Quien Mucho Abarca: Quien Mucho Abarca

¿Vuelve la política? Artículo en La Mirada Común

Una de las características del tiempo del 15M fue la omnipresencia de la política. Había debate político por todas partes, en los ateneos y en los bares, en sesudas tribunas de opinión y en insultos tabernarios a los corruptos, se hablaba de Gramsci y de Corinna, de la ley electoral y de la prima de riesgo. Había política por todas partes: había crisis de régimen.

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Vuelve la unidad Precrimen

En la competición en la hidra aznarista por ser el más querido por don Federico, Ciudadanos ha decidido llevar a las diversas instituciones una proposición en la que pide  que el gobierno Sánchez no indulte a los presos catalanes (“los responsables del golpe separatista“). En la Asamblea de Madrid debatiremos hoy esta proposición: ello garantiza que en todos los plenos de noviembre el grupo de Ciudadanos no habrá llevado ni una sola iniciativa al pleno de la Asamblea de Madrid que tenga que ver con las competencias de la Comunidad de Madrid. Ni una sola. Sólo circo ultra.

Lo llamativo es que en esta deriva no sólo están abandonando absolutamente todos los principios democráticos y liberales sino que aquello que no se quitan de la boca (el constitucionalismo, la independencia judicial) es la principal víctima de sus discursos. No hay demócrata ni liberal que acepte aquella unidad de precrimen que vimos en Minority Report por la que se producían condenas por hechos que aún no se han producido: desde que llegó la modernidad ese tipo de sanciones preventivas están absolutamente fuera de lo defendible. Pero es lo que está haciendo Ciudadanos al buscar el rechazo de indultos a personas que no han sido condenadas.

Están evidenciando que no creen en absoluto que los independentistas catalanes vayan a tener un juicio justo: dan por hecha su condena cuando aún no ha empezado juicio alguno. Si no dan por hecha esa condena, lo que se estaría produciendo es una evidente presión contra la independencia del Poder Judicial al asumir desde el legislativo esa condena hasta el punto de estar ya planteando la posibilidad del indulto.

Pero además están violentando su supuesto constitucionalismo: la Constitución Española sólo limita los indultos cuando se trata de delitos graves cometidos por algún miembro del Gobierno de la nación y los indultos generales (razón por la cual los autoproclamados constitucionalistas deberían rechazar la interpretación que hacen ellos de la Ley de Amnistía, que sería radicalmente inconstitucional hoy). No hay más límites: tan es así que en España se han producido indultos a golpistas de verdad (Alfonso Armada, secretario de la Casa del Rey con Juan Carlos I, golpista del 23F e indultado por Felipe González), ministros secuestradores (José Barrionuevo, ministro con Felipe González, secuestrador condenado, indultado por José María Aznar), banqueros delincuentes, torturadores… sin que el supuesto constitucionalismo se haya escandalizado nunca.

La hidra aznarista se proclama liberal y constitucionalista y no cesa de insultar los principios del liberalismo y del constitucionalismo. Con su deriva sectaria y fanática están alcanzando parámetros políticos premodernos, con un montón de asesores en comunicación del siglo XXI pero con principios políticos que no han avanzado desde Torquemada.

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Van dos constitucionalistas y se cae el de en medio

El PSOE ya tampoco es constitucionalista, pobrecito mío. Ayer Pablo Casado había convocado una cosa pomposamente llamada “cumbre constitucionalista” a la que estaban invitados los partidos que defendieron en el Congreso la permanencia de Rajoy en la Moncloa (PP, Ciudadanos y los partidos regionales de la derecha monárquica). No parecen haber sacado mucho resultado, ni siquiera una foto bonita: la foto de unidad de familia más hermosa que tienen fue la del acto de Alsasua con Ciudadanos, PP y Vox.

En realidad el acto no tiene ninguna relevancia política (como nada de lo que está haciendo Casado: todo son píldoras de rápido consumo comunicativo e inmediato olvido) pero lo que sí es importante es el nuevo estrechamiento a la derecha de eso que llaman constitucionalismo.

El principal éxito del relato de la Transición como mito fundacional del sistema político del 78 fue convencer de que en la Transición (y por tanto en la paternidad de la Constitución del 78) cabía todo el mundo excepto terroristas y fascistas inadaptados a los nuevos tiempos. Desde Alianza Popular (aunque no votara la Constitución) al Partido Comunista de España, desde Fraga a Tarradellas: todos hombres, todos padres de la Constitución, ninguna madre, pero tampoco era cuestión de entrar en detalles. Era un relato tremendamente inteligente para evitar graves disidencias: ser crítico con aspectos sustantivos de la Constitución o del sistema político (con la monarquía, por poner un ejemplo evidente) era situarse en un margen, fuera del sentido común, apartarse del lugar donde todos cabemos.

Cuando Aznar dejó de necesitar a Arzalluz y Pujol para gobernar cambió el relato. Se inventó un patriotismo constitucional (apropiándose y falsificando de una idea republicana y democrática de Habermas) para sacudir al PNV. Se creó la categoría de constitucionalista a la que pertenecía, básicamente, quien antepusiera la unidad de España a cualquier otro principio: al fin y al cabo la Constitución española no se fundamenta en la voluntad popular, ni en la democracia ni en los derechos humanos ni… “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles.“: la extraña y reiterativa (la indisoluble unidad es además indivisible) redacción del artículo 2 da un sustento nacionalista y primordialista a la Constitución al que se agarró el aznarismo.

Y desde ahí el estrechamiento. Supongo que para el PP de Aznar fue inteligente, pero para los defensores del Régimen de la Transición fue suicida: en vez de seguir usando el mito político como un abrazo del oso del que sólo escaparan flecos marginales, se convirtió en un látigo contra herejes. Cada vez más gente fuera del constitucionalismo (con la aquiescencia del PSOE): nacionalistas vascos, catalanes, Izquierda Unida, socialistas catalanes… Poco a poco constitucionalista se convertía en sinónimo sólo de PP y ala derecha del PSOE. Sin ese disparate habría sido mucho más complicada una impugnación política tan importante como el 15M.

Con su deriva ultra y ese constitucionalismo apropiado, PP, Ciudadanos y Vox (que también forma parte del bloque constitucionalista según supimos, por ejemplo, en Alsasua) han expulsado también al PSOE. No es sólo Casado: Albert Rivera también ha situado al PSOE fuera de la religión única y verdadera.

Ser constitucionalista no significa defender que España tenga una Constitución democrática, ni significa defender que la Constitución de 1978 no deba cambiarse ni una coma (PP y PSOE la han cambiado, ¿por qué otros cambios serían menos legítimos?). Ser constitucionalista ya sólo significa formar parte de las derechas monárquicas. Nada más. Y ello puede ser temporalmente útil para esas derechas monárquicas, pero desde luego es suicida para quienes quieran defender el statu quo del 78. Ellos sabrán.

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Quered un poco a Madrid, quered un poco a Podemos

No. Las primarias que se han convocado en Podemos para elegir la lista que participará en las primarias que se convocarán en la plataforma que concurrirá a las elecciones municipales en Madrid no son “las primarias que dan la palabra a los inscritos porque en Podemos decide la gente“. No. Esta convocatoria tan incomprensible para cualquier persona que no pase las 24h mirando el ombligo de una organización política es simplemente un instrumento tacticista (con sus truquitos, normas ad hoc y fotos de colores) para presionar a Manuela Carmena.

Tras meses pidiéndoselo todo el mundo, cargos políticos, concejales, pero sobre todo miles y miles de ciudadanos de Madrid (y no sólo de Madrid), Manuela Carmena aceptó volver a ser candidata en 2019. Es un acto de generosidad mayúsculo en una persona mayor que bien podría querer descansar y disfrutar de su familia de una vez, que bien merecido lo tendría.  Cuando Manuela Carmena aceptó, explicó públicamente que una de las razones era que contaba con los concejales que han contribuido al mejor equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid desde Tierno. Ayer mismo Manuela Carmena especificó que Rita, Jorge, Paco, Esther, Marta y José Manuel eran, obviamente, parte de ese equipo con el que cuenta.

No, no eran unas primarias para que decidiera la gente. Eran la forma de coger a una parte sustantiva del equipo de Manuela Carmena como rehén: si quieres a tu equipo te tienes que tragar el mío. De hecho ni en 2015 Podemos planteó unas primarias propias previas a las de Ahora Madrid ni en 2019 las va a plantear en otras ciudades donde no se quiere echar este pulso a la alcaldesa: nada que ver con ningún supuesto ADN. Los concejales (de las diversas corrientes internas, esto no va de eso) que llevan cuatro años dejándose la vida por la ciudad de Madrid (sus amigos somos muy conscientes) decidieron el domingo por la noche que no estaban dispuestos a dejarse usar en esos términos. Y ayer la dirección madrileña de Podemos decidió primero filtrar a la prensa y luego aprobar la suspensión de militancia a los principales cargos públicos que tiene su partido (la portavoz de la capital de España, el concejal de Hacienda de la capital de España, el concejal de urbanismo de la capital de España… chorradas) mediante una resolución condicional (“si finalmente la intención pública manifestada de concurrir en las listas electorales sin haber sido elegidos en el proceso de primarias de Podemos no se concreta, la suspensión se anulará inmediatamente“) no ya incompatible con el valor revolucionario de la fraternidad (¡ay!) sino con los más triviales principios liberales y democráticos.

Flaco favor a Madrid, flaco favor a Manuela Carmena. Pero además, un suicidio para Podemos. No sólo porque un recorrido tan grotesco con una meta tan inaudita no es precisamente una ayuda para revalidar el gobierno de la capital de España. También porque contribuye a esa dinámica de poda interna que ha ido sustituyendo el fenomenal ejemplo de inteligencia colectiva por una extraña cultura de obediencia ciega y tacticismo interno, que usa mecanismos nominalmente democráticos para implantar la aquiescencia, que sustituye la inteligente militancia líquida de los orígenes por una férrea disciplina impropia siquiera de otros partidos. Pero sobre todo porque con esta automutilación, si es que finalmente se mantiene, Podemos se está quedando como una parte importante, pero cada vez con menos peso, del bloque del cambio que se manifiesta en toda España de mil formas; en algún momento habrá que repensarse como bloque y no parece tampoco brillante llegar a esa situación empequeñecidos por voluntad propia.

Quiero pensar que imperará la cordura y que los disparates se revertirán. Que alguien aprenderá que la inteligencia y la audacia (y su consecuencia: la flexibilidad intelectual) con las que nació Podemos están en las antípodas de lo que manifiestan decisiones como la de anoche, que pone un punto y seguido a todo este disparatado proceso. Quered un poco a Madrid, quered un poco a Podemos, quered un poco a nuestro pueblo. Evitad este desastre… para todos.

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Los presupuestos ya no son lo que eran

Hasta hace poco la votación de los presupuestos era la votación más importante que había cada año. No sólo se aprobaban las cuentas sino que, con los presupuestos, se revalidaba o se negaba la confianza en el gobierno: pasaba con el gobierno estatal pero también con los gobiernos autonómicos y municipales. Un gobierno que aprobaba sus presupuestos podía respirar tranquilo un año; un gobierno que no conseguía aprobar sus presupuestos entraba en una crisis severísima y la convocatoria de elecciones era el paso inmediato.

Desde que en 2015 empezaron a desaparecer las mayorías cómodas en municipios, comunidades y finalmente en el Congreso de los Diputados las cosas ya no son así. Los presupuestos son importantísimos, sí, pero porque aprueban unas cuentas adaptadas al año que comienza (o incluso al año en curso muchas veces) pero ni garantizan ni tumban gobiernos, al menos no por sí solos. El ejemplo más evidente fue Mariano Rajoy, que no consiguió aprobar los presupuestos de 2018 durante el año 2017 sin que eso anunciara elecciones inminentes. Pero una semana después de conseguir aprobarlos, cayó por una moción de censura.

Especialmente mientras siga la crisis catalana (y no tiene pinta de que se resuelva pronto) el Parlamento español está condenado a la precariedad. Precisamente el nacionalismo catalán era el que garantizaba la estabilidad de los gobiernos españoles: era cuando llamábamos seny a la corrupción de los partidos de Pujol y Duran i Lleida en la que se apoyaban Felipe González y Aznar para obtener la mayoría que no tenían solos. Eso desapareció y durante unos años más bien tendremos partidos catalanes sometidos a vaivenes importantes mientras no se arregle política y penitenciariamente el conflicto catalán. Sólo la hidra aznarista (PP, Ciudadanos y Vox) parece que podrían llegar a sumar una mayoría estable en los próximos ciclos electorales.

Los Presupuestos no son lo que eran. El gobierno de Sánchez no estaría condenado a unas elecciones inmediatas si no consigue aprobar los Presupuestos. Pero precisamente por eso tiene poco sentido que ERC y PDCat actúen como si los Presupuestos fueran una especie de cuestión de confianza en el gobierno de Sánchez. Los Presupuestos hoy ni dan ni quitan la confianza al gobierno; los Presupuestos aprueban sólo las cuestiones materiales que se aplicarán a todos los ciudadanos que viven en España lo cual incluye, qué le van a hacer, a Cataluña.

Descargados de la carga simbólica, los PGE son, simplemente, los que permitirán aumentar el gasto en dependencia, la subida de las pensiones y una mayor justicia fiscal, los que permitirán que el conjunto de la península ibérica le diga a Europa que hay otra política económica que no consiste asfixiar a sus ciudadanos. Es lo que permitirá romper con la política económica de Rajoy más allá de parches que troceen el presupuesto… y también tengan que aprobarse en el Congreso.

Claro que es importantísimo que se aprueben los presupuestos. Pero es mucho más importante para la ciudadanía que para el gobierno de Pedro Sánchez. Quizás por eso el gobierno de Pedro Sánchez esté haciendo tan pocos esfuerzos por lograr aprobarlos.

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El loco mundo del PP y Ciudadanos en Madrid

Como la mayoría de los jueves, hoy tenemos Pleno en la Asamblea de Madrid. Va a ser un pleno especialmente largo porque, contra lo que es habitual, el PP ha presentado un par de iniciativas. Dos iniciativas de sentido idéntico a las dos que presenta Ciudadanos:  una atacando al Ayuntamiento de Madrid por Madrid Central y la otra exigiendo que se aplique el artículo 155 de nuevo a Cataluña (la del PP añade que hay que honrar al rey, a los símbolos de España y a la Transición): no es broma, estas dos son la 5.1 y 5.2 del orden del día.

Es un poco llamativo que ambos presenten las mismas iniciativas (son proposiciones no vinculantes y en esas Ciudadanos solía hacer como que se oponía al PP reservando su amor conyugal para las leyes, presupuestos e investiduras: las cosas de verdad), pero sobre todo es muy revelador que hayan decidido ambos que en la Comunidad de Madrid no tienen nada que proponer que sea competencia de la Comunidad de Madrid. Su único proyecto político es incendiar la convivencia en una España que quieren rancia, inmovilista, uniforme y autoritaria y atacar al Ayuntamiento de Madrid aunque para ello se haga el ridículo anclándose en el modelo desarrollista de los años 60.

Quienes no vivan en Madrid probablemente no hayan oído hablar de Madrid Central. Pues bien: es el motivo por el que en pocas semanas habrá caos y destrucción. Si hay un atasco en Cartagena recordad que es por culpa de que Manuela Carmena ha atacado a los coches de los niños que van al cole sin informes y al mismo tiempo con informes cuyos datos son de 2004. Todo ello (que las consecuencias de Madrid Central superan en el tiempo y en el espacio a la aplicación de Madrid Central, que se ataca a los coches, que se prohibirá llevar en coche a los niños al cole, que no hay informes y que sí hay informes cuyos datos son de 2004) los han dicho uno a uno el PPCs (político-mediático). Y todos son mentira.

Sin ir a las astracanadas histriónicas y mentirosas del presidente de la Comunidad de Madrid y Begoña Villacís, lo que en realidad es Madrid Central es lo mismo que se está haciendo en todas las grandes ciudades europeas para modernizar la movilidad y reducir la contaminación para que podamos respirar aire más limpio (o menos sucio, para empezar): limitar el acceso en coche al centro de la ciudad. Por primera vez en demasiadas décadas la ciudad de Madrid va de la mano de las principales ciudades de Europa.

Y por enésima vez la derecha madrileña nos quieren anclar al pasado, a ese imaginario que tenían los tecnócratas del Opus que gobernaban España en los 60 y que medían el progreso en humo y asfalto. Aquellos siniestros gobernantes tenían al menos la excusa de ir (en esa materia) con los tiempos en un momento en el que no se hablaba de cambio climático, de contaminación, ni del perjuicio para la salud que causaba el humo de los coches. La “boina”  (la nube de mierda que respiramos y que se ve sobre Madrid desde las afueras) era progreso. Y a eso dicen querernos anclar las derechas madrileñas.

En los años 80 el PP de Madrid hizo el ridículo oponiéndose a que se prohibiese ir en coche por el Retiro. Tres décadas y media después seguro que el propio PP reconocería su ridículo. No está mal que PP y Ciudadanos vayan de la mano sin nada que proponer a la Comunidad de Madrid sino la ira, la mentira y la confrontación: es muy pedagógico para la ciudadanía madrileña. No va a hacer falta esperar tanto como con el Retiro para comprobar el actual ridículo del PP-Ciudadanos (político-mediático) oponiéndose a la modernización de Madrid, a la salud de los madrileños. El año pasado hicieron el ridículo cuando se opusieron a la mejora de Gran Vía para los peatones y prontísimo comprobaron que la ciudadanía de Madrid aplaude estos cambios que mejoran la amabilidad de la ciudad. No van a tener que esperar: su ridículo ya está aquí.

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No es la democracia, es el mercado, amigo

Puede no compartir la sentencia, pero supongo que la acata ¿no?”; “se comparta o no la sentencia, hay que respetar a la Justicia”; “Dura lex, sed lex“… Cada vez que los tribunales han emitido una sentencia difícilmente aceptable recitábamos la retahíla de tópicos para evitar las críticas. Uno a uno han sido tumbados por el Tribunal Supremo. Es el propio Supremo el que ha decidido no acatar la sentencia del Supremo sobre el pago del impuesto a las hipotecas. Es la propia Justicia la que ha decidido faltarse el respeto a sí misma, es el Tribunal Supremo el que ha decidido flexibilizar la ley para regatear una sentencia propia y reducir su aplicación al mínimo.

Al conocer el texto dictado por la sala contencioso-administrativa llamé a mi buen amigo Jorge Caplan, abogado con experiencia en asuntos bancarios y que trabaja habitualmente con el Tribunal Supremo. “En el caso de que haya sentencias contradictorias hay un recurso para unificación de doctrina para dirimir, pero esto no sé lo que ha sido, creo que nadie lo sabe; es que han montado una estructura que yo no sé si tiene encaje legal. Porque lo de juntar a toda la sala se hace en temas complejos antes de emitir la sentencia.. aquí lo han hecho a posteriori“, me dice Caplan. “Es una cosa inexplicable y que hasta donde yo sé no tiene precedente. Por la nota de prensa del C.G.P.J. se deduce que en los próximos días publicarán las sentencias, supongo que enmendadas, pero yo no conozco la estructura que soporta esto. Una cosa es cuando hay discusión y el Tribunal Supremo o un Pleno de Magistrados de Audiencia Provincial fijan un criterio, pero desdecir una sentencia que ha declarado nulo un Reglamento es una barbaridad.

Seguro que esta mañana ya estarán circulado los argumentarios para que tertulianos y columnistas dóciles puedan explicarnos que no tenemos ni puta idea, que hay que respetar a la Justicia y acatar esto que ha publicado el Supremo, sea lo que decidan que ha sido, que la ley es dura, pero es la ley. Ayer no había un solo jurista que pudiera explicar por qué el Tribunal Supremo había hecho este giro contorsionista salvo porque la banca siempre gana.

No sé si la banca española podía resistir pagar los impuestos que le tocaban y que encasquetó a los ciudadanos de a pie. La que no va a poder resistir el golpe es la Justicia española, que ha perdido por su propia voluntad toda la legitimidad que da ser una justicia independiente. Porque la separación de poderes y la independencia judicial debe abarcar al poder económico y ayer se evidenció que nuestro poder judicial se somete sin disimulo a la banca, la misma banca a la que se sometió el gobierno arruinando a los españoles para rescatarla. Aquel Gobierno como este Tribunal Supremo responden a la banca: la democracia es precisamente el sistema por el que el pueblo elige unas instituciones fuertes que defiendan al pueblo de los poderosos y estamos viendo que sucede lo contrario. La misma crisis de régimen que acarreó aquella felonía toca de nuevo a la puerta con ésta.

No es de extrañar que millones de españoles estén hartos. Muchos de ellos porque saben lo que les está costando pagar la hipoteca. Todos porque sabemos que en la última década hemos pasado a vivir peor porque nuestro país, nuestras instituciones, nuestros derechos, se han puesto al servicio de una banca que reparte dividendos millonarios mientras los salarios españoles bajan, las Pymes están asfixiadas y los pensionistas tienen que poner en jaque a los gobiernos para que no baje el poder adquisitivo de las pensiones por las que cotizaron toda la vida.

No es la democracia, es el mercado, amigos.

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Se queda

No está muy claro que pertenecer a un órgano de dirección del PP sirva de algo. Las veces que ha trascendido una reunión de alguno ha consistido en un discurso del presidente, ovación de los asistentes y a otra cosa. En los partidos políticos hay gente que manda muchísimo sin necesidad de estar en órgano alguno: generalmente la gente más turbia que manda mucho no necesita cargo que justifique su mando en plaza. Cospedal ha anunciado que deja un órgano de dirección del partido. Y con ello gana tiempo libre, que siempre es agradable.

¿Por qué habría de irse Cospedal? Desde luego no por mentirosa ni por andar en líos con gangsters. El Partido Popular está presidido por el mentiroso más notable de nuestra memoria política, un tipo que se inventó currículum personal y ha pasado a inventarse el currículum de toda España. El Partido Popular lleva muchos años construyendo su discurso mediante dosieres de gangsters con la complicidad de los enlaces de esas mafias en la prensa. Construyó sus ataques contra Podemos, Ahora Madrid e incluso contra el independentismo catalán con dosieres de la mafia, fabricando mentiras, manipulando hechos y financiando la búsqueda de supuestos escándalos (¿alguien se cree que hubo ciudadanos motivados que encontraron casualmente tuits antiguos con los que fabricar campañitas de desprestigio personal?).

El PP apenas ha disimulado que es un altavoz de la mafia, lo que estamos comprobando es que la mafia no le ha dado basura por amor al arte sino por acuerdos celebrados con la cúpula del PP.

Las mentiras luego se blanquean a través de medios afines o de la creación de webs de periodistas ligados al gangster de turno y ya las puede usar el PP tranquilamente: “No lo digo yo, lo dice la prensa” es probablemente la frase que más he escuchado en esta legislatura cada vez que el PP afirma que ellos pueden ser unos corruptos pero que Podemos es narcotraficante, pederasta y terrorista. “No lo digo yo, lo dice una investigación policial” complementa siempre el pesebre mediático de la mafia.

Si Cospedal acaba yéndose no es por mentirosa ni por mafiosa sino porque es el único poder interno que puede poner límites a Casado, el grupo que le dio el poder a cambio de cuotas internas. O acaso por haberse equivocado eligiendo la mafia a la que se ligaba: han pillado a Villarejo y, no sabemos con qué criterio, está decidiendo señalar a algunas, sólo algunos de momento, de las personas con las que anduvo conspirando.

Pero el PP es una organización cuya esencia desde hace demasiado es delictiva. La estructura e ideología es ya el mero caparazón para engañar a millones de incautos haciéndoles pensar que vale, que en la cúpula del partido hay instalada una panda de ladrones que usan métodos mafiosos para financiarse, atacar a los otros y mantenerse en el poder. Pero son los ladrones que defienden la unidad de España, la familia católica y lo que creen que es la única política económica racional. Son unos ladrones pero habrá que taparse la nariz.

No hay un solo español que crea que Cospedal se vaya a ir (si es que al final se va) porque en el PP no quieran mentira ni mafia. Se irá por torpe, porque le han pillado, porque es molesta internamente, porque no da votos. Se irá a algún sitio donde tenga suficiente bienestar como para que no aparezcan mas grabaciones de otros dirigentes políticos del PP. No se irá por mafiosa sino por incómoda.

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Así aprenderán estos españoles


Creo que el del pasado viernes fue el primer tuit que me generó cientos de insultos de catalanes (el perfil sociológico de los insultos que recibo en twitter suele ser otro, qué le vamos a hacer). El tuit decía que entendía “perfectamente el enfado de PDCat y ERC. 15 años o más de cárcel por lo que sucedió en Cataluña es una barbaridad incompatible con el principio de proporcionalidad. Pero no votar unos presupuestos que harían vivir mejor a los catalanes me parecería un error mayúsculo.” Nada del otro mundo, creo, aunque quizás en un momento de especial sensibilidad (que comparto) por las injustificables penas que se pide a los dirigentes políticos catalanes independentistas.

Según escribo esto el tuit tiene algo más de dos mil respuestas. Algunas discrepancias fueron respetuosas (Gabriel Rufián, Albano Dante Fachín); alguna periodista compara mi tuit con Franco o con cualquier dictador al tiempo que me explica que parezco un párvulo y que si fuera adulto le daría la razón. Qué se le va a hacer: cada cual argumenta como sabe o quiere.

No vamos a venir ahora a llorar y descubrir que hay quien aprovecha la distancia o el desconocimiento para insultar o disfrazar de argumentos los meros ataques ad hominem. Pasa en Twitter como pasa en los atascos, cada uno metido en su coche e insultando al de al lado.

Me parece más relevante el argumento más repetido en aquellas respuestas con apenas diferencias estilísticas: nos la sudan vuestros presupuestos, para que Cataluña viva mejor (para que suban las pensiones también de los catalanes, mejore la dotación a la dependencia también de los catalanes, haya una fiscalidad que permita aumentar el gasto social, suba el Salario Mínimo Interprofesional también de los catalanes) lo que tenemos que hacer es independizarnos, meteos vuestras migajas por el culo.

Todo ello podría ser razonable con una prosa más delicada y, sobre todo, con un principio de realidad más consolidado. En noviembre de 2018 es un poco absurdo decir que en vez de los presupuestos de 2019 lo que va a hacer Cataluña es independizarse. Hace algo más de un año ya hubo traidores que trataron de explicar que más allá de lo conveniente o inconveniente del proyecto independentista, ni había las anunciadas estructuras paralelas para un nuevo Estado ni había ninguna posibilidad de que la anunciada independencia se llevara a cabo así. Unas semanas después el Parlament aprobó una proposición no de ley heroica para unos y golpista para otros (una proposición no de ley, insisto) pero que acabó con la Generalitat intervenida por Rajoy y la dirección política de Cataluña en la cárcel o en el exilio. Un año después Cataluña tiene un Govern que no da un paso fuera de la legalidad y unas amenazas de cárcel brutales. Ni un solo avance para los independentistas y un impresionante deterioro político para Cataluña.

No tengo claro que el conflicto catalán (y el español) tengan solución. De tenerla se trataría de un trabajo de orfebrería, de muchísimo detalle, de movimientos cortos para desenquistar un enfrentamiento y hacer posible una solución. Algo necesario para toda España y para Cataluña excepto para la hidra aznarista, encantada con el colapso y la escalada de conflicto y represión. Estoy convencido de que si hay alguna salida pasa por el entendimiento a fuego lento entre las muy distintas opciones democráticas españolas y catalanas que generen un nuevo marco español en el que Cataluña no se sienta atacada y encadenada. Un marco pacífico, fraternal y democrático, que no se decreta sino que se trabaja con paciencia (e incomprensión muchas veces).

Probablemente pequé de ingenuo o de frío con ese tuit pidiendo (tan pronto) que pese al hachazo moral que suponían las peticiones de pena los partidos independentistas mantuvieran la cabeza fría y pensaran estratégicamente. Asumo completamente ese error (que viniendo de un tipo políticamente irrelevante no creo que sea dramático, pero da igual). De hecho, me resulta una obviedad que desde la moción de censura en el Congreso para acá, el independentismo se ha comido (con inteligencia) más sapos que el PSOE (con cobardía pese a su probable sensación de estar siendo heroicamente audaz). Del mismo modo, creo que era una ingenuidad pensar que el gobierno de Pedro Sánchez fuera a impulsar una sumarísima vuelta a la racionalidad de la Abogacía del Estado y de la fiscalía: porque sí, los gobiernos españoles influyen en la fiscalía y hasta en los jueces (especialmente en las altas magistraturas), lo sabemos todos aunque también sabemos que hay que hacer como que no es así. Pero sólo se podía pensar que el gobierno iba a alentar un cambio tan rápido entendiendo la política como un juego de rol ajeno a la realidad política y al PSOE como un partido mucho más valiente de lo que es.

Debilitar una mayoría parlamentaria como la actual, renunciar al presupuesto que rompe con lustros de inercias antisociales y facilita consolidar un lento pero importante cambio político, buscar nuevas elecciones generales que lo mejor que pueden traer es unas mayorías parlamentarias como las actuales… es jugar a ser el escuadrón suicida de La Vida de Brian para que se enteren los españoles. Mientras, la hidra aznarista empieza su Don Pelayo´s Tour en Alsasua.

Seguro que pequé de ingenuo y no entendí que ese día (quizás hoy tampoco) no se podía decir esa obviedad. Pero quien quiera desatascar el conflicto español y catalán (que es, hasta ahora, una monumental acumulación de fracasos) sabe que va a tocar mucha cabeza fría, mucha incomprensión, mucho paso corto y una mirada muy larga.

 

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Miedo

Es imposible que ningún demócrata piense honestamente que 15 años o más de cárcel para los dirigentes políticos catalanes sea una pena proporcionada, siquiera humana. Es una monstruosidad.

No entro en la inexistencia del “alzamiento tumultuario” necesario para la rebelión (violenta) y la sedición. Ni en la ausencia de una sola prueba (sorprendentemente, lo reconozco) de que se pagara el 1-O con dinero público, que sería el que habrían malversado. Que sólo la desobediencia parezca encajar claramente en lo que sucedió el año pasado empieza a ser irrelevante.

Supongamos que, a pesar de lo que explican numerosos juristas españoles y extranjeros, la ley española amparase esa absolutamente desproporcionada pena para los hechos que sucedieron en Cataluña el pasado otoño. En ese supuesto los españoles tendríamos un serio problema con nuestra ley, que se parecería más a la sed de venganza frente al enemigo político que a una legalidad moderna y liberal.

Pero lo que más asusta es ver a opinadores y políticos encantados con estas peticiones de pena o incluso indignados por la supuesta escasez de las penas propuestas por la Abogacía del Estado, que alcanzan los quince años de cárcel. Para que nos hagamos una idea: es la misma pena que ayer pedía la fiscalía para un hombre que violó y dejó embarazada a una niña de 11 años aprovechando que era la hija de su mujer.

Asusta el ansia de venganza, la crueldad contra el enemigo político, la fiereza insaciable. Incluso aquellos (si hay alguien, que no lo sé) que piensen honestamente que eso es lo que toca según la ley, ¿no hay nadie que reconozca la monstruosidad que supondría para España aplicar penas de esa índole, que nos colocarían (cada vez más) a los ojos de tantos países como una de las emergentes democracias autoritarias?

Tengamos claro una cosa: quienes, en vez de resolver un dificilísimo conflicto político con la mitad de los catalanes, prefieren saciar su inmensa sed de castigo, extenderán su voluntad de venganza contra cualquier otra posición que consideren molesta. Y son quienes nos hacen cómplices de cualquier delito a cualquiera que no aplauda a la hidra aznarista. Por ejemplo, los que llaman golpista a Pedro Sánchez ¿no lo encarcelarían también si lograran la propaganda y el apoyo de jueces para ello?

Quienes se entusiasman con la petición de lustros y lustros de cárcel hoy, no dudarán en apartarnos de la circulación con los métodos que consigan que parezcan aceptables a todos los demás mañana. No lo dudemos.

No hace falta tener la menor simpatía por el proyecto independentista. Sólo hace falta tener un poco de empatía, humanidad y sentido de la proporcionalidad. O alguien tiene la valentía de parar esta monstruosidad o Junqueras sólo será el primero.

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