Quien Mucho Abarca: Quien Mucho Abarca

Una ley electoral para esta legislatura, artículo en CuartoPoder

Entre los seis puntos que Ciudadanos ha firmado con el PP no hay ninguno que vaya a suponer grandes cambios políticos por diversas razones. Algunos porque de facto ya están operando: los tiempos políticos hacen impensables liderazgos de más de ocho años; la crisis política fuerza en la práctica numerosas dimisiones de quienes estén señalados judicialmente por corruptos. Otros no necesitan del concurso del PP: más le vale al PP participar de la creación de la comisión de investigación de su corrupción a la que ningún otro partido pondría ningún reparo. Y otros sólo tocan asuntos obscenos pero no estructurales sobre la corrupción: los indultos a corruptos dan vergüenza pero tienen mucha menos importancia que las puertas giratorias, ausentes de las exigencias de Ciudadanos; los aforamientos, que pueden ser un buen instrumento para evitar chantajes y presiones a representantes democráticos, han perdido toda virtualidad y sirven básicamente para aplazar la investigación de corruptos que aún están en cargos públicos.

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Otegi, Colombia y el “populismo”

Hace una semana estuve en Telemadrid y una periodista (digamos que cercana al Partido Popular) me preguntó por mi posición sobre la candidatura de Otegi por EH Bildu. Contesté que obviamente no era la candidatura que yo votaría pero que como demócrata prefería que fueran los vascos quienes decidieran por fin con libertad y en igualdad de condiciones quién les representa. La periodista me contestó que si no me daba cuenta de que eso hacía perder votos a Podemos fuera de Euskadi y que “Podemos nunca termina de atreverse a…. [no explicó a qué no terminaba nunca de atreverse Podemos, no fuera a ser mentira] como cuando Pablo Iglesias dijo que Otegi era un hombre de paz“. Ayer volví a ver un mantra casi idéntico en twitter, esta vez de mano de Toño Fraguas:

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Las vacaciones de Cristina Cifuentes (artículo en eldiario.es)

Ha decidido Cristina Cifuentes hacer de su estancia en Madrid en agosto un asunto político del que presumir y sobre todo con el que criticar. Primero echó en cara a Manuela Carmena que se tomara vacaciones; después fue Pedro Sánchez el objeto de su crítica culpando a su veraneo del “bloqueo de España”: quiero pensar ingenuamente que cuando tuiteó esto Cifuentes no sabía que Rajoy, el obligado constitucionalmente a desbloquear la situación, también se iría de vacaciones unos días a Pontevedra sin mayor problema.

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El colapso

No parece muy arriesgado dar por hecho que el día de hoy concluirá sin un candidato a la presidencia del gobierno que tenga garantizada su investidura. Los planes de Rajoy de ser investido la semana que viene ya no tienen sentido. Su amenaza, filtrada a varios medios, según la cual o esos planes se cumplían o provocaría terceras elecciones han pasado al olvido.

El contraste entre el resultado del 26J y lo que esperábamos nos hizo interiorizar que la profunda crisis política (“crisis de régimen”) que llevábamos tiempo diagnosticando o no era tan profunda o al menos estaba en vías de solucionarse sin los importantes cambios políticos y sociales que eran deseables. Hoy podemos constatar que no es del todo así, que más bien ocurre que pensábamos que lo viejo sí se estaba muriendo ya, que lo nuevo sí estaba ya naciendo y que lo único que nos dijo el 26J es que no había condiciones para el parto de lo nuevo. Pero lo viejo agoniza y de qué manera.

Que no hubiera gobierno tras el 20D ya fue una disfunción absoluta. Lo ordenado habría sido un gobierno de continuidad (uno infame presidido por Rajoy o el más aseadito de Pedro Sánchez con el programa de Ciudadanos que intentaron) que hoy estuviera aplicando ya los 10.000 millones de recortes que dicta Bruselas y los al menos 5.000 añadidos que tocarán para el año que viene. Lo ordenado habría sido que en plena crisis territorial España tuviera un gobierno regular que mantuviera la estabilidad sin arriesgarse a que apareciera la cloaca de Interior en una campaña electoral. Lo ordenado, desde luego, no era someterse al riesgo de que unas nuevas elecciones podrían haber traído un gobierno liderado por Unidos Podemos o que, como mínimo, hicieran añicos el sistema de partidos. Lo ordenado no les salió y desde luego no fue por un maléfico plan de El Poder (que contara con adelantos electorales distintos a los que tenía todo el mundo) sino porque los resortes del orden continuista fracasaron.

Tras el 26J el camino ordenado parecía despejado tanto por la terquedad y el hastío del electorado (que hacen suponer que tantas veces como sea convocado dejará un puzzle parecido) como por la urgencia con la que nos tienen que asestar los recortes vitales que conllevarán esos 15.000 millones de euros. Que Rajoy pusiera una ministra al frente del Congreso cuando ya perdió a Soria y no tiene capacidad de nombrar nuevos ministros evidencia que ese plan de lograr una investidura en breve era sincero.

Pero de nuevo fracasan. No ayuda, desde luego, que el PP tenga cada día un escándalo mayor, cualquiera de los cuales conduciría a una asociación ordinaria a la disolución: no ponen fácil que les dé el gobierno nadie que pretenda volver a pedir el voto a ciudadanos mínimamente escrupulosos. El parche Ciudadanos a duras penas se mantiene en juego pero desde la irrelevancia real. Su concurso es meramente estético pues si pasa de la abstención al sí hará más sencilla la rendición del PSOE, pero nada más: la utilidad de Ciudadanos ha sido mantener a los partidos más corruptos en el poder autonómico, recoger una parte de la sangría de votos del PP y del PSOE para evitar que cayera en malos lugares y esperar que cuando suceda la upeydización esos votos vuelvan a casa.

El PP y Ciudadanos no están funcionando bien, pero el colapso real del continuismo está en otro lado. El PSOE sufre una parálisis absoluta. Más pendiente de su crisis interna, de su inminente Congreso y de la batalla por mandar a Sánchez a la Historia, nadie del PSOE (salvo quienes ya están fuera del juego) puede impulsar la vía de orden: dar el gobierno a Rajoy y su partido procesado.

El otro motivo del colapso es que tres de las cuatro mayores fuerzas políticas habían decidido proscribir todo diálogo con el artista antes conocido como CDC y ERC, lo cual obligaba a conseguir 175 diputados sobre 350 pero excluyendo a 17 de los posibles 175. Felizmente la falta de escrúpulos del PP, Ciudadanos y CDC han roto este bloqueo: el único avance de todos estos meses es que ya se puede hablar con ellos sin ser un rompeEspañas.

Sólo hay tres alternativas y las consecuencias de dos de ellas son un previsible desastre. Las terceras elecciones serían un disparate y la permanencia en el gobierno del partido procesado, estructuralmente corrupto y que nos ha asestado tantos recortes sociales y democráticos en tan poco tiempo sería un suicidio para el país. Queda la posibilidad de un gobierno liderado por el PSOE que sería más precario por su situación orgánica como partido que por los apoyos parlamentarios que podría tener para la investidura y al que las exigencias de los otros partidos para poder sacar adelante leyes y presupuestos ayudarían a no ser el PSOE rendido a poderes ilegítimos que tantas veces hemos sufrido.

No sería una gran noticia un gobierno del PSOE ni de Pedro Sánchez: intentamos un gobierno de cambio real, que apostara valiente y sinceramente por la democracia, sin más ataduras la soberanía popular y el cumplimiento efectivo de todos los derechos humanos. Pero más allá de las razonables aspiraciones,  las cartas que se repartieron el 26J dan sólo esas tres opciones. Falta que, tras el fracaso reincidente de Rajoy hoy, Pedro Sánchez tenga el coraje, esta vez sincero, de intentar apoyarse en la mayoría parlamentaria que quiere mejorar este país.

No atreverse sería entregar a nuestro país a opciones desastrosas y evitables, sería traicionar a nuestro país. Lo nuevo no ha acabado de nacer, pero hay que ir enterrando lo más putrefacto de lo viejo  para evitar que surjan monstruos. Y para eso sí tenemos cartas.

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“Por eso voté al PP” (o nuestra tarea tras el 26J). Artículo publicado en Cuartopoder.es

Anda circulando por la red un vídeo con una de esas entrevistas a “ciudadanos anónimos” en la que una señora cuenta varias cosas.  En primer lugar que a ella, que también es pobre, le escandaliza que desahucien a una persona de 80 años por haber avalado la hipoteca de su hijo; en segundo lugar, que “de política no sé nada pero sólo sé que vienen a embolsajarse [parece que se refiere a meterse en el bolso propio lo que es de todos] y embolsajarse y embolsajarse…. ¡y a pagar el pobre!”; y en tercer lugar que “por eso voté al PP, porque más vale malo conocido que bueno por conocer y lo celebré y aplaudí y todo”.

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Una obligación moral

Ayer no cambió el país tanto como esperábamos. No creo que fuéramos ilusos quienes pensábamos que iba a cambiar mucho más; había razones para preverlo. Mi pronóstico (algún periodista que pidió ayer una porra lo tiene en su telegram) era que seguiría gobernando el PP con una persona distinta a Rajoy pero quedaría hecho añicos el sistema de partidos abriendo la puerta a un cambio político profundo en un tiempo más o menos cercano. No ha pasado lo que yo pensaba. Me equivoqué. Seguro que no sólo en el pronóstico sino también en pequeñas apuestas. Estoy convencido de que no en las grandes.

¿Qué ha pasado? No lo sé. Sé algunas cosas. Por ejemplo que no ha pasado una sola cosa sino varias de muy distinta índole que tienen que ver con el análisis del país y con el Partido. Quien crea que hay una causa, se equivoca. Quien encuentre un culpable, se equivoca. Merecemos un análisis sereno y racional, apoyado en datos y debates que no sean una mera confirmación de juicios previos al resultado (como, ay, va a ser parte de esta entrada). 

Ese análisis lo merece sobre todo nuestro pueblo. Podemos (Unidos Podemos) es una de las mejores cosas que le ha pasado políticamente a este país en michísimo tiempo. Tenemos la obligación moral de preservarlo de tentadoras guerras internas tras un resultado no satisfactorio, recordando que en Podemos no hay ni deberá haber corrientes ni facciones que compitan por el control de los aparatos pues eso nos convertiría en un partido más. Debemos seguir siendo una marea de voces plurales, donde se discute y debate de todo, pero sabiendo que la organización y sus órganos son instrumentos para cambiar las cosas, no campos de batalla. 

Podemos reúne a algunas de las más lúcidas cabezas políticas que hay en nuestro país, algunas de las personas con más coraje para poner en marcha análisis políticos. En primer lugar Pablo Iglesias, sin duda el tipo con más intuición política que he conocido. Sin la lucidez, coraje y fraternidad de estos imprescindibles nuestro pueblo hoy no tendría la herramienta de cambio político que más cerca de conseguir justicia, democracia y libertad hemos tenido en demasiadas décadas. Tenemos la obligación moral de poner a trabajar a pleno rendimiento toda esa lucidez, todo ese coraje y la máxima fraternidad, que es el valor revolucionario que siempre se nos olvida.

Creo firmemente en la apuesta que nos hemos marcado: construir un pueblo con el que cambiar el país en el rumbo de la emancipación. Ayer podríamos haber ganado un gobierno o haber avanzado mucho más. Pero un pueblo no se construye en un par de años de maratones electorales (aunque es cierto que esa construcción arranca el 15M, hace cinco años, pero la reflexión vale igual). Lo que hemos demostrado hasta ahora es una enorme capacidad para tomar posiciones: nadie hubiera apostado por en un periodo tan breve tener 71 diputados en el Congreso que plantearan que entre nuestro pueblo y las órdenes de Merkel éstas son irrelevantes. Nadie hubiera apostado por ello y habrían visto con asombro que lo recibiéramos con decepción.

Ya digo que no sé muchas cosas. Sólo tengo algunas intuiciones. Si me preguntaran, y quizás como provocación, aportaría como una de las causas de no haber avanzado tanto como esperábamos haber sido demasiado poco populistas. La tensión en la que estamos no es entre moderación y radicalidad como pretenden nuestros enemigos sino en cómo lograr ocupar la centralidad política (la hegemonía). Hubo un tiempo bastante largo en el que un 80% de la población se identificaba con el 15M sin que ello supusiera que el 15M quisiera ser amable y digerible; pero había roto los esquemas de la confrontación política de tal forma que sus propuestas radicales generaban un nuevo sentido común.

Digo que hemos sido demasiado poco populistas y no me refiero a esta campaña sino a bastante tiempo reciente (incluida también el tiempo que nos llevó al éxito del 20D, no pretendo ser oportunista). Necesitamos polarizar con algo que simboilice los ataques sociales y políticos que sufre nuestro pueblo. En el origen de Podemos (cuando yo no formaba parte de Podemos) esto fue la casta. Hoy polarizamos con el Partido Popular. Y eso nos ha remitido (mucho más que la confluencia con Izquierda Unida) al eje izquierda-derecha en el que cualquier cosa es aceptable con tal de que no sea el Partido Popular, la derecha. Afortunadamente tuvimos la firmeza de evitar la trampa que tendió el PSOE con su acuerdo de Ciudadanos y cuya asunción podría haber supuesto la definitiva entrega al eje izquierda-derecha en el papel de comparsas.

Necesitamos polarizar con poder real, no sólo con un instrumento concreto de ese poder. La polarización que necesitamos no es (sólo) entre partidos sino entre pueblo y élites, con el nombre que le demos para simbolizar a esas élites.

También necesitamos darle un nombre al cambio. En Cataluña ese nombre ha sido “Independencia”. Más allá de que uno desee que Cataluña no se independice es obvio que ha funcionado como un catalizador transversal de esperanzas de cambio. El independentismo es, sin duda, un proyecto populista (no en el burdo sentido de “demagógico” sino en el que se sitúa en nuestros debates sobre populismo). Y ha sido bastante exitoso en la conformación de pueblo y transversalidad.

Quedarán muchas reflexiones que hacer, muchos debates que tener y mucha generosidad, escucha y fraternidad. Los medios del poder ya están situando ese conflicto en ejes faccionales soñando con una guerra interna que sería indiscutiblemente letal para Podemos. Tenemos la obligación moral, insisto, de sentarnos, examinarnos con honestidad y ponernos en marcha.

Por fin tenemos el tiempo y la tranquilidad para pensar a medio y largo plazo. Y tenemos unos mimbres fabulosos.

Que no se nos olvide una imagen impresionante: la plaza del Reina Sofía ayer abarrotada de gente pese a que todos tuviéramos la sensación de cierto fracaso. Esa gente exige que estemos a la altura. Y lo estaremos.

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Si todos votamos

Por la causa que sea la última semana de campaña electoral ha estallado la imagen de cómo ha gobernado el PP. Podemos ver en alta definición la lógica con la que el Partido gestiona lo público, para qué el Partido quiere ganar las elecciones y seguir gobernando.

Han construido una red en cuya cúspide está la apropiación de los aparatos del Estado y su conversión en cloaca. Las conversaciones de Fernández Díaz nos muestran que contaban con esos aparatos sin límites: incluido el aparato judicial a través de la fiscalía. Es la misma lógica que les ha llevado a su corrupción estructural, inicialmente pensada para financiarse ilegalmente pero que, como explicó la Guardia Civil, “quien parte y reparte se lleva la mejor parte”. Durante esta legislatura lo hemos visto en todos los rincones de la Administración: Montoro nos ha demostrado día sí día también un uso ilegítimo de la Agencia Tributaria para favorecer a los ladrones del entorno, para filtrar informaciones falsas o no, qué más les da, de sus rivales. Vemos que también se han querido apropiar de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Todo bajo la lógica antidemocrática de que todo lo que no sea que gobiernen ellos es una derrota del Estado tal y como lo entienden. Bajo esa lógica el Estado debe ponerse al servicio del Partido, ya sea para financiarlo, ya para atacar a la oposición. Parece que hoy hay guerra entre sus tramas, pero lo que no aparece por ningún lado es alguien del PP que a lo que se oponga es a este funcionamiento como trama: Nadie en el PP ha mostrado su disgusto con Fernández Díaz por lo que estamos escuchando; nadie en el PP ha tenido el pudor de hacerse el demócrata.

De esa red forma parte imprescindible una trama mediática clientelar para cuya construcción se ha vulnerado la libertad de prensa al privilegiar un pesebre que distorsiona nuestro derecho a la información. Esa construcción del pesebre mediático ha tenido muchos mimbres. En el lugar más evidente está la apropiación para la propaganda del Partido de todos los medios públicos que han tenido en sus manos. Desde ellos, además, se han gastado un dineral para favorecer a productoras, empresarios, comunicadores y periodistas afines: desde ese apoyo con el dinero público luego copan las tertulias y columnas de los medios afines y asimilados mientras arruinaban los medios públicos tanto por el gasto como por la devaluación de su calidad. Han concedido licencias de TDT, favorecido concentraciones mediáticas, etc… para poner todos los medios privados que pudieran en manos de empresarios afines. El kiosko, al día siguiente de saltar el escándalo, ofrecía bochornosos silencios. Hoy mismo es obsceno el intento de limpiar la imagen del ministro con lo que estamos escuchando. Es demasiado hasta para ellos. Han regado de publicidad institucional el pesebre mediático frente a otros grupos. Y eso cristaliza en que Fernández Díaz sabe que si un invento de su cloaca no tiene sustento alguno se puede pasar a ese pesebre mediático que lo elevará como si fuera un gran hallazgo del periodismo de investigación. Hemos vivido muchos, muchísimos, ejemplos de este funcionamiento antidemocrático de ese pesebre mediático cuya lógica es antagónica a la libertad de prensa: es la sustitución de una prensa libre por una prensa al servicio de la cloaca del poder.

En la apropiación del Estado al servicio del Partido no han tenido escrúpulo alguno a la hora de sacrificar al pueblo. Es escalofriante escuchar cómo “les hemos destrozado la sanidad”: una conversación con un Ministro de España en la que se explica que para torpedear un proyecto político de un gobierno autonómico se ha destrozado la sanidad de su pueblo desde el Gobierno central. Esto significa: se ha causado enfermedad y muerte, que es contra lo que lucha la sanidad. Es un ejemplo obsceno de una práctica habitual estos años: se ha arruinado el país y los recortes han ido a sanidad, educación, condiciones laborales, servicios públicos… para favorecer a los constructores y banqueros afines, que además pasaban por caja, dejaban la “donación” que engrosaba los sobres y ayudaba a una campaña electoral con muchos más recursos que el resto de opciones políticas. La crisis ha llevado a que por primera vez desde la Guerra Civil bajara la esperanza de vida de los españoles mientras aumenta como en ningún otro país de Europa el número de ricos. Han concentrado la riqueza sacrificando la vida de la inmensa mayoría de la sociedad. El Estado es suyo y sacrifica nuestras vidas para mejorar aún más las de los suyos.

“Si todos votamos, mañana los echamos” cantábamos por las calles de España una jornada de reflexión cuando vivíamos la más bochornosa apropiación del Estado y sacrificio de los débiles que nos ha brindado el PP en su Historia: cuando decidió mentir sobre el peor atentado terrorista sufrido en España para que le fuera útil electoralmente. Afortunadamente lo que estamos viviendo no tiene ese cariz trágico. Pero responde a esa misma lógica según la cual el país es suyo y todo vale.

No merecemos un país secuestrado, no merecemos un país gobernado con la lógica de la mafia. Merecemos democracia, derechos sociales, un Estado que no rescate a mafiosos y poderosos sino a su pueblo y garantice sus derechos.

Si todos votamos, el domingo los echamos.

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Nosotros, los moderados (artículo en eldiario.es)

Los moderados somos quienes echábamos de sus casas a la gente que no podía pagar una hipoteca, quienes les condenábamos a seguir endeudados pese a que el banco se quedara su casa. Somos quienes rechazamos que si te echan de tu casa al menos se den por canceladas las deudas con el banco y puedas empezar de cero. Los moderados hemos recurrido al Tribunal Constitucional cada ley autonómica que ha defendido a los desahuciados.

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El manual de Podemos: cabeza y coraje (artículo en Cuarto Poder)

Hace unos días tuve la suerte de poder ver “Política: Manual de instrucciones”, el documental de Fernando León de Aranoa que vive desde dentro muchas de las grandes reflexiones que han vertebrado a Podemos. En la película vemos debates internos, momentos de euforia y de decepción, gestión de la decepción, caminos no siempre exquisitos para resolver cuestiones internas… vemos política.

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Intervención Pleno de la Asamblea de Madrid sobre Cocheras Cuatro Caminos (Vídeo)

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