Quien Mucho Abarca: Quien Mucho Abarca

Make Europe great again: artículo que publicamos Luis Alegre y yo en La Mirada Común

Probablemente el debate más importante que debemos tener en 2018 es sobre Europa y sus implicaciones en cuanto a pérdida de soberanía nacional y la lucha por la democracia.

Sobre ese debate hemos querido hacer una aportación Luis Alegre y yo, que hemos escrito este artículo que podéis leer en La Mirada Común.

Espero que os interese y que ayude al debate.

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El amigo saudí

No sabemos casi nada de Arabia Saudí. Muy de vez en cuando se filtra un vídeo de una persona recibiendo latigazos en plena calle o nos enteramos de pasada de que algún periodista está condenado a muerte sin tener muy claro si lo han matado ya o no. Arabia Saudí no tiene nada que envidiar a Corea del Norte en opacidad, la diferencia está en que de Arabia Saudí no nos enteramos siquiera de lo opaca que es. Pero lo poco que sabemos permite entender que no hay en el mundo un Estado más criminal y sanguinario, más antidemocrático, desigual y machista que Arabia Saudí sin que aparezca en nuestros informativos hasta que cometen uno de sus crímenes habituales en una embajada suya en Estambul: hay que tener una inmensa sensación de impunidad internacional para permitirse descuartizar vivo a un opositor en una embajada en el extranjero.

Sin embargo Arabia Saudí no está entre nuestras preocupaciones informativas. Si saliéramos a la calle a preguntar el nombre de alguna dictadura probablemente mucha gente diría Venezuela y muy poca o ninguna se acordaría de Arabia Saudí salvo, quizás, estos días por el impacto del asesinato de Kashoggi. No tuvo ninguna repercusión la ocupación de Barheim para reprimir a la población civil que se estaba manifestando por sus libertades como apenas se recuerda (salvo cuando a una ministra se le escapa que hay un conflicto moral con la venta de armas) que llevan tiempo bombardeando a la población yemení. Cuando ha sido conveniente hemos tenido alguna noticia sobre la discriminación contra las mujeres y los homosexuales en Afganistán, en Irán… en Arabia Saudí esa discriminación suele ser noticia sólo para comunicar algún timidísimo avance (¡han permitido a las mujeres conducir!). Hay disidentes famosos de varios de los países cuyos gobiernos no nos gustan. ¿Alguien sabe el nombre de algún opositor a la dictadura saudí? ¿Por qué no son habituales de nuestros medios? ¿Por qué ninguno tiene un blog ni tuitea en varios idiomas como otras famosas opositoras? ¿Por qué el gobierno autonómico madrileño puso una pancarta con la foto de un opositor venezolano detenido y ni se le ocurre hacer lo mismo con un periodista saudí descuartizado vivo? Más bien al revés: quienes se pasean por la costa malagueña no son los disidentes saudíes, son sus asesinos. Ante otras dictaduras ha habido discursos feroces que han pedido bombardear el país o incluso finalmente lo han hecho. ¿Por qué ninguno de quienes suelen solucionar las cosas a bombazos piensa siquiera en sanciones diplomáticas ni económicas contra Arabia Saudí?

Es obvio que el papel geopolítico de Arabia Saudí hace que “sea nuestro hijo de puta“. Además, es existe un legítimo conflicto moral cuya resolución no es simple cuando algunos de los acuerdos comerciales con Arabia Saudí generan empleo (el trabajo también es un derecho fundamental y no está nuestra industria especialmente vigorosa) aún sabiendo que ese acuerdo comercial supone la entrega de armas que servirán a la dictadura para sus crímenes.

Pero también estaría bien poder investigar los intereses espurios que puedan estar condicionando nuestra política exterior y económica. Cuando Jesús Cacho contó cómo Juan Carlos I cobraba comisiones por cada barril de petróleo importado de Arabia Saudí, explicaba que el gobierno tuvo que renunciar desde los años 70 a comprar petróleo más barato porque se anteponía el negocio corrupto de nuestro monarca a los intereses de todos los españoles en plena crisis del petróleo. Cuando Corinna Zu-Sayn Wittgenstein cuenta que Juan Carlos I se llevaba comisiones por la construcción del AVE en Arabia Saudí está contando que nuestra relación con la dictadura sigue condicionada por los negocios corruptos del monarca y de los mismos constructores que rellenaron los sobres del PP. Cuando nada más ser coronado Felipe VI se va de viaje con grandes empresarios a Arabia Saudí para que sigan haciendo allí negocio (sin que ello genere empleo relevante en España) da una pista de que la cosa no ha cambiado tanto.

No se puede ser ingenuo. Un país no puede romper relaciones internacionales con todos los Estados que incumplen los derechos humanos. Pero con Arabia Saudí hay algo más: hay un grado de hipocresía monumental que llega a ser complicidad con una dictadura a la que ningún país supera en criminalidad.

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Pablo Casado, el feloncito

Hay palabras en castellano que ya sólo se usan en un concretísimo contexto. Una es ‘felón‘ que sólo se usa para hablar de Fernando VII, el rey felón. Según el diccionario ‘felón‘ es quien realiza una deslealtad, una traición, una acción fea… pero en mal. La traición y la deslealtad no pocas veces es la acusación a quien piensa por si mismo, a quien no es sumiso, a quien actúa con criterio propio: a quienes así actúan muchas veces les acusa de traidores quien quería obediencia y sometimiento y no lo encuentra. La felonía no, no hay por dónde coger la felonía; la felonía la comete un tipo que es un mierda. Fernando VII se ganó su simbiosis con la palabra ‘felón’ por irse a Francia a pactar la ocupación de España, el país del que era rey, para evitar la libertad del mismo e invadirlo por una potencia extranjera sin más provecho propio que someter al país que se le podía rebelar: seguramente para él los españoles fueran unos traidores a su regia figura, por eso él decidió colaborar en su sumisión aunque ni siquiera a él le trajera gran beneficio.

Pablo Casado está difundiendo su voluntad de ir a Bruselas a emular a Fernando VII. Pero Pablo Casado no merece el calificativo de felón. Le queda grande.

Dice que va a Bruselas para que la Comisión Europea someta al Congreso de los Diputados, esto es, que la representación de la soberanía nacional no pueda aprobar los presupuestos nacionales porque lo impiden las potencias extranjeras. Recordemos esto la próxima vez que Pablo Casado hable de Cataluña y diga que la soberanía nacional no se negocia. Pablo Casado, como Albert Rivera, tienen perfecto derecho a oponerse a los presupuestos, buscar aliados parlamentarios, movilizarse si encuentran españoles dispuestos y, en última instancia, decir que son un desastre y usarlo para las próximas elecciones generales; pueden incluso recurrirlos al Tribunal Constitucional. Pero lo que están intentando es un ataque ilegal a la democracia (impedir en la Mesa del Congreso que el Pleno del Congreso pueda siquiera debatir los presupuestos) y un ataque injusto a la soberanía nacional (intentar que desde fuera de España se impida a España dotarse de unos presupuestos absolutamente legítimos).

Sin embargo, Pablo Casado no va a Bruselas a tumbar los presupuestos. Su anunciada felonía no es más que otro episodio de su reiterada búsqueda de titulares haciendo el ridículo. Casado va a Bruselas porque todos los dirigentes de partidos populares tienen reuniones en Bruselas estos días. Volverá fotos con sus compañeros, Merkel y Viktor Orban. Y nadie le hará mucho caso. En medio de la negociación del Brexit y el reto de Italia, que Portugal y España hagan de Iberia la punta de lanza de la recuperación de las políticas sociales, la recuperación de los derechos y la expansión económica es un problema menor incluso para los más rígidos burócratas neoliberales de la UE.

Pablo Casado intenta ser un feloncito, Un impotente que hace como que quiere traicionar a su país cuando lo único que busca es casito, como cuando hace el ridículo hablando de la Hispanidad o de la eutanasia. No, no es un rey traidor que vaya a conseguir que ocupen a su país para impedir que prospere dándole la espalda. Ya quisiera. Es mucho más patético que eso Pablo Casado, el feloncito.

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¿Es legal no ser monárquico?

Hace unos días el Parlament de Catalunya votó una resolución política sin efectos jurídicos en la que el Parlament constataba que la mayoría de los representantes de Catalunya no están de acuerdo con la monarquía, institución que considera “antidemocrática y caduca” (difícilmente cuestionable lo primero, opinión legítima y aparentemente razonable lo segundo). No tiene valor jurídico del mismo modo el PP quiere que el Senado apruebe una resolución monárquica igualmente legítima y con idéntico valor: puramente declarativa pero legítima.

Lo bochornoso ha sido la reacción de los medios cortesanos indignados con el hecho de que el Parlament pueda opinar sobre la monarquía. O más bien, que pueda opinar contra la monarquía. Las instituciones de nuestro país están obligadas a estar presididas por retratos del rey, pero tienen prohibido, nos quieren decir, debatir sobre el rey, sólo pueden adularlo. Finalmente, en un giro cortesano patético, el PSOE ha anunciado que el gobierno recurrirá ante el Tribunal Constitucional esa declaración política intentando así que el Constitucional sentencie que el Parlament no puede pensar lo que piensa.

Si algo vertebra el régimen del 78 es, desde su origen y por lo que se ve hasta su final, no tanto la monarquía en sí misma como la imposición de la monarquía. En las elecciones de 1977, que luego fueron constituyentes, se prohibió que se presentaran partidos que siguieran siendo expresamente republicanos. Para legalizar al Partido Comunista de España se le exigió que asumiera simbólica e institucionalmente que la monarquía no era cuestionable; el partido de Manuel Azaña, Izquierda Republicana, no fue legalizado; se dio incluso la paradoja de que tras recibir con gran boato a Tarradellas su partido, Esquerra Republicana de Catalunya, seguía siendo ilegal no por independentista sino por republicano y tuvo que presentarse escondido en otras siglas que no mencionaran la forma democrática del Estado. El recurso al Tribunal Constitucional pretende mantener vigente una mordaza antidemocrática: los españoles y las instituciones que nos representan deben poder ser libremente republicanos como pueden estar en contra de los aforamientos o de la disposición adicional cuarta, faltaría más. Lo que el PSOE pretende, empujado por la furia cortesana, es prohibir una opinión, porque nada más que una opinión es lo que se ha expresado en el Parlament.

No parece buen negocio para el PSOE atarse a la pata cortesana si quiere recuperar voto joven. El CIS no pregunta por la monarquía desde 2015, ya con Felipe VI. Entonces sólo aprobó entre los mayores de 65. Y en todos los cortes de edad de menores de 65 más de un 25% le daba a la monarquía entre un 0 y un 1 sobre 10. En los menores de 35 años la monarquía estaba por debajo del 3,8 sobre 10 de nota media. Ni siquiera por cobardía es rentable ser cortesano en 2018: gota a gota los españoles van compartiendo que es una institución antidemocrática y caduca.

Está representando mejor esta vez la opinión de los españoles el Parlament de Catalunya que el Gobierno de España. Podrán prohibir que se diga; pero no pueden detener lo que cada vez más gente piensa.

 

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Se puede hablar bien de España sin parecer gilipollas

No somos conscientes a veces de que un pueblo milenario y una nación centenaria ha hecho tanto por toda la humanidad. ¿Qué otro país puede decir que un nuevo mundo fue descubierto por ellos? (…)La Hispanidad es el momento (sic) más brillante de la humanidad porque nunca antes había conseguido trasladar la cultura, la historia, la religión a tantos sitios a la vez“.

Se supone que Pablo Casado quería hacer un discurso de enaltecimiento patriótico, ahora que hay una disputa en la derecha española por liderar el torrentismo. Y le salió así de anacrónico, de ridículo, de infantil e iletrado a partir de “la Hispanidad”, a la que resignificó hasta el punto de hablar de ella como de un hito o un momento (¿?): probablemente se refería al Descubrimiento de América pero le salió así para añadir comicidad.

Hay mimbres de sobra para hablar bien de España. De su Historia, de la Historia de los pueblos que habitaron lo que hoy es España y de muchos aspectos presentes de nuestro pueblo sin necesidad de caer en un patetismo sonrojante.

Sería muy constructivo reivindicar a filósofos, científicos y sabios musulmanes, judíos y cristianos y tomar como ejemplo oportunísimo la convivencia simbolizada en Toledo que hubo a veces entre las distintas culturas y religiones en los reinos ibéricos medievales.

Tenemos en nuestra Historia un “siglo de oro” que conocer y del que presumir, un Cervantes del que empaparse más allá que como marca comercial, una generación del 27, un Lorca, un Machado, un Juan Gris, un Picasso… Tenemos científicos que se rebelaron contra la miopía histórica de nuestras élites, tenemos al tipo que ganó un Nobel de Medicina por descubrir las neuronas. Tenemos hasta políticos que hace siglo y medio prefirieron dimitir antes que firmar una pena de muerte. Somos uno de los primeros países en el que se reconoció el derecho al voto universal, también a las mujeres. Hemos sido vanguardia de la expansión de los derechos de la comunidad LGTB cuando nos contaban que en nuestro ADN nacional estaba el machismo y el odio. Nuestro pueblo ha estado numerosas veces en la calle en defensa de la paz, en contra de las guerras.

Podemos recordar la dignidad exhibida en varios levantamientos populares, desde la revuelta de los comuneros al 2 de mayo, llegando a la resistencia antifascista tras el golpe de Estado de 1936 y durante toda la dictadura. Somos el país que protagonizó el mayor ejemplo de solidaridad internacional que se recuerda cuando miles de ciudadanos de todo el mundo vinieron a España a defender un régimen constitucional frente a los fascismos europeos. Eran españoles los primeros héroes que entraron en París en su liberación de la ocupación nazi y todos los años Francia lo agradece emocionada.

Podemos presumir también de nuestro presente, de la dignidad del 15M, cuando catalanes, madrileños, castellanos, andaluces, vascos… nos pusimos en pie para defender nuestra democracia y nuestros derechos; podemos presumir de cómo el Orgullo Gay fue en España un movimiento absolutamente masivo hace ya varios lustros y del vigor del movimiento feminista cuyas movilizaciones están en primera línea mundial. Nuestro pueblo ha conseguido, pese a los intentos actuales de los canallas, que no haya una respuesta xenófoba e intransigente a la crisis económica, los recortes y el saqueo sino que, a diferencia de tantos países, la respuesta ha sido un movimiento en defensa de la democracia, la decencia, los derechos sociales… la libertad, la igualdad y la fraternidad, vaya. Hay miles de científicos y jóvenes (y no tan jóvenes) participando en investigaciones punteras en todo el mundo y evidenciando que la España de cerrado y sacristía ya sólo existe en las ensoñaciones de Pablo Casado.

Claro que se puede hablar bien de España sin parecer gilipollas. Pero para eso habría que hablar de una España emancipada, libre, demócrata, honesta, inteligente, rebelde, fraterna, exigente… y esa es exactamente la España contra la que siempre han luchado los Pablo Casado de nuestra Historia.

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¿Presos políticos? ¡Presos injustos!

Andan distintos medios de comunicación anticipando las peticiones de pena que hará la fiscalía para los dirigentes políticos del Procés. Quince, veinte años de prisión por delitos de rebelión… Así que ahora recuperaremos el debate sobre cómo llamar a estos presos y de los huidos. ¿Son presos políticos? ¿Son exiliados?

En España hemos usado la palabra “exilio” con generosidad: basta buscar en google la expresión “rey en el exilio” para encontrar que lo hemos usado básicamente para cualquier disconforme político que no está en su país, incluso ex dictadores de países que han recuperado la democracia. Sin embargo, nos negamos a usar la palabra exilio para personas que no son extraditadas a España porque los jueces de distintos países europeos consideran que las acusaciones de rebelión son un disparate (provocado por motivos políticos). No hay un sólo país cuya justicia haya entregado a los dirigentes catalanes a España y no sólo porque éstos hayan elegido los países más exigentes en materia de extradiciones: una torpeza de Puigdemont le llevó a ser detenido en Alemania… y allí también consideraron que las acusaciones del Tribunal Supremo español eran inaceptables.

En casi ningún país del mundo se encarcela a la gente por sus ideas políticas. En todos se usa como instrumento artículos del código penal que, o bien condenan hechos que en democracia deberían ser plenamente legales (como la militancia en un partido político, la escritura de canciones contra el jefe del Estado, la convocatoria de actos políticos pacíficos, la blasfemia…), o bien retuercen el código penal para que éste condene por delitos comunes actos que se quieren perseguir por motivos más políticos que penales. Cuando acusan a Willy Toledo por cagarse en Dios no falta quien nos explica que no es por blasfemar, que eso no es delito, sino por ofender sentimientos religiosos o por odio… o cualquier otro escondite legal del delito de blasfemia. En el caso de los dirigentes políticos catalanes, es un evidente disparate insistir en que “se alzaron violentamente” como exige el delito de rebelión. Con la distancia se entiende mejor: a los jordis les acusan de rebelión porque convocaron una manifestación en la que algunos manifestantes forraron de pegatinas y se subieron a un coche policial; mientras, casi todo el mundo considera preso político al venezolano Leopoldo López a quien acusan porque convocó una manifestación en la que algunos manifestantes mataron a 43 personas. No sé yo.

Con todo, la discusión sobre si merecen el apelativo de presos políticos y exiliados o no es puramente bizantina y permite discutir sobre cómo llamamos a lo que sucede evitando discutir sobre qué sucede. Con la virtud de que ello permite que por fin periodistas y políticos de distinto sesgo recuerden lo gravísima que fue la vulneración sistemática de derechos humanos en la España franquista: “Equiparar a Puigdemont y Junqueras con los presos políticos y exiliados de la dictadura es un insulto ignorante y vergonzoso“, lo cual cabría decirlo, y no se dice, para casi todos los presos políticos y exiliados de los que se habla en la mayoría de nuestros medios de comunicación. Tampoco se recuerda el franquismo para comparar un “alzamiento violento” real con lo que sucedió en Cataluña en octubre de 2017 y ver si la actual acusación de rebelión no sería también un insulto ignorante y vergonzoso por idéntico motivo.

Si en vez de discutir sobre cómo los llamamos discutiéramos sobre qué hacemos con ellos igual habría más acuerdo. Porque dudo mucho que haya nadie que no esté cargadísimo de furia y odio nacionalista que crea que es justo pedir entre quince y veinte años de prisión o mantenerlos en prisión por un riesgo de reiteración delictiva que es una evidente ensoñación. Se nos olvida a veces el ridículo de la declaración de independencia guadianesca de 2017: una frase de Puigdemont desmentida por él mismo en menos de diez segundos, una declaración del Parlament no vinculante y sin efectos jurídicos ni institucionales… Eso es lo que tiene en la cárcel o fuera de su país (amparados por tribunales extranjeros) a los dirigentes políticos catalanes.

Discutimos de lo nominal para evadir lo sustantivo. Porque no hay nadie que parándose a examinar brevemente los hechos con un poco de asepsia no entienda que no hay forma de casar los principios del derecho penal en un Estado liberal y democrático con las acusaciones que van a recibir los dirigentes catalanes y que todos sabemos que se traducirán en condenas. Los van a condenar a penas propias de asesinos múltiples o violadores que no se encuentren con tribunales comprensivos. Muy proporcional y sin ninguna intencionalidad política.

No me preguntes si son presos políticos. Pregúntame si es justo su encarcelamiento y las penas que se le piden, o incluso si beneficia en algo a España y a Cataluña una anomalía de tal calibre. Y luego ya, en las cañas, discutimos sobre cómo llamar a este disparate.

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No mires el acto de Vox, mira los balcones de tu barrio, artículo en CuartoPoder.es

“El 15M de los balcones que se vivió en España en 2017 (y que el PP intenta resucitar con cierto patetismo) tiene un calado profundo. Y dado el tipo de construcción nacional que ha tenido España (por acción de la derecha y por incomparecencia de la izquierda desde hace décadas), esa construcción nacionalista necesariamente es autoritaria, antiliberal y antidemocrática. Es el reverso nítido de aquel cosmopolita y demócrata 15M de las plazas que construyó un republicanismo radical. Es su reverso hasta en lo simbólico: el 15M se expresaba en el espacio público, los balcones nos miran desde el más privado de los espacios, desde los hogares.”

Puede leer el artículo entero en CuartoPoder.es

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Por fin: el “populismo” que se puede tocar

Un presupuesto populista” titula esta mañana El Mundo. ABC habla del “proyecto de socialistas y comunistas”. “Populismo presupuestario” es la expresión de moda entre los medios del entorno del PP. Pablo Casado pone, qué sorpresa, la guinda: “estos presupuestos traerán hambre, como en Venezuela“. A falta de un examen más exhaustivo, sorprende que no nos explique nadie que son los presupuestos de la ETA. A ver si mañana.

Tras años de populismo penal (¡prisión permanente revisable!), populismo nacionalista (¡pon tu bandera en el balcón!) y mil formas de demagogia que nunca se llamaban “populismo” en esos mismos diarios, lo que ahora llaman populismo se puede tocar, va a mejorar la vida diaria de los españoles: aumenta el salario mínimo, se garantiza el poder adquisitivo de las pensiones, se recupera la sanidad, la investigación, se acota la burbuja del alquiler… Tras hacer el ridículo diciendo que le suben los impuestos a “la clase media y trabajadora” (a las personas que ganan más de 130.000 euros, cuando el salario más común en España está en 16.500 euros), PP, Ciudadanos y sus mariachis mediáticos han tenido que recurrir a los adjetivos menos imaginativos para atacar unos presupuestos que ayudarán a vivir mejor a la infinita mayoría de los españoles y exigirán arrimar el hombro a las grandes fortunas, las multinacionales, las grandes empresas y a la economía especulativa. Mientras, los impuestos bajarán para las pequeñas empresas y baja el IVA a productos como los de higiene femenina, veterinarios…

Es difícil convencer a la infinita mayoría de los españoles de que eso no es positivo. Y más difícil es atacar medidas concretas sin que sea demasiado evidente que se está sirviendo a los intereses de una pequeñísima minoría de millonarios.

Aunque los últimos cuarenta años hayan arrasado con un modelo más justo, el acuerdo se parece mucho a recuperar las políticas socialdemócratas que llevaron a Europa a sus mejores datos económicos y sociales en los años 50 y 60. No sólo son presupuestos viables, es que es el único camino viable: la política de recortes, las nuevas burbujas, la radicalización del modelo que nos había llevado a la crisis… vuelve a amenazar al mundo con otra crisis. España se acercó ayer a Portugal: el único país de Europa en el que se está logrando avanzar en bienestar material para todos y con ello saliendo de la crisis.

La política es esto. La política es pelear mucho por arrancar unas mejoras. Unas mejoras insuficientes, claro que sí, por supuesto que hay que seguir avanzando, pero también es evidente que no recordamos un giro presupuestario tan positivo como el que se plantea gracias a que tenemos el primer gobierno obligado a negociar con fuerzas que defienden mayores avances sociales y democráticos.

La política es lo que pedían las plazas, la política es lo que llaman populismo y comunismo quienes se creen que España está llena de salarios de 10.000 euros al mes. Esta sí es la política con la que da gusto arrimar el hombro. Recuperemos la política.

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“Cloacas del Estado”, dijo una ministra

Ayer la ministra Dolores Delgado explicó que la publicación de sus conversaciones con Villarejo obedece a un chantaje de “las cloacas del Estado alimentadas por el PP“. La ministra mostró una memoria muy selectiva al achacar al PP la exclusiva de esa cloaca concreta del Estado. A Villarejo también lo alimentó y muy bien el PSOE: fue en tiempos de Corcuera cuando Villarejo elaboró el llamado “informe Véritas” para acabar con Baltasar Garzón cuando éste investigaba el terrorismo de Estado. Que ayer Garzón fuera comensal y hoy defensor del clan Villarejo sólo muestra que en determinados ámbitos nada es personal, todo son negocios.

Más allá de ese lapsus, lo verdaderamente trascendental es que una ministra reconozca la existencia de “cloacas del Estado“. Es algo absolutamente insólito y además es positivo. De los aspirantes a gobernar en España sólo Aznar había denunciado las cloacas en la oposición, prometiendo acabar con ellas en nombre de la democracia cuando llegara a Moncloa. Pero luego lo único que hizo fue cambiarle el nombre al CESID por CNI y comenzó, como dijo ayer la ministra, a “alimentar las cloacas del Estado“.

Durante el gobierno de Rajoy la actividad antidemocrática de esas cloacas ha sido extraordinariamente intensa. No sólo se han usado en las guerras mafiosos entre corruptos del PP sino como instrumento para construir mentiras o para financiar el desgaste de la oposición. Es conocida la elaboración del llamado “informe Pisa” plagado de inventos contra Pablo Iglesias que publicaba/blanqueaba la prensa de esa cloaca y usaba el PP después. Y las fabricaciones contra dirigentes independentistas como aquella falsa cuenta corriente en Suiza del ex alcalde convergente de Barcelona Xavier Trias. No es tan conocido cómo se financió el exhaustivo rastreo de tuits antiguos que dio tantos minutos de gloria al aparato propagandístico de las cloacas en 2015.

Es muy importante que una ministra reconozca la existencia de esos aparatos antidemocráticos. Dolores Delgado no es una recién nacida en el Estado. Viene de la fiscalía de la Audiencia Nacional: no ha oído hablar de esas cloacas en la tele, sino que viene de estar en uno de los núcleos del Estado en contacto íntimo con los máximos centros de seguridad. Cuando Dolores Delgado habla de las cloacas del Estado no es sólo una estrategia de defensa.

Ahora la clave está en saber qué va a hacer este gobierno para desmantelarlas. Tenemos el primer gobierno de nuestra democracia que reconoce la existencia de esos aparatos mafiosos y antidemocráticos insertos en la estructura del Estado. Debe ser una prioridad de Estado desmantelar esas estructuras. No las “alimentadas por el PP“, no las que ahora “chantajean“: todas. Un Estado que funciona mediante cloacas tiene una gravísima carencia democrática. Un gobierno demócrata desmantela radicalmente esas estructuras. La excusa para no desmantelarlas hasta ahora era negar su existencia por evidente que fuera: ayer la ministra constató su existencia.

Por cierto, nadie de ningún partido (nadie del PP) se mostró ofendido porque se afirmara que nuestro Estado vive sobre cloacas. Seguramente ni les llamó la atención tal obviedad.

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A enemigo que huye, 155

Cada día que pasa resulta más evidente la imposibilidad del independentismo parlamentario de hacer valer la suma de sus escaños para un proyecto rupturista real. El PDCat parece instalado en un rupturismo inmediato (desde lejos y seguro que con insuficiente información diría que está instalado en un mesianismo suicida); ERC parece haber decidido (un año tarde) medir las fuerzas propias antes de dar pasos catastróficos; y las CUP son las CUP. La derrota de ayer en las resoluciones votadas en el Parlament, la imposibilidad de compartir fórmulas realistas (legales) para mantener la mayoría parlamentaria… evidencia la absoluta desunión del independentismo y por tanto la ausencia de una mayoría no ya para un proyecto histórico como sería la independencia sino siquiera para el gobierno ordinario de una comunidad autónoma.

No se ha acabado el conflicto territorial en Cataluña (en España). Es más: quien lo trate como terminado se garantiza su enquistamiento y por tanto un rebrote mucho más ingestionable. Pero lo que sí es evidente es que a corto plazo no hay un proyecto en Cataluña que amenace realmente la unidad territorial de España.

Deberíamos estar muy contentos ¿verdad? Pues parece que no.

El Partido Popular y Ciudadanos siguen pidiendo la aplicación del 155. No necesitan incumplimiento de la Constitución alguno. Que se aplique el 155 porque sí, porque Torra dice cosas independentistas, aunque no las haga. Que se aplique el 155 y sin la tibieza de Rajoy: que se aplique y se cambie la TV3 y los colegios catalanes, que el independentismo catalán se explica por la tele y por los coles. Por eso en 1977 tras 40 años de colegios y televisión franquista todos los catalanes votaron a Alianza Popular y Fuerza Nueva. Por eso el independentismo en Cataluña ha ido creciendo año a año, poco a poco durante cuarenta años, según salía la gente del instituto independentista, y no prácticamente de golpe tras la sentencia del Constitucional tumbando el Estatut que habían votado los catalanes.

Deberían estar contentos quienes quisieran una derrota institucional del independentismo.

Pero entonces ¿por qué Partido Popular y Ciudadanos mantienen la furia? ¿Por qué hacen como que no se enteran, como que el independentismo es más fuerte que nunca y no sólo gobierna en la inminente República Catalana sino que de hecho gobierna en España?

Sería un disparate si PP y Ciudadanos quisieran un independentismo débil. Pero no. La división en el Parlament evidencia que las apelaciones a un nuevo 155 por PP y Ciudadanos no tienen nada que ver con “luchar contra el independentismo”. Más bien al revés: son la expresión del pánico a que el Procés se diluya y no tengan espantajo con el que engañar, sobre todo, a los españoles.

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