Quien Mucho Abarca: Quien Mucho Abarca

Izquierda o República. Por un patriotismo republicano

Cuando la izquierda se siente huérfana o perdida dice “República” y se consuela y se emociona. Pero también la convierte en un fetiche militante..

La República podría ser un proyecto de país transversal de futuro. Pero hay que elegir: o la República es útil para la izquierda o es útil para España.

Sobre eso escribo hoy en cuartopoder.es.

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“Crecen los hijos de puta como champiñones”

Ayer emitió la Cadena Ser los audios de un concejal del PP que exhibía los hábitos mafiosos a los que se han acostumbrado. Amenazaba a la alcaldesa de Torrelodones con presentar denuncias para mancharla pese a saber, según dice, que ha gestionado con pulcritud y que si llega a haber gobernado el PP no hubiera ocurrido lo mismo. Si se presenta a las elecciones, denuncia para enfangarla. Si se retira, no hay problema.

De no haber salido la grabación, podría haberle salido bien. No habría sido la primera vez. El Partido Popular usa las querellas para machacar a las personas que gobiernan con honradez o puedan hacerlo. La oposición al Ayuntamiento de Madrid ha consistido en denuncias pintorescas que tratan de poner en cuestión a los concejales pese a que saben perfectamente que no hay nada de lo que acusarles. El Partido Popular sabe que no tiene nada que reprochar (más que a los anteriores gestores, de su partido), pero coloca la infamia, se garantiza el eco en medios y tertulias cómplices y enfanga porque para el común de los mortales es complejo entender que no hay nada que reprochar y mucho menos en términos de corrupción.

Lo mismo ocurrió en 2015 cuando una alianza mafiosa liderada por el Partido Popular de Madrid tejió acusaciones falsas (usando pruebas falsas según dictaminó la justicia al archivar la acusación) contra Tania Sánchez al ver que emergía una potente candidatura para la Comunidad de Madrid. Campaña mediática, complicidades repugnantes y coro mediático. Y a machacar a una persona honesta que amenaza el tinglado de los corruptos que creen que Madrid es su chiringuito.

Hasta el lenguaje tabernario del mafioso, tan lejano de los elegantes mafiosos de nuestras películas, se ha hecho ya tradicional. El haiku “crecen los hijos de puta como champiñones” amenaza con desplazar de nuestra cultura popular a los “volquetes de putas” con que Granados quería celebrar que un compañero de fechorías había declarado bien ante el juez (es decir, había declarado mal).

Cuando hablamos de mafia para referirnos a lo que ha gobernado la Comunidad de Madrid durante demasiados años (y que trasciende al PP como vimos en Bankia y Púnica) no exageramos en absoluto. Es una mierda de mafia. Es una mafia mugrienta. Pero es mafia.

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Madrid: Donde tú ves un problema, el PP ve una oportunidad.

Supongo que en el PP de Madrid andarán ya preparando en parte la campaña electoral de 2019. Aunque aún no tengan candidato tienen muchos mimbres. Y no hay razón para no estar ya pensando, por ejemplo, lemas y carteles electorales. Se me ocurre que podrían usar como lema algo que les ubique como esos anuncios de optimistas emprendedores: “PP-Madrid: donde tú ves un problema, nosotros vemos una oportunidad“.

Madrid tenía muchos problemas. De sanidad, de educación, de movilidad, de colapso de la Justicia… y en todos el PP de Madrid vio una oportunidad.

La sanidad se convirtió en una oportunidad para el ladrillo: construyó hospitales que quedaron estupendos en inauguraciones y carteles electorales aunque no aumentaran ni en una plaza el total de camas hospitalarias de la Comunidad; además apostó por entregar la gestión a empresas privadas con contratos opacos y extremadamente lesivos para las cuentas madrileñas, un chollo. La educación fue otra gran oportunidad para construir y ganar: se licitó la construcción de colegios privados con fondos públicos a cambio de casi un millón de euros en mordidas por colegio y de paso se avanzaba en el modelo de adoctrinamiento educativo expandido en Madrid. Para la movilidad era más fácil aún: autopistas con peajes en la sombra, radiales inútiles, soterramiento de la M30 con sobres para el partido a cambio… no se ha modernizado ni facilitado la movilidad madrileña, pero las cuentas del núcleo PP-constructores corruptos no salieron mal paradas.

Ayer supimos que la Audiencia Nacional está investigando también la oportunidad que vio el PP-Madrid en el problema de la Justicia madrileña. Decidieron construir edificios y edificios en coherencia con el resto de oportunidades.

A principio de legislatura, los diputados de la comisión de auditoría de la deuda tuvimos la ocasión de visitar el Campus de la Justicia. Nada más llegar cruzó la calle uno de los conejos que habita el descampado; por una parte de un túnel no pudimos entrar porque estaban rodando una película de terror; el único edificio en pie construido era el de medicina legal, un precioso edificio circular con el pequeño inconveniente de que las camillas no son redondas y no tenían buen encaje en la pared. Esto último tampoco era más que teoría porque el único instrumental que había llegado a aquel edificio eran las numerosísimas neveras para cadáveres que, al parecer, no eran atrezzo del rodaje. Todo esto nos ha costado a los madrileños una cantidad indeterminada pero que es bastante superior a 80 millones de euros. Hace ya varios meses presentamos una denuncia sobre el caso que ahora investiga la Audiencia Nacional.

La corrupción del PP en Madrid no se ha dejado ni un rincón por exprimir. Por ello nos ha dejado una retahíla de momentos tragicómicos que dan para una buena historia de lo que Íñigo Errejón llamaba lumpen oligarquía. Del volquete de putas a la crema del Eroski se puede decir lo de Gila: no han dejado ni las raspas, pero ¡lo que me he reído!

Hace dos días dimitía como diputada del PP por motivos personales Regina Plañiol, que fue consejera de Justicia con Esperanza Aguirre después de Alfredo Prada: entrará en su lugar el número 79 de la lista del PP, que obtuvo 48 diputados; los treinta de diferencia responden a dimisiones o incluso a renuncias antes siquiera de tomar posesión. Eso da la imagen de la descomposición del PP en Madrid.

Plañiol continuó el legado de Alfredo Prada, ideólogo del Campus de la Justicia. Hoy Prada es el responsable en la dirección del PP de Casado de vigilar la idoneidad de los candidatos del PP en las próximas elecciones, incluidos, por supuesto, los del PP de Madrid. Casado contó que quería recuperar las esencias del PP: con Alfredo Prada seleccionando candidatos, las esencias del PP deben de estar felices.

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Aznar libera al PP

A modo de disculpas hubo ayer un puñado de opinadores que trataron de convencer de que las comparecencias de Aznar de ayer fueron una “bronca entre Aznar e Iglesias”, “una colección de ataques recíprocos” o que “Aznar faltó el respeto a todos y todos le faltaron el respeto a él“. Es mentira. Aznar llevaba los insultos y las mentiras preparados de casa y no tuvo siquiera la cintura de entender que, por ejemplo, Pablo Iglesias le estaba haciendo un interrogatorio muy medido, no estaba entrando a ninguno de sus trapos por obsceno que fuera y no se salía del tema ni del tono; a falta de cintura, con el piloto automático y el guion memorizado, Aznar respondía sin que viniera a cuento con las mentiras sobre Irán, los dólares de Venezuela, los hijos de Pablo Iglesias y la frase aprendida que quería colocar como titular aunque le preguntaran si en agosto hace frío, usted es un peligro para las libertades y para la democracia. Tenía el guion Aznar tan aprendido que como la primera pregunta de Rufián era sobre la familia de José Couso y no tenía preparada esa respuesta (era difícil llamar al cámara asesinado populista, golpista, peligro, etc) se quedó callado con la cara helada durante varios eternos segundos hasta que Rufián le hizo el favor de preguntarle otra cosa.

No, no fue recíproco, ni un intercambio ni… La comparecencia de Aznar debería ponerse en vídeo a niños y a no pocos adultos para explicarles cómo no se debe dialogar nunca. No sólo en el parlamento: esa estupidez de la “cortesía parlamentaria” debe de significar algo así como que no hay que respetar a todo el mundo, pero sí a los diputados, una especie de aforamiento del respeto. Niños, cuando os pregunte la profesora si habéis hecho los deberes no le respondáis que ella es un peligro para la educación: dadle los deberes si los habéis hecho y contestadle educadamente que no en caso contrario y que no se repita.

Aznar pertenece al pasado friqui de quienes estamos obsesionados por la política. No debería tener más interés que el arqueológico y el judicial. Pero la mentira, el insulto, el fanatismo y el ataque de Aznar de ayer estuvo rodeado de dos verdades que son las que dotan a su intervención de más gravedad: “Tengo la sensación de que el PP me quiere mucho“, dijo José María Aznar; “Estoy muy orgulloso de Aznar“, contestó Casado tras exhibir el abrazo entre maestro y pupilo (Aznar es el único profesor del que Casado sí parece haber aprendido).

La intervención de Aznar de ayer libera al PP. Cualquiera que tenga un poco de atención a las instituciones (desde el Congreso a cualquier ayuntamiento pasando por los parlamentos autonómicos) conoce la querencia natural del PP por el insulto y la mentira como estrategia retórica. El “pederastas, terroristas y narcotraficantes” de la Asamblea de Madrid se hizo famoso en toda España porque ese día (moción de censura contra Cifuentes) los medios de comunicación prestaron atención por fin a nuestro parlamento autonómico. Entonces, por cierto, también decidieron algunos disculpar la miseria retórica inventando que había sido recíproca.

Sin embargo la línea oficial del PP hasta hace relativamente poco trataba de atar esa tendencia natural a la verborrea fanática. Intentaban que los dejaran hacerse la foto en primera línea de la manifestación del Orgullo y buscaban competir por el voto de centro con Ciudadanos. Recordemos que incluso Aznar, antes de que le convencieran de que es un intelectual, un estadista y un tipo gracioso capitaneaba un eterno “giro al centro” del Partido Popular.

Desde ayer el PP se siente liberado. No sólo compite sin disimulo por el voto ultra (ya explicó Casado en su congreso que su objetivo son los votantes de Vox) sino que las formas con las que se exhibe la discrepancia desde ayer quedaron claras: la política del macarra de discoteca que atiza un puñetazo a quien le caiga mal argumentando que me has mirado mal; y a por otro. Es lo que hizo ayer Aznar. Y ya sabemos: “el PP me quiere mucho” y “estoy muy orgulloso de Aznar“.

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Pablo Casado: el daño a España del hombre fraude

Su currículo parece diseñado en un laboratorio“. En 2012 el periodista Luis Gómez explicaba en El País quién era Ángel Carromero, el joven del PP que había saltado a la fama mundial por su accidente de tráfico en Cuba. Y para explicarlo tenía que contar quién era Pablo Casado, que entonces no era una persona muy conocida. “A Casado se le puede considerar un proyecto de joven neocon criado entre Aznar y Esperanza Aguirre. Su currículo parece diseñado en un laboratorio: licenciado en Derecho, con cursos de perfeccionamiento en el IESE, Harvard y Georgetown, trabajó varios años como jefe de gabinete de Aznar, una vez dejó la presidencia del Gobierno, y ahora es diputado. Un neocon de escuela, revestido de liberal. Celebrados son sus discursos donde critica el relativismo moral de los socialistas, Mayo del 68 y sus continuas referencias a los muertos de la guerra. Casado es un asiduo al canal Intereconomía, como él mismo propaga en su Twitter“, decía el artículo que hoy podemos leer con mejores ojos.

Hace unos minutos eldiario.es ha revelado la enésima sospecha sobre el currículo de Casado. En esa sumaria investigación que realizó la Universidad Complutense sobre la licenciatura (no menos sumaria) de Pablo Casado en el centro privado que tiene adscrito, la Universidad Cardenal Cisneros. Según las preguntas de un test que la Complutense dirigió a una profesora (por escrito, para que no se agobiara) la Universidad había encontrado cambios en la nota de la asignatura de la misma profesora que había reconocido que le habían presionado para que ese chico no tuviera problemas académicos. El aprobado en esa asignatura no fue tan sumario como la carrera de Casado y la investigación de la Complutense, sino que llegó con retraso y con una firma que a quien redactara el cuestionario le resultaba distinta a otras de la profesora.

Resulta tan evidente que nadie terminó tan rápido la carrera de Derecho al ir obteniendo cargos políticos tras haber sido incapaz de hacerlo cuando se tenía todo el tiempo del mundo, que casi llama menos la atención esa chapuza que la precariedad de la investigación sobre el título de Casado. Es comprensible que a día de hoy sea complicado probar si Casado hizo el amago de examinarse realmente de alguna asignatura, pero igual se podría pensar algún método de investigación más incisivo que mandar un cuestionario por escrito a los profesores a ver si con la presión alguno confesara haber prevaricado. Obviamente de una investigación así sale que todos los implicados están de acuerdo en que no delinquieron.

Del currículo diseñado en un laboratorio de Pablo Casado hay algunas cosas que resultan casi cómicas: la necesidad de ponerse títulos de Estados Unidos que en realidad eran un fin de semana en Aravaca sólo revelan, supongo, un complejo intelectual tremendo, una titulitis patética y no poco dinero de más para pagarse esas chorradas. Pero la concatenación de fraudes es un ataque mucho más serio a la Universidad del que Casado no sería el único beneficiario: una trama que, para colocar una imagen falsa de gran formación académica de esos neocon de escuela, revestidos de liberales, no dudó en atacar a la Universidad y su prestigio. Y un país cuya universidad no tiene prestigio es un país tremendamente devaluado.

Que Pablo Casado es un fraude andante no lo duda nadie. Quien encuentre un tertuliano, un columnista, un periódico… dispuesto a simular que cree que Casado sí que hizo Derecho como cualquier estudiante que lo haga saber: hasta ahora lo único que han podido hacer es tratar de equiparar su fraude con inventos o naderías ajenas. No sabemos cómo fue la segunda carrera de Casado, Administración y Dirección de Empresas en su querida universidad Rey Juan Carlos. ¿Terminó la carrera convalidando alguna de las asignaturas que traía de Derecho exprés de la Cardenal Cisneros? Ya sabemos que el supuesto máster del Instituto de Derecho Público en la Rey Juan Carlos se hizo en un 80% gracias a convalidaciones anómalas de esos sorprendentes estudios y el resto con trabajos que se niega a enseñar y la Universidad no encuentra. Si uno no cree que Casado fuera repentinamente el genio académico que necesitaba ser para fulminar la carrera de Derecho, el castillo de naipes de Casado se le cae de las manos.

Desgraciadamente las universidades están muchas veces sometidas al chantaje de su financiación. No debe de resultar sencillo para una universidad madrileña ser rigurosa en una investigación a costa de los intereses del partido de gobierno de la Comunidad de Madrid, cuyo consejero de Economía fue vicerrector de la Universidad Rey Juan Carlos en los años de plomo. Tampoco debe de serlo cuestionar la validez de centros privados con los que une una relación económica provechosa. El peor ataque a la autonomía universitaria se da a través de su financiación, un chantaje intolerable que debe ser corregido por el bien del país.

Por ello es urgente una investigación externa, rigurosa, que no sólo nos aclare la trama de los títulos falsos sino que nos ayude a recuperar la Universidad como vértice intelectual y moral del país. No es ya que Casado (como otros compañeros suyos) sea un fraude andante; es que por el camino están arrasando la imagen de España por un lodazal del que será muy difícil levantarnos.

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Las curvas peligrosas del verano

Ayer publicó Pedro Vallín en La Vanguardia un estupendo artículo (“Gramática parda para la galaxia Podemos“) analizando apasionadamente pero con rigor en vez de vísceras las dos polémicas que han centrado los debates de este verano en el espacio heredero del 15M; son polémicas, por cierto, cuya forma muestran cierta ansiedad colectiva que recuerdan demasiado al desasosiego por el vacío político previo al 15M. La primera polémica la generó el libro de Daniel Bernabé, “La Trampa de la diversidad” fundamentalmente sobre qué identidad o identidades son útiles para la emancipación. La segunda la han generado los artículos de Manolo Monereo, Julio Anguita y Héctor Illueca sobre el gobierno italiano, sus políticas económicas y su relación con la Unión Europea.

No he leído el libro de Bernabé, por lo que no sería sensato que opinara sobre la polémica. Sin embargo por lo que he leído (y creo que esto es importante para matizar el artículo de Vallín de ayer) entiendo que su centro es el debate sobre la identidad (que es el tema de la política) lamentando que la multiplicación de identidades desdibuje a la identidad de clase, que sería una identidad objetiva, la de verdad. Creo que, a diferencia de lo que empapa el artículo de Vallín ese no es el tema que mueve a Monereo, Anguita e Illueca, que no se centran en la identidad de clase sino en la popular en búsqueda, precisamente, del principio democrático. Y que el problema no es en este caso el tipo de identidad sino su escala (la europea o la nacional).

Esa brecha diría que tiene más que ver con otros de los elementos que señala Vallín: la oposición política entre el principio liberal y la política neoliberal. España es de los pocos países de Europa en los que la derecha incluso cuando se endurece (como en estos meses) es profundamente neoliberal; y además el principio liberal (la defensa de los derechos humanos colectivos e individuales) está nítidamente ubicado en lo que imaginamos como la izquierda. De ahí la dificultad con la que miramos a Marine Le Pen o el llamado Decreto de la Dignidad, que proponen cosas que en España no tendrían quien las defendiera. Y probablemente también tenga que ver con que la oposición a las políticas antisociales de la Unión Europea nunca haya ido de la mano de una oposición a la Unión Europea, contemplada (razonablemente o no, es irrelevante) como garante del principio político liberal.

Las propuestas de Monereo, Anguita e Illueca no habrían generado tanto ruido hace pocos años. El porqué lo generan ahora seguramente tiene que ver con que la emergencia de esa extrema derecha moderna, inteligente y compleja hoy claramente es un riesgo real en Europa y fuera de ella, mucho más que un sorprendente espacio político en parte exótico y hasta parcialmente atractivo.

Europa, más que la democracia, es la línea de fractura: de ahí que en realidad el centro de discusión sea la afirmación de  Monereo, Anguita e Illueca que no comentan la cuestión de la inmigración porque en ella no se diferencia el gobierno italiano de la Unión Europea: en la vulneración de derechos no se diferenciaría Bruselas de Roma.

Probablemente sea un error mirar a Europa con el mismo ojo que hace cuatro o cinco años. Por la fortaleza de los bloques de extrema derecha y por la sensación de debilidad de los espacios emancipadores.

Que la emancipación sólo puede ir de la mano de la democracia (y la democracia sólo es posible con soberanía popular, sea de ámbito geográfico mayor o menor) y del pleno cumplimiento de todos los derechos humanos para todas las personas debe estar fuera de la discusión y diría que lo está. Lo que tocaría debatir con cierta profundidad y cabeza es si en 2018 podemos reivindicar un soberanismo frente a Europa o si no sería mucho más eficaz la aspiración a frentes democráticos más europeístas que Europa. Porque el fascismo nunca fue imbécil; y casi nunca se mostró abiertamente antisocial sino más bien al contrario. Si lo que emerge en varios países de Europa (y EEUU) es fascismo o no es un debate bizantino; no lo es, en cambio, que es lo contrario al cambio emancipador al que aspiramos.

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En defensa de los periodistas de investigación (que hacen periodismo y de investigación)

En cualquier democracia el periodismo libre es un cimiento fundamental. Una condición sine qua non de la democracia. En una democracia con tantas grietas como la española el periodismo de investigación, en concreto, está siendo esencial para detectar la podredumbre que la corroe. Y ha habido muchos casos de periodismo de investigación de extraordinaria calidad que permitió destapar gran parte de la corrupción de Ignacio González diez años antes de que intervinieran los jueces, los papeles de Bárcenas… Recientemente las informaciones que hemos conocido por investigaciones rigurosas han mostrado la puerta de salida a Moix, Maxim Huerta, Cristina Cifuentes, José Manuel Soria, Carmen Montón y Pablo Casado, que es el único que no ha entendido el mensaje. Aún.

Desde hace bastantes años vengo tratando con varios de los mejores periodistas de investigación que hay. Al menos desde que empezó la lucha contra el campo de golf de Ignacio González y Esperanza Aguirre en Chamberí. Por activismo político y por cierta capacidad de intuición he podido colaborar mal que bien con ellos en algunas ocasiones y ver cómo trabajan muchos de ellos (y de ellas, que diría que son mayoría). Son gente de una capacidad de trabajo asombrosa, con tal cantidad de datos interconectados en la cabeza que abruma y, sobre todo, con muchísimo rigor. No sé cuantas veces he escuchado “esto no lo puedo publicar si no lo compruebo por varias vías más” (una de las informaciones más importantes de los últimos meses no la publicó un medio sino su competencia porque el primero, que la tenía desde semanas antes, quería poder contrastar con más rotundidad aún antes de publicar algo tan relevante, por ejemplo) o “esto me lo habéis dicho varios, así que debo de estar equivocada en lo que pensaba“. Sólo una vez un periodista (con quien perdí el contacto) me contó una información que no iba a publicar porque perjudicaba a un partido al que no quería hacer daño. También he visto a periodistas de distintos medios trabajar juntas para desenredar una madeja infernal: un trabajo conjunto que probablemente no viniera bien a sus medios ni a ellas mismas como profesionales que quisieran el reconocimiento de la exclusiva… en exclusiva.

El periodismo de investigación es una de las joyas que tiene nuestra democracia y merece ser protegido. Porque es atacado.

A veces los ataques vienen de las personas señaladas por informaciones más que fundadas. Recordemos que Ignacio González se querelló contra los periodistas que empezaron a informar de la punta del iceberg de su trama corrupta: alguna de las querellas las pagó con dinero público de todos los madrileños (hasta que una jueza le dijo que se lo pagara él); o que hace pocas semanas Ignacio Escolar y Raquel Ejerique tuvieron que declarar como imputados por una querella de Cristina Cifuentes, que les pide cárcel por las informaciones sobre su máster que ya nadie niega. Algún medio de comunicación tuvo que pedirle a una de las mejores periodistas de investigación de España que dejara de investigar un caso (que acabó con el investigado en la cárcel) porque era ruinoso ante la avalancha de querrellas.

Pero otras veces el ataque viene de otro rincón del periodismo, convertido en mera propaganda de ataque e infamia y disfrazado de periodismo de investigación. Es perfectamente obvio que hay personas cuyas especialidades son el trampantojo periodístico (publicar un extraordinario titular de trascendencia histórica sustentado por un texto que no demuestra más que la imposibilidad de sostener argumentadamente el titular) y la corrección sintáctica para que quede bien redactada la publicación de un dossier recibido de cloacas del poder con independencia de que lo publicado sea verdad, un invento o algo irrelevante que, como en el caso del trampantojo, se pueda disfrazar de escandalazo para cubrir objetivos partidarios o de mero interés mafioso. Hay que solidarizarse con estos conciudadanos porque el encarcelamiento de Villarejo les ha hecho mucho daño, pero aun así no les quedan pocos colaboradores.

Este tipo de periodismo supone dos problemas. El primero: que trata de mezclar a corruptos, tramposos y mentirosos con gente perfectamente honrada: para salvar a los primeros no dudan en joder la vida a los segundos. Además del problema humano esto trae un problema democrático dado que distorsiona todo para engañar a la ciudadanía (casi nadie tiene por qué ser un informadísimo lector experto en detectar grietas en los textos: para eso deberían estar las redacciones de los medios, que se opusieran a publicar basura).

Pero el segundo problema es que erosiona profundamente al periodismo de investigación serio, riguroso y que sí es un pilar de la democracia. Una de las funciones de estas publicaciones basura es también la de conseguir que cualquier crítica aparezca causada no por la falta de sustancia de la investigación sino porque “esta vez señalan a los tuyos“. Sin duda habrá quien lea este elogio y esta denuncia en esa clave pese a que muchas veces he aplaudido a quienes han publicado con rigor informaciones ciertas sobre personas que compartieran filiación política conmigo: entre otras razones porque eso ayudaba a limpiar (es decir, fortalecer) el espacio político en el que yo participara.

Con el periodismo basura pasa como con la política basura: pese a que es peligrosísimo para la democracia es más peligroso aún intentar limpiar el periodismo o la política. Es mejor que se publique mierda, que se presente mierda a las elecciones que el control autoritario de qué se publica o qué se puede presentar a las elecciones. Pero eso no quiere decir que no sepamos que es mierda.

Más nos vale como ciudadanos aprender a leer para distinguir el caviar de la basura. Más le vale al periodismo (al bueno, al de verdad, al riguroso, al mayoritario) distinguirse de la ponzoña y evitar reírle las gracias en tertulias y revistas de prensa, le va la vida en ello.

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Como sigan investigando a Pedro van a acabar de matar a Pablo

Decía ayer mi buen amigo Jorge Caplan que si él fuera Pedro Sánchez diría “¿Acaso tengo pinta de Premio Nóbel de Economía? Pues eso, mi tesis está flojita“. Pedro Sánchez no es Joseph Stiglitz ni Thomas Piketty ni tiene por qué serlo. Ni siquiera es Manuel Azaña o Pericles, ni tiene por qué serlo. Es Pedro Sánchez, un presidente del Gobierno cuyas tres principales virtudes son haber sucedido a un Gobierno del PP, por lo que toda comparación lo coloca en los altares; haber sido acosado por el aparato del PSOE, por lo que cobra la credibilidad que el PSOE había perdido; y tener sólo 84 escaños, por lo que es mucho más receptivo a adoptar propuestas ajenas que el PSOE nunca ha aceptado cuando ha gobernado con más fuerza.

El intento desesperado del PP (político-mediático) por elevar la tesis de Pedro Sánchez a caso es completamente suicida. Probablemente la tesis de Pedro Sánchez no sea nada del otro mundo pero hasta ahora nadie ha mostrado nada que sea un ataque a la universidad como sí lo es la trama de títulos falsos de los másters de la Rey Juan Carlos, o el regalo de media licenciatura de Derecho en cuatro meses mientras se es diputado autonómico (tarea que lleva unas horitas, lo puedo asegurar).

Lo más que han hecho entre ayer y hoy algunos medios y periodistas especializados a construir trampantojos (titulares escandalosos tras lo cual no hay absolutamente nada) es acusar de plagio con tres datos absolutamente inocuos.

-Se dice que años después de la tesis apareció un libro fundamentalmente con los contenidos de la tesis firmado por el propio Pedro Sánchez y otro señor que hoy trabaja en el Real Madrid. Lo cual es perfectamente normal; que el otro señor hubiera ejercido de negro de la tesis de Sánchez es algo de lo que hasta ahora nadie ha aportado el menor indicio aunque se haya puesto como titular de una exclusiva de una web basura.

-Se dice que hay párrafos copiados de informes gubernamentales sin dar más detalles que que no se entrecomillaba ni citaba. Lo cual sería una chapuza que debería haber sido corregida en su momento salvo que suponga un volumen importante de la tesis, algo que no sabemos porque los “periodistas de investigación” que dicen haber accedido a la tesis no desarrollan la información ni dan detalle alguno. Pero, vamos: si es cierto (que es imposible saber), mal. No se copian textos ocultando que es una cita y menos en un trabajo académico. Eso no se hace.

-Se titula que se plagió artículos de otros autores aunque luego se explica que estaban citados aunque se cuestiona que fueran citados correctamente (“Sánchez incluyó una cita trampa, en la que decía que «para un análisis más detallado» se podía consultar el artículo plagiado”). Se suele decir que copiar un texto es plagio, pero copiar muchos es un trabajo de investigación. En ningún caso citar incorrectamente (si hubiera sido así) sería un escándalo a poner en la misma mesa que la trama de la Rey Juan Carlos sino, todo lo más, un chascarrillo de barra de bar.

Pues vale. Eso es lo que tienen tras una orgía de búsqueda de mierda que tape la participación aparentemente delictiva de Pablo Casado en una trama universitaria de títulos falsos; lo cual es más sorprendente por innecesario tras haber demostrado, él sí, una capacidad para el Derecho asombrosa: al líder del PP tapoco se le pide ser Hans Kelsen, pero a alguien capaz de hacer la mitad de la licenciatura de Derecho en cuatro meses mientras se trabaja, sí.

Lo que hizo Pablo Casado en el máster es análogo a lo que hizo Carmen Montón y está fuera de la política. Lo que hizo Pablo Casado en la licenciatura no tiene comparación conocida.

Es absolutamente insostenible.

El PP (político-mediático) está demostrando la histeria de quien se sabe acorralado. Pablo Casado es un fraude andante. Y cuanto más tratan de demostrar que en todas partes cuecen habas más obscena es la cantidad de puchero que se han zampado en Génova 13 desde tiempos inmemoriales. No hay un solo español con nombres y apellidos (incluidos tertulianos, columnistas y cargos públicos del PP) que hayan dicho que sí, que cree que Casado estudió la licenciatura de Derecho correctamente y que también cree que hizo lo necesario para obtener limpiamente el máster.

Lo peor para el PP es que no les ha sorprendido que Pablo Casado sea un fraude. Lo peor es que lo eligieron cuando toda España (y ellos más que nadie) sabían que Pablo Casado era un fraude. Y no les importó, no les pareció un obstáculo. Necesitan hacer este ridículo para salvar a Casado. Y lo que está haciendo el PP es enterrarse con él.

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Ciudadanos: de la arrogancia al odio (artículo publicado en CuartoPoder)

El viernes pasado, la portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís se mofó y llamaba “justicia poética” al hecho de que la concejala de Arganzuela hubiera tenido que llamar a la policía porque un grupúsculo estaba reventando el pleno del distrito mediante gritos e insultos. Esto es: impedían que se desarrollara el debate entre los distintos grupos municipales, que se supone que representan a todos los vecinos. Después se fueron a reventar el pregón de las fiestas de La Melonera, unas fiestas típicas de Arganzuela. Una vecina de 70 años (que ya en su día fue víctima de la violencia franquista, por cierto) les pidió que le dejaran escuchar el pregón y una persona de este grupo tan divertido le dio una patada y le rompió una costilla.

Sigue leyendo en CuartoPoder.

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Titulitis

Cuando eldiario.es mostró el chanchullo del máster de Cifuentes pensé, como tanta gente, que lo quería para garantizarse una plaza en la Universidad. Que quería que le regalaran el máster como paso previo a que le regalaran el doctorado y tras él la plaza como profesora en la Universidad por si acaso. No son pocos los enchufes en algunas universidades y, en concreto la Universidad Rey Juan Carlos había mostrado una enorme predisposición a acoger a quienes arroparon el saqueo de Bankia: Cifuentes no tendría ningún problema.

Hoy creo que no era exactamente así. Primero porque Cifuentes acabará en alguna empresa privada que no la valore por lo que vale sino por lo que ha hecho. Pero también porque el goteo de casos demuestra que lo que hay es una perversión del carácter de los títulos universitarios convertidos en esas alturas en una especie de título nobiliario. De alguna forma deben de creer que son personas tan importantes que son merecedores de un título que otros tienen que currarse porque, al fin y al cabo, son mucho menos importantes. Qué coño va a tener que aprender de derecho público toda una delegada del Gobierno en Madrid o todo un señor diputado autonómico y líder de los jóvenes del PP en Madrid. La duda no es si ellos merecen el máster, sino si el máster les merece a ellos.

El caso es aún más patético con Carmen Montón. Montón no necesitaba ninguna acreditación de su conocimiento en temas de género. Probablemente, como todos, podría haber aprendido más, conocido textos nuevos, teóricas y estudios… pero no necesitaba acreditación. Había sido ponente en algunas de las leyes más importantes al respecto y eso, necesariamente, exige un aprendizaje colosal. Pero fue seducida por la medallita regalada. Aquí tienes tu máster, mira qué bien te queda. Y se lo puso, lo paseó por la alta sociedad política. Como si no fuera fácil distinguir quién sabe de lo que habla, quién no tiene ni idea, quién habla tras cierta reflexión, quién cacarea los eslóganes de rigor.

Cuando el PP optó por defenderse del caso másters expandiendo mierda acusaron a Toni Cantó de haber puesto en su currículo que era pedagogo pese a no tener ningún título que lo acreditase. Lo cierto es que parece que Cantó enseñaba interpretación, dada su dilatada experiencia como actor. Enseña, pues es pedagogo. Como a Ignacio Escolar, reciente premio Gabriel García Márquez de periodismo, le acusaron de no tener el título de periodista. Yo soy licenciado en Filosofía por la Autónoma y en Ciencias Políticas por la Complutense pero desde luego no se me ocurre presentarme como filósofo ni como politólogo salvo, acaso, a nivel usuario, como la ofimática.

Un imbécil con título sigue siendo un imbécil. Y se le nota. Como al tipo brillante se le nota que lo es sin necesidad de pedirle un currículum vitae. Además del nivel de corrupción y nepotismo que lleva a sentirse tan superiores como para merecer regalado lo que al común le cuesta tanto esfuerzo ¿qué nivel de complejo intelectual que lleva a querer aceptar títulos regalados, sea la licenciatura en Derecho o el máster de la rey Juan Carlos?

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