impostura, no los aduladores que permiten al emperador pasear desnudo y arruinarse estafado por los supuestos sastres. Tiene pinta de que, tanto en los días previos como ayer mismo, la razón política ha ganado fuerza frente a las espectaculares bodas rojas.

Estos días no nos hemos encontrado con lo mejor de la política. Causa bochorno que haya quienes apoyaban a Manuela Carmena hace un mes y ahora la coloquen al servicio del Mal y del Capital por la simple razón de no que no parecen haber conseguido que tal o cual persona vaya en su lista electoral. Es política muy pequeña (y ciertamente mezquina) apoyar operaciones municipales o atacarlas en función de si tu amigo va o no en la siguiente lista electoral. Y, desde luego, choca frontalmente con los impostados aspavientos contra los personalismos.

Esta mañana eldiario.es publica la primera encuesta tras el acuerdo entre Manuela e Íñigo suponiendo que Más Madrid presenta una candidatura, Podemos otra e IU-Madrid otra. Hace sólo dos semanas, justo antes del acuerdo, Telemadrid hacía otra encuesta. En estas dos semanas tan hostiles y pese a la confrontación ensimismada, ya hay una subida del espacio del cambio y un notable acercamiento de la posibilidad de un gobierno progresista en Madrid que detenga a la corrupción y el odio. Lejos del melodrama de estos días, desde el acuerdo entre Manuela e Íñigo estamos más cerca. Y es evidente que podemos(debemos) mejorar esas posibilidades.

Ayer no hubo boda roja. Tampoco hubo fumata blanca: por lo que dice hoy la prensa se debió de apostar por ir andando camino propio aplazando la decisión del encuentro con diferentes; eso, supongo, debemos hacer todos: ponernos a caminar hacia delante ya mismo, dejando de mirar al lado y mucho menos para dar codazos. El día de ayer debe ser el punto de inflexión para acabar con las telenovelas dramáticas y volver a la política.

Es hora de ponernos en marcha,  claramente dirigidos a cambiar por fin la Comunidad de Madrid y a seguir mejorando la ciudad de Madrid: una de las consecuencias claras de la encuesta de eldiario.es es que lo que tenga que suceder entre las distintas posiciones actuales es mucho menos importante que lo que tenemos ahí fuera. Tenemos que encontrarnos fundamentalmente con la ciudadanía que no puede entrar en la Paz porque está colapsada, que llega tarde al trabajo porque Metro no funciona, que tiene que llevar a sus hijos a colegios cuyas obras se retrasan un año más. Ni un drama interno más, que bastantes hay ahí fuera.

En marcha, sin perder un minuto.

Madrid, en serio

El lunes publicó Telemadrid una encuesta para el Ayuntamiento de Madrid previa al acuerdo entre Manuela Carmena e Íñigo Errejón. En ella Manuela Carmena sería la más votada pero la irrupción de Vox haría posible otro pacto de la vergüenza a la andaluza con Villacís y PP dado el flojo resultado del PSOE.

Una semana antes Telemadrid había publicado una encuesta realizada en las mismas fechas que arrojaba una suerte de cuádruple empate (cuatro puntos de diferencia entre los cuatro grandes partidos) que daba a Vox la posibilidad, de nuevo, de que el pacto de la vergüenza diera a Madrid cuatro años más de corrupción y odio.

Las dos encuestas dan una conclusión similar: es posible darle la vuelta a la partida si queremos que Madrid funcione, avance y no se ancle en ese pasado ruinoso y grasiento. Pero algo hay que hacer. Algo había que hacer. Tradicionalmente las fuerzas progresistas en Madrid se han dejado caer. No es que no ganaran, es que apenas competían y no pocas veces incluso llegaban a tener jugadores compitiendo en el equipo rival.

En las dos semanas posteriores a las encuestas ha habido dos golpes en la mesa que explican que sí, que hay partida, que esta vez se va a jugar a pleno rendimiento. El acuerdo entre Manuela Carmena e Íñigo Errejón pone la batalla electoral por Madrid en primera línea con una foto que cualquier analista electoral identificaría como un enorme acierto político. Y ayer por la noche el PSOE anunció que Pepu Hernández es su candidato al Ayuntamiento de Madrid.

Causa cierto pudor poner en un lado a Manuela Carmena, Íñigo Errejón, Ángel Gabilondo y Pepu Hernández y en el otro a Ayuso, Almeida, Villacís y Aguado. Y a estos últimos falta por unírseles algún Ortega Smith, o el matón con que nos quieran castigar a los madrileños. En todo caso es la diferencia entre un bloque que ha comprobado en el Ayuntamiento que Madrid puede avanzar y que merece la pena apostar muy fuerte y quienes siguen en la inercia de la chapuza, el mangoneo y la bendición del camión de la basura.

Hay los mimbres para ganar Madrid, para que nunca más se nos ponga como ejemplo de cutrez, saqueo y decrepitud. Sólo es necesario ponernos ya mismo a hablar de Madrid, a hacer propuestas para Madrid y a convencer a la ciudadanía madrileña de que no falte ni un voto en la urna, que nos estamos jugando el futuro.

Tenemos mimbres, lo que no tenemos es tiempo.

Villacís y las mentiras de corto recorrido

Si Manuela Carmena vuelve a ganar las elecciones de mayo, una parte importante del mérito habrá que dárselo a la oposición y muy especialmente a Begoña Villacís. Ayer se hizo añicos la penúltima de las mentiras que había difundido la candidata de Ciudadanos y con ella todo el tinglado de oposición a Manuela Carmena (el PP, el Gobierno de la Comunidad de Madrid, la propaganda mediática afín…).

villacísA finales de año se inventaron unos datos según los cuales Madrid Central había supuesto una pérdida económica para todo el comercio de Madrid Central. Que los datos eran inventados lo evidenciaba que un día era el 15%, al día siguiente el 20% y al otro nada porque estábamos ya con las uvas y el cava.

Ese invento se apoyaba en un supuesto estudio de un señor de una patronal difundido por ABC que pocos días después ya hablaba del 25% y de «pérdidas irrecuperables de hasta 50 millones de euros» y que, según confesión propia (tampoco tiene por qué ser sincera) consistía en haber preguntado a 150 personas.

Ayer salió un estudio un poco más riguroso: BBVA analizó 20 millones de datos de compras de tarjetas de crédito. Y el resultado demostró que el invento de la oposición político-mediático-empresarial era absolutamente mentiroso: el gasto en Navidad había aumentado un 8.6% en Madrid Central, más del doble que en el resto de la ciudad. El fomento de una movilidad moderna y sostenible no debe tener por objeto en general el aumento del consumo (aunque suele tenerlo, sólo hay que pasear por la calle Fuencarral de Madrid), pero el aumento del consumo es también un objetivo de toda política económica que desee, por ejemplo, que suba el empleo y los salarios (lo cual también hará que crezca el consumo).

Como las mentiras se pueden inventar rápido, el falso estudio del PPCs se puso en circulación a finales de diciembre: no tuvieron el decoro de esperar siquiera a reyes para que pareciera que realmente estaban estudiando el consumo navideño. Y esa es la base de la oposición que hemos sufrido los madrileños desde 2015: mentiras y chorradas que nos ocupen durante un par de semanas hasta que se nos ocurre la mentira o la chorrada siguiente.

Inauguró la racha la cabalgata de reyes de 2016 y la ha terminado Madrid Central, pero ha sido una constante de esta legislatura: el alarido insustancial que permitía a Begoña Villacís salir un ratito en la tele. A estas alturas ya sólo produce algo de cansancio y bastante risa. Lo mejor que nos puede ocurrir de aquí a mayo es que Begoña Villacís y quienes corean sus eslóganes aparezcan mucho en la tele: como pasó con Esperanza Aguirre cuando en 2015 salía todos los días a advertirnos contra los soviets de distrito que traería Manuela Carmena. El anuncio de caos y destrucción ya no dice nada del ayuntamiento sino sólo de esta triste oposición que quiere recuperar el Ayuntamiento para los tinglados que la arruinaron y la paralizaron en el pasado.

Hacer lo que hay que hacer

Mariano Rajoy hizo de la obviedad un arte. Su “no es cosa menor o dicho de otra forma: es cosa mayor”, su inolvidable “un vaso es un vaso y un plato es un plato” formarán para siempre parte de nuestra formación intelectual como expresiones tardías de la teoría de la verdad de Tarski (esa que nos explica que la frase “la nieve es blanca” es verdad si la nieve es blanca).

A veces las aparentes obviedades no son tales: sucede con Tarski pero también con Mariano Rajoy. Cuando Rajoy dijo que en política “hay que hacer lo que hay que hacer” no dijo ninguna obviedad, porque es rarísimo que en política se haga lo que hay que hacer. En política somos hijos de mil presiones, algunas sin duda ilegítimas, otras perfectamente normales como el qué dirán, los sentimientos personales, la presión de compañeros y amigos, o muchas veces la mera inercia que pesa como una losa.

Cuando en 2014 nació Podemos muchos sabíamos que eso era lo que había que hacer. No había poca gente que venía debatiendo desde hace tiempo cómo refundar el espacio político que encarnaba el 15M. Pero lo hicieron unos pocos que pronto se convirtieron en muchos. Fundaron Podemos. Rompieron todas las inercias de la izquierda de la que ellos mismos venían, se enfrentaron a críticas e insultos, eran títeres de los medios de comunicación que los aupaban porque eran inofensivos, un invento del IBEX, lo hacían por pillar un escaño, en realidad eran de derechas. Se dijeron muchas barbaridades. Y todas eran falsas. Y además el ruido que generaban en los espacios militantes era proporcional al sopor que generaban en la infinita mayoría de la ciudadanía.

Hicieron lo que había que hacer y eso en política a veces es heroico. Entonces, sin duda, lo fue.

El miércoles pasado cualquier analista o dirigente de Podemos que hubiera debatido sobre qué hay que hacer en la Comunidad de Madrid para evitar que siga gobernando el partido orgánico de la Púnica, la Lezo, el Tamayazo con los fanáticos amamantados en los chiringuitos de Esperanza Aguirre hubiera dado una receta evidente: hacer un tándem entre Manuela Carmena e Íñigo Errejón y proponer para la Comunidad de Madrid un espacio de encuentro entre muchos, como en la Comunidad de Madrid; y, de paso, si se podía facilitar la vida a los votantes (muchísimos de los cuales llegan a los colegios electorales confusos, como sabemos quienes hemos sido interventores o apoderados) explicitando ese tándem con un mismo nombre de candidatura, mucho mejor. De hecho, cuando se anunció el jueves todo fueron sorpresas y aplausos, pero no hubo críticas relevantes hasta el comunicado de última hora de la tarde. Porque no había mucho que reprochar fuera de las lógicas de aparato interno de partido político.

Eso era lo que había que hacer. Pero en política hacer lo que hay que hacer no siempre es fácil porque siempre hay enormes resistencias (unas legítimas y honestas; otras no tanto) a girar el timón cuando es necesario. Y ahora era más que necesario. Cualquier analista es consciente del camino hacia el que nos hubiera conducido la comodidad de la inercia.

Ayer Íñigo Errejón tuvo mucho tiempo para explicar su propuesta, la que hace a la ciudadanía madrileña de la mano de Manuela Carmena. Estuvo cerca de dos horas respondiendo a preguntas (algunas muy incómodas, por supuesto) en La Sexta. Estoy convencido de que supuso un punto de inflexión porque resultó demasiado obvio que esto era lo que había que hacer y que frente al politiqueo está la Política, que quien en vez de pensar en la lógica de un aparato partidista preocupado por el poder interno piense en cómo evitar entregar Madrid al tripartito de la corrupción, el odio y el saqueo tiene razones sobradas para sentarse a sumar y dejar de fabricar artificialmente un incendio, otro más. Estos días ha habido quien ha exhibido obscenamente su desinterés por el éxito político del Madrid democrático y honesto y con esa exhibición también responden a por qué un acuerdo objetivamente positivo tuvo que gestionarse con tanta discreción.

Manuela Carmena e Íñigo Errejón han sido, de nuevo, valientes y generosos con la ciudadanía de Madrid haciendo lo que había que hacer. Hay varios indicadores alejados del ruido politiquero que nos prueban que desde el jueves Más Madrid se ha convertido en la esperanza de muchos madrileños menos interesados en los vodeviles palaciegos que en echar a quienes han robado de sus hospitales, de los colegios de sus hijos, de su recibo del agua… y poner la Comunidad de Madrid a funcionar de una vez.

Pasados los días de la sorpresa la situación se tendrá que aclarar rápidamente. Es importante sumar, juntarnos, hablar de política, de cómo desalojar a la mafia de la Comunidad y seguir modernizando la ciudad de Madrid y tantas otras ciudades y pueblos. Y, sobre todo, urge dejar de hacer un ruido tan antiguo cargado de adjetivos triviales y rancios que dicen mucho de quien los usa y muy poco de sus destinatarios. El enemigo es quien quiere robarnos los servicios públicos, los derechos sociales, las libertades civiles. Y contra ellos vamos.

El PP da Madrid por perdida

Son muy reveladoras las portadas del entorno mediático del PP para entender el desánimo de la derecha con los candidatos señalados por el dedo de Pablo Casado para Madrid. La Razón explica que «Casado desoye a los que pedían un golpe de efecto y apuesta por leales«; ABC define a Díaz Ayuso como «figura del partido» cuyo objetivo es «retener la Comunidad» y a Martínez Almeida como «el líder de la oposición municipal para frenar el efecto Carmena».

No tienen mucho entusiasmo que ofrecer. Retener el poder que se les escapa, frenar el apoyo popular a una alcaldesa, y para ello dos personas de partido cuyo gran mérito político, ético e intelectual es la adhesión inquebrantable al Jefe, Jefe, Jefe.

La designación de Almeida, un hombre que sigue siendo desconocido para casi todos los madrileños tras haber sustituido a la fugada Esperanza Aguirre durante media legislatura, revela probablemente un aluvión de negativas a enfrentarse a Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid. No tienen más: más allá de su histriónica oposición a Manuela Carmena, son conscientes de que sólo pueden volver a destrozar la capital si la gente no va a votar (como en Andalucía). No han encontrado nada mejor frente al asumido «efecto Carmena» (ABC dixit).

La candidatura de Díaz Ayuso es una muestra del fracaso del PP en la Comunidad de Madrid. En los últimos ocho años el PP de Madrid ha tenido que poner cuatro presidentes distintos. El PP nos pide que asumamos a una quinta tras Esperanza Aguirre, Ignacio González, Cristina Cifuentes y el purgado Ángel Garrido. Los tres primeros acosados por la corrupción, el fraude, la mentira y los juzgados. El único que no ha tenido problemas conocidos de corrupción (y a quien siempre he reconocido públicamente que hizo cambios positivos -no tenía el listón alto- cuando presidió el Canal de Isabel II) no era suficientemente ultra para Pablo Casado y tenía el pecado de haber apoyado a Cospedal antes que a Casado.

En eso Ayuso ha sido mucho más lista: su oportunismo le llevó a ser la más aguirrista de la clase, la mano de Cifuentes en la Asamblea de Madrid y ahora la más casadista del PP. Del mismo modo que en los años del tamayazo fue la estudiante de la Complutense más afín a Dionisio Ramos. En estas semanas navideñas las televisiones dieron a conocer a Ayuso como la portavoz fanática de este PP ultra, sin complejos. Pero su biografía política muestra que no es fanática sino mercenaria, de lo que carece no es de complejos sino de principios.

Casado da por perdida Madrid. Sus designaciones sólo son comprensibles en clave de política interna de partido: leales al Jefe que reconstruyan una organización corrupta y atraigan a votantes de extrema derecha. No son designaciones para gobernar Madrid sino para gobernar el PP de Madrid.

Le toca a la ciudadanía madrileña, nos toca a todos, recuperar la Comunidad para que junto con el Ayuntamiento demos la espalda a ocho años de sectarismo, mangoneo y desgobierno y pongamos nuestra sanidad, nuestra educación, nuestro metro… nuestra Comunidad a funcionar de la mano de los ayuntamientos.

Manuela tiene luz

Ayer el Ayuntamiento de Madrid invitó a la prensa que sigue la política municipal a la típica copa de navidad previa a las vacaciones. A la hora convenida Manuela Carmena tomó el micrófono y comentó que todo muy bien pero que ahí había un chaval alto con un jersey blanco y que pasara. Era David Broncano, que venía acompañado de Quequé e Ignatius Farray y empezó un monólogo sobre el Ayuntamiento (no mencionó las mochillos, pero sí se quejó de que los usuarios de BiciMad no tuviéramos licencia para generar el caos).

A los pocos segundos de empezar el monólogo, Manuela le arrebató el micrófonoy contestaba a sus bromas con otras bromas sin las cadenas de lo políticamente correcto y con una intuición cómica que llevó enseguida a Broncano a anunciar que había nacido un dúo cómico (¿y por qué no político? ¿no querría Broncano ejecutar sus tesis para el caos y la destrucción urbana?).

Broncano no escatimó temas: según Forocoches a Echenique le pone Manuela («pues mira qué bien, porque a mi edad hay que ser agradecida«) y no deben preocuparse porque morirá pronto («yo es que tengo doble personalidad, como alcaldesa y como ciudadana: como ciudadana, francamente, me importa un pito«) y lo que le fueran echando.  Enseguida tuvieron que sacar un micrófono más para que Manuela tuviera el suyo y dejara de quitárselo a Broncano.

Al empezar muchos nos preguntábamos si estaba ensayado. Al terminar lo que comentábamos es que por muchas de las bromas que había hecho Manuela a cualquier político lo habrían crucificado: en primer lugar sus asesores, que no le habrían consentido salirse del corsé de un argumentario y hasta habrían ensayado la sonrisa forzada para los momentos incómodos del monólogo (¡nunca diálogo y menos improvisado!) de Broncano. 

Pero Manuela tiene luz, una luz que muy poca gente tiene. Y tiene el coraje de mostrar esa luz sin transmitir un ápice de arrogancia.

A principios de legislatura, a la salida de una conferencia de Manuela Carmena, contemplé una conversación entre una lenguaraz portavoz de la oposición municipal y otra persona de su partido: «¿Ves cómo es totalmente distinta? ¡No tiene nada que ver con los otros!». Los otros éramos nosotros, las hordas podemitas, que no valemos pa na: qué se le va a hacer, no le gustamos a la buena mujer. 

Frente a la luz de Manuela (y los cambios en la ciudad, la gestión de su equipo) la oposición ha apostado también por la comedia, pero por una comedia del landismo más triste: del no te lo perdonaré jamás, manuela carmena tras una cabalgata de Reyes al Apocalipsis de Schrödinger en Madrid Central.

¿Por qué Madrid es la única ciudad en la que la mayoría de los partidos no tiene candidato para las elecciones de mayo? Porque es dificilísimo encontrar a quien haga un poquito de sombra a tanta luz.

¡Funciona!

La estrategia de llamar populista a todo el que hiciera una propuesta decente, democrática, más justa y equitativa quería transmitirnos un mensaje: «todo eso es muy bonito, pero al final no salen los números». Era una nueva forma de transmitir el mensaje machacón de los últimos 40 años de desmantelamiento mundial de los derechos sociales y democráticos: There is no alternative, No hay alternativa. Como en los últimos años se demostró con una crisis monumental que las políticas de recortes y destrucción de lo público eran un fracaso, que si había algo que no era una alternativa eran sus políticas, nos explicaron que la nuestra era el caos, los soviets de distrito, la cochofobia, Caracas, hambre, destrucción y cabalgatas de Reyes Magos. Y, además, nos fueron explicando que somos igual de corruptos que ellos, faltaría más.

Ayer presentaron Manuela Carmena y Jorge García Castaño (concejal de Hacienda del Ayuntamiento de Madrid y un compañero y amigo por el que sentirme tan orgulloso) los últimos presupuestos de esta legislatura. Y lo hizo con unos números y unos resultados para que los madrileños vivan mejor espectaculares. Han sido muchísimos los palos en la rueda contra este Ayuntamiento. Montoro intentó asfixiarlo, entre la Fundación Francisco Franco, el Partido Popular y otras organizaciones del entorno, han intentado parar en los tribunales desde la democratización del callejero a todas las obras que van a llevar a los barrios polideportivos, piscinas, zonas infantiles

Pero no lo han conseguido. Hoy cualquier madrileño tiene la conciencia de que el Ayuntamiento ha realizado innumerables actuaciones para mejorar los barrios, la vida de las familias. No hay una gran obra en el Madrid de Manuela Carmena. En esta legislatura los madrileños no hemos enterrado una autopista para que paguen hasta nuestros nietos y cobren hasta los tataranietos de los constructores amigos. No hay una gran obra en el Madrid de Manuela Carmena. Pero para atacar su gestión un diario conservador la acusaba hace unos días de febril: es decir, la crítica era la cantidad de cosas que está haciendo el Ayuntamiento. Y, sin duda, a los madrileños nos gustaría que la fiebre fuera aún más alta. A veces olvidamos que en 2015 Madrid llevaba años sin siquiera una operación asfalto: la ruina de la ciudad se traducía, entre otras cosas, en baches y rajas en nuestras calles que hoy van recuperándose. Por cierto, aquel abandono de las calzadas sí que era cochofobia.

La memoria a veces es corta, pero la comparación con la Comunidad de Madrid nos refresca siempre la diferencia. No, nadie acusará al gobierno de la Comunidad de Madrid (PP-Ciudadanos) de febril. Lo único que recordaremos de esta agonía asistida del PP en la Comunidad de Madrid es el bochorno de la salida de Cristina Cifuentes. Tan desaparecida está la Comunidad que no son pocos los madrileños que se olvidan de su existencia y piden a Manuela Carmena que arregle los destrozos del PP-Cs (¿cuántos madrileños siguen pidiendo al Ayuntamiento que arregle el desastre de Metro sin saber que sólo es competencia de la Comunidad?).  Una evidencia: en 2019 el Ayuntamiento de Madrid habrá hecho 13 escuelas infantiles nuevas; la Comunidad de Madrid (que es la que tiene la obligación de hacerlas) ninguna. Eso es ayudar (o no) a las familias madrileñas.

Lo impresionante es que hacer cosas es más eficiente: mientras la Comunidad de Madrid no para de aumentar la deuda pública, el Ayuntamiento ha reducido la monstruosa deuda que dejaron Gallardón y Botella a la mitad. No, no era populismo: era democracia, cercanía y eficacia. Era pensar en el bien común en vez de en la financiación del partido y el relleno de sobres. Era dejar que Madrid volviera a ser una ciudad viva y moderna. Y, qué raro, funciona. Por el camino, Madrid va de la mano de Copenhague, Berlín, París, Londres, Amsterdam… en políticas de movilidad mientras el PP (político-mediático) nos quiere anclar en algo mucho más parecido a su obsesiva Caracas.

Sin duda el mayor error de esta legislatura ha sido no ser conscientes de que el PP (en sentido amplio) odia a Madrid (como a España) hasta el punto de intentar paralizarla, joder a los madrileños hasta que le devuelvan la llave de la caja fuerte, que tan bien han exprimido siempre. Ha sido un aprendizaje duro que ralentizó el comienzo de la legislatura. Por eso y por tantos años de destrozo queda tanto por hacer.

Pero la evidencia ya está aquí y es una lección también para administraciones autonómicas y nacional. Funciona. A lo mejor era cierto que No hay alternativa: No hay alternativa a los gobiernos decentes, equitativos y democráticos que hoy están haciendo funcionar las ciudades que ellos destrozaron.

Quered un poco a Madrid, quered un poco a Podemos

No. Las primarias que se han convocado en Podemos para elegir la lista que participará en las primarias que se convocarán en la plataforma que concurrirá a las elecciones municipales en Madrid no son «las primarias que dan la palabra a los inscritos porque en Podemos decide la gente«. No. Esta convocatoria tan incomprensible para cualquier persona que no pase las 24h mirando el ombligo de una organización política es simplemente un instrumento tacticista (con sus truquitos, normas ad hoc y fotos de colores) para presionar a Manuela Carmena.

Tras meses pidiéndoselo todo el mundo, cargos políticos, concejales, pero sobre todo miles y miles de ciudadanos de Madrid (y no sólo de Madrid), Manuela Carmena aceptó volver a ser candidata en 2019. Es un acto de generosidad mayúsculo en una persona mayor que bien podría querer descansar y disfrutar de su familia de una vez, que bien merecido lo tendría.  Cuando Manuela Carmena aceptó, explicó públicamente que una de las razones era que contaba con los concejales que han contribuido al mejor equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid desde Tierno. Ayer mismo Manuela Carmena especificó que Rita, Jorge, Paco, Esther, Marta y José Manuel eran, obviamente, parte de ese equipo con el que cuenta.

No, no eran unas primarias para que decidiera la gente. Eran la forma de coger a una parte sustantiva del equipo de Manuela Carmena como rehén: si quieres a tu equipo te tienes que tragar el mío. De hecho ni en 2015 Podemos planteó unas primarias propias previas a las de Ahora Madrid ni en 2019 las va a plantear en otras ciudades donde no se quiere echar este pulso a la alcaldesa: nada que ver con ningún supuesto ADN. Los concejales (de las diversas corrientes internas, esto no va de eso) que llevan cuatro años dejándose la vida por la ciudad de Madrid (sus amigos somos muy conscientes) decidieron el domingo por la noche que no estaban dispuestos a dejarse usar en esos términos. Y ayer la dirección madrileña de Podemos decidió primero filtrar a la prensa y luego aprobar la suspensión de militancia a los principales cargos públicos que tiene su partido (la portavoz de la capital de España, el concejal de Hacienda de la capital de España, el concejal de urbanismo de la capital de España… chorradas) mediante una resolución condicional («si finalmente la intención pública manifestada de concurrir en las listas electorales sin haber sido elegidos en el proceso de primarias de Podemos no se concreta, la suspensión se anulará inmediatamente«) no ya incompatible con el valor revolucionario de la fraternidad (¡ay!) sino con los más triviales principios liberales y democráticos.

Flaco favor a Madrid, flaco favor a Manuela Carmena. Pero además, un suicidio para Podemos. No sólo porque un recorrido tan grotesco con una meta tan inaudita no es precisamente una ayuda para revalidar el gobierno de la capital de España. También porque contribuye a esa dinámica de poda interna que ha ido sustituyendo el fenomenal ejemplo de inteligencia colectiva por una extraña cultura de obediencia ciega y tacticismo interno, que usa mecanismos nominalmente democráticos para implantar la aquiescencia, que sustituye la inteligente militancia líquida de los orígenes por una férrea disciplina impropia siquiera de otros partidos. Pero sobre todo porque con esta automutilación, si es que finalmente se mantiene, Podemos se está quedando como una parte importante, pero cada vez con menos peso, del bloque del cambio que se manifiesta en toda España de mil formas; en algún momento habrá que repensarse como bloque y no parece tampoco brillante llegar a esa situación empequeñecidos por voluntad propia.

Quiero pensar que imperará la cordura y que los disparates se revertirán. Que alguien aprenderá que la inteligencia y la audacia (y su consecuencia: la flexibilidad intelectual) con las que nació Podemos están en las antípodas de lo que manifiestan decisiones como la de anoche, que pone un punto y seguido a todo este disparatado proceso. Quered un poco a Madrid, quered un poco a Podemos, quered un poco a nuestro pueblo. Evitad este desastre… para todos.

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