Quien Mucho Abarca: Quien Mucho Abarca

“Por eso voté al PP” (o nuestra tarea tras el 26J). Artículo publicado en Cuartopoder.es

Anda circulando por la red un vídeo con una de esas entrevistas a “ciudadanos anónimos” en la que una señora cuenta varias cosas.  En primer lugar que a ella, que también es pobre, le escandaliza que desahucien a una persona de 80 años por haber avalado la hipoteca de su hijo; en segundo lugar, que “de política no sé nada pero sólo sé que vienen a embolsajarse [parece que se refiere a meterse en el bolso propio lo que es de todos] y embolsajarse y embolsajarse…. ¡y a pagar el pobre!”; y en tercer lugar que “por eso voté al PP, porque más vale malo conocido que bueno por conocer y lo celebré y aplaudí y todo”.

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Una obligación moral

Ayer no cambió el país tanto como esperábamos. No creo que fuéramos ilusos quienes pensábamos que iba a cambiar mucho más; había razones para preverlo. Mi pronóstico (algún periodista que pidió ayer una porra lo tiene en su telegram) era que seguiría gobernando el PP con una persona distinta a Rajoy pero quedaría hecho añicos el sistema de partidos abriendo la puerta a un cambio político profundo en un tiempo más o menos cercano. No ha pasado lo que yo pensaba. Me equivoqué. Seguro que no sólo en el pronóstico sino también en pequeñas apuestas. Estoy convencido de que no en las grandes.

¿Qué ha pasado? No lo sé. Sé algunas cosas. Por ejemplo que no ha pasado una sola cosa sino varias de muy distinta índole que tienen que ver con el análisis del país y con el Partido. Quien crea que hay una causa, se equivoca. Quien encuentre un culpable, se equivoca. Merecemos un análisis sereno y racional, apoyado en datos y debates que no sean una mera confirmación de juicios previos al resultado (como, ay, va a ser parte de esta entrada). 

Ese análisis lo merece sobre todo nuestro pueblo. Podemos (Unidos Podemos) es una de las mejores cosas que le ha pasado políticamente a este país en michísimo tiempo. Tenemos la obligación moral de preservarlo de tentadoras guerras internas tras un resultado no satisfactorio, recordando que en Podemos no hay ni deberá haber corrientes ni facciones que compitan por el control de los aparatos pues eso nos convertiría en un partido más. Debemos seguir siendo una marea de voces plurales, donde se discute y debate de todo, pero sabiendo que la organización y sus órganos son instrumentos para cambiar las cosas, no campos de batalla. 

Podemos reúne a algunas de las más lúcidas cabezas políticas que hay en nuestro país, algunas de las personas con más coraje para poner en marcha análisis políticos. En primer lugar Pablo Iglesias, sin duda el tipo con más intuición política que he conocido. Sin la lucidez, coraje y fraternidad de estos imprescindibles nuestro pueblo hoy no tendría la herramienta de cambio político que más cerca de conseguir justicia, democracia y libertad hemos tenido en demasiadas décadas. Tenemos la obligación moral de poner a trabajar a pleno rendimiento toda esa lucidez, todo ese coraje y la máxima fraternidad, que es el valor revolucionario que siempre se nos olvida.

Creo firmemente en la apuesta que nos hemos marcado: construir un pueblo con el que cambiar el país en el rumbo de la emancipación. Ayer podríamos haber ganado un gobierno o haber avanzado mucho más. Pero un pueblo no se construye en un par de años de maratones electorales (aunque es cierto que esa construcción arranca el 15M, hace cinco años, pero la reflexión vale igual). Lo que hemos demostrado hasta ahora es una enorme capacidad para tomar posiciones: nadie hubiera apostado por en un periodo tan breve tener 71 diputados en el Congreso que plantearan que entre nuestro pueblo y las órdenes de Merkel éstas son irrelevantes. Nadie hubiera apostado por ello y habrían visto con asombro que lo recibiéramos con decepción.

Ya digo que no sé muchas cosas. Sólo tengo algunas intuiciones. Si me preguntaran, y quizás como provocación, aportaría como una de las causas de no haber avanzado tanto como esperábamos haber sido demasiado poco populistas. La tensión en la que estamos no es entre moderación y radicalidad como pretenden nuestros enemigos sino en cómo lograr ocupar la centralidad política (la hegemonía). Hubo un tiempo bastante largo en el que un 80% de la población se identificaba con el 15M sin que ello supusiera que el 15M quisiera ser amable y digerible; pero había roto los esquemas de la confrontación política de tal forma que sus propuestas radicales generaban un nuevo sentido común.

Digo que hemos sido demasiado poco populistas y no me refiero a esta campaña sino a bastante tiempo reciente (incluida también el tiempo que nos llevó al éxito del 20D, no pretendo ser oportunista). Necesitamos polarizar con algo que simboilice los ataques sociales y políticos que sufre nuestro pueblo. En el origen de Podemos (cuando yo no formaba parte de Podemos) esto fue la casta. Hoy polarizamos con el Partido Popular. Y eso nos ha remitido (mucho más que la confluencia con Izquierda Unida) al eje izquierda-derecha en el que cualquier cosa es aceptable con tal de que no sea el Partido Popular, la derecha. Afortunadamente tuvimos la firmeza de evitar la trampa que tendió el PSOE con su acuerdo de Ciudadanos y cuya asunción podría haber supuesto la definitiva entrega al eje izquierda-derecha en el papel de comparsas.

Necesitamos polarizar con poder real, no sólo con un instrumento concreto de ese poder. La polarización que necesitamos no es (sólo) entre partidos sino entre pueblo y élites, con el nombre que le demos para simbolizar a esas élites.

También necesitamos darle un nombre al cambio. En Cataluña ese nombre ha sido “Independencia”. Más allá de que uno desee que Cataluña no se independice es obvio que ha funcionado como un catalizador transversal de esperanzas de cambio. El independentismo es, sin duda, un proyecto populista (no en el burdo sentido de “demagógico” sino en el que se sitúa en nuestros debates sobre populismo). Y ha sido bastante exitoso en la conformación de pueblo y transversalidad.

Quedarán muchas reflexiones que hacer, muchos debates que tener y mucha generosidad, escucha y fraternidad. Los medios del poder ya están situando ese conflicto en ejes faccionales soñando con una guerra interna que sería indiscutiblemente letal para Podemos. Tenemos la obligación moral, insisto, de sentarnos, examinarnos con honestidad y ponernos en marcha.

Por fin tenemos el tiempo y la tranquilidad para pensar a medio y largo plazo. Y tenemos unos mimbres fabulosos.

Que no se nos olvide una imagen impresionante: la plaza del Reina Sofía ayer abarrotada de gente pese a que todos tuviéramos la sensación de cierto fracaso. Esa gente exige que estemos a la altura. Y lo estaremos.

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Si todos votamos

Por la causa que sea la última semana de campaña electoral ha estallado la imagen de cómo ha gobernado el PP. Podemos ver en alta definición la lógica con la que el Partido gestiona lo público, para qué el Partido quiere ganar las elecciones y seguir gobernando.

Han construido una red en cuya cúspide está la apropiación de los aparatos del Estado y su conversión en cloaca. Las conversaciones de Fernández Díaz nos muestran que contaban con esos aparatos sin límites: incluido el aparato judicial a través de la fiscalía. Es la misma lógica que les ha llevado a su corrupción estructural, inicialmente pensada para financiarse ilegalmente pero que, como explicó la Guardia Civil, “quien parte y reparte se lleva la mejor parte”. Durante esta legislatura lo hemos visto en todos los rincones de la Administración: Montoro nos ha demostrado día sí día también un uso ilegítimo de la Agencia Tributaria para favorecer a los ladrones del entorno, para filtrar informaciones falsas o no, qué más les da, de sus rivales. Vemos que también se han querido apropiar de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Todo bajo la lógica antidemocrática de que todo lo que no sea que gobiernen ellos es una derrota del Estado tal y como lo entienden. Bajo esa lógica el Estado debe ponerse al servicio del Partido, ya sea para financiarlo, ya para atacar a la oposición. Parece que hoy hay guerra entre sus tramas, pero lo que no aparece por ningún lado es alguien del PP que a lo que se oponga es a este funcionamiento como trama: Nadie en el PP ha mostrado su disgusto con Fernández Díaz por lo que estamos escuchando; nadie en el PP ha tenido el pudor de hacerse el demócrata.

De esa red forma parte imprescindible una trama mediática clientelar para cuya construcción se ha vulnerado la libertad de prensa al privilegiar un pesebre que distorsiona nuestro derecho a la información. Esa construcción del pesebre mediático ha tenido muchos mimbres. En el lugar más evidente está la apropiación para la propaganda del Partido de todos los medios públicos que han tenido en sus manos. Desde ellos, además, se han gastado un dineral para favorecer a productoras, empresarios, comunicadores y periodistas afines: desde ese apoyo con el dinero público luego copan las tertulias y columnas de los medios afines y asimilados mientras arruinaban los medios públicos tanto por el gasto como por la devaluación de su calidad. Han concedido licencias de TDT, favorecido concentraciones mediáticas, etc… para poner todos los medios privados que pudieran en manos de empresarios afines. El kiosko, al día siguiente de saltar el escándalo, ofrecía bochornosos silencios. Hoy mismo es obsceno el intento de limpiar la imagen del ministro con lo que estamos escuchando. Es demasiado hasta para ellos. Han regado de publicidad institucional el pesebre mediático frente a otros grupos. Y eso cristaliza en que Fernández Díaz sabe que si un invento de su cloaca no tiene sustento alguno se puede pasar a ese pesebre mediático que lo elevará como si fuera un gran hallazgo del periodismo de investigación. Hemos vivido muchos, muchísimos, ejemplos de este funcionamiento antidemocrático de ese pesebre mediático cuya lógica es antagónica a la libertad de prensa: es la sustitución de una prensa libre por una prensa al servicio de la cloaca del poder.

En la apropiación del Estado al servicio del Partido no han tenido escrúpulo alguno a la hora de sacrificar al pueblo. Es escalofriante escuchar cómo “les hemos destrozado la sanidad”: una conversación con un Ministro de España en la que se explica que para torpedear un proyecto político de un gobierno autonómico se ha destrozado la sanidad de su pueblo desde el Gobierno central. Esto significa: se ha causado enfermedad y muerte, que es contra lo que lucha la sanidad. Es un ejemplo obsceno de una práctica habitual estos años: se ha arruinado el país y los recortes han ido a sanidad, educación, condiciones laborales, servicios públicos… para favorecer a los constructores y banqueros afines, que además pasaban por caja, dejaban la “donación” que engrosaba los sobres y ayudaba a una campaña electoral con muchos más recursos que el resto de opciones políticas. La crisis ha llevado a que por primera vez desde la Guerra Civil bajara la esperanza de vida de los españoles mientras aumenta como en ningún otro país de Europa el número de ricos. Han concentrado la riqueza sacrificando la vida de la inmensa mayoría de la sociedad. El Estado es suyo y sacrifica nuestras vidas para mejorar aún más las de los suyos.

“Si todos votamos, mañana los echamos” cantábamos por las calles de España una jornada de reflexión cuando vivíamos la más bochornosa apropiación del Estado y sacrificio de los débiles que nos ha brindado el PP en su Historia: cuando decidió mentir sobre el peor atentado terrorista sufrido en España para que le fuera útil electoralmente. Afortunadamente lo que estamos viviendo no tiene ese cariz trágico. Pero responde a esa misma lógica según la cual el país es suyo y todo vale.

No merecemos un país secuestrado, no merecemos un país gobernado con la lógica de la mafia. Merecemos democracia, derechos sociales, un Estado que no rescate a mafiosos y poderosos sino a su pueblo y garantice sus derechos.

Si todos votamos, el domingo los echamos.

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Nosotros, los moderados (artículo en eldiario.es)

Los moderados somos quienes echábamos de sus casas a la gente que no podía pagar una hipoteca, quienes les condenábamos a seguir endeudados pese a que el banco se quedara su casa. Somos quienes rechazamos que si te echan de tu casa al menos se den por canceladas las deudas con el banco y puedas empezar de cero. Los moderados hemos recurrido al Tribunal Constitucional cada ley autonómica que ha defendido a los desahuciados.

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El manual de Podemos: cabeza y coraje (artículo en Cuarto Poder)

Hace unos días tuve la suerte de poder ver “Política: Manual de instrucciones”, el documental de Fernando León de Aranoa que vive desde dentro muchas de las grandes reflexiones que han vertebrado a Podemos. En la película vemos debates internos, momentos de euforia y de decepción, gestión de la decepción, caminos no siempre exquisitos para resolver cuestiones internas… vemos política.

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Intervención Pleno de la Asamblea de Madrid sobre Cocheras Cuatro Caminos (Vídeo)

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La Copa del pueblo

Hace dos años, en la final de Lisboa, hubo un momento, uno sólo, desagradable. En algún gol del Madrid, el realizador de televisión enfocó al palco en el que Florentino Pérez hacía una contorsión para felicitarse con José María Aznar. En el resto del estadio, miles de personas anónimas saltaban de alegría, otros tantos miles callaban desmoralizados y en nuestras casas millones hacíamos una cosa o la otra. Las cámaras se vuelcan siempre hacia los palcos y las corbatas, pero la realidad está siempre abajo, en la gente que se abraza celebrando o consolándose, en la gente que es feliz de una forma natural, sin imposturas y que no aprovecha el descanso para firmar una operación urbanística, sino para comerse el bocata o simplemente las uñas de tantos nervios.
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Huye de la boca del lobo, Pedro

Pese a la polarización evidente entre los dos modelos de país representados por Unidos Podemos y PP, no es ningún secreto que el próximo Congreso va a tener al menos cuatro grupos importantes. En buena medida el futuro gobierno dependerá tanto de quién queda primero como de qué fuerzas son capaces de aportar y a quién la aportan la tercera y cuarta fuerza. El Partido Popular (y amplios sectores de la oligarquía, incluidos los sectores más turbios de la órbita del PSOE) necesitan que el 26J arroje un resultado que permita gobernar al PP con el apoyo sólo de Ciudadanos. Por eso no es ninguna mala noticia que Ciudadanos caiga en las encuestas más rápido que lo que (dicen que) sube el PP ni que Albert Rivera parezca apostar por una campaña tabernaria y cañí en vez de por ofrecer un perfil moderado y solvente. Nada que objetar, que siga por ese camino Albert Rivera.

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No se preocupe por nuestra transversalidad, gracias

Desde que apareció Podemos ha habido varios intentos de acabar con su empuje. Algunos salidos de las cloacas de forma demasiado obscena como para deteriorar a Podemos de verdad. Otros son menos agresivos pero quizás más peligrosos porque no busca convencer sino desanimar. El más constante hasta ahora fue el de dar por muerto a Podemos: hasta aquí muy bien, pero ya están perdiendo fuelle, se acabó la gracia, su gente está desanimada. Si hace un año ya íbamos por las mil muertes de Podemos es imposible saber cuántas debemos de llevar ya entre crecimiento electoral y crecimiento electoral.

Obviamente quien intente difundir ese estado de derrota hoy lo tiene crudo. Es imposible ocultar el estado de euforia que ha generado la unidad de acción de fuerzas del cambio y que hoy somos la clara alternativa al PP. Acaso en unas semanas nos ilustren con encuestas que tratan de decirnos que eso fue flor de un día pero hoy tienen realmente difícil deprimir al personal diciéndole que ya nadie va a votar Unidos Podemos y que lo mejor es resignarse, votar al PSOE y que consigan el acuerdo que sea con Ciudadanos si sirve para echar a Rajoy.

Así que lo que están intentando es contarnos lo políticamente divididos que estamos: dividen el espacio del cambio entre buenos y malos y oponen radicales y transversales: los apocalípticos y los integrados de hace tanto tiempo mostrando que no han entendido nada. Ahora nos cuentan una supuesta división por las nuevas incorporaciones y los acuerdos recientes que harían situar el cambio en el identitarismo de izquierda de siempre, perdiendo la transversalidad. Nos lo ilustran en editoriales, en supuestos artículos enterados que nos cuentan cómo andan nuestras entrañas o haciendo extraños titulares de entrevistas que pretenden enfrentar a personas por el simple dato de no conocerse en persona.

Quienes pretendan hacer de la apuesta por la transversalidad un sinónimo del centrismo se han saltado algunas clases. Lo que muchos venimos aprendiendo es que con la geografía del bipartidismo no teníamos nada que hacer y que durante demasiado tiempo ha servido para engañar a mucha gente. Hemos aprendido que tenemos que contar con mucha gente que se siente de derechas por ser cristiana, por ejemplo, o por la apropiación de nuestra derecha  de España o simplemente por tradición familiar pero que se identifica mucho más con el sufrimiento de la gente común que con esa élite que ha saqueado el país con sus cuentas en Panamá y sus sobornos de constructores. También, claro, con toda esa gente que sentía que esa identificación con la gente común era ser de izquierdas y que eso llevaba a veces a votar a los partidos que se reivindicaban de izquierdas aunque luego se entregaran con impotencia a los de Panamá, a los dictados del IBEX o a las órdenes más sociópatas de Bruselas. Y contar con ellos significa tomar conciencia de que somos lo mismo, que no estamos aquí para pasar facturas ni exámenes ideológicos sino para que dejen de robarnos el país a todos.

La transversalidad es incluyente y no tiene nada que ver con dejar de incorporar a gente que defiende los derechos del 99% de la población venga de donde venga o se identifique donde se identifique en esa geografía que secuestraron. Nadie sobra por sentirse de izquierdas, faltaría más: lo que hemos aprendido es que tampoco nos sobra nadie por sentirse de derechas o por sentirse de centro o por no sentirse nada de eso… que nos han prostituido demasiado el juego como para que el sujeto que construya el nuevo país no trace esas fronteras sino unas fronteras materiales entre los que han mandado y los que hemos sido saqueados. Se trata de estar unidos quienes buscamos más democracia, más soberanía y no aceptamos excusas para no tener garantizados todos nuestros derechos humanos. Durante muchos años yo a eso le he llamado izquierda pero me parece perfecto que otros no lo hayan llamado así. Quienes se encuentren ahí no tienen por qué enseñar certificados de pedigree ideológicos; ni tampoco certificados de ausencia de pedigree. Simplemente el momento histórico no va de eso.

No se preocupen por nuestra división entre buenos y malos, entre radicales y transversales, entre populistas y gente de orden o entre populistas y comunistas (que todo tipo de divisiones hacen, tan desorientados andan). No tenemos apocalípticos ni integrados, mala suerte. Nos dieron por muertos mil veces, y por divididos quinientas. Nunca ha habido tanta unidad, tanta cohesión y tanta ilusión por un cambio real que cada vez se ve más cerca. 

Preocúpense mejor de por qué sus cuentos y sus campañitas de la resignación y el miedo ya no tienen ningún efecto. Quizás si empiezan a entender eso irán comprendiendo a nuestro pueblo.

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La Trama madrileña: del tamayazo a la Púnica (artículo en Cuarto Poder)

Uno tiende a pensar que, cuando un partido político organiza una trama corrupta con la que financiarse ilegalmente y de paso engrosar las cuentas de un buen número de sinvergüenzas, lo hace en secreto, con discreción, evitando que se entere ningún adversario político. Así ocurría incluso en saqueos en los que aparentemente coincidían prohombres de distintos estancos políticos. Panamá es un buen ejemplo: el goteo de casos de un único bufete en sólo uno de tantos paraísos fiscales revela que todo lo que representa la casta (esa minoría que pone la economía y la política del país al servicio de sus intereses) tenía un modus operandi común sin que eso representase una orquestación necesariamente explícita del saqueo. No parece que Cebrián y Soria se pusieran de acuerdo incluso aunque el fango de petróleo y paraísos fiscales se asemeje tanto: simplemente así se hacen las cosas en ese mundo de las alturas.

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