Quien Mucho Abarca: Quien Mucho Abarca

Las paradojas del gobierno Sánchez

1.- No es un gobierno, es un cartel electoral. El gabinete que presentó Pedro Sánchez más que un gobierno es un cartel electoral. Y como cartel electoral es imposible deducir de él las políticas que va a producir el gobierno, sólo podemos interpretar los mensajes que quiere mandar, por dónde quiere pelear los votos.

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Los académicos y las académicas

La RAE se tiene que aclarar: o es notaria del lenguaje y certifica cómo se usa de hecho (como dice cuando se denuncian definiciones machistas o racistas) o es policía del lenguaje y nos dice cómo debemos usarlo para que no se modifique (como hace cuando aparecen determinadísimos usos nuevos) .

Lo curioso es que cuando aparece “almóndigas” o el adverbio “solo” sin tilde acepte ser simplemente notaria (hay quien lo usa así, aceptémoslo); pero cuando los usos nuevos son conscientes y pretenden una descripción más igualitaria del mundo, la RAE decide ser la policía que vigila para impedir que el lenguaje cambie.

Habrá quien piense que no les preocupa tanto el lenguaje como lo que implica ideológicamente el cambio al que responden.

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Un cambio para hacer Historia

Se abren grandísimas posibilidades democráticas, sociales y también territoriales para España.

El gobierno va a necesitar dialogar de verdad. Eso abre las posibilidades de que la convivencia fraternal sustituya al enfrentamiento suicida. Hoy España tiene más posibilidades de una unidad leal, pacífica y democrática.

Hay mayoría parlamentaria para cambiar muchas cosas: derogar la ley Mordaza, democratizar RTVE, derogar la LOMCE y la reforma laboral, quitar el impuesto al Sol, iniciar la transición energética que necesita el país, eliminar la regla de gasto y permitir que nuestros municipios puedan ayudar a los españoles a vivir mejor…

La oposición será durísima, fanática, mentirosa y tramposa. Superará las odiosas mentiras de Zaplana y Acebes: Ciudadanos y PP competirán por detectar complicidades con ETA, el independentismo y Venezuela (porque Corea del Norte ahora es buena).

Vamos a necesitar generar movilización democrática que sostenga y empuje los cambios, resista las embestidas ultras y ponga las condiciones para que España siga modernizándose y saneándose y no vuelva a estar nunca más en unas poquitas manos que nos roban los recursos y el futuro.

Hay que garantizar que la etapa que se abre hoy dure bastantes años para construir más democracia, más justicia y más convivencia.

Adelante, que sí se puede.

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Cristiano Ronaldo y la arrogancia

El Madrid acababa de ganar la decimotercera Copa de Europa (el siguiente equipo que más tiene es el Milán: siete), la tercera consecutiva (el último equipo en hacerlo fue el Bayern de Munich: en 1976), la cuarta en los últimos cinco años (algo insólito desde el Madrid de Di Stefano en los años 50 que ganó cinco Copas de Europa en cinco años). Y justo en ese momento Cristiano Ronaldo (que no hizo una gran final aunque ha hecho un gran torneo) decidió que tocaba hablar de él. “En los próximos días daré una respuesta a los aficionados que ellos sí están de mi lado. Fue muy bonito estar en el Madrid. A lo mejor la Champions debe cambiar de nombre por el de CR7 Champìons League. ¿Quien tiene más Champìons y más goles?“.

Cristiano Ronaldo siempre ha sido egocéntrico y arrogante. Afortunadamente. Sin ese egocentrismo ni esa arrogancia no habría sido el jugadorazo que ha sido. No habría resistido la brutal presión mediática, no habría conseguido mantener la competencia con un mago como Messi, no habría generado el terror en las aficiones ajenas cuando Cristiano cogía el balón a 60 o 70 metros de la portería como anunciando un tsunami imparable que acabará con el balón en la portería, no se habría reconvertido en los últimos años en otro jugador, un 9 con una insólita capacidad para el gol, no seguiría a los 33 años (tras tantísimos en la primera línea de la élite y disputando al 100% todos los minutos de todos los torneos) siendo el jugador que más influye en la conquista de títulos del Mundo.

No es un caso único. En los años 90 pasaba algo similar con Arantxa Sánchez Vicario: una persona que caía bastante mal por su arrogancia, que no paraba de recordar lo buena que era y lo poco que debía a nadie; pero gracias a ese carácter (infumable para quien quisiera buscar un colega de cañas en vez de una deportista de élite) arrasaba en los mejores torneos y fue número 1 del mundo pese a que otras tenistas tenían posiblemente mejores cualidades técnicas, pero no tenían ese insoportable pero imprescindible carácter.

Ese carácter puede ser un blindaje imprescindible cuando se tiene por delante una empresa monumental, con un protagonismo absoluto y por tanto con mil presiones que exigen una rigidez frente a los huracanes, estabilidad mental cuando la cosa se hunde y cuando el viento empuja de cola para seguir haciendo lo que hay que hacer, para lograr que la cabeza propia sea la que piense (incluso la que decida quién merece ser escuchado y quién no está ayudándote sino sólo presionando o parasitándote) en medio de los vendavales.

Ocurre que esa arrogancia es tan insoportable que llega un momento en el que agota. No se puede ser el ombligo del mundo siempre y que siempre salga bien. Llega un momento en el que es inaguantable: con un poco de suerte el declive de la carrera del deportista de élite hace que pase imperceptible ese momento; con mucha suerte los consejeros mantenidos en la época de lucidez saben avisarte a tiempo de que ya no es el momento en el que la arrogancia y el egocentrismo te ayuden sino que más bien son lo que te pueden sacar del centro del mundo y pasar de la admiración (y el odio de tus enemigos) a generar sólo mofa.

Hay un momento en el que ya no es el momento. Cristiano Ronaldo no se dio cuenta. Ayer no era el momento. Y seguramente muchos de los aficionados que tantísimo hemos disfrutado con su juego, a quienes se nos paraba la respiración cuando Cristiano recibía el balón en el medio campo, quienes queríamos que volviera a tirar otra falta a ver si esta vez sí, quienes lo defendíamos en la oficina y en el bar ante quienes criticaban su último gesto, quienes siempre agradeceremos todo lo que hemos disfrutado de su fútbol, de sus goles, de su pasión, de los títulos logrados… escuchemos las palabras de ayer y pensemos “pues qué se le va a hacer, no vamos a estar siempre convenciéndole de que nos haga el favor de ser el protagonista de un club tan maravilloso; muchas gracias por todo pero seguimos“. No sé, ojalá se hubiera dejado aconsejar mejor.

Siempre le agradeceremos todos estos años y eso será lo que contemos a nuestros hijos.

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Del ‘No a la guerra’ al 8M (artículo en eldiario.es)

1.- El hito del 26 de abril. La movilización que se produjo el mismo día de la sentencia de La Manada fue probablemente la convocatoria espontánea más nutrida que haya vivido nuestro país. En otros ciclos de movilizaciones como el del No a la Guerra había importantes movilizaciones medio espontáneas (planificadas para el día que empiecen los bombardeos, el siguiente día, etc) y alguna de ellas fue nutridísima (aquella que iba a ir hacia el Palacio de la Moncloa pero el cordón policial obligó a improvisar otro recorrido que acabó con un brutal nivel de violencia policial ordenada por Ángel Acebes) pero fue una movilización prevista al menos con tres días y planificada con varias semanas.

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Cremas, mentiras y cintas de vídeo

En no pocas conversaciones ayer aparecía una cierta empatía con Cristina Cifuentes. El vídeo en el que aparece siendo registrada por haber robado unas cremas no es una denuncia política sino una humillación personal en el contexto de una guerra de bandas mafiosas (a las que Cristina Cifuentes pertenece desde hace décadas). Cristina Cifuentes merece una despiadada oposición política porque ha participado como protagonista y apologeta de todas las estafas y vulneraciones de derechos humanos que ha vivido la Comunidad de Madrid, todas las mentiras, los fraudes y las complicidades. Políticamente representa todo lo que hay que expulsar de las instituciones democráticas.

Cifuentes no debía haber sido investida presidenta. Y ha habido un puñado de veces en las que tenía que haber cesado. La última, insostenible, a raíz del caso del Máster falsificado.

Pero el vídeo del robo en el supermercado es, en el peor de los casos, una bobada, una exhibición de inmadurez e idiotez (en el sentido de no saber en qué sociedad se vive); y en el menos malo de los casos es la concreción de un problema personal que sólo merece compasión.

Desde hace años se viene rumoreando que Cristina Cifuentes es cleptómana. Si es así Cristina Cifuentes ha tenido un problema personal, como el de quien ha sido alcohólico, ludópata o el de quien tiene mal un riñón o la vista. Si fuera real ese problema o alguno de esa índole y no lo hubiera superado parece evidente que es un problema incompatible con las funciones que ha desempeñado en estos años, pero en eso no tiene la responsabilidad ella (que sería irresponsable por el propio problema personal que tuviera) sino quienes sabiéndolo la usaron para ponerla en esos cargos. Los mismos que, para más inri, han demostrado la catadura moral de la mafia guardándose los vídeos como instrumento de chantaje para destrozar personalmente a Cifuentes cuando les viniera bien matarla políticamente. Por cierto: si ese rumor lo conocía medio Madrid, obviamente lo conocía todo el PP; y si es cierto que Ignacio González exhibía pantallazos de éste u otros vídeos, obviamente todo el PP sabía que no sólo era un rumor, que era verdad: incluida aquella persona que Rajoy designe y Ciudadanos vote para seguir manchando la Comunidad de Madrid.

Toda la oposición conocíamos el rumor de la cleptomanía de Cifuentes. Y nunca lo usamos. Conocíamos otros rumores sobre Cifuentes. Y nunca los hemos usado. Conocemos otros “rumores” sobre Cifuentes. Y no los usaremos. Porque no somos mafiosos, porque somos seres humanos, porque hasta a veces algunos intentamos ser buenas personas. Porque no somos como ellos.

Y lo mismo sucede con otros cargos del PP, no sólo con Cifuentes. No es el único caso personal o de una gravedad tal que no usaríamos sin saber en qué consiste realmente incluyendo acusaciones de acoso, por ejemplo, que nunca hemos querido usar políticamente sin estar seguros de qué había detrás realmente.

Cifuentes no merece el ataque personal, la destrucción personal. Merece la expulsión de la vida pública, nada más, desde hace tiempo.

Cifuentes ha practicado desde el principio el ataque personal, la destrucción personal. Es el método del PP de Madrid. Cifuentes lo ha usado y lo ha mandado usar.

La legislatura comenzó con una persecución contra Manuela Carmena por haber escogido para sus vacaciones familiares un chalet alquilado legalmente. El PP de Cifuentes usó aquella gilipollez para atacar a la recién nombrada alcaldesa y Cifuentes elevó la estupidez presumiendo de que en cambio ella no se tomaba vacaciones. El PP de Cifuentes ha usado las mentiras publicadas en las webs que publican las mentiras dictadas de sus cloacas para intentar destruir personalmente a compañeros: “pederastas, terroristas, narcotraficantes”. Todo ha valido para destruir a quien fuera. Desde acusar a alguien de lo que hubiera hecho su padre a acusar a un diputado de Podemos de llevar a su hijo al cole en coche (esto ha sucedido, en serio) difundiendo, por cierto, el número de su matrícula. O rescatar tuits antiguos de concejales para intentar destruirlos y ubicarlos en el ámbito moral antagónico al que saben que pertenece.

Todo ataque personal que han podido hacer lo han hecho sin límite moral ni de intensidad alguno.

No sólo es una evidencia que el PP es una mafia con sus guerras internas. Es que además han demostrado hacer política con las artes de las malas personas que no tienen ningún límite y que prefieren la destrucción personal al conflicto cívico y democrático.

Cifuentes merecía la expulsión de la vida política. Pero ni Cifuentes ni ningún ser humano merece ser víctima de los métodos de agresión humana que ha practicado Cifuentes y su partido.

Cifuentes no merece ninguna compasión por la expulsión de la vida política. Sí la merece por la destrucción personal. Como la merecen todas las víctimas de la destrucción personal que han intentado durante años Cristina Cifuentes y quienes la aplaudieron antes de destruirla.

 

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Madrid merece que sonriamos

No hay pocos datos para pensar que el cambio en la Comunidad de Madrid es posible. Hace unos días ElDiario.es publicaba una encuesta que a primera vista podría ser desalentadora pero que escondía la posibilidad cierta del cambio. Tal y como se presentaba en 2019 se recompondría el bloque del saqueo y pasaríamos de un gobierno del PP sostenido por Ciudadanos a un gobierno de Ciudadanos sostenido por el PP por un margen de seis escaños.

Pero la encuesta deja sin representación al 4.7% que votaría a Izquierda Unida y si algo está dejando claro Íñigo Errejón es que cuenta con todos los actores del cambio (Izquierda Unida, Equo y cuantas plataformas y personas civiles y políticas quieran arrimar el hombro para poner la Comunidad de Madrid a funcionar) y que no podemos volver a tirar los votos que en 2015 habrían echado al PP del gobierno autonómico. Sólo eso añadiría prácticamente 7 escaños al bloque del cambio, lo cual desestabilizaría el mapa previo.

Pero quizás el factor emocional más importante lo ha dado la presentación de un candidato como Íñigo Errejón con una candidatura que une a todas las posiciones de Podemos que han querido participar en el proceso de primarias (ojalá hubieran sido más pero dejar pasar un tren que no se quiere coger es una decisión legítima) y que garantiza cerrar la crisis interna que hubo en las fechas de esa encuesta. El candidato goza del mayor de los prestigios entre los madrileños, como una persona capaz, inteligente, sensata y con grandes dosis de humanidad. Y la unidad permite exhibir la madurez que faltó días antes.

Ambos factores suponen un empujón considerable en plena demolición del gobierno del PP de Madrid. La prueba más evidente sucedió ayer en el Pleno del Ayuntamiento de Madrid, en el que tanto el Partido Popular como Ciudadanos se olvidaron de los barrios y necesidades de Madrid y se centraron en atacar a Íñigo Errejón: mostraron a las claras qué es un competidor temible para quienes quieren mantener a Madrid bajo las políticas rancias e injustas del PP de estos últimos 20 años.

Por eso resulta incomprensible que haya quien no haya sido consciente del potencial que tiene para Podemos el cambio de ciclo que se abrió el jueves por la tarde con el anuncio del acuerdo por una lista unitaria. Si antes de aquello estaba justificado el “Ni media tontería”, hoy suena a “tontería y media” lo que ha venido publicando un compañero como Juan Carlos Monedero haciendo insinuaciones que todo el mundo sabe que responden a falsedades sobre el delirante documento de Carolina Bescansa o abriendo un más que arriesgado juego sobre quién suma y quién resta en Podemos para atacar a Tania Sánchez, un activo importantísimo de Podemos como demuestran los inscritos cada vez que se presenta a procesos internos y obtiene un respaldo óptimo por parte de esas bases que no necesitan tribunos que ejerzan de sus traductores. No creo que sea buena idea discutir sobre quién es o no un lastre: más bien está claro que en un espacio como Podemos toda persona que defienda con honradez un proyecto de avances democráticos y sociales es un activo no ya para Podemos sino para nuestro pueblo.

Más allá de la desubicación concreta, es un hecho que este fin de semana hemos puesto en marcha un proyecto que abre el proceso de sustitución del bloque del saqueo; tenemos capacidad para explicar a los madrileños un proyecto ilusionante que acabe con 25 años de saqueos que van de Cajamadrid al Canal de Isabel II pasando por el tamayazo.

Tenemos razones para exhibir la sonrisa de quien está en disposición de hacer las cosas bien, con un candidato que ilusiona, que es reconocido y que lleva tiempo trabajando para presidir un gobierno madrileño eficaz y que lleve a la Comunidad de Madrid el buen gobierno que ya ejerce Manuela Carmena en el ayuntamiento de la capital y muchos otros compañeros y compañeras en los municipios que ya se han puesto a modernizarse con gobiernos honestos y capaces.

 

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“Cataluña… ¿y cierra España?” Artículo en Cuarto Poder

• «Buena parte de las principales ciudades de España tienen ayuntamientos de cambio y desde ellos estamos demostrando que se puede gobernar para la ciudadanía»

• «La crisis política que vive España sólo deteriorará las opciones emancipadoras si desde éstas dejamos de fabricar un enfrentamiento político»

• «Debemos reconocer que en Podemos no siempre hemos gestionado nuestra pluralidad política como una riqueza a cuidar fraternalmente»

Puedes leer el artículo entero en Cuarto Poder.

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Tabarnia y los nacionalistas

La gracieta sobre Tabernia que supuestamente está evidenciando las “contradicciones” del nacionalismo lo que está poniendo sobre la mesa es que tenemos dos nacionalismos primordialistas enfrentados.

Ni las naciones, ni los Estados, ni las Comunidades Autónomas ni ningún sujeto político fue creado por Dios ni es eterno e independiente de la voluntad (expresa o tácita, pacífica o guerrera) de los seres humanos.

Por supuesto que si hubiera una parte importante de ciudadanos de cualquier comunidad que se sintiese diferenciada hasta el punto de ser un sujeto político habría que arbitrar mecanismos pacíficos y democráticos para solucionar ese problema. Y hasta ahora no se le ha ocurrido a nadie un mecanismo mejor para solucionar diferencias políticas que votar. Sólo los nacionalistas que creen que las naciones son perennes no entienden eso. En cambio los demócratas no tenemos ninguna contradicción al respecto.

Eso valdría para la tal Tabarnia pero ocurre que, más allá de la gracieta en redes sociales y programas informativos, no existe ahí una población con voluntad de erigirse en comunidad política. Y tampoco es fácil conseguir que eso suceda: las identidades políticas no son fruto ni de la naturaleza ni de una conspiración malévola pergeñada en colegios manipuladores y televisiones de partido. Son procesos lentos y populares tanto cuando son identidades emancipadoras como cuando tienen consecuencias reaccionarias.

A diferencia de Tabernia sí hay grupos donde podría haber una voluntad parecida. La propia Cataluña reconoce que Arán debe poder decidir su futuro con o al margen de Cataluña (en este punto el independentismo catalán demuestra ser menos nacionalista que el unionismo español). Tenemos los casos de Treviño, o de Navarra que podría querer unirse a Euskadi (¡qué buena noticia sería para quienes dicen oponerse al independentismo porque se oponen a todas las fronteras!). Y tenemos el caso… de Cataluña.

Los no nacionalistas pensamos que los conflictos territoriales se resuelven con votaciones pacíficas y democráticas, con garantías y derechos para las mayorías y las minorías.. Sólo un nacionalista piensa que hay territorios unidos (o separados) al margen de la voluntad humana. Hasta ahora esa voluntad se decidía por la fuerza, con guerras… o encarcelando al otro. Igual es mejor que se decida votando.

No creo que Tabarnia sirva para desenmascarar las contradicciones de los demócratas… sino sólo las de los nacionalistas. Las de todos.


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Vallejo Nájera busca independentistas

En los últimos días muchos medios están sobrepasando peligrosísismas líneas para analizar por qué en Cataluña hay tanta gente que quiere independizarse. Lo están tratando como una patología anómala, una disfunción social y siempre el resultado de no ser libre, de estar determinado genéticamente o haber perdido la voluntad política como fruto de la manipulación educativa.

Así, nos han explicado (tampoco es la primera vez) que el sistema educativo catalán manipula a los niños y por eso acaban siendo independentistas. Algo que no ocurre en el resto de España. A nadie se le ocurriría explicar cómo es posible que una organización corrupta como el PP consiga todavía varios millones de votos porque tiene un alto nivel de voto entre las personas que fueron educadas bajo el franquismo (un régimen, convendremos, en el que el sistema educativo manipulaba un poquito más que ningún sistema educativo actual): esto, con ser rigurosamente cierto, supondría tomar a los ciudadanos por seres manipulados y sin libertad, es decir, supondría renunciar a la democracia. O que la cantidad de dinero que la Comunidad de Madrid dedica a colegios ultrarreligiosos es la razón por la que la organización corrupta ha ganado elecciones en Madrid. Tampoco entiende uno cómo en 1977 no arrasó Alianza Popular tras cuarenta años de adoctrinamiento franquista en los colegios: ¿los españoles son más inteligentes y libres que los catalanes o sólo lo eran los de hace cuarenta años?

También nos hemos encontrado con supuestos “estudios científicos” que explican que se ponen más esteladas en los balcones de unos barrios de Barcelona que en otros y que ello demostraría que no las ponen libremente sino por la presión vecinal. Ayer fui a la Asamblea de Madrid en bicicleta. Pasé por el barrio de Salamanca, Menéndez Pelayo, Vallecas… y puedo asegurar que en el barrio de Salamanca hay más banderas de España en balcones que en Vallecas. ¿Quiere decir esto que los vecinos del barrio de Salamanca no son libres y ponen las banderas fruto de una presión totalitaria? Obviamente, no. Y no creo que nadie escriba tal majadería y menos con un marchamo que diga que eso es “científico”.

Hoy también leemos que se es más independentista si se tienen ocho apellidos catalanes, es decir, que el independentismo tendría cierta raíz genética, Por supuesto, leemos que está condicionado por origen social, renta…

Nunca hemos leído en ese tono artículos que expliquen cómo puede haber tanta gente que vote al PP, un partido corrupto que nos ha arruinado a todos los españoles, por ejemplo. Se trata al independentismo no como una posición política legítima (que muchos consideramos equivocada, pero tan legítima y libre como cualquier otra posición política) sino como una patología del mismo modo que Vallejo Nájera investigaba el Biopsiquismo del fanatismo marxista. Es peligrosísimo instalar esa línea de análisis porque imposibilita la convivencia democrática: no hay gente que piensa distinto sino una patología política que no es libre, con la que no hay que dialogar entre libres e iguales sino que habría que tratar como una enfermedad, corrigiendo sus causas.

Por supuesto que la posición política se debe a muchísimos factores: sociológicos, educativos, familiares…  e incluso políticos. ¿Cómo explican los aprendices de Vallejo Nájera que antes de que Rajoy empezara su campaña contra el Estatut de 2005 (que contaba con el acuerdo de partidos independentistas y habría dado estabilidad territorial para varias décadas) el independentismo fuera la opción del 15% y ahora ronde el 50%? ¿Hubo un inmenso y secreto baby boom catalán en los 90 que ha incorporado a millones de votantes manipulados en los colegios catalanes? ¿Se han expandido los barrios opresores e independentistas? ¿Se ha descubierto de golpe que apellidos que parecían cacereños son en realidad del Alt Penedés, con el consiguiente giro ideológico de quienes los llevan en su DNI?

Tenemos una crisis política grave, por supuesto, pero como generalicemos una lógica política tan peligrosa saldremos de ella muy mal parados. Mucho peor que una España rota es una España en la que domine un pensamiento tan antidemocrático. No juguemos con fuego.

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